
Por Haidy Sánchez Mattsson, Psicóloga quibdoseña residente en Suecia.
Sobrevivir a pesar del desplazamiento forzado, tener que dejar su hábitat, su zona segura, sus pertenencias materiales y lanzarse a territorios nuevos para poder seguir existiendo, es una realidad que viven muchas mujeres en el departamento del Chocó. La ciudad de Quibdó por ser la capital del departamento recibe la mayor tasa de familias desplazadas de sus pueblos o que simplemente llegan a la ciudad en miras de un mejor bienestar.
Existe una representación significativa de mujeres cabezas de hogar en estas familias que se desplazan, y muchas de ellas a pesar de ser víctimas de la violencia y pertenecer a una población vulnerable, no han dejado de luchar, ni han perdido las ganas de salir adelante para ganarle la batalla a las adversidades.
Emprender en Quibdó no es para nada fácil, puesto que no hay empresas grandes, ni industrias de un tamaño significativo que generen empleo. Así pues, las oportunidades laborales son bastante restringidas para muchas personas, hay un número significativo de habitantes de la ciudad que su sustento es gracias a la informalidad, los oficios varios, pero también hay mucho desempleo.
El desempleo en la ciudad de Quibdó, se refleja en las estadísticas del DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística), donde se indica que en el trimestre julio-septiembre, la ciudad de Quibdó ocupó el tercer lugar entre las ciudades que registraron las mayores tasas de desempleo, con una tasa de desempleo de 18,6%. En contraste con Cartagena, ciudad que se reporta con las menores tasas de desempleo en todo el país, llegando a 8,9% de desempleo.
La necesidad laboral y la difícil situación económica son razones que motivan a emprender.
María
Es así como María, una mujer de 53 años, nacida en municipio de Vigía del Fuerte, decidió abrir un local de comidas típicas de la región en la plaza de mercado de Quibdó. Ella hace 16 años tiene su restaurante y actualmente recibe ayuda de su hija Yosadi, una joven de 24 años que expresa sentirse bien colaborándole a su madre.
“Es difícil trasportarme a mi local donde vendo comidas, pues en el barrio donde vivo los taxis, los buses y las rapimotos ya no entran a raíz de la violencia en la zona. Yo inicio mis labores a las cinco de la mañana y a raíz de este problema en muchas ocasiones me toca caminar varios kilómetros para llegar a trabajar porque no encuentro transporte”.
Pero María, una mujer con muy buen sentido del humor, sociable y amable, no se queja de su situación. Ella dice que gracias a su trabajo ha logrado sostener su hogar con cuatro hijos y ha podido ofrecerles el estudio a ellos. María también cuenta que inició a emprender cuando el menor de sus cuatro hijos tenía solo dos años, y añade que gracias a la ayuda de su madre y vecinos pudo criar a sus hijos en medio de la violencia e inseguridad existente en el barrio donde vive.
“Tengo un hijo que trabaja como carnicero, uno que es rapimotero, una que estudia en la universidad y la hija que me ayuda aquí en el restaurante. Todos mis hijos estudiaron”, concluye María orgullosa y feliz.
Muchos de estos proyectos de vida familiar liderados por un sinnúmero de mujeres como María, merecen admiración. El liderazgo y el coraje que tienen son ejemplos del aporte y el rol que ellas también tienen en el desarrollo económico y en la construcción de la sociedad quibdoseña, a pesar de sus limitaciones económicas y su posición social.
Cándida Feliciana
Otra mujer emprendedora y orgullosa de su profesión es Cándida Feliciana, mujer de 55 años de edad, nacida en el municipio de Bojayá. Ella vende desayunos y almuerzos desde hace 28 años en la plaza del mercado de Quibdó.
Esta mujer tiene muchas historias que contar, ha estado en los diferentes cambios de ubicación geográfica que se le ha dado a la plaza de mercado. Ella, al igual que María y muchas compañeras de la plaza vive en un barrio vulnerable, donde hay mucha violencia. Situación que le dificulta llegar a su trabajo temprano en la mañana. Pero a pesar de estas dificultades, Cándida siempre ha salido a trabajar y ha sostenido su hogar.
Ella tiene seis hijos a los que les pudo ofrecer sus estudios de primaria y secundaria.
“A una de mis hijas le pude pagar la universidad. Todos mis hijos son personas de bien, a pesar de haberlos criado en un barrio pobre y peligroso, a pesar de yo ser cabeza de hogar y trabajar muchas horas acá en la plaza de mercado”, concluye Cándida con una gran sonrisa y orgullo.
El autoempleo y los pequeños emprendimientos liderados por María, Cándida y muchas otras mujeres que trabajan tanto en la plaza de mercado como en otros lugares de Quibdó fortalecen indiscutiblemente los vínculos familiares e inciden en la calidad de vida familiar.
Estas madres de familia y microempresarias, ejemplifican una imagen de mujeres que no se identifican como víctimas, que están empoderadas y que están en condiciones de cambiar su presente y su futuro. Pero ellas también son conscientes que todo no lo pueden hacer solas, es evidente que necesitan apoyo de la alcaldía y de la gobernación del departamento para mejorar las condiciones físicas de sus locales y para que estos emprendimientos sean sostenibles.
“La alcaldía no nos ha ayudado a mejorar los locales, ni el techo, ni la iluminación, aunque se les ha pedido apoyo en muchas ocasiones. Además, nos comunican constantemente que nos van a reubicar, esto nos estresa, nos angustia y nos pone muy tristes porque no queremos que nos saquen de aquí de donde estamos. Nosotras mismas por medio de préstamos y recolectas hemos hecho mejoras a los locales y esas inversiones se nos van a perder si nos mandan a otro sitio”, dicen María, Cándida y otras compañeras que están escuchando la entrevista. Al emprendimiento femenino en la región todavía le queda mucho camino por recorrer, los retos son muy grandes, de allí la importancia de que tanto los mandatarios locales como los diferentes actores de la sociedad impulsen y proporcionen las condiciones necesarias para la sostenibilidad de estos emprendimientos.




