Sandra Zapata Porras es una ingeniera quibdoseña dedicada a la investigación de productos obtenidos de la biodiversidad de manera sostenible, en empresas asociadas al sector agroalimentario, cosmética, cuidado personal y del hogar.
Es ingeniera de Producción Agroindustrial con Maestría en Ciencia y Tecnología de Alimentos y Doctora de la Universidad de Antioquia. En la actualidad es vicepresidenta de innovación de Ecoflora Cares de Sabaneta, Antioquia.
Sandra fue distinguida con el Premio Mujeres en la Ciencia 2009 de L’Oreal-UNESCO y ha obtenido cuatro familias de patentes internacionales sobre extracción y procesamiento, que incluyen: Genipa americana, Swinglea glutinosa y Sapindacea family .
Además es la desarrolladora de un colorante azul natural extraído de la Jagua (Genipa americana) único en el mundo y que su ingenio y disciplina puede llegar a salvarnos del consumo de los peligrosos colorantes sintéticos. Este colorante natural que desarrolló la científica quibdoseña podría revolucionar la industria alimenticia y preservar el ecosistema.
Además de su trabajo en el sector privado, Sandra Zapata Porras se desempeña como profesora adjunta en procesos de fabricación para ingenieros industriales en las industrias de alimentos y cosméticos.
Está interesada en aprender más sobre Alemania como mercado de cosméticos alternativos naturales, productos para el cuidado personal, productos terapéuticos y medicinales. Además, dice Sandra, “quiero descubrir más sobre los métodos, las herramientas analíticas y las oportunidades de cooperación asociadas con el desarrollo de soluciones naturales para múltiples industrias”.
La mujer que lideró el grupo que llegó a desarrollar este color azul para la industria alimenticia de origen natural, estudió su bachillerato en Quibdó y siempre fue una buena estudiante, aplicada con las materias y atenta al consejo de su madre. “Siempre me insistía, tienes que hacer algo por el Chocó. Ella ayudaba a mucha gente pero decía que pese a sus esfuerzos no percibía un avance real, no veía cómo la siguiente generación iba a poder estudiar y sacar adelante a los que faltaban. Toda la vida escuché eso y me daba vueltas en la cabeza”, recuerda Sandra.
Inició buscando en productos como los frutos del borojó y el madroño propiedades aún desconocidas que pudieran brindar una oportunidad a su departamento. “Yo quería un producto que pudiera cambiar la historia, que genere empleo. No quiero que sea un proyecto que sin nosotros deje de funcionar. Nos hemos imaginado un barco recogiendo la fruta a la gente que está capacitada y que coseche con mejor calidad y cantidad, que hagan los pedidos de manera digital y con cada vez mayor capacidad logística en la región. Que el barco vaya parando cuando encuentre a los cultivadores a borde de río”, resalta Sandra.
Pero pese a que el colorante cuenta con el permiso de INVIMA, aún no es adoptado por la industria alimenticia nacional lo que frena la cadena y restringe el mercado para la Genipa Americana.
“Con nuestro colorante se pueden hacer infinidad de colores, pues el azul es un color primario. Pueden obtenerse morados, verdes, purpuras, cafés, fucsias, hasta negro. En el mercado nacional muchos jugos, bebidas, yogures, dulces y una infinidad de productos requieren del azul. Ahí recae la importancia de nuestro azul y de contar actualmente con los permisos de venta en el país”.
“Para obtener los permisos en Estados Unidos y Europa envían un grupo de preguntas, se resuelven y se pasan a las siguientes. Por ejemplo: Una pregunta era si se podían generar toxicidades y aunque sabíamos que no, invertimos dos años de trabajo, recursos y esfuerzos demostrándolo científicamente. Con lo que hemos demostrado ya tenemos el permiso en Colombia y sabemos que no es tóxico, ni cancerígeno ni produce mutaciones genéticas”, aclara mientras explica por qué obtener estas licencias abriría el mercado soñado y asegura que este podría llegar a ser un producto más rentable para el país que el café.
“Lo interesante de poder vender es estabilizar la cadena de producción para que las comunidades que tienen puesta la esperanza en la jagua no la pierdan. Revivir la confianza en un proceso es muy difícil. Es como volver con un novio que monta cachos. Es un temor a que se desanimen porque ellos están muy lejos y no alcanzan a ver que esto nos preocupa, que nos trasnocha, que invertimos cada minuto del día buscando soluciones y mejorando los procesos, hablando con posibles aliados, buscándole amigos y clientes a la jagua”.




