Por José María Daza Sánchez
Luego del padecimiento de la desfinanciación del “Nuevo” Hospital San Francisco de Asís, que fue liquidado y financiado con recursos del orden cercano a los $15 mil millones y que en menos de dos (2) años lo quebraron nuevamente, se conoce la noticia de que le van a inyectar, nuevamente, recursos que lo salvarían de una inminente reliquidación. Pero además del sufrimiento de los trabajadores que con su compromiso y humildad han llegado al punto del desespero de protestar y cerrar actividades y la atención normal al público, a los usuarios de esas Empresas Promotoras de Salud – EPS’s indolentes, que en la función de asegurador e intermediario el servicio de salud, han optado por negarse a pagar, pese a que el servicio fue prestado y buscan todo tipo de maraña para controvertir las cuentas de cobro, ayudado por los malos procedimientos en la facturación y finalmente no cancelar la prestación del servicio que le ha hecho la Institución Prestadora de Servicios de Salud – IPS’s.
Esto ha conllevado a que entren en desfinanciación e iliquidez estas últimas instituciones hospitalarias, lo que las ha llevado a la quiebra absoluta. Y después de que las EPS se quedan con la plata de la Unidad de Pago por Capitación – UPC, que es el valor que recibe por cada usuario afiliado, se declaran en quiebra, en connivencia con la Superintendencia Nacional de Salud, que las interviene y ordena liquidar, sin que entre a responder por las deudas con los prestadores.
Soy un convencido de que al intervenir a cualquiera entidad, sea prestadora o promotora con el propósito disque de salvar el sistema, el gobierno debe asumir esas deudas. ¿Cómo ordena liquidar y que la deuda se convierta en incobrable y se pierda? ¡Que la asuma el prestador del servicio y no reciba los recursos por el servicio prestado!
Este comentario introductorio es para decir que, si bien le han tirado al Hospital otro salvavidas bien inflado, que lo dejará a flote, pues esperamos que sirva para que realmente viva rozagante y no lo vayan a ahogar y quebrar de nuevo, con la esperanza de que el “papá gobierno” lo vuelva a salvar; porque como no tiene doliente ni en la administración departamental ni en el mismo hospital, dados los grandes intereses politiqueros que conlleva el manejo y con la plata que reciben, “la que no cuesta y hacen fiesta”, después de que ya estaba dentro de las decisiones del gobierno de volverlo a liquidar, estos recursos que reciban, ¡jummmm en período electorero! Deben ser manejados con “guante de seda” decían nuestros abuelos.
Como quiera que le van a devolver a la gobernación su manejo, esperamos que se nombre a las personas idóneas, no esos que se hacen llamar especialistas en temas de salud o yerbateros, que solo han esquilmado a la institución, con malos manejos en lo presupuestal, en lo contractual, en llenar de ineptos los cargos pagando favores.
Señor Gobernador necesitamos blindar al Hospital San Francisco de Asís para que no lo vuelvan a quebrar. Que tal una administración colegiada, con personas sin tacha, hasta gratis lo podrían hacer, que analice y tome las determinaciones necesarias, siempre protegiendo la calidad de la prestación del servicio al usuario. Además, acompañado de un grupo de profesionales que pueden aportar al mejoramiento, pero con especial énfasis en el reconocimiento a esos sumisos trabajadores, dedicados, honestos, sufridos, que a pesar de no recibir cumplidamente sus salarios han estado ahí.
Leo el comentario en las redes sociales del periodista y abogado Wagner Mosquera en relación con este mismo tema y comparto íntegramente su posición. Hay que hacerle seguimiento al manejo integral del Hospital. Estaremos acompañándolo con esta tarea y los derechos de petición e informes relacionados con el mismo, lloverán y nuestro pronunciamiento no decaerá para lograr que el San Francisco sea manejado con pulcritud y responsabilidad.
Invitamos a la comunidad, a los medios de comunicación, al sindicato, al comité de paro, en general, a que nos pongamos serios en este tema. No es pidiendo cuotas burocráticas que salvamos al Chocó.




