Tomado de Médicos Sin Fronteras
MSF hemos expandido nuestras actividades a zonas rurales con comunidades indígenas y afrodescendientes que ya sufrían múltiples afectaciones por conflicto armado y fallas en el sistema de salud.
Tres semanas después del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el oeste de Colombia el pasado 10 de agosto, la fase inicial de la emergencia ha finalizado, pero miles de personas continúan enfrentando dificultades para acceder a atención médica, apoyo en salud mental, alimentos y otras necesidades como materiales para reconstruir sus hogares.
Aunque el sismo impactó con fuerza ciudades como Cali y Pereira, las brechas más críticas persisten en territorios históricamente afectados por barreras de acceso a la salud, pobreza y presencia de actores armados. En algunas zonas de Quibdó y Medio Baudó (Chocó) y Buenaventura (Valle del Cauca), donde las condiciones ya eran precarias antes del desastre, el terremoto profundizó las necesidades de las comunidades.
Médicos Sin Fronteras (MSF) desplegamos equipos de evaluación y respuesta en Valle del Cauca, Chocó y Risaralda, priorizando aquellas zonas donde las necesidades continúan siendo mayores y donde la respuesta ha sido más limitada.
«A diferencia de otras emergencias, los efectos del terremoto en Colombia no se concentraron en un único lugar. Las afectaciones se dieron en territorios aparentemente cercanos pero separados por ríos y montañas, lo que ha dificultado la respuesta. También hemos visto diferencias importantes entre zonas con mayor presencia institucional y otras históricamente desatendidas, incluidas comunidades indígenas y afrodescendientes«, explica Siham Hajaj, nuestra coordinadora general en Colombia.

Tras realizar evaluación en una decena de municipios, MSF desplegó clínicas móviles en Buenaventura (Valle del Cauca), así como en Quibdó y Medio Baudó (Chocó), en donde se evidenciaron mayores barreras de acceso a la atención sanitaria y una menor cobertura de la respuesta.
“En estos territorios, muchas comunidades enfrentan una doble o incluso triple afectación: además de las consecuencias del terremoto, viven en contextos marcados por el conflicto armado, limitaciones estructurales en los servicios de salud y, en algunos casos, nuevos eventos climáticos”, añade nuestra coordinadora general. En el municipio de Medio Baudó, las comunidades indígenas enfrentaron inundaciones provocadas por la crecida súbita del río Baudó apenas dos días después del sismo, agravando aún más las condiciones de vida de la población.
Afectaciones en salud
Nuestros equipos han identificado que una de las principales consecuencias del desastre está relacionada con la salud mental. Tres semanas después del terremoto, continúan siendo frecuentes las reacciones de ansiedad, estrés agudo, hipervigilancia, insomnio y miedo persistente ante posibles réplicas e incertidumbre del futuro personal y familiar
Blanca Lucila, indígena embera de Medio Baudó (Chocó), quedó muy asustada. “En mi comunidad se cayeron tres casas por completo y las otras quedaron ladeadas. A mí me quedó la cabeza como descontrolada; me levanto y siento que me caigo. La gente dice que algo va a pasar y todos estamos encerrados del susto a ver qué va a pasar”, explica.
Además de la atención sanitaria, muchas familias continúan solicitando apoyo para la reparación de viviendas y acceso a alimentos. «Las casas están devastadas. Algunas parecen desde afuera que están en pie, pero cuando usted entra no hay nada. Necesitamos materiales para reconstruir nuestras viviendas«, dice en Buenaventura Sebastán Cundumí, quien se encontraba pescando cuando ocurrió el temblor. Al volver a su casa, la encontró destruida.
«Yo vi derrumbar mi casa«, complementa su vecina Luz Hernecia Rojas. «Ahora estoy durmiendo en la sala de la casa de mi hija, que también se vio afectada. Cuando llueve, todo el aguacero nos moja«.

Respuesta de MSF
En Quibdó (Chocó), durante los primeros días de la respuesta, nuestros equipos concentraron esfuerzos en la zona urbana, incluidos el albergue del Coliseo Municipal y los barrios Medrano, Las Palmas, Poblado y Zona Minera. En 8 días de atención realizaron más de 700 consultas, incluidas 480 de medicina general y casi 60 de salud mental individual. También llevaron a cabo 15 grupos de psicoeducación con más de 200 participantes.
MSF también hemos trabajado de forma coordinada con instituciones locales como la ESE Ismael Roldán y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) en actividades de vacunación, apoyo nutricional y acceso a agua segura.
Tras esta fase inicial, MSF ampliamos nuestra respuesta hacia comunidades rurales del departamento, donde persisten importantes necesidades y las condiciones de acceso continúan representando un desafío para la asistencia humanitaria. En Medio Baudó, el equipo realizó más de 140 consultas médicas en tres días.
El equipo de Buenaventura (Valle del Cauca) continúa llevando clínicas móviles a los barrios más vulnerables de la ciudad que no habían recibido atención médica tras el terremoto. Las actividades se han desarrollado en Alberto Lleras, Palo Seco, La Carmelita, Pampa Linda, Santafé y Unión de Vivienda.
En esta ciudad, nuestra respuesta destaca por un fuerte componente de salud mental y apoyo psicosocial. En el barrio Alberto lleras, por ejemplo, el equipo está instalando la iniciativa “Espacios Seguros” con actividades lúdicas para niños y niñas, de salud mental y promoción de la salud. En Buenaventura, el equipo ha realizado casi 1.500 atenciones, brindando consultas médicas que incluyen los cuidados en salud sexual y reproductiva, atenciones individuales en salud mental así como sesiones grupales de psicoeducación.
Siham Hajaj resalta la importancia de llevar asistencia a los lugares más vulnerables: «Esta emergencia ha puesto de manifiesto las desigualdades que ya existían antes del terremoto. Una de las prioridades ahora debe ser garantizar que las comunidades más aisladas reciban atención«, afirma nuestra coordinadora general en Colombia.



