
Por: Alicia Mena Marmolejo, Ph.D., profesora asociada Universidad Tecnológica del Chocó
Retomando un aparte de la “Reseña Histórica de la Universidad Tecnológica del Chocó Diego Luis Córdoba”, escrita por el connotado profesor de las letras César Enrique Rivas Lara (2018: 81 – 82), comparto este mensaje de unidad fraternal, para que nos lleve a recomponer el liderazgo que jugó la Universidad en sus inicios y que hoy está cuestionado.
“La Universidad Tecnológica del Chocó no fue creada ni puesta al servicio de la comunidad chocoana por ninguno de sus honorables representantes, ni por los jefes de sus partidos políticos tradicionales (Liberal y Conservador); tampoco fue creada por altos dirigentes nacionales y menos por filántropos ni altruistas, que, en este mundo convulsionado de hoy, donde prima lo individual sobre lo colectivo, ya no se consiguen”.
“La Universidad Tecnológica del Chocó no fue creada por el Departamento del Chocó, tampoco fue creada por el Municipio de Quibdó. Tampoco fue creada por el doctor Diego Luis Córdoba como creen algunos desinformados de la realidad. La Universidad del Chocó –que lleva su nombre- fue una forma de rendir homenaje a este preclaro hijo del Chocó, como homenaje póstumo del Congreso de la República, en exaltación a sus valores, consagración al estudio y la educación. La Universidad del Chocó fue realmente fundada y creada por un grupo de chocoanos que, conociendo, sintiendo y sabiendo del gran reto que les imponía la historia, se unieron en una sola fuerza, dejando a un lado intereses personales y egoísmos, pensando en el bien común, en la grandeza, el cambio y el progreso del Chocó”
Se requiere, entonces, que la Universidad Tecnológica del Chocó ‘Diego Luis Córdoba’ sea gerenciada con responsabilidad y decoro, entendiendo que lo más importante son los seres humanos que laboran y estudian en ella, quienes desempañan sus tareas con entusiasmo y amor; así mismo, deben ser vigilantes y co-equiperos para que los ejes misionales: Docencia, Investigación y Extensión y Proyección Social, se cumplan a cabalidad y que la Universidad tenga el impacto deseado en la sociedad.
El ambiente laboral y académico que se ha vivido en los últimos años ha estado lleno de zozobra, incertidumbre, desconfianza, angustia e indolencia, al punto de que los miembros de la familia universitaria, en un alto porcentaje, estamos sufriendo de ansiedad, estrés, tristeza profunda y desdén, por el desestímulo permanente, por tantos anuncios cargados de poca verdad, amenazas e incumplimientos, que emocionalmente nos han afectado la salud mental, los cuales no se han evaluado.
Por ejemplo, detrás de cada trabajador público, hay responsabilidades que asumir, especialmente, las madres cabeza de hogar, a quienes cuando no se les cancela de manera oportuna su salario y demás emolumentos de ley, se desencadena una serie de afectaciones a corto, mediano y largo plazo, lo que repercute negativamente en la calidad de vida.
En la actualidad, los desafíos que debemos afrontar son grandes. ¿Será que la indiferencia de algunos es un escape, y la valentía de otros es la búsqueda de un cambio profundo?




