Tomado de Consonante.org https://consonante.org/noticia/el-terremoto-profundiza-la-desigualdad-en-el-choco/
Sirley Muñoz Murillo
En las comunidades del río San Juan no hay electricidad ni agua y el internet a duras penas funciona en los últimos días; pero el panorama no era mucho mejor antes del terremoto. En buena parte de este territorio la electricidad ya era intermitente, muchas comunidades nunca han contado con acueducto y la conexión a […]
En las comunidades del río San Juan no hay electricidad ni agua y el internet a duras penas funciona en los últimos días; pero el panorama no era mucho mejor antes del terremoto. En buena parte de este territorio la electricidad ya era intermitente, muchas comunidades nunca han contado con acueducto y la conexión a internet o telefonía siempre ha sido precaria. Esta catástrofe natural abrió una ventana para que todo el país evidencie el abandono al que los gobiernos han sometido al Chocó por décadas.
“Cuando la cosa está normal, la electricidad es súper mala. Las antenas de celular antes funcionaban de vez en cuando para uno comunicarse y ahora, literalmente, cero. Como todo está movido, no ha entrado quien revise, no ha entrado quien llegue a arreglar las cosas. Estamos en la oscuridad”, relata Gloria Amparo Murillo, acompañante del proceso del Consejo Comunitario General del San Juan (Acadesan) y habitante de Negría, comunidad que se ubica a orillas del río San Juan.
Para ella, la emergencia no creó esas desigualdades, sino que las profundizó: “Si antes de todo esto era insuficiente para que las comunidades pudieran tener unas necesidades básicas satisfechas, ahora son peores. Estamos en las peores condiciones”.
En la cuenca del río San Juan, las 72 comunidades que integran Acadesan reportan diferentes niveles de afectación, según Felipe Martínez, representante legal del Consejo Comunitario. El territorio colectivo se extiende por los municipios de Sipí, Nóvita, Medio San Juan, Istmina y Litoral del San Juan, junto a las comunidades ubicadas en Buenaventura, Valle del Cauca. Hay viviendas completamente destruidas, otras con daños estructurales que impiden habitarlas, pérdida de electrodomésticos, muebles, alimentos y enseres, así como afectaciones en escuelas, hogares infantiles, casas comunitarias, puentes, muelles y calles.
Sin embargo, a casi una semana de la emergencia todavía no existe un balance consolidado que permita saber cuántas familias perdieron sus casas o requieren atención inmediata. Acadesan adelanta una caracterización comunidad por comunidad junto con las alcaldías, pero la falta de señal, las dificultades de desplazamiento y la escasez de combustible han ralentizado el proceso. La organización asegura que ni siquiera cuenta con combustible suficiente para visitar todas las poblaciones y documentar directamente los daños.
La Defensoría del Pueblo advirtió el 12 de agosto que en Chocó era prioritario avanzar en censos y evaluaciones de daños, especialmente en las zonas rurales y distantes. Un día después insistió en que todavía existían vacíos que impedían determinar el número real de afectados en el departamento y pidió establecer contacto con todas las comunidades.
Sin embargo, los datos que han logrado conocerse muestran la dimensión que puede alcanzar la emergencia en el San Juan. En Istmina, la administración municipal reportó el 11 de agosto al menos 550 viviendas y más de 3.000 personas afectadas solamente en la cabecera urbana, mientras las dificultades de comunicación y movilidad impedían llegar a buena parte de la zona rural. En El Litoral del San Juan, los reportes también muestran daños masivos y las autoridades locales han pedido ayuda urgente para las familias que perdieron sus viviendas.

Acadesan había advertido desde el 11 de agosto sobre la urgencia de construir albergues y entregar atención humanitaria en su territorio. Sin embargo, todavía no ha recibido donaciones que pueda distribuir: “Hasta el momento no hemos tenido ni una donación. Sí hay esperanza de que pueda llegar, pero cosas que ya tengamos en la mano y que podamos decir ‘contamos con esto’, todavía no”, afirma Amparo Murillo.
Cuatro días después, las comunidades de los ríos siguen sin energía eléctrica; dependen de plantas diésel que usan principalmente para cargar sus celulares y no perder la comunicación. En zonas urbanas como Istmina la energía es deficiente, pero alcanza a llegar por un par de horas.
La propia sede de Acadesan resultó afectada y permanece a la espera de una evaluación técnica. Por seguridad no están atendiendo allí a las comunidades. Mientras tanto, las necesidades son inmediatas: alimentos, colchonetas, cobijas, toldillos, medicamentos y utensilios de cocina. Después vendrá una etapa todavía más costosa, la reconstrucción de las viviendas, que requerirá madera, techos, clavos, varillas y cemento.
“Uno lo que quiere es mitigar, porque solucionar las cosas no podemos, pero sí podemos mitigar: que la gente no sienta que se dejó sola, que está abandonada”, agrega Murillo.
Un contexto que agrava la emergencia
Este terremoto ocurrió en un territorio que enfrenta otras amenazas. Según habitantes de varias comunidades, en el San Juan se atraviesa un periodo de disminución de las lluvias y bajos niveles de los ríos. Esto tiene un efecto directo en lugares que carecen de sistemas de acueducto y dependen de la lluvia para obtener agua, movilizarse y sostener buena parte de sus actividades cotidianas.
A las dificultades ambientales se suma la amenaza del conflicto armado. En marzo de este año, la Defensoría del Pueblo emitió la Alerta Temprana de inminencia 010 de 2026 para el Litoral del San Juan, ante la alta probabilidad de confrontaciones entre el Eln y el Frente Jaime Martínez de las disidencias. La advertencia incluye específicamente las veredas pertenecientes a Acadesan. Para entonces, 1.367 personas de comunidades negras e indígenas habían sufrido confinamiento y restricciones para movilizarse por los ríos, lo que limitaba actividades esenciales como la pesca, la agricultura y la búsqueda de alimentos.
Esa realidad plantea una dificultad adicional para la respuesta después del terremoto. En un territorio donde los ríos son indispensables para llegar a las comunidades, cualquier restricción a la movilidad, presencia de actores armados o nuevos enfrentamientos puede obstaculizar tanto la caracterización de los daños como el ingreso de alimentos, medicamentos, materiales y equipos humanitarios.
Incluso, a Amparo Murillo le preocupa el hecho de que ocurra una emergencia humanitaria en este momento, ya que por los daños ocasionados por el terremoto la sede de Acadesan no podría acoger a las personas desplazadas de las comunidades, como normalmente lo ha hecho en los recurrentes enfrentamientos, confinamientos y paros armados impuestos por los grupos ilegales en el territorio.
Las réplicas han mantenido el miedo entre personas que ya no saben si sus viviendas son seguras. Todos los días se continúan registrando nuevos sismos alrededor de San José del Palmar, epicentro del terremoto.
“El problema es que la gente sigue sintiendo la réplica del temblor. A veces tiembla y se siente, y eso es un temor aún más fuerte, porque dicen: ¿el último cómo será?, ¿o será que no va a haber último? Es una zozobra que no termina”, dice Murillo.
Para muchas familias, lo perdido representa además décadas de trabajo. “Hay gente que ha luchado toda su vida y a los 50 o a los 60 años logra hacer una vivienda que no alcanza a disfrutar ni un mes ni dos meses”, agrega.
En medio de esa incertidumbre, las comunidades continúan recogiendo información, tratando de comunicarse y buscando cómo responder con los pocos recursos disponibles. Hay alivio porque muchas personas pueden contar lo ocurrido, pero también impotencia ante la magnitud de las pérdidas.
“Aquí estamos sobreviviendo. Todo el mundo da gracias a Dios, con todas sus dificultades, porque la gente tiene vida, puede hablar, puede contar y puede decir cómo están las cosas”, dice Murillo. Sin embargo, la dimensión de la situación no ha sido fácil de sobrellevar: “Uno ya no siente ni dolor ni tristeza; uno no entiende ni lo que siente de ver tanto sufrimiento y estar maniatado, sin poder responder, sin poder entregar. Uno se queda hasta sin palabras frente a la situación”.
¿Cómo ayudar a las comunidades de San Juan?
Acadesan adelanta una campaña para la recolección de fondos y donaciones que puedan distribuir entre las comunidades para comenzar a atender la emergencia.
Las ayudas en especie pueden ser enviadas a la sede de la organización en el municipio de Istmina, Chocó, ubicada en el barrio Santa Genoveva, sector La Mina. También reciben donaciones en la siguiente cuenta del Banco de Occidente:






