Hoy, 13 de octubre, la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, UBPD, activará su segunda ruta fluvial en Colombia. Una embarcación zarpará desde Quibdó, en el Chocó, por las aguas del río Atrato.
La Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, UBPD, consolidó un universo nacional de 4.098 personas dadas por desaparecidas en cuerpos acuáticos de Colombia: ríos, quebradas, ciénagas, pozos, caños y manglares.
La cifra se da a conocer en la apertura de la segunda Ruta Buscadora Fluvial de la entidad: primero por el río Atrato; y en noviembre, por el río Arauca.
Esta es la segunda vez que se despliega la Ruta Buscadora Fluvial. «Buscar al buscador» es la frase con la que la directora de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), Luz Janeth Forero Martínez, ha explicado el propósito de estas rutas itinerantes. No es solo buscar a la persona desaparecida: es llegar hasta la familia que la busca, muchas veces en lugares donde la institucionalidad nunca antes había llegado.
En el Atrato, que recorre lugares de Chocó y Antioquia, este 13 de octubre de 2026 una embarcación zarpará desde Quibdó con el propósito de buscar a quienes fueron desaparecidos en el río y los lugares aledaños a causa del conflicto armado.
“¿Quiénes eran los que caminaban? Los muertos que se veían bajar, con unas cazas que hacían los gallinazos cuando se iban comiendo los muertos. Nadie tenía derecho a recogerlo y nadie podía. La gente podía ver el cadáver que iba bajando ahí y así fuera el familiar de él no se podía recoger”, relató un líder del Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato (COCOMACIA) en el informe ‘Cuerpos en los ríos’ de Foro Interétnico Solidaridad Chocó (FISCH), Rutas del Conflicto y Comisión de la Verdad.
Al menos 190 ríos de Colombia fueron usados por actores armados para desaparecer personas, según el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) y la investigación periodística ‘Ríos de vida y muerte’, de Rutas del Conflicto. En muchos de esos lugares, los cuerpos bajaban por el agua antes de que llegara la noticia de lo ocurrido. Nadie los recogía. Quien lo intentaba, podía ser el siguiente. Así lo recuerdan todavía hoy líderes y lideresas en las riberas de esos territorios.
Los grupos armados no eligieron el Atrato y el Arauca al azar para desaparecer a sus víctimas. La desaparición en los ríos de Colombia ha sido documentada como un crimen de lesa humanidad y las causas detrás de esta práctica no fueron las mismas en ambos territorios. En el Atrato, la tierra saturada de lluvia no les permitía cavar una fosa. El río se convirtió, durante años, en el método más usado para desaparecer un cuerpo sin dejar rastro. Esa misma selva húmeda del Chocó es, además, el territorio ancestral de las comunidades negras e indígenas Emberá y Wounaan. Por eso cada desaparición fue una fractura en el tejido entero de un pueblo.

Comunidades enteras sintieron, tal cual lo documentó el CNMH en su informe ‘Jaūriperabu: la enfermedad del susto’, cómo se resquebrajaba el tejido social con cada líder comunal, gobernador indígena, dirigente o persona asesinada o desaparecida.
En las comunidades ribereñas del Atrato, el rito funerario exige el cuerpo presente para velarlo, cantarlo e inhumarlo. Las cantadoras de alabaos lo saben mejor que nadie: durante años, convirtieron el canto fúnebre en denuncia, porque la desaparición les impedía despedir a sus muertos como lo manda su tradición. En noviembre de 2019, cuando la UBPD y el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencia Forenses entregaron las estructuras óseas de las víctimas de la masacre de Bojayá, los alabaos acompañaron, por fin, un entierro que el país les debía desde 2002.
Por otro lado, la Unidad de Búsqueda tiene actualmente un universo de 628 personas por localizar en el Alto y Medio Atrato; y a cerca de 7.051 más en el Bajo Atrato, Urabá y el Darién. Son cifras que corresponden a los Planes Regionales de Búsqueda que la entidad adelanta en esa región específica.
Por su parte, en Arauca, el método por parte de los grupos armados fue distinto, pero igual de calculado. La investigación ‘Ríos de vida y muerte’, de Rutas del Conflicto, documentó que los grupos armados aprovechaban la temporada seca, cuando el nivel del río bajaba, para enterrar a sus víctimas en el propio lecho del Arauca. Cuando llegaba el invierno y el agua subía, el lugar de los entierros se volvía imposible de ubicar.
La Ruta Buscadora Fluvial que arranca por el río Atrato pasará por Beté, Tagachí, San José de la Calle, Bellavista, Vigía del Fuerte, Napipí, Murindó, Comunidad La Grande, Vigía de Curvaradó, Domingodó, Riosucio, La Unión y Cacarica, antes de cerrar en Bocas del Atrato.
La ruta que comienza en Arauca iniciará en Saravena, con paso por Puerto Contreras y Puerto Lleras, continuará por Arauquita en puntos como Los Pájaros (Bocas de Jujú), Puerto Principal, Bayoneros y La Reinera; y cerrará en el municipio de Arauca, con paradas en Monserrate y el Malecón, en el sector Murgas.
En cada lugar, los equipos de la Unidad recibirán información, tomarán muestras genéticas y explicarán a las comunidades qué significa el mandato humanitario y extrajudicial de la entidad.
La Ruta Buscadora Fluvial es también un llamado colectivo a prevenir y erradicar la desaparición de personas en Colombia y a garantizar que hechos tan dolorosos no se repitan. Si la ciudadanía o los allegados de una persona desaparecida desean más información sobre los servicios de esta estrategia, pueden comunicarse a las líneas 316 278 3918 o 01 8000 16 2226.



