José de los Santos, curandero afrocolombiano de 70 años, carga con el peso de una comunidad que resiste al ecocidio. Un día se le aparece el espíritu de su hijo Pium Pium, desaparecido por la violencia provocada por buscadores oro y el crimen organizado. Sabiendo que su final se acerca, José emprende un último viaje a la selva, en busca de descanso, sanación y despedida.
Así comienza “Yo vi tres luces negras”, segundo largometraje de Santiago Lozano Álvarez, que llega al país este mes.
Con hombres y mujeres, sabedoras y sabedores que se dedican en sus comunidades al tema de los rituales mortuorios, ya que esta tradición ancestral, junto con los cantos que se entonan en los funerales que se llaman “alabados”, fueron declarados como patrimonio material cultural de la nación aquí en nuestro país. Hacen parte profundamente de las maneras de existir y resistir en estos territorios, en un territorio que en tantas décadas de violencia y guerra que hemos tenido en nuestro país, desafortunadamente ha habido una relación del resto del mundo con este territorio más que todo extractivista, no solamente los recursos naturales, sino de las propias comunidades.
La película nos transporta a la región del Chocó, en un viaje por el río, la selva, la memoria y el duelo. José de los Santos se encuentra con sus muertos, con la violencia de su tierra y con una espiritualidad que lo guía incluso en la oscuridad.
Esta espiritualidad, como dice Jesús María Mina, protagonista de la cinta, también es una forma de resistencia ante el ecocidio, la deforestación y el olvido.
La selva en este caso también convive con nosotros, coexiste con nosotros. Es decir que ahí hay también toda una visión, una visión de vida, una visión de existir, de coexistir. Y este sabedor no es cualquier sabedor porque él está en el hecho de entregarse a los otros, y ahí yo creo que esa complejidad, lo primero que tuve que hacer fue un acercamiento a mi vida y luego un acercamiento a entender el lugar que tenía el personaje dentro de su comunidad y a su población.
Producida por Malacosa Cine y distribuída por Calouma Films, esta película no tiene nada de “realismo mágico”. Para su director, “Yo vi tres luces negras” desmonta esa etiqueta que, según su director, es colonialista y racista.
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Tenemos que superar la etiqueta, para poder reconocer que en muchas de nuestras expresiones culturales y artísticas no es que hagan parte de una suerte de fantasía donde exista lo imposible, sino que hacen parte efectivamente de nuestro día a día. Entonces, en ese sentido, yo siento que la película dialoga justo con estas narrativas propias de las comunidades del Pacífico colombiano, donde la espiritualidad y esta relación con la ancestralidad son maneras también de coexistir el mirar la muerte como parte de la vida son formas de habitar y no maneras imaginadas, digamos, de existir.
Más que una historia de fantasmas, es una historia de duelo y dignidad.
Con guion coescrito por el mexicano Fernando del Razo y producción de Rubén Imaz, esta cinta es una profunda meditación sobre la vida, la muerte y la memoria.
Antropólogos, pues europeos, nos colocaron la palabra “animismo” y ahí nos fregó el oído. Ahí nos fregó el hecho de querer entender cómo es que nosotros podemos cohabitar con la naturaleza. No es un problema de animar, es un problema de estar. Es un problema de “estar ahí”, ¿cierto? De aprender y darnos cuenta de que nosotros somos un habitante más con la selva, en la selva.
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