
Uribe Hermocillo
Por Julio César Uribe hermocillo. Tomado de El Guarengue. https://miguarengue.blogspot.com/2026/08/los-epicentros-del-choco-pero-no-llores.html
«Pero no llores, Quisqueya, que lucharemos,
tus hijos buenos te reconstruiremos».
Cuco Valoy, El ciclón (Himno a la reconstrucción), 1980.
Chontaduro y terremoto

San José del Palmar.
En el puente festivo que hoy termina estarían culminando también las Fiestas del Chontaduro 2026 en el municipio de San José del Palmar, las cuales habían sido convocadas por la Alcaldía Municipal para los días 14 al 17 de agosto. El terremoto de magnitud 7.4, ocurrido a las 7:34 a.m. del lunes 10 de agosto, cuyo epicentro se ubicó en territorio palmareño, cambió completamente el panorama y convirtió a este municipio en centro de interés nacional e internacional como referente de una tragedia que afectó 15 departamentos y 472 municipios de Colombia, 120.671 familias y 185.996 personas, incluyendo 287 personas fallecidas y 4.147 heridas; según balance oficial del 16 de agosto a las 6:30 p.m., de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).[1]
Chontaduro y biodiversidad
San José del Palmar está situado en el suroriente del Chocó, en límites con Risaralda y el Valle del Cauca, departamentos estos con los que comparte áreas protegidas del Parque Nacional Natural Tatamá y la Serranía de Los Paraguas, donde se ubican ecosistemas con las más altas tasas de biodiversidad del Chocó Biogeográfico, en gran parte por su condición de corredor de conectividad entre el Pacífico y la zona Andina, en la Cordillera Occidental. Cuando una prolongada, incontrolada y devastadora epidemia fitosanitaria destruyó casi totalmente los cultivos de chontaduro en zonas del Atrato, San Juan y Baudó, que hasta entonces habían sido grandes productoras de esta apetecida fruta, San José del Palmar se posicionó como el principal productor regional e incursionó exitosamente en el mercado de sus vecinos Pereira y otros municipios de Risaralda y del Norte del Valle.
Un abrazo intermunicipal
Los municipios chocoanos de Condoto, Nóvita y Sipí rodean en el mapa, como en un abrazo cartográfico y fraternal, a San José del Palmar, un lugar cuya vía carreteable de acceso directo lo conecta con el Valle del Cauca y Risaralda, no con el Chocó. Junto al municipio también andino de El Carmen de Atrato —que limita con Antioquia—, donde se ubica el nacimiento del río Atrato en los Farallones del Citará; San José del Palmar presenta las máximas elevaciones del departamento del Chocó: los cerros de Tamaná, con 4200 m y Tatamá, con 3950 m; el cerro de Torrá, con 3670 m, el cual forma parte de la Serranía de Los Paraguas; y las estribaciones denominadas Galápagos, en límites con el Valle del Cauca, a una altura de hasta 3000 m.
Sin noticias
Tal situación geográfica, sumada a las deficiencias locales y regionales de infraestructura vial y a la constante falla de los servicios de telefonía e internet en el Chocó, impidieron durante más de medio día del 10 de agosto que la región, el país y el mundo se enteraran de qué había pasado exactamente en el epicentro del terremoto, cuyos estragos en departamentos y ciudades vecinas, así como en Quibdó y otros 28 municipios chocoanos hacían temer lo peor. No obstante, al caer la tarde de ese primer día de la tragedia, la Gobernadora del Chocó, Nubia Carolina Córdoba Curi, quien visitaría el municipio a primera hora del día 12 de agosto, había logrado establecer que allí no había muertos ni heridos, a pesar de que el epicentro estaba a tan solo 20 km de la plaza del pueblo y eran graves los daños de viviendas, obras y edificios públicos y comunitarios.
Mientras el pueblo palmareño poco sabía de lo que a esa hora temprana estaba ocurriendo en el país, y el país se preguntaba por la suerte de aquel municipio —de cuya existencia no sabían hasta el momento muchos colombianos—, aquella mañana en Quibdó la ristra diaria de motocicletas cuya barahúnda es la nota cotidiana de la ciudad desde que amanece hasta la media noche, se intensificó por el doloroso desespero de quienes habían dejado a sus hijos en escuelas y colegios unos minutos antes, y ahora —ocurrido el terremoto— se devolvían a recogerlos, mientras se enteraban en el trayecto de las peores noticias, procedentes de distintos y populosos sectores y barrios de Quibdó, como Nicolás Medrano, Zona Minera, el Jardín y la Zona Norte, entre otros, cuyas noticias circularon profusamente por WhatsApp antes de que comenzaran a fallar las conexiones telefónicas y de internet, y se interrumpiera también el servicio de energía eléctrica por circuitos y luego en toda la ciudad.
La Gobernadora

Ya a esa hora, en un acto de plausible gestión institucional del desastre, cuyas proporciones apenas empezaban a establecerse, la Gobernadora del Chocó se apersonó de su papel de liderazgo y vocería regional para el manejo de la situación; el cual ha mantenido y mantiene tras el paso de los días, con una empatía y una energía admirables, y con notable capacidad de análisis integral y panorámico de la tragedia. Menos de un cuarto de hora después del terremoto, en su cuenta de X (antiguo Twitter), la Gobernadora expresó: «Acabamos de pasar un grave evento sísmico en el departamento del Chocó. Nos preocupan las réplicas. Aunque el epicentro fue San José del Palmar, en la capital Quibdó hay heridos y graves daños en las edificaciones. Ya estamos haciendo la evaluación de daños para emitir el primer reporte oficial»[2].
Dos horas después del terremoto, la Gobernación emitió el primer reporte de situación regional, el cual fue actualizado por lo menos en 6 boletines más a lo largo de ese día, y otros tantos desde ese día hasta hoy. De modo que la información oficial va siendo consolidada, tanto para efectos de asistencia oficial regional y nacional, como para conocimiento de la población quibdoseña y chocoana, que entre lágrimas abundantes y silencios tristes, gritos de dolor, rezos y plegarias, reclamos e imprecaciones, intentaba conjurar y afrontar los males del desastre, comunicarse con sus parientes de fuera del Chocó, averiguar por su gente en ciudades tan destrozadas como Cali, Pereira, Manizales, y guardar algo de calma para ponerse a salvo con sus grupos familiares, laborales, académicos, barriales… 29 municipios afectados de los 31 que tiene el departamento, 13 personas fallecidas, 310 heridas, más de 12 mil familias damnificadas, 3.128 viviendas destruidas y más de 19.000 viviendas averiadas , 267 edificios de instituciones educativas afectados, son algunas de las cifras de la tragedia en el Chocó, según el reporte #12 de la Gobernación, del 15 de agosto a las 6:30 p.m.
Como un terremoto de siglos
Las carencias estructurales de sus municipios, y del departamento todo, en asuntos tan básicos y primarios en materia de desarrollo, como vías de transporte, servicios hospitalarios, agua potable, energía eléctrica, telefonía e internet, volvieron a revelarle al país y al mundo que San José del Palmar y el Chocó no son solamente epicentro de este cruel terremoto: también lo son de la desigualdad histórica y estructural en Colombia, tan cruel como un terremoto que durara siglos. De hecho, aunque en ello cuentan también la mediocridad y el facilismo del periodismo de los grandes medios de comunicación del país, hasta en los primeros informes periodísticos de la tragedia el Chocó fue excluido y pareciera que esta solamente hubiera ocurrido en las demás ciudades y departamentos, lamentablemente afectados, y al territorio chocoano solamente le correspondiera —como un eslogan— su condición de epicentro del terremoto y la trágica presea de que este fuera el movimiento sísmico de mayor magnitud en los últimos 25 años.
Recordando a Bahía Solano, 1970

Patrimonio Fílmico de Colombia.
El próximo 26 de septiembre se cumplirán 56 años de los tres sismos (magnitudes 6.5, 5.8 y 6.6) que asolaron a Bahía Solano entre la primera hora del día, la media mañana y la alta noche, y cuyas réplicas mantuvieron en zozobra permanente a sus habitantes, atemorizándolos de tal modo que a la media noche la mayoría de la gente ya había decidido irse del pueblo.
A solo tres semanas de su posesión como gobernador del Chocó, el abogado liberal Andrés Rumié Mosquera llegó a Bahía Solano para ver con sus propios ojos la destrucción de la que había sido objeto esta población, la mayor parte de cuyas edificaciones se habían venido abajo a causa de los tres feroces sismos, que por fortuna solamente dejaron dos personas heridas. También el presidente de Colombia, Misael Pastrana Borrero, estaba recién posesionado, no llevaba más de mes y medio en el cargo.
En un informe de noviembre de 1971, publicado en la revista del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, el geofísico y sismólogo colombiano Jesús Emilio Ramírez Gómez, S. J., pionero de estas ciencias en Colombia y fundador del Instituto Geofísico de los Andes, documentó lo ocurrido en Bahía Solano: «El primer temblor que tomó por sorpresa a los pobladores de Puerto Mutis, El Valle, Mecana y caseríos vecinos, tuvo lugar el día 26 de septiembre de 1970 y fue registrado en los sismógrafos de Bogotá a las 7h 3m 33.5s. Se le asignó una magnitud de 6.5 en la escala Richter. Además de la alarma general, se agrietaron varios edificios. Siguió otra sacudida un poco más fuerte a las 9h 58m 3s. Así se iniciaron algunos deslizamientos en las colinas vecinas y se aumentaron las averías en las casas. Ya esto hizo que se pidiera auxilio a las autoridades del país. La Cruz Roja envió socorros y viajó el Gobernador del Chocó Dr. Andrés Rumié M. Poco después llegaron en avioneta el presidente, el director ejecutivo y el director técnico de la Corporación del Chocó, doctores Obregón, Núñez y Peñuela. Aquel día no se encendieron las cocinas y cada cual quería comentar en su casa o en la calle los incidentes del momento». [3]
Pero aún faltaba más. «A las 10h 39m 38s de la noche, estando aún casi toda la gente en las calles o en el parque, sobrevino el terremoto fuerte que dejó como saldo dos heridos, derribó a tierra algunas personas, y acabó con las casas averiadas, desvencijó las de madera o las dejó en posición precaria…».[4] 104 casas quedaron en ruinas; 64, fuertemente averiadas; ligeramente averiadas, 56; y sin averías aparentes, 43. El pánico fue tan grande como la ruina material: al tercer día de la tragedia, un poco más de 900 de las 2.400 personas que entonces vivían en Bahía Solano habían sido evacuadas por mar o por vía aérea, hacia Quibdó, Buenaventura, Medellín y Bogotá.
Bajo la coordinación del Dr. Rumié, Gobernador del Chocó, y del General José Joaquín Matallana, director nacional de la Defensa Civil, «se estableció un puente aéreo de socorro entre Bahía Solano y las ciudades de Quibdó, Medellín y Bogotá para el transporte de personas y recursos, como alimentos, drogas, carpas y frazadas. Aviones de la FAC, Satena, Cessnyca, de la Policía, de la Caja Agraria y de la Corporación del Chocó realizaron permanentes aterrizajes y despegues. El lunes 28 por la tarde, núcleos humanos con sicosis de fuga se aglomeraban en el aeropuerto esperando ser despachados. Dos niños nacieron en el terminal aéreo y otros dos a bordo de la fragata Pascual de Andagoya. Esta nave llegó a Buenaventura el lunes y con el Córdoba trasladó por vía marítima a unos 400 habitantes hasta Bahía Utría. Por la vía aérea habían salido el martes 29 por la tarde unas 520 personas; es decir, una tercera parte de la población se evacuó en tres días».[5]
Caminar por un suelo agrietado, por encima de cárcavas en las que bien cabrían un hombre de pie, a lo largo, y un niño acostado, a lo ancho; vivir el descontrol continuo de las aguas del mar, de las quebradas, del río, y hasta el desajuste de las puntuales mareas; ver los riesgos de los deslizamientos en las colinas cercanas y la mayor parte de las construcciones del pueblo desplomadas, destrozadas, fragmentadas o despedazadas; todo ello exacerbó el miedo, que se incrementaba con cada réplica de los temblores: más de cien registraron los sismógrafos en Bogotá durante los primeros cinco días del desastre en Bahía Solano. De ahí que nadie quisiera quedarse y la mayor parte optara por marcharse; aunque después de seis meses emprendieran su retorno. Atrás dejaban, destruidos o inservibles, además de sus casas, la iglesia, el cementerio, la casa cural, el colegio de las monjas Lauritas, la capilla del hospital, los edificios de Telecom, la Caja Agraria, la Alcaldía y los cuarteles. «Los edificios más afectados fueron los que estaban más cerca de las colinas, y los de menos daños estaban a mayor distancia. Los del otro lado del río Gella sufrieron un poco. Allí se derrumbó la casa más antigua de todas, edificada hacía 35 años y perteneciente a Mercedes Cecaida. Otra con más de 30 años, de Elvira Gutiérrez, quedó en pie».[6]
60 años de una inconclusión
Otro aniversario trágico para el Chocó se conmemora el próximo 26 de octubre, cuando se cumplen 60 años de una tragedia que marcó para siempre la historia local y regional de Quibdó y el Chocó, y se convirtió en un hito a partir del cual la espiral del progreso de la región pareció detenerse y devino en decadente bucle de estancamiento y retroceso. Un incendio de enormes proporciones consumió a Quibdó de sur a norte durante más de ocho horas continuas, desde las 9 de la noche del 26 de octubre de 1966, comenzando en la cabecera del pueblo y extendiéndose hasta las inmediaciones del templo parroquial, que en ese entonces aún no había sido consagrado como catedral. La remodelación y reconstrucción de Quibdó se adelantaron de modo parcial, nunca se concluyeron.
“El miedo y la esperanza viven juntos”[7]
«En el Pacífico se están presentando fenómenos inversos en el marco del Fenómeno del Niño, que implican fuertes lluvias y avenidas torrenciales en las horas de la noche. Esto está empeorando la situación de los damnificados por el sismo, aumentando el riesgo de las infraestructuras y traslapando dos emergencias que afectan a los damnificados por partida doble. Ya hemos generado el reporte a la sala de crisis nacional», informó la Gobernadora del Chocó en un tuit de su cuenta de X, en la mañana del domingo 16 de agosto… Epicentro de sismos y terremotos, de incendios e inundaciones, de derrumbes y deslizamientos, pero —sobre todo— epicentro histórico de la marginación y el olvido, del engaño y la discriminación; el Chocó es la tierra en donde es muchísimo menos cierta la entelequia en boga de que lo material no importa, porque lo material se recupera. Desde los centros y lugares de poder siempre será difícil captar en su esencia los padecimientos de la periferia, aún más si esta periferia lleva por nombre Chocó.
Da miedo dormir por las noches y que el aguacero inunde las casas destrozadas por el terremoto y las acabe de echar abajo; miedo a que una de tantas réplicas culmine lo que comenzó el remezón del lunes 10, como sucedió hace más de medio siglo en Bahía Solano, entre el temblor de las 7 de la mañana y y el de las 10 y media de la noche. Pero también hay esperanza, y no tanto porque esta sea lo último que se pierde, sino porque parecería inconcebible que —ante la copiosa, generosa y hasta inesperada ayuda humanitaria, de media Colombia hacia el Chocó— la respuesta gubernamental no estuviera a la altura de la solidaridad ciudadana y se quedara en la mera atención caritativa de la emergencia, incrementando así la deuda histórica del país con la región y manteniéndola como epicentro del terremoto secular de la exclusión y el abandono.
[1] https://x.com/UNGRD/status/2089149314509492613?s=20
[2] https://x.com/NubiaCarolinaCC/status/2086796703022059958?s=20
[3] El terremoto de Bahía Solano. Jesús Emilio Ramírez, S. J. Geofísica Panamericana Vol. 1 N° 1, pp. 97-109. Instituto Panamericano de Geografía e Historia. Noviembre 1971. Pág. 103.
[4] Ídem. Ibidem.
[5] Ibidem, pág. 106.
[6] Ibidem, pág. 105.
[7] Joan Manuel Serrat, Feria Internacional del Libro de Guadalajara, diciembre 2025.



