
Por Vivian Abadía Gamboa. Nuquiseña, Ingeniera Ambiental, Especialista en Gestión Ambiental, Becaria Potencia Pacífico II, Magister en Gerencia y Práctica del Desarrollo de la Universidad de Los Andes.
Hay una historia detrás de la Independencia de Colombia que no ha sido contada con la importancia del caso, y es el hecho de que Simón Bolivar en el año 1816 visitó al primer país en dar el grito de Independencia en el Continente Americano, Haití, el cual proclamó su independencia en 1794, luego de haber expulsado a las tropas de Napoleón en amotinamiento, durante un proceso que se inició como una
rebelión contra la esclavitud en una población 90% negra y 10% criolla o mulata.
El objeto de esta visita fue pedirle ayuda a esta nación para lograr la Independencia de la Gran Colombia. Gracias a la solidaridad del Coronel mulato Alexandre Petión obtuvo recursos entre los que había más de 6.000 fusiles con sus bayonetas, municiones, plomo, víveres, una imprenta completa, el flete de algunas goletas y dinero, además de voluntarios negros, con el único compromiso de que con el triunfo aboliera la esclavitud.
Dentro de esos voluntarios se reclutaron cimarrones, esclavizados, indígenas y campesinos, conformando así el Ejercito de los pardos que representó el 30% del Ejército Independista los cuales en su mayoría se usaron como carne de cañón en las primeras filas. Por supuesto, todo este aporte de nuestra etnia ha sido
invisibilizado en los libros de historia; pero sumado a eso Bolívar murió sin abolir la esclavitud, nunca cumplió.
Fue hasta el período del Presidente José Hilario López que sancionó la Ley del 21 de mayo del año de 1851, y se declaró libres a todos los esclavizados que existieran en el territorio de la República. Es decir, casi 50 años después del grito de independencia.
Con este pequeño resumen, y sin entrar a detalles podemos hacernos una idea de lo que le costó a nuestros ancestros y ancestras recuperar sus derechos como personas y libertades como individuos. Aun así, no se puede tomar textualmente este avance a la libertad después que la mayoría de ellos y ellas se asentaron en la región pacífica, no en vano según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) el 96% de la población de esta región es afrodescendiente.
Por otro lado, a pesar de ser una región sumamente biodiversa, tenemos el mayor índice de pobreza multidimensional de la nación y el mayor rezago para el acceso a derechos ambientales, sociales y económicos.
Hace parte de esta región Pacífica colombiana invisibilizada por ser el territorio donde habitan los negros, el Chocó Biogeográfico, territorio que cuenta con amplias contribuciones de la naturaleza, por ejemplo, en 1 M2 de la selva húmeda tropical del Chocó hay más variedad biológica que en 1 KM2 de un país templado.
¿Entienden esta comparación? Poseemos un lugar que es privilegiado en el mundo, con una posición geoestratégica enmarcada en costas en dos océanos, Pacífico y Atlántico, ríos grandes y caudalosos, Atrato, San Juan y Baudó, suelos ricos en oro y platino; selva espesa con muchas especies endémicas, el 25% de las especies que habitan en estas selvas no se encuentran en ningún otro lugar del planeta, además con un potencial agrícola y pesquero desaprovechado.
¿Pero qué creen? Todas estas potencialidades no se ven reflejadas en la calidad de vida de sus habitantes.
Ahora, si bien es cierto que el gobierno colombiano ha ignorado por décadas al pueblo chocoano, a sus problemáticas y necesidades, debemos reflexionar en el siguiente interrogante ¿La comunidad ha cumplido con su parte?
Y no estamos haciendo referencia solo a las personas de a pie, sino también, a las instituciones con vocación ambiental, social, económica y educativa presentes en nuestra sociedad. Que se han dedicado también por décadas a inculcar una posición conformista, poco creativa y marcada por la ausencia de la crítica, en lugar de despertar el arraigo, el sentido de pertenencia y pujanza de la población.
Nos han vendido la idea de que somos los responsables de salvaguardar la biodiversidad de todo el planeta por encima de nuestras condiciones de vida, nos niegan la posibilidad de ser autónomos y gerenciar nuestro propio desarrollo, argumentando que si tocamos algún kilómetro cuadrado de territorio para la construcción de mega proyectos que apalanquen la potenciación de nuestros sectores económicos se
estarían cometiendo ecocidios, sin contar con la rigurosidad de Estudios de Impacto Ambiental que revelen la verdadera consecuencia de los mismos y no se quede en especulaciones y conjeturas a priori.
Lo peor del caso es que para terminar de satanizar cualquier intento visionario aseveran que desarrollarnos implica alejarnos de ser cuidadores ancestrales, en lugar de compartir el concepto real del Desarrollo Sostenible, que no superpone ninguna dimensión; antes, por el contrario, defiende el equilibrio de aprovechar sosteniblemente nuestros recursos naturales para la satisfacción de nuestras necesidades, sin comprometer la satisfacción de las necesidades futuras.
Pero toda la responsabilidad no recae en las Instituciones. La ciudadanía de a pie se ha quedado cómoda durmiendo en los laureles, tragando entero y haciéndole eco a la idea de que somos incapaces de gestionar y gerenciar nuestro propio desarrollo, tomando como activo principal nuestras potencialidades, sin perder de vista por supuesto nuestras necesidades.
Como quien dice, se “abolió” la esclavitud física, ¿para cuándo la mental?




