El Comité Internacional de la Cruz Roja, CICR, presentó esta semana el informe sobre confinamiento, desplazamiento y afectación a los medios de vida en el año 2024 y los retos de este 2025.
Anota que en el año 2024 se presentó la peor situación humanitaria en Colombia de los últimos ocho años, cuando se firmó el acuerdo de paz con las extintas FARC. Observa un recrudecimiento de la violencia y hace un llamado a todos los actores armados para respetar el derecho humanitario
Las comunidades siguen atrapadas bajo el fuego cruzado. El CICR documentó 382 presuntas violaciones al DIH a lo largo del año pasado.
“La población civil sigue pagando un precio demasiado alto. Esto no debería suceder”, advirtió Patrick Hamilton, jefe de la delegación del CICR en Colombia, al insistir en que el respeto al DIH es una obligación que no admite demoras ni excepciones.
Entre las afectaciones más graves se destaca el uso creciente de artefactos explosivos. En 2024, se registraron 719 personas heridas o fallecidas, lo que representa un aumento del 89 % frente al año anterior. De ellas, el 67 % eran civiles. El confinamiento forzado de comunidades también alcanzó niveles preocupantes, afectando a más de 88.800 personas, según datos de la Unidad para las Víctimas. Además, 117.000 personas fueron incluidas en el registro por desplazamiento individual, y más de 41.000 lo fueron por desplazamiento masivo.

El informe también alerta sobre 252 nuevos casos de desaparición asociados al conflicto armado y un incremento del 44 % en ataques o restricciones a la asistencia médica en contextos de violencia.
Una de las situaciones más preocupantes, según el CICR, es el involucramiento de niños, niñas y adolescentes en el conflicto, a través del reclutamiento forzado, uso y utilización por parte de actores armados. A esto se suma la persistencia de la violencia sexual como método de control y dominación, una práctica que sigue siendo silenciada por el miedo, el estigma y la falta de garantías para las víctimas.
Chocó muestra un deterioro acentuado en las condiciones de vida de sus habitantes, con aumento en los casos de confinamiento, reclutamiento y lesiones por explosivos.
En 2024, el confinamiento de comunidades en Colombia alcanzó su punto más crítico en los últimos ocho años. Los eventos de confinamiento aumentaron en un 102 %, y la población afectada creció en un 89 % en comparación con el año anterior.
88.874 personas estuvieron confinadas en 12 departamentos del país. De ellas, 21.372 personas fueron afectadas en el Chocó en el año 202, el 41% del total nacional.
Esta circunstancia tuvo múltiples efectos sobre la población civil, ya que impidió su acceso a necesidades básicas de supervivencia, como alimentos y servicios de salud. En algunos casos, supuso un deterioro en las condiciones de salud físicas y mentales. También afectó de manera drástica el acceso seguro al agua y el saneamiento básico, lo cual aumentó su vulnerabilidad.
También es importante considerar la afectación a las comunidades étnicas, ya que el 53 % de las personas confinadas pertenece a comunidades indígenas y afrodescendientes. En estas poblaciones, el confinamiento tiene múltiples impactos, entre ellos la pérdida de autonomía, el debilitamiento de la relación con el territorio, la ruptura del tejido social y el riesgo de desaparición física y cultural.
A este complejo panorama se suma el desplazamiento masivo e individual. El año pasado, 41.228 personas se desplazaron de manera masiva en 15 departamentos. Aunque esto representa una disminución en el número de personas afectadas con relación a 2023, no significa que la situación haya mejorado, ya que los eventos reportados por este tipo de desplazamiento aumentaron un 34 % debido a la intensificación de las hostilidades y del incremento de las amenazas e intimidaciones contra la población civil.
Es decir, en 2024, cada tres días en promedio, una comunidad se vio forzada a abandonar su hogar para salvaguardar la vida de sus integrantes. En este proceso, dejó atrás todas sus pertenencias y llevó consigo un miedo persistente que no la abandona. El desplazamiento no solo implica la
pérdida material, sino también un profundo impacto emocional y psicológico. Las familias se ven separadas, las raíces culturales se desarraigan y la incertidumbre sobre el futuro se convierte en una constante.




