
Jhon Jaramillo Pandales, personero de Nuquí, se refirió al desastre que padecen los habitantes del corregimiento de Termales y agregó que “el gobierno nacional brilla por su ausencia”.
Hace más de una semana la comunidad de Termales, ubicada al sur de la cabecera municipal, a unos 50 minutos en lancha, atraviesa una verdadera calamidad. Los ríos Termales y Aguas Calientes, que confluyen al mar por la misma boca, sumados a la puja del mar Pacífico, han erosionado y destruido parte del corregimiento.

Hasta el momento han desaparecido diez viviendas, una cancha de fútbol, redes sanitarias y eléctricas, y varias cabañas turísticas. La iglesia, otras viviendas y construcciones están amenazadas.
La alcaldía municipal ha suministrado costales y palas. La comunidad ha construido un muro rústico con estacones y tablas, reforzado con costales de arena, pero temen que la fuerza de la naturaleza lo destruya y acabe con la población.
Se requiere ayuda urgente del gobierno departamental y nacional, tanto en alimentación, como en elementos de infraestructura (espolones, terraplenes, espigones y diques).
“Estamos olvidados por completo”, reitera el personero Jaramillo Pandales.
Otros corregimientos de Nuquí que sufren de erosión son Partadó, Panguí, Jurubirá y Arusí.
El fenómeno de erosión marina-costera viene afectando casi todas las poblaciones chocoanas del Pacífico, en los municipios de Litoral de San Juan, Bajo Baudó, Nuquí, Bahía Solano y Juradó.
Se requieren acciones de prevención en toda la costa pacífica chocoana para prevenir una catástrofe.
“Más tarde va a ser una ayuda en vano, porque el pueblo se va a quedar bajo el agua. Requerimos que nos apoyen ahora, porque después no va a servir de mucho”, dijo un habitante de Termales.



