
Por Marco Aurelio García Pedraza
Ayer cuando se conoció la noticia de la recuperación al parecer de nueve mil litros de alcohol, de los quince mil que donó el Valle del Cauca el 11 de abril, para mitigar un poco los estragos que sufrimos los habitantes del Chocó como consecuencia del COVID-19, sentí gran tristeza y me pregunté:
¿Cómo es posible que estos politiqueros lleguen a tal degradación moral?
Aquí estamos hablando de un elemento indispensable para proteger la salud de todos los chocoanos: y más, si tenemos en cuenta que la mayoría de barrios de Quibdó no cuentan con agua para un correcto lavado de manos y un poco de alcohol puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte en este caso.
Es injustificable cualquier explicación de los defensores de estas conductas. Me los imagino puliéndolas para salir con cara dura a tratar de defender a sus líderes, enredando a unos cuantos despistados. Me imagino también a las plumas literarias defensoras de las malas acciones, o como dice Jaime «El Inquieto” a los periodistas vergüenza, produciendo estratagemas para defender lo indefendible.
Aquí hay un solo hecho. Lo escondieron. Eso es vergonzante y miserable con su hermano, su paisano. Este alcohol debió haberse repartido hace mucho rato y no estar en una bodega, mientras la gente se nos muere por la expansión de la pandemia.
Según lo dicho por el gobernador(e) vía twitter supo ayer de la existencia de una bodega con pimpinas de alcohol y se encontró, además, un contrato de arrendamiento del cual no tenía conocimiento. Tampoco es entendible por qué, si el alcohol se recibió el 11 de abril cuando aún reinaba el suspendido gobernador Ariel Palacios, no pasó a sus manos con transparencia; recuerden que el decreto 608 es del 30 de abril y hoy, a dos meses se descubre que estaba embodegado.
El Chocó a pesar de haber sido uno de los departamentos en donde el virus tardó en aparecer, a 9 de junio contabiliza 544 casos, por encima de departamentos como: Caldas, Cauca, Quindío, Tolima, Huila, Risaralda, Caquetá, Putumayo, Córdoba, Guainía, Guajira, Vaupés, Cesar, Vichada, Casanare, Guaviare, Boyacá, Sucre, Norte de Santander, Santander y Arauca.
Quibdó, con 471 casos, pudo haber recibido este elemento vital para la contención de la transmisión, se hubiera podido evitar algunos de ellos.
Esto es un acto cruel e inhumano para con familias que no disponen de 15 mil pesos para comprar una botella en los supermercados y debe de investigarse.
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