
Por Robert David Arboleda.
En plena era digital, la lectura parece haber quedado relegada a tiempos pasados, limitada a los salones de clases y las bibliotecas. Lo que aprendemos a través de los libros y otros textos se está quedando confinado en esos espacios, desperdiciando su potencial transformador en nuestras vidas.
Anteriormente, las bibliotecas públicas eran refugios seguros para el aprendizaje y el descubrimiento de diversos personajes a través de cuentos, fábulas e historietas. Nos permitían explorar el mundo sin movernos de un sillón, conociendo lugares lejanos y viviendo aventuras a través de las páginas. Hoy, esas estanterías que antes nos ofrecían un pasaje a otros mundos están polvorientas y olvidadas, convirtiéndose en silenciosos testigos de un preocupante cambio cultural.
En un departamento como el Chocó, donde la riqueza se entrelaza con la escasez, la lectura ha sido un acto de resistencia civil y continua exploración. Sin embargo, parece ser que esta pasión se ha ido desvaneciendo lentamente. ¿Podemos dar por perdido el fervor por los libros y la búsqueda incansable por el conocimiento de nuestra región?
En el Chocó, al igual que en cualquier parte del mundo, la lectura desempeña un papel fundamental en el desarrollo intelectual y emocional de todas las comunidades. Con cada disminución en la lectura, nos acercamos peligrosamente a lo que los analistas denominan analfabetismo funcional. ¿Estaremos los chocoanos ya en ese punto de ser analfabetas funcionales?
Llegar al punto de convertirnos en analfabetas funcionales sería devastador para las generaciones futuras. Nos encontraríamos rodeados de personas que saben leer y escribir en teoría, pero que nunca visitan una librería, ni compran un libro. Invertimos poco dinero en el conocimiento, pero destinamos demasiado dinero a juergas, fiestas, alcohol, marcas de zapatos y celulares, cosas triviales. Al salir del país, nadie te va a preguntar qué marca de ropa llevas puesta; lo que realmente importa es lo que tienes en el cerebro.
En su enorme mayoría las personas que nos gobiernan o están en el poder son analfabetas funcionales, hemos votado y confiado en personas incompetentes y profundamente ignorantes, que no comprenden la importancia de los libros y el poder de la lectura, por eso a menudo no los apoyan ni los fomentan.
En definitiva, el destino de la lectura en el Chocó está en la determinación colectiva de resguardar y promover esta práctica tan enriquecedora. Tenemos que tratar de asegurar que las generaciones venideras dispongan de herramientas necesarias para enfrentar los desafíos futuros con sabiduría y entendimiento profundo.
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