
Por Armando Mosquera Aguilar. Washington, DC. Agosto 2012.
No habían transcurrido dos años de la creación del Grupo Niche cuando realizó su primera gira por Estados Unidos, iniciando por New York, la ciudad de los rascacielos.
Era 1981, el vuelo se retrasó varias horas y casi pierden el contrato con la Discoteca La Flauta, a donde les tocó llegar casi a la una de la mañana e inmediatamente subir a la tarima, a pesar del hambre que agotaba a cada uno de los integrantes. Un quibdoseño que vivía allí sirvió de anfitrión, recorrió las calles de Queen y les llevó hamburguesas, perros calientes y gaseosas. De lo contrario hubiese sido imposible dar a conocer la melodía que causaba furor, Buenaventura y Caney. Jairo Varela no sabía como agradecer a Ricaurte ‘Ceji’ Maquilón Vega, amigo y ex condiscípulo que una vez acompañó en La Timbita de Quibdó.
Niche tenía más chocoanos que en cualquier otra época: Alexis Lozano, Nicolás Cristancho -Macabí-, Saulo Sánchez, Tuto Jiménez, Ostwal Serna, Cocó la Lozano, Abueta (en el segundo viaje, 82, se quedó en Miami) y Jairo Varela. El primer LP fue Tiempos de Ayer, con canciones como Pinta pa’ qué, A ti Barranquilla, Tata el Son, Primero y Qué, Al Pasito, Pregonando, Primer Mensaje, Rosa Meneo, Las Flores también se Mueren y Tiempos de Ayer. Luego vendría el segundo LP Querer es Poder.
¿Y por qué el nombre de Niche? ¿Por el apelativo que en el setenta nos endilgaron a los afro? No. La verdad es otra. A uno de los primeros cantantes de la agrupación de apellido Bazán le llamaban Niche y a Jairo le gustó este nombre para el grupo.
En Bronx, también en New York, vivía otro chocoano Ramón Vanegas Córdoba (hermano de José Noel y Efraín), único que año tras año celebra el San Pacho con los paisanos que radican allí y le ofreció una gran recepción al grupo Niche en su primer viaje.
En 1999 viajé a New York en compañía del médico chocoano Demetrio Enrique Abuhatab Gil, a encontrarme con Jairo Varela en casa de Ramón Vanegas y allí estaban Mariana Sanabria González, Álvaro Rodríguez Roa -Chino-, Alexis Murillo (Los Nemus), Elvis Dueñas, Julio Cuesta -Doblepley-, Vicky Misas de Fonseca (hija de Oney), Osiris Garcés Abadía (Loto), Jorge Fonseca Abadía -Pitico- y Ramón, que salió por varias horas a buscar a Tadeo Enrique Perea Chalá y Héctor Murillo Mena -Sardina- porque estaban perdidos en la isla de Manhattan. Ramón los encontró sentados en el andén del Madison Square Garden, casi que rezando para que alguien los socorriera.
Varios años después Ostwal Serna, Pacho García, Nicolás Cristancho, Saulo Sánchez y Tuto Jiménez le armaron un sindicato a Jairo, recordando que en el viaje anterior a Estados Unidos, Alexis Lozano desertó del grupo en Miami luego de una diferencia con Jairo en New York, donde ‘Ceji’ Maquilón medió para que no dejara la agrupación. El grupo rebelde armó tolda aparte y formó Los Niches Internacional, mientras que por el otro lado había otro grupo llamado Alexis y su Banda, que más tarde pasó a llamarse Guayacán Orquesta.
En 1993, cuando yo llevaba un año en el país del norte, Niche viajó a Los Ángeles. Jairo me llamó y lo visité en el hotel donde se hospedaba acompañado de dos de mis hijos.
Le llevé mojarra, queso, plátano frito y aguadepanela. Su emoción fue tanta que solo atinó a decir: “Caramba Armandito, ¿vos sabés desde cuando no veía un plato como este?
Entra a la habitación Ember Mosquera y Jairo le dice: “Ember, mirá lo que me trajo Armandito.
Yo pregunté: “¿Ember, qué instrumento tocás en el grupo? Jairo dijo: “Él es el utilero de Niche”.
“Dejá la maricada Jairo”, ripostó Ember. “Vos sabés que yo soy tu asistente, y en tu ausencia, el director del grupo. No te pongás a decirle eso a Armandito que va a creer que eso es cierto”.
Luego Jairo me invitó a almorzar a un restaurante lujoso de Beverly Hills (centro de millonarios de Hollywood) y cuando me despedía, Jairo estiró la mano y me dijo: “Tomá Armandito”.
–“¿Qué es eso?
–“Para que pagués el taxi y regresés a la presentación esta noche”.
–“Pero Jairo, ¿qué te pasa hermano? Yo tengo para transporte (no había comprado carro todavía).
–“No importa, vos me conocés y no quiero que me vayas a rechazar este dinero. Acordate que vos fuiste muy especial conmigo en Bogotá.
–“O.K. Jairo, está bien”.
Le recibí el dinero y me marché hacia mi casa, pero tamaño de sorpresa que me llevé cuando conté aquel dinero. Eran ocho billetes de cien dólares ($ 800 dólares). Yo trabajaba y semanalmente ganaba $ 300 dólares y en par patadas acababa de recibir de parte de Jairo el correspondiente a dos semanas y media de trabajo.
Si de recordar se trata, como olvidar aquella tarde de 1987 cuando me tocó dirigir el juego entre América y Atlético Nacional en el estadio Pascual Guerrero de Cali.
Al término del primer tiempo, uno de los jueces de línea me dice:
–“Mosquera un señor que dice llamarse Jairo Varela quiere hablar con usted”.
Le dije: “Claro, hágalo pasar. Ese es mi hermano”.
Efectivamente era el gran Jairo Varela, que en el momento más alto de su vida con Niche y cuando toda la prensa andaba detrás de él, interrumpe por unos minutos para irme a saludar en el propio camerino.
Coincidencialmente mis padres dejaron este mundo en diferentes años, pero en los primeros días del mes de abril.
Y ahora, cuando estaba celebrando el cumpleaños de Angela Vanessa, la mujer que Dios me ha dado (08-08) fallece mi amigo, mi ex condiscípulo, mi paisano y hermano Jairo Varela Martínez.




