
Por César E Rivas Lara
Hoy, 15 de mayo, se celebra el día del maestro, y aprovechamos la ocasión para felicitar, reconocer y expresar nuestra gratitud ese ser abnegado, que poniendo por delante la virtud de su nobleza y su altruismo como, esencia de moralidad, fija su interés, por encima del suyo, en la formación integral de sus alumnos para alumbrarles el camino del mundo y de la vida, de manera que no den tumbos en la oscuridad cuando llegue la noche. Por algo se ha dicho, entonces, que el buen maestro es como una vela encendida que se consume, a diario, para dar luz a los demás y enseñar al que no sabe. ¡Esta es la misión sagrada del maestro!
En lenguaje cotidiano suele emplearse el término profesor, como análogo e intercambiable con el de maestro. Desde un punto de vista simbólico, los dos tienen puntos en común, pero no significan lo mismo; hay sus diferencias. Cada rol tiene distintas responsabilidades. No saber separar sus singularidades pueden ser impedimento para determinar en qué ocupación queremos o podemos desempeñarnos como proveedores de la educación.
El maestro es un profesional de la pedagogía, que enfoca su habilidad y capacidades para ir más allá del proceso de enseñanza-aprendizaje de los estudiantes. Su trabajo empieza en los primeros años formativos de sus alumnos e implica un acompañamiento durante las etapas iniciales del aprendizaje, dedicado con vocación a la enseñanza básica del alumno. Su abnegación implica entrega total, transmitir e impartir principios y valores perdurables; su tarea va más allá de enseñar lo que sabe, ofreciendo a sus educandos apoyo emocional y psicológico. El recibe, desde la entraña de su ser, el llamado espiritual a realizar su ministerio, a ser transformador de la sociedad y servidor de la palabra, del pensamiento y de la vida. Es como “el pastor del ser”, decía Heidegger, el pensador y filósofo alemán más importante del siglo XX.
El maestro da forma a lo informe, pule, talla, guía con su inspiración, su experiencia y su talento, el navío frágil del alumno y lo hace desde un ideal, desde un horizonte. Este hombre es un forjador de libertades y un sembrador de esperanzas. Además de educar, inspirar y motivar a sus alumnos, busca proporcionarles las competencias necesarias para asegurarles su desarrollo personal, intelectual y social. Desde este punto de vista, su carrera es tan larga y paciente, que se parece a la eternidad, pues el mismo maestro nunca sabe cuándo termina su influencia y nadie lo sabrá nunca, porque enseña y educa para toda la vida. El buen maestro hace de su institución un santuario y de sus enseñanzas un templo de cultura, dejando una marca indeleble en el aula de clase que pisa y en el alma que toca.
El profesor suele enseñar un conjunto de saberes, una ciencia o un arte, y se centra en la enseñanza que le imparte a sus alumnos, pero maestro es aquel a quien se le reconoce una habilidad extraordinaria en la materia que instruye, ya, por el gran conocimiento de causa que posee, ya por la experiencia ganada, a través de los años, que probablemente no tiene el profesor. El profesor se ocupa de continuar los procesos constructivos, iniciados por el maestro para cumplirlos en etapas restantes del proceso educativo. El es una especie de mediador entre el alumno y el ambiente, convirtiéndose en su guía o en su acompañante, demostrándole que es una gran fuente de conocimiento; pero, el verdadero protagonista del cambio educativo es el maestro, que comienza desde el principio con su enseñanza básica.
El hogar es la primera escuela de la vida, que es la familia, donde están las raíces o cimientos sobre los cuales edificamos nuestras vidas y buscamos la felicidad. En esa escuela enseñan nuestros padres, que son nuestros primeros maestros. Allí no enseña el profesor. Pero también hay que decir que, aunque maestro y profesor deben tener habilidades pedagógicas, para realizar sus principales funciones y hacer efectivo el proceso de aprendizaje, la diferencia notoria, entre uno y otro, reside en que el primero es un pedagogo que moldea la mente de alumnos, mientras que el segundo se enfoca a la enseñanza especializada de un tema en el que está calificado para ello.
El maestro puede enseñar distintas materias o una determinada, pero pone en práctica sus habilidades para enseñar de la mejor manera posible y transmitir conocimientos y experiencias a sus alumnos, que les permitan acceder a los siguientes grados educativos, que sabrá complementar el profesor.
La palabra maestro viene del latín “Magister”, cuyo significado literal es “ El que más sabe o se destaca”. El profesor enseña; el maestro no sólo enseña sino que con él se aprende a descubrir el mundo y transformar la sociedad.
Lástima que, hoy día, haya escasez de verdaderos maestros, en parte debido al facilismo patrocinado por el Estado y la falta de estímulo a su tesonera labor. A ello se suman otros factores, entre ellos: el insuficiente apoyo administrativo y la poca colaboración de padres de familia, que ya no pueden controlar el libertinaje ni la indisciplina ni la desidia de sus hijos; la pobreza de material didáctico y otras ayudas educativas; la carencia de incentivos económicos, etc, etc. Por otra parte, culpan también, fuerzas partidistas, que para dar cumplimiento a sus compromisos e intereses políticos inaplazables, vinculan–en su afán–muchas veces, en las instituciones educativas, docentes sin perfil, idoneidad, compromiso, experiencia ni concurso de méritos.
La superficialidad y el facilismo se han instalado en la educación en detrimento de su calidad y su excelencia; también, la falta de la cultura del esfuerzo, ha colocado contra la pared al buen maestro. Hay que retrotraer la enseñanza a los tiempos en que se enseñaba y el aprendizaje a los tiempos en que se aprendía, cuando el maestro tenía autoridad y era un sujeto respetable, y el alumno un sujeto respetuoso.
Honor al maestro, forjador de libertades y sembrador de esperanzas y grandezas
Felicitaciones, buen maestro!




