Richard Wright fue un prominente escritor norteamericano nacido en 1908 y muerto en 1960, autor de novelas, relatos, poesías y ensayos sobre las discriminación y persecución racial en Estados Unidos. Este sus principales escritos están: Sangre Negra, Los hijos del Tío Tom, El hombre que era casi un hombre, Hijo nativo, El Extraño, Vacaciones salvajes, El largo sueño, Ocho hombres, Rito de pasaje, La ley de un padre, Chico negro, Poder negro, Hambre americana. Wright fue perseguido en Estados Unidos y se vio obligado a viajar a Francia. El escritor chocoano Arnoldo Palacios desde joven había leído algunas de sus obras, lo admiraba y lo buscó en París. Publicamos como una primicia, —cortesía de Beatrice Palacios, la esposa de Arnoldo—, la entrevista que concedió Arnoldo Palacios a su hijo sobre su relación con Wright. Este documento es la transcripción del diálogo en francés entre padre e hijo.
Las entrevistas de Arnoldo Palacios con su hijo Pol. Primera entrevista, Bogotá, 2009: Richard Wright, Franz Fanon, Senghor, Césaire, Depestre, Chester Himes, Saint-Jacques, Sainville.
Los encuentros de Arnoldo PALACIOS y Richard WRIGHT. París, 1960
– El señor Saint-Jacques era de Haití. Vivía en una calle cerca de la Rue de la Pompe, en el distrito 16 de París, del otro lado de la Avenida Henri Martin, donde vivió la esposa de Onassis, Madame Kennedy. Saint-Jacques era un colaborador de Richard Wright, un hombre de negocios, un ingeniero. Era anarquista. Trotskista. Me pidió escribir a máquina para él unos de sus manuscritos, Calle Saint-Lazare, donde me había instalado en una oficina con una máquina de escribir al lado de sus talleres. Me permitía así ganar unos francos cuando no tenía papeles… ¡Es raro, hijo! … una Policía tan bien organizada que me había molestado tanto para nada y yo… ¡metido ahí durante seis años! Había vuelto a París desde Varsovia en 1960… Cuando naciste en 1978, ¡todavía no tenía papeles tampoco! Su libro era político. Sobre la revolución. Pero como era trotskista, que era mal visto del Partido Comunista francés… ¡sabes como pasa en Francia también! … Pues…hoy, ¡es terrible! El Partido Comunista que tenía en ese entonces casi la mayoría en el Parlamento, hoy… ¡moribundo! Cómo se puede…..contra la dialéctica! ¡Jaja!
Ese señor había venido a ese Segundo Congreso de los Escritores y Artistas Negros de 1959 en Roma. Le hablé de una idea mía, concreta, de crear un periódico en París. Me dijo: Mire: voy a decirle una cosa. Creo que un periódico en París,…bueno… pero, para nuestro mundo de nosotros, sería mejor crearlo en África del Norte, en Casablanca o cualquier otro sitio. Nos organizaríamos allá. Puedo sostener el periódico durante un año. …¡Ves que no era pobre! …Un año es suficiente para saber si un periódico funciona o no. Entonces, dije OK.
Ah! para mí, la muerte de Richard Wright fue… ¡gravísima!.. Existía también otro proyecto… puedo hablarte a ti… apaga tu aparato, hijo…
– ¡No! ¡Toma tus responsabilidades, Papá!
– Sí, pero unas veces es prematuro… Richard Wright había dejado su magnífico apartamento de la Calle Monsieur-le-Prince en el Barrio Latino. Lo encontré en la Calle de Regis. Del lado de Sèvre-Babylone. Un apartamentico… un estudio… Cuando se había publicado Black Boy, se habían vendido 250.000 ejemplares. ¡Sangre negra había sido una fiebre de oro! Y ahora… Quería y necesitaba ver a Richard Wright… Alguien me comunicó su dirección…. Era Chester Himes. Si, era Himes.
Richard Wright me dijo: Siéntese. Estaba sentado en un sillón. A él le gustaba, como tú, sentarse en un sillón. Me había ofrecido una silla delante de la ventana. Estaba escuchando música negra, negro spirituals. Siempre escuchaba música negra. Le dije: Bueno, pues… Richard
Wright… o Señor, no me acuerdo… Quería verlo a Usted… Lo vi una vez en su apartamento de la calle Monsieur-le-Prince. Le había traído uno de nuestros amigos brasileños que se ocupaba de la cuestión negra en Sao Paulo. Usted había hablado con él. No había intervenido. Había solamente cumplido mi misión. Hoy soy yo quien quiere ver algo con Usted, algo que me atormenta…: ¡Usted no estaba presente en el Congreso de Roma! ¡No dije nada a nadie… pero me atormenta! Le digo ahora: lo admiro. Desde mi juventud, he seguido su trabajo, supe que se había instalado en Francia ¡y sé que es Richard Wright! Quisiera saber hoy, para buscar una amistad con Usted o, por lo menos, conocerlo… ¡ah! voy a aliviar mi corazón: ¿Porque no estaba presente en Roma? ¡Todos los líderes intelectuales negros, Senghor, Cesaire… todos estaban juntados en Roma en estos días…!
Pensaba: Richard Wright no podía faltar esos días en Roma. Estaba en París, no estaba enfermo, no había dado excusas. No estaba en el exilio. No había escrito. ¡Estaba en Francia! ¡Era mi ídolo! Necesitaba conocer la verdad antes de ser su amigo o de crear lazos. Además, existía algo más grave: había oído alguien decir que Richard Wright estaba un poco metido en asuntos de CIA, cosas así. Había él abandonado el Partido Comunista hacía tiempo. Con alguien que no fuera Richard Wright, ¡no habría dado un paso así para comprobar si merecía ser mi amigo! Yo era un admirador y tenía que saber lo que hacía.
Entonces, seguí: Dicen que os habéis peleado, Usted y Senghor y la gente esa de Présence Africaine. Quisiera saber de su propia boca en vez de ir a buscar habladurías. …lo de Senghor, lo de la CIA…
Richard Wright dio un salto ¡saltó! y me dijo: Tengo precisamente una carta de Senghor. Rompimos. No estábamos de acuerdo. Se acabó con él. Tengo proyectos ahora. ¡Ya están! Todo está listo. Me faltaba alguien. ¡Palacios! ¡Es Usted! ¡Usted quien me reemplazará si es necesario! ¡Encontré en Usted el hombre que necesitaba! Todo está listo para mi empresa y vamos a instalarnos en Alemania. Primero, tengo que hacer exámenes médicos para las amibas. Pero la semana próxima, nos vamos a encontrar y preparar el viaje.
Encuentro Richard Wright. Yo estaba en París. No tenía nada. La persona que me alquilaba el cuarto estaba decidida a echarme fuera, diciéndome: ¡Usted no sabe lo que quiere en la vida! Acababa de recibir la carta de la madre de mi hijo Jean-Luc que me decía: ¡Usted quiere que no tenga a su hijo! ¡Si quiere hacer de él un nada, entonces yo se lo llevo desnudo! …Y aquí, Richard Wright diciéndome, la primera vez que me ve… Entonces, le dije: OK.
Una semana después, Saint-Jacques llega -estábamos en noviembre- Saint-Jacques llega a mi cuarto de la calle de Odeón, en mi 6° piso. Saint-Jacques llega… ¿No sabes?… ¿No conoces la noticia? ¡Richard Wright está muerto! Me quedo en el vacío. Aniquilado. Para mí, digo: ¡Mi vida se acabó! Nadie a quien hablar. ¡Y me faltaba la última palabra, la llave de todo eso!
Encontré a Julia más tarde con otras personas. Quizás era en el Molino de Andé. Decían que Richard Wright había pensado ir a Londres. ¡Pero yo sabía la verdad!
– Me acuerdo cuando niño: nos habíamos ido a ver a Ellen y Julia Wright, Calle de Javel, creo. Dijiste a Julia: Un día, te diré lo que me dijo tu padre. Hoy, en 2009, en el mismo tiempo que estamos recopilando sesenta años de vida política y literaria en Europa, ves, discutimos sobre el proyecto de Richard Wright. Dos cuestiones deben recibir respuesta: ¿primero, cuál era su proyecto? ¿Te lo ha contado? Y segundo: ¿qué te ha contestado en cuanto a los rumores sobre el Congreso y sobre su implicación en la CIA?
– La carta de Senghor, me la mostró. Traté de fijar lo escrito en mi memoria, sin escribirlo en ninguna parte. La carta decía: “Porque soy católico y… apostólico, así decía… Usted debe entender que soy católico y fiel a la doctrina del Papa. No quiero volver a tener nada que ver con Usted”.
Richard Wright no quería que el Congreso de los Artistas y Escritores Negros se celebrara en Roma y que se indujera una lealtad al Papa en su asamblea.
– Había boicoteado el congreso, pues…
– Venía de Varsovia para responder presente en el Congreso donde estaba seguro de que iba a encontrar a Richard Wright. Bueno…al final del Congreso se organizó una visita al Papa. Los participantes se fueron a besar la mano del Papa pero yo no quise. ¡Ah! Se debe decir…!era algo ir al Vaticano! ¡Date cuenta, hijo! ¡En Certegui, se habría sabido que había ido yo al Vaticano con el Papa en carne y huesos y que le había estrechado la mano! Debía ser….Pablo VI* el que fue a Bogotá. Se debe ser honesto: hubiera podido ir y no decir que había ido. ¡Hubieran muerto de beatitud en Certegui! No quise ser hipócrita como todos los que han ido.
Todos esos proyectos se han caído…
El día del entierro, pedí a Saint-Jacques venir a buscarme. Invité otro camarada que era un tipo muy, muy serio, muy bondadoso, Léonard Sainville, un Profesor, autor de la Antología de la poesía negra et de prosa en la cual mi nombre aparece y nos fuimos los tres, fuimos al cementerio del Père Lachaise donde Richard Wright fue incinerado. Presenté mis condolencias a Madame Wright. Me invitó más tarde…Es por eso que te digo que no era Calle de Javel pero… calle Jacob o… ¡sí! Calle Balard!
El Congreso se iba a terminar. Uno de los grupos propuso presentar salutaciones al Papa y otro escribir al Presidente de la República francesa para protestar contra los ensayos atómicos de Francia en el Sahara. Eran las 3:00 -¼ y el Congreso terminaba alrededor de las 5:00 de la tarde. Ocurrió entonces un gran desorden ruidoso. Escuchaba. Había preparado mi discurso. Empecé diciendo que iba a hablar al nombre de Colombia, que venía de Varsovia, que no quería hablar en francés por respeto a la lengua francesa para hablar al público, hablar en español, pues. Pedí que alguien me tradujera. Una señora, quien era en ese entonces la esposa de Depestre, se preparó. René Depestre venía de Haití. Era todavía un gran luchador comunista. Empezó la señora a traducir mis palabras. De repente pide la palabra un denominado Fanon, Franz Fanon. Veía que alguien le impedía hablar pero que no se podía decirle que no.
El tiempo avanzaba. Veo un hombre subir hacia la mesa. Alguien le dice: ¡No le hemos dado la palabra! -¡No necesito pedir permiso a nadie para hablar!, exclamó Fanon. Y se lanzó a su famoso discurso. Incendiario. Contra el colonialismo, todo eso. Estaba en Roma de clandestino… el FLN. Se llamaba “Doctor Omar”. El “Doctor Omar” tenía en la mano un libro que quería publicar. Preguntaba si podían presentarse camaradas capaces de ayudarle a conseguir un editor. Le dije: Yo. Me puedo encargar. Me dio el manuscrito: “Los condenados de la tierra”. Lo traje a Varsovia y en todas partes después. Logramos mandarlo -y otros también seguramente- a la casa editorial Maspero. Pues, fui el primero en leer Les damnés de la terre.
Richard Wright… ¡muerto! … Y aquí el resto… para mí, es suficiente: Richard Wright debía decirme todo a lo largo del viaje a Alemania e instalarnos. Esperaba solamente los resultados de los médicos… Julia me dijo más tarde: se cree que lo envenenaron…
Había hablado con él por teléfono la víspera de su muerte. Me había dicho que sí, que ya había pasado los exámenes, que iba mejor, que podría volver a su casa el próximo martes -era un
martes del mes de noviembre- que me mandaría un telegrama, un “neu” como se decía, para fijar una cita y… “atacar”.
Supongo que tenía que haber encontrado apoyos, finanzas del lado de Alemania, emires, ¡no sé! Me había dicho: ¡Todo está listo! Pero me faltaba alguien ¡y es Usted! …Pero, Pol, entienda… Un tipo tan serio como Richard Wright… ¿cómo se echa a decir a alguien que acaba de aparecer, así …es extraño, no? ¡El conocimiento de los hombres! Confiarle así cosas tan delicadas. Y tiene un secreto que nadie conoce. Pues, ¡ves que Julia, ella misma, no sabía! ¡Su padre se iba a marcharse e instalarse en Alemania! No dije nada a Julia esta tarde. Richard Wright tenía enemigos, por cierto, y de todas esas cosas, de proyectos tan importantes como estos, ¡no se debía hablar!
– ¿Qué quería hacer?
– No sé exactamente pero creo que se trataba de algo de ediciones. Ni siquiera había tenido tiempo suficiente para…
– Los auditores de esa entrevista, papá, deben entender : hablamos de Negros, en la época del apartheid en los Estados unidos, de lucha contra ese tipo de artistas, de militantismo, y en el mismo tiempo de una época en Francia donde, también, se hablaba de Negros, de ser tierra de asilo… ¡En realidad, Richard Wright era un enemigo público! ¡Es posible que había gente que lo quería muerto! ¡Era no solamente comunista pero Negro además!
– Si, ¡Negro!… era el macartismo!… pero él… no quería quedarse en Francia. En esta época, Julia había sido instalada en Londres. Vivía allá con su madre …! Ah! Otra cosa que debo saber, todavía no he tenido la oportunidad… quisiera saber lo que pasó entre Madame Wright y Richard Wright… Son detalles que son profundos en la Historia… Cuando leí por primera vez Sangre Negra… estaba en Buenaventura buscando trabajo yo también… toda esa gente, Negros, obreros portuarios, tipos del Choco, toda esa gente de la Costa Pacífica… Los hice leer a Richard Wright. Dos cosas me llamaron fuerte la atención. Un prefacio, muy corto, escrito por una señora que se llamaba… no recuerdo el nombre… Dorothy… Dorothy… que decía: “El crimen no es forzosamente un delito”, pero …no hablaba de freudismo, de teorías de psicología, no… pero que podía representar otros aspectos…
Había otra página: la de la dedicatoria: “A Ellen y Julia, who live always dans mon coeur”. Desde esos días, nunca más he visto de nuevo esa dedicatoria. ¿Cuál puede ser la razón de quitar una dedicatoria? ¿Qué fue lo que pasó? Tengo la impresión de que… ¡Ah otra cosa! … el libro de Chester Himes «… la amargura del dolor », algo así… Eran sus Memorias… yo busco otra cosa, algo nuevo…reformar la autobiografía… Himes se preguntaba ¿cómo Richard Wright se había vuelto pobre? Decía que no había entendido él ¡cómo un hombre como Wright, tan púdico, había pedido una vez a la famosa casa de edición francesa Gallimard un adelantado de 200 $! …Un hombre que había hecho 250.000 ejemplares de Black Boy, los Hijos de Tío Tom, un hombre que había venido a París, había comprado este apartamento formidable, era pobre y vivía ahora en un pequeño estudio así, cerca de la Calle de Babylone!
En otro momento, le dije a Richard Wright: La última vez que pasé en la Librería de Présence Africaine, pedí sus noticias y alguien me respondió: “Sí. ¡Richard Wright está en Paris en un estudio con sus latas!”… ¡Pol! ¡Ves el desprecio de ese grupo de Senghor¡ Es por eso que me quedé siempre un poco…
– … frío!
– Sí.
– ¿Cómo se hace que no te has ido en el mismo « tren » que Depestre, Senghor, los que se veían en la televisión, los que hacían gala de su nombre?
– Llegando a Roma, desconfiaba, estaba ya distante. Como siempre. …¡Arisco¡ Había un tipo, un gran especialista del francés, un tipo que se llamaba… pero ese tipo para mí era un poli! De la Universidad de Howard… era uno de los tipos que eran, creo, de los enemigos… que hacían parte… creo… ¡de la Policía gringa!… El macartismo… estaba un poco… Cuando me veía cerca de ese señor, blanco, con su señora… no podía soportar… Con otros también… ¡eran casi blancos! Y Senghor… Senghor, cuando llegué… ¡no veía en Senghor un tipo progresista! ¡Oooh y su catolicismo… ¡Presidente del Senegal!… ¡Que besaba el anillo del Papa!… ¡estaba predicando, se arrodillaba! Fuimos un día invitados, con Beatriz, a venir almorzar en su casa de Verson, cerca de Caen en 1988, con el libro de Katia Granoff que le gustó tanto… No me acerqué mucho de él, pero había pensado: voy a tratar de aproximarme un poco, a ver… Creo que es su catolicismo sobre todo que me separaba de él.
– Existe una cantidad de personalidades negras que tienen algo que ver con Francia…
– Eran franceses. Yo no.
– De cierta manera hoy, haces parte de la literatura francesa de origen hispanófona.
– Con Aimé Césaire, están empleando la expresión “DOM-TOM”. Me intrigaba. ¡No encontraba Césaire en las Antologías de la Literatura francesa! ¡Entendí más tarde que no les gustaba! ¡Tampoco Senghor!
– … El Presidente de la República hizo el viaje para asistir al entierro de Césaire… ¡Césaire no había querido recibir al Presidente Sarkozy en las Antillas!…¡Papá! Estamos nosotros dos llegando a 300 horas de entrevistas. Estamos aquí en un barrio de Bogotá, la Transversal 26, 28-10. El libro de Sainville, debemos buscarlo. Decíamos que tenemos aquí una parte de la verdad de la Historia de Europa y del mundo. Es un trabajo considerable. He considerado también las horas y horas de trabajo de las Memorias de Kissinger… ¡Dos veces 1500 páginas! Leí. Leí cómo cuenta negociaciones secretas, noches enteras para redactar el comité diplomático… Lo que Zhou En-lai, por ejemplo, había dicho esta noche… Debes escribir lo que me estás contando, Papá. Es necesario que alguien diga: Richard Wright estaba listo para mudarse a Alemania antes de su muerte. Tu experiencia de Europa debe ser conocida. Nadie cuenta lo que fue la Guerra Fría en Francia, cuando, si, fue un hecho.
– ¡La Guerra Fría en Francia fue un hecho tan claro, tan profundo! Nadie sabía en el mundo, en China, en el Japón, en California, que había venido durante la guerra del Vietnam, de Indochina y todo, que había venido del Chocó, aquí en Francia. Veía la manifestación reprimida. Protestaban porque los gringos encabezaban la guerra contra la libertad de Corea, de Vietnam.
Protestaban en varios barrios de París contra la llegada del General Ridgway y contra la Guerra. ¡Los comunistas eran tan numerosos, tan fuertes en estos años! Una manifestación desfilaba en el Barrio Latino. Venía de la Calle Vanneau con Paule di Puccio y los otros camaradas. La policía a caballo ha cargado. Era peligroso. Boulevard Saint-Germain, Paule gritó a René Letrilliard: Pero ¡Rápido! ¡Vengaaa! ¿Qué te pasa? –¡No! ¡No! ¡Corred! ¡Me encargo de Arnoldo! Los amigos estaban protegiéndome ¡porque estaba en medio de los caballos estos! ¡Unos tipos lanzaban bolitas! ¡Jaja!
Tenía un amigo en París, de Sudáfrica. Había abandonado su país a causa del apartheid. Admiraba tanto a India que se preparaba para vivir allá. Había pedido varias veces una visa. Siempre le negaban. ¡Era amargo! ¡Era triste! En esta época, la ONU había declarado el boicot a Sudáfrica. Fue ingrata la Historia con mi amigo.
– No se debe olvidar que Gandhi descubrió la lucha cuando vivía en Sudáfrica, Papá ¡La India presentaba una impugnación contra Sudáfrica! ¡Era coherente! ¡Han sido intransigentes!
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