

Por Douglas Cújar Cañadas
*Welsare como integrante de Guayacán Orquesta mantuvo la leyenda percutiva de la región del río San Juan en el Chocó, heredada de su abuelo y transferida por su padre Raulín a las nuevas generaciones. Un repaso de la historia musical de este notable bongocero*
La transmisión del conocimiento musical en el pasado en la región del San Juan ha tenido diversos modos; desde los estudios formales en las escuelas de música que dieron origen a las bandas municipales, las murgas o bandas claretianas, y, los aprendizajes espontáneos de música tradicional que se arraigaron en las timbas y chirimías de Istmína.
De las primeras tenemos referencias de la creación en de Istmína y Tadó de la “Escuela de Música, fundada por el intendente Juan José Carrasco y dirigida por el maestro del Conservatorio Nacional, Luis F. Cáceres”[1] en 1918. En ellas adquirió el conocimiento el maestro Senén Mosquera Ledezma, logrando dirigir la Banda municipal de Istmína, para formar, entre otros, a: Pedro Nicolás Copete (clarinete), Rómulo Murillo C. (trompeta), Américo Murillo Copete (flautín) y Secundino Aguilar, abuelo de Welsare, quienes luego formarían una tradición musical familiar y apoyaran agrupaciones de músicos empíricos de chirimías haciéndolas popular en el Chocó.

Las timbas locales ocuparon otro nivel en el aprendizaje de los instrumentos de cuerda, que de acuerdo a don Salomón Murillo Agualimpia, “Se hacían en las tardes cuando las condiciones meteorológicas permitían, al escuchar Radio Progreso que desde la Habana Cuba emitía su señal en las interpretaciones en vivo con el Trío Matamoros. Estos fueron nuestros grandes maestros”.
Las crecientes súbitas del bravo río San Juan no eran impedimento para que desde el Camellón de la República se revivieran añoranzas de aquellos años de derroche interpretativo en una región donde el ritmo se acelera por la corriente del río. Escenario para que el guitarrista Salomón Murillo recordara que “La Timba nuestra comenzó en la casa del maestro Escobar, al frente del busto de Uribe Uribe, al lado de la barbería de Secundino Aguilar quien tocaba el cobre en la Banda de Istmína, papá de Raulín quién nos acompañaba con las maracas. Tocábamos de todo tipo de música, colombiana y sobretodo la chocoana[2]
Secundino, músico polifacético que ejecutaba por igual el bombardino o la requinta, y compusiera la pieza fúnebre denominada “Secundino”, transmitió la sapiencia a sus hijos Hugo y Raulín Aguilar Agualimpia quién en el ambiente popular se le conoció como “El mejor requintero del San Juan” por su versatilidad, la misma que heredaron sus hijos; Wilber (requinta), Winston (tambora), Raúl (congas) y, el más destacado, Welsare Aguilar Mosquera, para ser convocado por Alexis Lozano en la fundación de Guayacán Orquesta como ejecutor de la campana y el bongó, destacándose en seis álbumes; desde Llegó la hora de la verdad (1985), hasta Con el corazón Abierto (1993).
Gozando de un concierto de la orquesta madera corroboramos que la maestría de Welsare corresponde a una herencia de sus ancestros africanos y la experiencia de bagajes callejeros de los pueblos, soportado con el mismo aliento musical que lo llevó desde la edad de ocho años a ser la atracción popular por su manera de tocar la requinta logrando que el público lo montara sobre una mesa para apreciarlo en escenarios de la Fiesta Mercedaria en su natal Istmína. Años más tarde, preñado de saberes, logró circular interpretando el bajo en conjuntos vallenatos, la Timba de Alfonso Córdoba “El Brujo” y Guayacán Orquesta en su paso por Bogotá. Luego en el Valle del Cauca conformó su grupo Welsare y su Orquesta Platino, y en la plenitud de su carrera grabar en el año 2005 el disco Mi Tierra, obteniendo reconocimiento de las canciones Anhelos, Istmineño y Mi Tierra. Igual, apoyó a su hermano Raúl Eutimio en su experiencia como compositor y director de la Orquesta La Educación y la Orquesta Raúl Aguilar y Los Sobrinos, donde grabó la percusión en; Quise ser, Yo quiero ser como la Luna, Amor sin fronteras, Mi Cali bella, y, su última producción Chocó, alusiva a las fiestas patronales.
Raúl Eutimio con su orquesta “llama la atención de los sobrinos Aguilar a seguir la dinastía percutiva que en la región del San Juan los identifican para no cortar las transferencias culturales”, la cual lo llevó a acompañar a varias conjuntos en su presentaciones en la discoteca El Coroco de Celín en La ciudad Amable siendo niño y luego interpretar el timbal. Por ello su llamado de “Que no se acabe la Rumba”
Welsare “El flaco”, como le llamaron sus amigos, al final de sus días padeció de diabetes, llevándolo a perder una pierna. Su delicada salud y la crisis del sector musical lo condujeron a apoyarse de la gestión de su compañero y amigo Ricardo “Richie” Valdés, quien promovió tres conciertos en Cali, logrando paliar en momentos su grave situación.
Este domingo 11 de octubre, Welsare fue sepultado en Istmína. Paz en la tumba de este maravilloso percusionista.
[1] Efraín Gaitán Orjuela Quién es quién en el Chocó. Tomo 2. Editorial Lealón
[2] Entrevista a Salomón Murillo Agualimpia, sobrino de Antero Agualimpia, Istmína 27 octubre de 2013.




