
Por Dudley Duque Sierra, docente Programa Derecho UTCH.
Los resultados de las últimas pruebas de Estado presentadas el año pasado -2024- por los estudiantes de los últimos semestres de la Universidad Tecnológica del Chocó arrojan un resultado nada halagüeño de prospección para el ente universitario y que profundiza aún más la distancia entre calidad, excelencia, sostenibilidad y permanencia institucional.
De manera reiterada y de forma consecutiva, la UTCH viene desde hace cinco años (porque años atrás, también lo había referido en una publicación de Chocó 7 días.com de 11/05/20 los resultados de las pruebas para la UTCH eran de los más bajos de las universidades evaluadas) presentando unos nefastos resultados en los exámenes Saber Pro que deben realizar de manera obligatoria (ley 1324/09) los estudiantes de los últimos semestres para poder graduarse (no exige que se gane el examen).
La UTCH presenta para las pruebas 2024 quince programas académicos -2099 estudiantes-. En su orden, la mejor calificación interna obtenida fue: enfermería (130); ingeniería civil (127); derecho (126), terapias (126); contaduría (126); sin clasificar (125) y los de menor puntaje: educación, Ingeniería agronómica, pecuaria, sociología, trabajo social (111), y otras; todo el puntaje obtenido por debajo del promedio nacional, que para el año de 2024 fue de 146.
Esta evaluación la realiza el Estado a través del Icfes cada año para verificar el alcance de preparación de los futuros profesionales y observar el grado de aprehensión de la formación que imparten las instituciones de educación superior. La prueba gira en torno a responder un módulo de competencias genéricas y otro de 17 preguntas específicas relacionadas con la carrera cuyas respuestas no afectan el resultado final de la prueba; el cuestionario de competencias genéricas comprende: i) lectura crítica, ii) razonamiento cuantitativo, iii) competencias ciudadanas, iv) inglés, y v) comunicación escrita.
Es difícil de entender el por qué en temas que son básicos para el estudio de una carrera en específico, como son las ciencias sociales, entre otras, no se alcance, por lo menos, la calificación promedio como la obtienen otras universidades examinadas. Es tan delicada la situación académica de la universidad que el indicador de respuesta de cada una de las preguntas del módulo de competencias genéricas está en semáforo color naranja, próximo a estar en rojo; esto es, que la percepción de conocimiento de la respuesta a la pregunta, el 70% promedio de los estudiantes responde en forma incorrecta; el porcentaje ideal es de 15 a 20%. Hay programas donde estudiantes con sus respuestas pasaron al color rojo y alcanzaron el 75% en el desacierto de la pregunta. Interrogantes tan elementales como entender o comprender el significado de las palabras o de un texto; formular un argumento; conocer la Constitución, los derechos ciudadanos, la organización del Estado; la cohesión social, etc. se yerra en sus respuestas.
Ante estos resultados de vergüenza, vale hacernos el siguiente cuestionamiento: ¿Cómo estamos enseñando en la universidad? ¿Para quiénes lo estamos haciendo? ¿El interés por la enseñanza es particular, colectivo o individual? ¿Quiénes enseñan, profesores, docentes o maestros? ¿Impartimos la enseñanza como colectivos docentes o particulares? ¿La enseñanza que damos es estática, tradicional, repetitiva o convencional, competitiva o contemporánea? ¿Se imparte en contextos local, regional, nacional o extramural universal? ¿Están en contexto la administración con la academia, se fijan políticas, se materializan, se siguen, controlan y se retroalimentan?
Son infinidad de interrogantes que no se terminarían de mencionar. Igual, no puede dejarse de considerar a quienes van a ser el producto de los docentes, los estudiantes. ¿Cómo ingresan a la universidad? ¿Hay pruebas para el ingreso, y si las hay, son eficaces? ¿Hay preuniversitario? ¿Hay nivelación una vez se formalicen como estudiantes? ¿Se verifica la eficacia de la nivelación? ¿Cómo es su adaptación a la vida universitaria? ¿Se llevan estadísticas de este referente? Y muchos otros interrogantes que podrían apreciarse.
Ante el afán de tener cada vez más profesionales para la vida social, la relación entre cobertura y calidad, ¿Podrá ser equidistante una de la otra? ¿Podrá equipararse la calidad con la cobertura? ¿Podríamos obtener una sin importar la otra? ¿Sus efectos cómo sería? ¿Es más importante la cobertura que la calidad? ¿O son indiferentes las dos?
Naturalmente que no podrían ser indiferentes. Es tan importante la cobertura como la calidad, pero debe primar esta última; concebirse profesionales sin competencias en el mercado laboral, sería como suicidar las expectativas del nuevo profesional y apagar las esperanzas de una sociedad que clama por calidad de vida; un profesional incompetente solo estará presto a que otros hagan la tarea por él, no puede tener iniciativa, se convierte en servil y dependiente de los demás y jamás de tener autonomía e independencia.
La universidad tiene una grande responsabilidad frente a la sociedad chocoana que se extiende a toda la nación colombiana; es la entidad académica por excelencia que prepara a los futuros profesionales de la región y está en su haber hacer eficaz la misión y visión institucional; el indicador de esta clase de evaluación tiene que mejorarse, no es posible, que conocido sus resultados, años tras año, la universidad, a pesar que ha invertido recursos, establecido una política de pruebas Saber Pro, no priorice su solución y sus resultados sigan igual y no mejoren.
Si se adoptó una política para conjurar esta situación, ¿es institucional o de gobierno? ¿La estrategia permea todos los programas? ¿Es temporal, parcial, contingente o permanente? ¿Cuál es el seguimiento a sus resultados, se ha evaluado, hay retroalimentación? ¿Hay responsables, su dedicación, metas, informes, indicadores?
Es un mundo de incertidumbre donde estamos todos; todos sabemos y todos no sabemos; todos opinamos y no concretamos y se nos va la vida en un sueño de ilusiones que nunca consolidamos en realidad, transcurre el tiempo y los hechos se agravan con un abismo más claro que de soluciones concretas y reales obtengamos.




