El terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto de 2026, con epicentro en San José del Palmar (Chocó), ha golpeado con particular dureza a este departamento, uno de los más pobres y aislados de Colombia, agravando décadas de abandono estatal, engaños e incumplimientos de los gobiernos, precariedad en servicios y pobreza de sus comunidades.
Según balances oficiales, de los 31 municipios del departamento, 29 presentan afectaciones.
El terremoto dejó 14 personas fallecidas en el Chocó, 139 heridas, 10.124 familias damnificadas, lo que equivale a 43.178 personas afectadas.
En materia de infraestructura, las autoridades reportan 3.199 viviendas averiadas y 468 completamente destruidas, afectaciones en 7 centros de salud, 38 instituciones educativas, 6 acueductos, 1 puente vehicular y 5 vías.
Municipios y corregimientos más afectados
San José del Palmar (epicentro): Alrededor de 400-442 viviendas afectadas y 20-40 estructuras colapsadas. El corregimiento de La Italia (cerca de 3.000 habitantes) enfrentó graves problemas de comunicación. Vías primarias y terciarias intransitables, deslizamientos, señal telefónica intermitente.
El alcalde León Fabio Marín Moncada reportó que el municipio es “demasiado humilde, demasiado pobre” y carece de recursos suficientes. Hay zozobra por réplicas (incluyendo una de magnitud 4,2).
Habitantes como Lucely Castillo narraron: “Acá no se duerme. Las réplicas están siendo muy seguidas”.
Quibdó: Nueve de los fallecidos. Barrios como La Terraza, zona norte, Medrano, El Jazmín, El Poblado, Las Palmas y El Piñal concentraron colapsos. Al menos 20 casas se fueron al abismo en algunos sectores (afectando a cerca de 100 personas).
El Hospital San Francisco de Asís se desbordó (ocupación de urgencias que pasó de 200 % a 485 %). Afectaciones en edificios públicos y privasos, bancos, universidad y colegios Familias duermen en andenes, colegios o cambuches improvisados.
Unión Panamericana: Más de 100 viviendas afectadas; aproximadamente el 15 % del municipio destruido. Tres fallecidos en el corregimiento La Y (dos mujeres en una vivienda y un hombre frente a una tienda). Destrucción de viviendas “a nivel horizontal en todos los corregimientos”. Sin suministro eléctrico.
Condoto (casas siguen cayendo días después; familias desplazadas en el Consejo Mayor), Istmina (grietas en vías y colapso en comunidad indígena), Sipí, Nóvita, Bahía Solano, Litoral del San Juan, Alto/Medio/Bajo Baudó, Nuquí, Carmen de Atrato, Riosucio, Bojayá, Bagadó y otros de las cinco subregiones.
Comunidades indígenas (como en Unión, cerca de Istmina) reportan escuelas derrumbadas y familias a la intemperie, con denuncias de invisibilización.
En total, se mencionan afectaciones en decenas de veredas y corregimientos, con pérdida de energía en Quibdó y al menos 16 municipios, fallas en comunicaciones, acueductos y vías bloqueadas por deslizamientos.
Infraestructura, salud y servicios
El Hospital San Francisco de Asís (principal del departamento) enfrentó crisis de insumos, personal y neveras dañadas para sangre; pacientes trasladados a Medellín. Siete centros de salud semidestruidos o afectados. 38 instituciones educativas dañadas (incluida la Uniclaretiana y la Universidad Tecnológica del Chocó).
Acueductos, puentes y aeropuerto afectados. Réplicas continúan (incluyendo eventos el 14 de agosto en Sipí y San José del Palmar).
El drama humano: testimonios de la gente humilde
Las voces de los afectados revelan el sufrimiento cotidiano. En Quibdó, Marianely relató: “Estábamos en la casa cuando empezó a temblar. La pared que daba a las escaleras comenzó a ceder y la vivienda se derrumbó por completo. Gracias a Dios, todas salimos con vida. Yo me puse debajo del marco de una puerta y eso me mantuvo a salvo”.
José Mosquera, herido en el hospital: “Me cayó el muro encima y me tumbó ahí”. Su hija Luz Mosquera explicó que, por su ceguera, no pudo salir y vecinos lo rescataron. Francisco Perea espera traslado por daños en la visión y una mano.
En Condoto, Lidia Rivas, madre cabeza de hogar: “Lo más impresionante es que están cayendo más casas ahora que el día del sismo… Fueron muchas familias las que salieron hasta la cabecera municipal”.
En el barrio El Piñal de Medrano (Quibdó), Anthony y su familia de seis personas perdieron la casa de 30 años: “No ha venido nadie… Entre los vecinos, hemos quitado las cosas, recuperado lo poquito que tenemos ya”.
Raquel Córdoba, enferma por dormir en la calle en Las Palmas: llora de trauma.
Un sacerdote local, José Darvinson Quejada Córdoba, describió familias recogiendo escombros y rostros “apagados, sufriendo”.
En San José del Palmar, la profesora Ayanith Martínez quedó desplazada, pagando hotel en Cartago, sin saber cuándo volver.
Líderes indígenas como Luis Ángel Gindrama (Medio Baudó) denunciaron: “Solamente se están centrando en los departamentos y ciudades grandes… No están visibilizando las afectaciones que tenemos las comunidades indígenas… Algunas familias están a la intemperie”.
El alcalde de Litoral del San Juan, Jhon Jairo Gutiérrez, clamó: “Es gente humilde. No nos dejen solos”.
Arístides Valenzuela, líder social de Quibdó: “El abandono estatal es demasiado y durante muchos años, así que ahora que la naturaleza nos golpea con esto, pues se suman todas las situaciones…”.
La Defensoría del Pueblo ha insistido en la urgencia de censos.
El sismo expuso y profundizó la pobreza estructural del Chocó (pobreza monetaria superior al 60 % en Quibdó), la dispersión geográfica, el hambre extrema de la población, la carencia, precariedad o intermitencia crónica de servicios. La reconstrucción será larga y las comunidades claman por no ser olvidadas una vez más.




