Quince familias indígenas se desplazaron desde Carmen de Atrato (Chocó) hasta Medellín por amenazas de grupos armados. Son en total 65 indígenas, entre ellas hay 37 niños y seis mujeres gestantes.
La Personería de Medellín confirmó que son miembros de la comunidad embera katío que llegaron en las últimas horas a la capital antioqueña y se ubicaron en las afueras de las instalaciones de la agencia del Ministerio Público.
Los indígenas salieron desplazados desde el sector El 18 del municipio de Carmen de Atrato.
El personero de Medellín, William Yeffer Vivas, señaló que «el equipo de la Personería municipal a esta hora se dispone a recibir las declaraciones de víctimas y activar las rutas de atención para que estas personas que han llegado a la ciudad desplazadas por la violencia sean atendidas y protegidas».
De manera preliminar, se conoce que los indígenas han informado que se desplazaron por nuevas amenazas de un grupo armado, al parecer, el Clan del Golfo.
Mendicidad
De otro lado, se informó que aumenta el número de indígenas que recorren las calles de Medellín, en especial en el sector El Poblado.
Los indígenas, la mayoría del Chocó, se ubican en las aceras para vender artesanías, bailar o, simplemente, pedir algo de dinero para su día a día. Según la Organización Indígena de Antioquia (OIA), “estos compañeros indígenas son emberá y no pertenecen al departamento antioqueño. Ellos vienen desplazados del Chocó y Risaralda. Las etnias de Antioquia no están en condición de calle”.
Carolina García, coordinadora territorial de Espacio Público en la comuna 14, asegura que la mendicidad en los indígenas es una problemática que “se nos ha estado desbordando y cada vez vemos más de estas personas en situación de calle. Es muy angustiante cuando varios de estos niños se desplazan por la calle 10 y la cruzan sin ningún cuidado… uno los ve casi que atropellados por un carro”.
“Los ve uno tirados en la calle, con dos, tres y hasta cuatro niños a cargo. Esa es una imagen que destroza el corazón y que se debe actuar de inmediato para darles una vida digna”, comenta Ana María López, vecina del barrio Manila.




