En el norte de Suecia, a 600 kilómetros de Estocolmo y cerca del Círculo Polar Ártico, existe Umea, una fría ciudad sueca con pocas horas de luz al día y con calles casi siempre desiertas. Es también llamada ciudad universitaria por su gran número de estudiantes de nivel superior, donde los ciudadanos pagan impuestos hasta del 70 por ciento de sus ingresos y el Estado ofrece vivienda, calefacción, salud y educación gratuita.
Allí vive una chocoana, la psicóloga Haidy Sánchez. Nacida en Quibdó, estudió bachillerato en el Instituto Femenino Integrado de Quibdó y Psicología en la Universidad San Buenaventura en Medellín. Comenzó a trabajar con el ICBF como psicóloga en el centro zonal de Tadó, donde conoció al médico sueco Matías Mattsson, quien llegó al municipio con una brigada de Médicos sin Fronteras.
Fue amor a primera vista y tras dos años de noviazgo Heidy viajó a Suecia, a la ciudad de Matías, a la gélida Umea. Aprendió el idioma, convalidó sus estudios en dicho país a través de un convenio con la Universidad Autónoma de Madrid y nacieron sus dos hijos.
Su trabajo ha estado enfocado a pacientes que requieren cuidado por discapacidades físicas o mentales, como el autismo.
“En Suecia, todos los pacientes de retraso mental, síndrome de down o trastornos cognitivos tienen tratamiento de salud integral, garantizada por el Estado, durante toda la vida”, aclara Haidy Sánchez, quien viaja en forma periódica a Quibdó para reencontrarse con sus padres y su hermano.
Luego de veinte años de vivir cerca del Polo Norte, y con temperaturas hasta de cuarenta grados bajo cero, Haidy todos los días extraña la comida chocoana y sigue investigando sobre autismo y discapacidad en comunidades del Chocó y Buenaventura, Chile. Argentina y República Dominicana.




