
Por José María Daza Sánchez
Buscando argumentos para escribir sobre el tema de la movilidad en la ciudad de Quibdó, me encontré con un blog publicado en El TIEMPO y escrito por la estudiante de la UTCH, de derecho, de ese entonces, 21 de enero de 2014, Maisa Perea Zapata, precisamente señalando la problemática, “Mototaxismo en Quibdó: Sin cultura y sin ley” se plantea el típico desorden en la movilidad, especialmente generado por la circulación de motos. Hoy, ocho (8) años después, está peor; las autoridades municipales no le han puesto cuidado ni han tomado determinaciones de fondo, que reduzcan el impacto de ese desorden y solucione los problemas.
Otra publicación que pude encontrar fue en la red social Facebook. La hizo Revista Chocó, aludiendo a declaraciones del Secretario de Movilidad en su momento, 19 de junio de 2021, Berlinton Cuesta Salas.
Más triste aún. De más de 45.000 motos, cifra en su momento, diríamos que hoy serían más o menos 48.000 motos rodando en la ciudad y con cerca de 135.000 habitantes, es decir que, aproximadamente, un 35% de los habitantes tiene una moto, la tercera parte y de estas, menos del 10% del total de motos circulando están registradas en la ciudad, o sea que no pagan impuestos.
Sin conocerse si los distribuidores de los vehículos pagan los que le corresponden a la ciudad por industria y comercio, pues sin tener un control del total de los valores en las ventas, es muy difícil determinar la base real de cálculo para hacerle seguimiento y cobro efectivo.
Pero esta circulación de motocicletas con el total desorden, sin control de la autoridad, beneficia primero a los distribuidores de estas, sin que haya una reciprocidad para la ciudad, al menos que en un convenio con la autoridad de tránsito coadyuvara en la capacitación al adquiriente, en una política de responsabilidad social empresarial (RSE). Después beneficia a los repuesteros y distribuidores de combustible y otros aditamentos.
Existen para este problema muchas, seguramente, formas de reducir el impacto. Una haciendo cumplir las normas y requisitos de los responsables con su documentación al día. Cosa que en Quibdó le quedó grande a las administraciones, especialmente a las últimas tres.
Otra que, esa sí muy complicada, que es poner a funcionar el servicio público de transporte urbano de pasajeros y para ello el gobierno nacional tiene dispuestos recursos, pero la ineptitud de aquellos y la falta de visión y proyección pensando en el bienestar de la comunidad les ha impedido poder adelantar un plan de trabajo para el mejoramiento de este servicio. Han dejado a la “topa tolondra” como la mayoría de los temas que podrían sacar a la ciudad de este marasmo que ellos mismos han generado y por eso se ha venido empeorando la situación de movilidad que, con vías estrechas, espacios invadidos, falta de planeación y prospección, falta de autoridad, entre otros se está generando un problema mayor.
Cerrando este escrito veo que asesinaron a un guarda de tránsito en la zona desbarajustada de la vía a Huapango, seguramente en un acto de intolerancia, precisamente a causa de estar tratando de organizar el flujo vehicular en ese proceso de arreglar la vía, pero que refleja la falta de orden de la misma administración.
En cualesquiera otras ciudades, hay demarcaciones, señalizaciones, desvíos, control de rutas. Aquí ni planeación ni previsión.




