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Home Cultura Música

De la Timba a la Salsa

Chocó 7 días by Chocó 7 días
8 agosto, 2022
in Música
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De la Timba a la Salsa

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De la Timba a la Salsa. Vivencias con Jairo Varela. Por Armando Mosquera.

Vivencias con Jairo Varela Martínez

Por Armando Mosquera Aguilar. Washington, DC

Guaracha, Chachachá, Son Montuno, Charanga, Pachanga, Guaguancó, Bogaloo, Plena, Merengue, Merecumbé, Cumbia, Bolero, Balada, Ranchera, Pasillo eran los ritmos que se escuchaban a finales de los cincuenta y comienzos de los sesenta. Casi todos interpretados por la más grande de todas las agrupaciones latinoamericanas, la famosa Sonora Matancera, que tuvo la particularidad de contar con cantantes de casi todos los países, como los Argentinos Leo Marini y Carlos Torres, el dominicano Alberto Beltrán, el venezolano Víctor Piñeros, el colombiano Nelson Pinedo, el boricua Daniel Santos, los cubanos Celio González, Celia Cruz, Bienvenido Granda, Caíto, Laito, Manteca, Chocolate Armenteros y, mejor lo dejamos allí para no llevar la nota solo a esta agrupación.

En Quibdó conocíamos bailaderos populares como El Meneaito de los Parra, el salón de Salomón Mosquera -Maramba-, el bailadero de Ilda Melencó -la madre de Pacho Maturana-, el bailadero de Juana Salas en el barrio Corea, el Bataclán de La Yesquita, el de las Martínez del Pandeyuca, Mi Bohío, al frente de los Cañadas, Tambodó, al lado de los Valencia (Heriberto), Mi Ranchito, en la Alameda; Paulina Mena, Centro Social «María Conchita» de Liborio Paz y Augusto Lozano y Mi Cabaña, en César Conto y, el más popular de todos antes que existiera Capricornio, «Piamonte» del sargento Palacios -padre de Ucho-.

Allí escuchábamos aquellas melodías entonadas por los ya mencionados matancerómanos, Cortijo y su Combo, Trío Matamoros, Ángel Viloria, la Orquesta Aragón y muchas más; aparte de nuestros ritmos vallenatos y los grupos como Fruko y sus Tesos, los 8 de Colombia, Lucho Bermúdez, Pacho Galán, los Melódicos, la Billos Caracas Boys, los Blanco, los Hispanos, los Graduados.

Allí nació la idea de Alfonso Córdoba «El Brujo», Domingo Cuero y Santos, de formar «Los Negritos del Ritmo» que era la más grande de Quibdó, y como los niños y jóvenes todo lo imitábamos, apareció Jairo Varela Martínez, Oswaldo Murillo, Ricaurte Maquilón -Ceji-, Ariel Lozano -hermano de Alexis Guayacán- e hicieron una especie de Timbita, porque la verdadera Timba la formaban Víctor Dueñas, Rafael y Lito Baldrich, Papito Asprilla, Papito Dueñas, Euclides Lozano Lemus y Chuculí. Y Jairo, que algunas veces tocaba con ellos interpretando la firulina o la flauta; por eso se dice ahora que Jairo Varela formó La Timba, pero lo cierto fue que él jamás estuvo en grupo alguno en Quibdó.

Existían buenos intérpretes musicales como Jesús Perea Cuesta «Chucho» (el mejor tocando bongoes), Sandalio, Rogerito, Abraham Parra, Totío, Morado etc. Cabe recordar que un personaje recordado únicamente como Juanacho llegaba a las casas y se ponía a tocar en las puertas acompañándose con la boca, medio este que indicaba decir que tenía hambre, en muchas ocasiones lo hizo en casa de Jairo Varela y éste le acompañaba con la firulina; la aglomeración de personas era tal, que muchos desde entonces le insinuaban a Jairo formar su grupo. Jairo Varela salió de Quibdó en uno de los aviones del gobierno de Lleras Restrepo, después del pavoroso incendio (octubre del 66). Se radicó en casa de su hermano Kike, en Fontibón, e inició lo que podríamos llamar «el puerta a puerta musical», ya que constantemente me lo encontraba detrás de Aslan Caicedo Abadía y Catalino Tejedor, barranquillero éste que tenía una agrupación musical llamada «Catalino de Barranquilla» quienes dieron a conocer una canción llamada Tan Bella y Tan Presumida.

-Quien la vee tan linda, quien la vee tan bella, quien la ve tan presumida, si anoche bailé con ella, bailamos esta tamborera, en las playas de Marbella, ella en la playa y, yo al lado de ella.

Aslan Caicedo (quibdoseño) cantante, fue uno de los fundadores de Acompás –Asociación de Compositores–, y también fue secretario de Sayco -Sociedad de Autores y Compositores-

Por eso Jairo lo buscaba y tenía la esperanza de que algún día le ayudaría, así fuera en aquellos bares de mala muerte donde se presentaba en la carrera décima de Bogotá.

Por allá en 1969, Jairo Varela regresa a Quibdó a disfrutar de sus vacaciones y se encuentra con su gran amigo de toda la vida Héctor Murillo Mena ‘Sardina’ quien acababa de prestar el servicio militar. Lo invita a Bogotá, pero ‘Sardina’ le dice no tener a donde llegar, a lo que Jairo le replica, a la casa de mi mamá en el barrio Venecia. Inmediatamente ‘Sardina’ consigue el pasaje y arranca para la capital a jugársela, viajan en bus escalera (línea), acompañados de Olivia Valencia Abadía, la hija mayor del profesor Crescenciano Valencia -Chencho-, quien iba en medio de Jairo y ‘Sardina’ desde Quibdó hasta Bogotá.

Lo paradójico de esto es que Héctor Murillo Mena -Sardina-, no había regresado a Quibdó desde que Jairo Varela se lo llevó a Bogotá en 1969 y regresa desde Cali donde pasaba unos días invitado por Jairo, precisamente con el féretro de su amigo y hermano de toda la vida, 42 años después.

Frío bogotano con flauta

En la capital de la república, Jairo Varela jamás se despegaba de una flauta que cargaba dentro de un estuche debajo del brazo  a donde quiera que iba.

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Muchas veces me lo encontraba en la carrera séptima con calle doce, lugar escogido por los chocoanos para toda clase de citas y, desde allí proyectábamos algún programa. Como aquella vez que lo invité a almorzar al restaurante Moralba, que quedaba al lado del Congreso y donde el servicio costaba solo $ 12 por persona.  Jairo venía acompañado de ‘Sardina’. Ninguno de los dos tenía trabajo, mientras que yo contaba con la suerte de estar laborando en la División de Menores del Ministerio de Justicia, como profesor en una cárcel de menores, que más tarde pasó a formar parte del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF.

En ese entonces un maestro regular ganaba al mes $910 pesos, nosotros en el ICBF, ganábamos $1,920. Por ello, y gracias a mi hermano Marino Sánchez Aguilar, quien ya trabajaba allí y quien me llevó a participar en un concurso que a la final gané cuando contaba con escasos 17 años de edad.

Al llegar al restaurante se nos sumó Plácido Cuesta:

¿Qué hubo muchachos, para dónde van ?

‘Sardina’ replicó: Si sos bien baboso, Placidito. No estás viendo que entramos a almorzar. O, como siempre, ¿querés que te inviten?

-Plácido, mirá Sardina, ni vos ni Jairo trabajan, así que estoy seguro que quien invita es Armandito que también es amigo mío.

Jairo Varela dijo: –“Bueno muchachos, ¿ustedes van a pelear o a almorzar ?

Cuando ya estábamos comiendo a Plácido le dió por decir: –¿Jairo, cuánto te prestaron por la flauta ?  

De repente ‘Sardina’ enfurecido se paró diciendo: ¡Este no es más que un imprudente y estúpido! ¿Aquí quién te ha preguntado esa pendejada ?

Plácido, mas calmado y con el tenedor en la mano, replicó: -Mirá ‘Sardina’, en esta mesa vos no le pegás a nadie. Además yo no tengo la culpa de haber estado ayer en la misma prendería donde Jairo estaba empeñando.

Observé a Jairo, como queriendo preguntarle cómo estaba de dinero, y Jairo inmediatamente me entendió diciéndome: «Sí es cierto Armandito, lo que pasa es que no me alcanzaba para la renta y por eso me prestaron $120 pesos. Mirá, aquí tengo la boleta»

Le dije: -Dámela, yo te saco la flauta de la peña después que almorcemos.

De pronto Plácido me dice, Armando tirame un veinte ahí.

A lo que ‘Sardina’ replicó: «Carácote, este si es bien hijueputa, nadie lo invitó a comer y se nos pegó, abrió esa bocota para ridiculizar a Jairo y, ahora le hace un lance a Armandito. No jodás hombre»

Jairo Varela compartía un cuarto en el barrio Restrepo al sur de Bogotá, donde también vivían Héctor Murillo Mena ‘Sardina’, Alberto Arce ‘Chivo’, Henry Tafur -q.e.p.d,-, René Rovira `Canchi’, Segundo Vega y Eduardo ‘Negro’ Henry (q.e.p.d.).

Obligados pasaban por San Antonio, donde yo vivía, que junto a Santa Isabel eran los barrios de los esmeralderos. Nos reuníamos casi que semanalmente en el destartalado Hotel Lumen, que quedaba al frente del parque Santander y al lado del teatro Lido y en él vivían Evelio y Leonardo Valois  y Lucho Vivas; jugábamos cartas(naipe) y Jairo era muy bueno o contaba con mucha suerte, pues siempre salía de allí, directamente a la prendería a sacar algo que previamente había empeñado.

Los fines de semana (viernes y sábado), eran los días especiales para Jairo. Era cuando hacía sus pininos en los bares de la carrera décima de la capital, bien con Aslan Caicedo Abadía, o con Jhon Sánchez (q.e.p.d.) bogotano hijo de chocoano, popularmente conocido como ‘Mamba’, quien al lado de Antún Castro, eran los únicos negros varones con algún papel en la televisión colombiana.

Casi nadie daba un peso por las ideas de Jairo Varela, que en toda reunión sacaba su flauta y empezaba a deleitarnos con melodías que muy pocos aplaudíamos. Pero él sabía en lo que estaba, él ya contaba con su sueño; por ello, la flauta siempre fue su gran aliada, aunque estuviera en la peña y cuando esto sucedía, lo hacía al estilo Juanacho, es decir, sonidos que salían de su boca y golpes en cualquier mesa o tarro (lata) para acompañarse en sus toques.

Recuerdo que una vez estaba en las afueras de la Universidad La Gran Colombia cuando se me acercó Américo Murillo Londoño, con Jairo Varela, y me dijo: «Hola Armandito, supe que tuviste una discusión en la secretaría de la universidad ¿Qué fué lo que pasó?

Le dije: «El maldito de Clímaco (Giraldo Gómez, era el secretario general) me está colocando una nota que no es. Por eso lo estoy esperando».

En eso Jairo dijo: No jodás Armandito, ¿y para eso estás armado?

Yo portaba un revólver de la cárcel donde trabajaba. Entonces Ameriquito sabiamente me dijo: «Armandito, con pelear no vas a resolver nada y armado te vas a meter en un gran problema».

Jairo agregó: “Pero Armandito, ¿seguís buscando peleas con desconocidos y en Bogotá ? No fregués, caminá conmigo que aquí no te dejo”.

Américo ingresó a la Universidad y yo les escuché a los dos alejándome con Jairo de aquel lugar. 

Nace el Grupo Niche

En Bogotá quedaba el Hotel Italia, lugar escogido por la División Menor del Fútbol Colombiano -Dimenor-, para alojar a la selección de Fútbol del Chocó que participaba en el torneo nacional.

Jugadores como Manuel Acisclo Córdoba, Hansel Camacho, Escolástico Sinisterra, ‘Pandereta’ Mosquera y ‘El Gato’ Echeverry, formaban parte de este seleccionado que minuto a minuto recibía la visita de sus coterráneos que radicábamos en la capital.

Por casualidad Jairo Varela Martínez, Marino Sánchez Aguilar y yo llegamos al mismo tiempo al hotel y en este lugar es donde estoy seguro nació la idea de Jairo de formar un grupo musical. Minutos después Jairo nos llamó a Marino y a mí a un cuarto aparte y con flauta en mano empezó a interpretar una canción que más tarde llamó Las Flores También se Mueren, dedicada a Sonia Díaz Mosquera, que fue su eterna traga, pero ella jamás le hizo caso.

Jairo nos informó que ya venía hablando con sus paisanos Ostwal Serna Arriaga, Pacho García, Nicolás Cristancho -Macabí- y el estudiante de música del Conservatorio de la Universidad Nacional Alexis Lozano Murillo, para formar una agrupación.

Jairo había tenido problemas en el cuarto donde vivía en el barrio Restrepo y acudió a la amistad de un amigo bogotano Carlos Rodríguez, quien le facilitó un garaje para que viviera y le pagara cuando pudiera. En dicho lugar, que quedaba en la calle 22 -barrio Santa Fe- compartía con Ostwal Serna y, estaban ubicados a pocas cuadras de Iván Cañadas ‘Chéngere’, que vivía en un cuarto bien grande en la calle 23 entre carreras 10 y 12; allí Iván programaba semanalmente reuniones bailables con paisanos y de vez en cuando acudíamos con Jairo y otros amigos.

En alguna ocasión Jairo nos dijo a ‘Sardina’ y a mí que estaba desesperado y quería trabajar y que le gustaría mucho entrar a la Flota Mercante Gran Colombiana, a lo que ‘Sardina’ le dijo: «Mirá Jairo, esos tropeles en el mar vos no los aguantás. Mejor hablate con el doctor Vicente Garcés Ferrer (quibdoseño hermano de Gloria), quien es el jefe de personal del Intra, que a mí me ha prometido ubicarme, yo le digo que la oferta te la de a tí».

Dicho y hecho. Jairo fue al Intra, habló con Vicente y, este inmediatamente se identificó con él y lo ubicó en dicho Instituto.

Jairo aquel día no tenía ni para el bus, entonces fue cuando tuve una nueva oportunidad de acompañar a este gran amigo facilitándole para el transporte y la comida, ya que para mí se trataba como si fuera a mi propio hermano. Cuando Jairo compartía cuarto con Ostwal Serna, tenía una mujer bogotana de nombre Mariela, a quien le compuso la canción llamada Mi negrita y la calentura, que la tenía en mente desde cuando se llamaban Afroson, 1973, que fue el primer nombre que adoptaron antes que Niche.

Niche nació en agosto de 1978, varios años después de llegar Ostwal Serna de Buenaventura a Bogotá, donde laboraba en la Aduana. De allí lo despidieron por abandono de cargo, ya que sus andanzas con Jairo, Alexis, Macabí y Pacho, tratando de formar una agrupación y, tocando noche tras noche, no le dejaban cumplir con el deber en la Aduana.

Igual suerte corrió Jairo Varela en la posición en el Intra, donde Vicente Garcés le había ayudado a entrar. Allí nada tenían que ver con la música y jamás entendieron que las llegadas tarde y las dormidas en pleno trabajo eran por los trasnochos que se daban, bien por estar tocando o por las madrugadas que le tocaba realizar cuando llegaba muy temprano –4 ó 5 a.m.– al Centro de Grabación Ingeson que dirigía el empresario Ricardo Vicentti y coordinaba Willy Salcedo, un hermano de Yimy Salcedo (Onda Tres).

Cierto día Jairo me llamó para que lo acompañara a un sancocho donde lo habían invitado, nada más y nada menos que “el combo de las encomiendas” que lo formaban Cesareo Serna Arriaga, Moisés y Pocholo Suárez, Alejo Coutin Garcés -Perico-, Odín Horacio Sánchez Montesdeoca y dos sujetos mas. Este grupo de quibdoseños, cuando viajaban a disfrutar de vacaciones a la tierra, iban casa por casa de aquellos lugares que sabían tenían familiares en Bogotá y, con toda la tranquilidad del caso, se expresaban así: «Señora María, como está usted. Mañana viajamos a Bogotá y necesitamos saber que le va a enviar a su hijo Carlos.

Esta y otras mujeres ingenuamente caían en la trampa, iban al mercado y le compraban queso costeño, longaniza, borojó, carne seca, pescado frito, pasteles, y muchos otros productos y se los empacaban a sus hijos confiando en estos personajes. Pero ellos una vez en Bogotá, llamaban algunas amistades e incluso a los propios afectados, y los invitaban a un gran sancocho acompañado de los otros productos.

Una vez finalizaba el zafarrancho, llamaban al afectado y le decían que Jorge Mena (alguien que también viajó con ellos) le había traído una encomienda y era ahí donde nacía el gran problema, porque efectivamente la persona había llegado en el mismo vuelo, pero con desconocimiento total de encomienda alguna.

A Jairo, la vez que le invitaron, precisamente le tocó comer de su propia encomienda sin saberlo y, al final, fue ‘Pocholo», quien le dijo: «Jairo, estaba muy rica esa carne seca que te mandaron de Quibdó».

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