
Mena Rodríguez
Por: Esp. Jorge Enrique Mena Romaña y Lic. Francisco Aurelio Mena Rodríguez, [email protected]
En la ciudad capital del Chocó Biogeográfico, se están vendiendo los derechos electorales “por un mermado y mezquino plato de lentejas”, pues las mayorías electorales se equivocan de palmo a palmo en las elecciones. No debe causar extrañeza que las autoridades civiles carezcan de fuerza, para frenar la compra-venta de votos; se cree queesa circunstancia lleva al desgobierno y, Dios quiera, se acabe con esa corruptela.
Las organizaciones sociales y los líderes de Derechos Humanos de Quibdó contabilizan la escandalosa cifra de 118 jóvenes, adolescentes casi, asesinados por autores desconocidos por las autoridades que tienen la misión de garantizar protección a la sociedad quibdoseña. La opinión pública local, regional y mundial, se aterroriza y desespera por la masacre sistemática de más del 0,09% de la población afro e indígena juvenil de Quibdó en solo el año 2020.
Pero el tema quibdoseño no se queda ahí, hay que agregar a este desastre 132 decesos ocasionados por el covid-19, sin poder brindar a los enfermos, instituciones hospitalarias suficientemente dotadas en calidad y cantidad, para garantizar a la población la salud. Y para agravar más este cuadro de desastres, la ciudad recibe miles de desplazados por la violencia exógena en los campos del departamento, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la droga (2017), “Chocó es el principal centro de operaciones de minería ilegal y deforestación en el Pacífico” razones que alimentan la presencia de grupos armados que tienen poblados y comunidades enteras confinadas.
Parece mentira, que la afirmación “la violencia es producto de muchachos de los barrios de Quibdó, que carecen de jefatura de mexicanos” en el año 2020, según lo expresado por un comandante de los muchos cuerpos militares y de policía ante los medios, sea expresada como tranquilizante para un pueblo sometido al terror. Ello es inconcebible.
¿No es acaso, una demostración evidente de desgobierno el que los perpetuadores de las muertes aun continúen en el anonimato?
¿Cómo puede ser que Quibdó, con población de 130.000 habitantes, sufra 250 muertes por la pandemia (132) y asesinatos (118) en solo un año (2020), no estremezca a las autoridades de Colombia, a todos los niveles?
¿Puede justificarse que un de comandante de los cuerpos armados oficiales, luego de conocer los panfletos con los que se confina a la población, se justifique ante los medios de comunicación diciendo “no hay grupos antisociales extranjeros, esas muertes las están ocasionando muchachos de los barrios de Quibdó que se han organizado y armado…”?
¿Por quéno han sido controlados a tiempo…?
Es evidente que a Quibdó le faltan autoridades que garanticen los derechos civiles de sus pobladores. Los quibdoseños y chocoanos, tendrán que elegir a los mejores, en vez de ¡entregar su voto al aspirante corrupto que más dinero ofrezca!




