El pasado 25 de mayo fue asesinado el afroamericano George Floyd por un oficial de policía de Minneapolis, Estados Unidos, que se arrodilló en el cuello de Floyd durante al menos siete minutos, mientras estaba esposado y acostado boca abajo en el piso.
El incidente es uno más entre miles de asesinatos irracionales de civiles, muchos de ellos niños y ancianos, por parte de una policía que utiliza métodos fascistas y violatorios de los derechos humanos, con el respaldo del gobierno de los Estados Unidos.
Este último crimen atroz, con toda razón, ha desatado protestas en más de cien ciudades de Estados Unidos y en decenas de ciudades de otros países.




