
En el año 2008 inició labores la Asociación de Productores del Medio Atrato (Asproderma) con el objeto de promover el desarrollo socioeconómico de la región con la producción de arroz orgánico. Esta asociación creó un centro productivo en Quibdó para fortalecer la seguridad alimentaria de las comunidades del Medio Atrato, dinamizar el comercio local y aportar a la consecución de la paz en Chocó.
Este es único centro de producción del Atrato con la maquinaria suficiente para procesar toneladas de alimentos. Sin embargo, llevaba casi ocho años sin funcionar y tres sin recibir visitas a causa de los hostigamientos por parte de actores armados ilegales hacia sus trabajadores. La situación dio un giro en julio de 2023, cuando Acumen, la Asociación de Productores del Medio Atrato (Asproderma), USAID y ACDI/VOCA se aliaron con el Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato (Cocomacia) para abrir de nuevo sus puertas.
En 2015, cuando se intensificó el proceso de violencia interna en Quibdó, la población se vio obligada a cerrar el centro, por lo que las familias cultivadoras no tenían dónde vender los alimentos; la producción en general decreció, afectando la seguridad alimentaria de los locales. Con la llegada de la cooperación internacional y la participación de la comunidad, surgió la idea de convertir el espacio en un “piloto de paz”, de ahí el cambio de nombre.
Algunos de los campesinos locales trabajan en el Centro. Otros llegan a vender sus productos o a comprar alimentos producidos por la misma comunidad.
“Fue muy gratificante cuando le dijimos a las comunidades que estamos en procesos de diálogo con los actores de los barrios que tenían conflicto para ver cómo reactivábamos el Centro. Eso ayudó a que pudiéramos tener más productores y motivación”, comenta Darío Córdoba, representante legal de la Asociación de Productores del Medio Atrato (Asproderma).

El Centro Productivo de Paz cuenta con un molino semi industrial que trilla 1.5 toneladas por hora, una planta de secamiento estacionario con capacidad para tratar 60 toneladas en 24 horas y una empacadora vertical mecánica que llena y cierra 2.250 bolsas de libra por hora. La idea del proyecto es que los campesinos puedan acudir al Centro para procesar sus cosechas y, así, contar con productos más competitivos en el mercado.
De esa maquinaria se encargan ocho personas, pero en total son treinta los actores involucrados en la cadena productiva y que se encargan desde de descargar los botes hasta recoger las cascarillas de arroz. Otras personas, incluso, trabajan en las instalaciones a cambio de alimentos para sus familias.
El proyecto, antes de exportar, busca garantizar la soberanía alimentaria de los locales.
Todos los productos se destinan al consumo local, pues la idea es garantizar que la población tenga una dieta completa antes de exportar. Eso no quiere decir que descarten la posibilidad a futuro:
“Cuando fuimos a comprar arroz a las comunidades la gente estaba muy contenta, decían ‘Ahora sí vamos a poder producir bien’. Con esa suspensión de actividades que tuvimos producto de hostigamientos perdimos muchos comerciantes, pero estamos retomando el contacto para que vuelvan a traer sus productos al Centro”, agrega Darío Córdoba.
Al tratarse de un Centro de procesamiento local, los costos de producción son menores, por lo que resulta más fácil para las familias adquirir los alimentos.
“Para nosotros es muy importante el diálogo y la transparencia, mostrar que aquí no hay grandes cantidades de plata sino que es un proceso comunitario. Queremos construir paz desde la seguridad alimentaria”, concluye Darío.




