
Por Ricardo Mena Mena
Para hablar de los intríngulis que han rodeado la historia de la U.T.Ch., hay que remitirse a su creación y definirla como lo que realmente es: “Una Institución pública de carácter académico del orden nacional, con personería jurídica, autonomía administrativa y patrimonio independiente, adscrito al Ministerio de Educación Nacional, creada mediante la Leyes 38 de 1968 y 7 de 1975 del Congreso de la República.”
No obstante, a través de argucias se le ha infringido un carácter departamental y se ha vendido la idea a los chocoanos de ser el patrimonio de todos y a la postre termina siéndolo sólo de quienes participan de su administración y algunos estamentos enquistados en ella, que la han convertido en una cueva de Rolando, actúan a espaldas de las realidades de la región y despedazan su presupuesto para repartirlo entre los reyezuelos poseídos como dueños absolutos de esta y basados en la interpretación amañada de la autonomía universitaria, bajo el principio la independencia política y administrativa de la universidad respecto de factores externos, sin que realmente lo sea; puesto que al observar la conformación del Consejo Superior queda advertido que es un órgano político, al servicio de quienes tengan el turno de gobernar.
“La posibilidad de que se de un cambio de rector, de orientación radical en el modelo de gestión de la Universidad, o la llegada de un nuevo partido o movimiento político de apoyo a un nuevo rector, genera temores y ansiedades de parte del “establecimiento” de la institución, ya acostumbrado a un modelo. El natural miedo o reacción al cambio, acompañado por la posibilidad de perder poder, de cambiar ritmos de trabajo o de ser presionado para salir de la Universidad, influyen a favor del statu quo… Ser rector de una universidad pública implica enfrentar fuertes tensiones internas (de opositores, sindicalistas y las protestas estudiantiles), implorar permanentemente al Estado recursos para funcionamiento, enfrentar acusaciones (muchas de ellas inventadas) de políticos en las redes sociales, y negociar (es decir, prometer, ceder, e impactar nómina y presupuesto) para lograr sus propósitos con diversos grupos de presión, culturas, profesores de carreras y administrativos de carrera de toda la vida.” (Párrafo tomado de artículo del Observatorio de la Universidad Colombiana)
Cabe destacar, que con la llegada del Dr. David Emilio Mosquera Valencia a la Rectoría de la Universidad Tecnológica del Chocó, quien en los papeles figuraba como el menos opcionado, generó desazón entre quienes pretendían seguir manipulando y a fe que tenían razón; puesto que se encontraron con un hombre probo, trabajador incansable, inteligente, con mucha personalidad y temple que en su primer acto convocó a las directivas sindicales y les hizo saber que no cohonestaría con acuerdos convencionales ilegales, fruto de componendas que venían afectando profundamente las rentas propias de la institución y desde entonces se generó un ambiento hostil hacia el administrador, quien ha cargado con todo el resentimiento interno por quienes pierden privilegios y ha sido atacado y vilipendiado; una guerra que también se ha trasladado al mundo digital, especialmente en whatsapp, Facebook y Twitter donde cada día algunos usuarios prefieren desenvainar sus espadas para combatir sin contemplación, muchas veces recurriendo al insulto cuando encuentran opiniones contrarias a la suya, en lugar de aprovechar la ocasión para conocer otras posturas que los induzcan a conocer la verdad verdadera de los hechos.
Es entendible que el Dr. Mosquera Valencia quiere cambiar la historia y enrumbar la Institución hacia el destino consagrado en el espíritu de la ley 30 de 1992, siendo el único Rector que en 49 años de historia ha incidido para la acreditación de un programa académico en alta calidad, con el reto de lograr al menos tres o cuatro en su próximo período, para lo cual se requiere el concurso de la Comunidad universitaria y de la chocoanidad.
Capítulo especial merece el vergonzoso espectáculo que empaña la fiesta electoral, con la actitud irracional de algunos candidatos que de forma abusiva se tomaron la oficina del Egresado en las instalaciones de la universidad, porque presuntamente ya tenían el software de las elecciones con los votos marcados, cuando sólo se trataba de un listado de egresados y sin medir consecuencias se fueron lanza en ristre contra del Magister Edward Romaña Mena, quien de lejos es el candidato más representativo por el estamento de egresados, persona de buenos modales que en su vida pública y privada ha sido ejemplo a seguir por las juventudes y se ha granjeado el respeto de la sociedad chocoana, rector del colegio más emblemático del Chocó, el que ha regentado con lujo de competencias; para que enloden su buen nombre por falacias infundadas. ¡No hay derecho!
Cabe anotar, que el florero de Llorente ha sido la sistematización del proceso electoral en la Universidad Tecnológica del Chocó, justificable además por la pandemia, lo que ha desatado una serie de conjeturas que sólo se pueden entender a la luz del temor a lo nuevo, es la resistencia al cambio para encaminar los procesos hacia la modernidad, pero quienes están en la zona de confort se resisten a la innovación que exige el esfuerzo de amoldarse a lo “Desconocido”, pretendiendo mantener las costumbres arcaicas de lo manual.
Pero también hay que destacar que la actitud de muchos de los aspirantes a ser elegidos consejeros, hacen manifiesto su desconocimiento de la Ley 30/92 y las disposiciones internas que rigen a la Universidad y tampoco entienden que cuando existen procesos electorales hay que verlos como una contienda sana en donde se puede ganar o perder y no es simplemente de quítate tú, para ponerme yo. Las elecciones se ganan con trabajo y se ha observado que mientras unos pretenden ganar con bulla y bravuconadas, otros trabajan en silencio y hacen caso omiso a los insultos de sus oponentes.
Si realmente existe ánimo de hacer partícipe al pueblo chocoano de parte de los estamentos de la universidad sobre las aberraciones internas, es pertinente hacer una purga de las cosas que constriñen y retrasan los procesos internos, que se abra hacia la construcción de una sociedad académica de cara del pueblo y sus necesidades, que se asuma el rol protagónico que generó la creación de esta institución, que se establezcan mecanismos para generar un ambiente con sanas costumbres, donde reine el respeto no sólo hacia las directivas, sino también entre compañeros de labores y que sus docentes entiendan que tienen el deber de hacer responsabilidad social, brindando conferencias o charlas a la comunidad y en particular a la juventud que permita romper los esquemas del atraso, la pobreza mental y propender por el camino del bien, para que no sean presa fácil para la delincuencia y encausarlos a ser ciudadanos de bien.
Que la Universidad Tecnológica del Chocó se convierta en el verdadero faro que alumbre el destino de los chocoanos, donde todo está por hacer y sólo los chocoanos pueden lograr con el trabajo mancomunado que se requerido, para dar el salto hacia la transformación que tanto anhelan los que habitan esta marginada región.




