
Por Julio César Uribe Hermocillo. Tomado de El Guarengue. https://miguarengue.blogspot.com/2026/08/terremoto-cultural-primera-parte-un.html
Los terremotos hieren y siegan vidas, conturban espíritus, quebrantan corazones, lesionan esperanzas, destrozan sueños… Centenares de casas levantadas a lo largo de toda la vida, ladrillo a ladrillo, peso a peso, domingo a domingo, navidad tras navidad, prima tras prima, año tras año, se desploman con todo adentro, incluyendo ilusiones y certezas, que tan escasas suelen ser para quienes nacieron más cerca del infortunio que de la ventura, o sufren daños cuyo arreglo es equivalente a empezar de nuevo… Niños y niñas balbucientes aprenderán primero a decir la palabra «temblor» que a pronunciar su nombre… Y las historias locales de las comunidades; por ejemplo, Bahía Solano, con sus temblores y desastres de 1970, o Murindó y sus alrededores, en la cuenca media del Atrato, con sus temblores de 1992 y sus catástrofes aún irresueltas; terminarán delimitadas por el antes y el después de aquellos eventos trágicos. Al igual que la historia de Quibdó, que durante 60 años tuvo como hito el incendio del 26 de octubre de 1966 y que a partir de ahora, junto a la historia de 29 municipios más del departamento del Chocó, estará signada por el reciente terremoto.
Los terremotos también resquebrajan, agrietan y fragmentan el alma de los pueblos: su cultura, su ser común y su identidad compartida, que son la fuente de sus formas de entender, recrear y habitar el mundo, sus percepciones y relatos de la historia, sus cotidianidades, sus redes de parentesco y vecindad, sus hierofanías, sus solemnidades y conmemoraciones, sus rituales y devociones, sus celebraciones y sus fiestas, sus mitos y sus danzas, sus cuentos y sus cantos, sus sabores, sus cocinas, sus labores, sus holganzas…, en fin: todo aquello que —enraizado en sus orígenes y tradiciones— le comunica sentido a la existencia… Y este conjunto de manifestaciones, sagradas como la vida misma, constituyen el patrimonio material e inmaterial de los pueblos y sus culturas, los sistemas propios de vida y bienestar sobre los cuales cada pueblo y cada sociedad expresan su ser y reafirman su identidad ante el resto de la humanidad…
Y es por ello por lo que, sin que haya dudas sobre la prioridad absoluta que tienen la defensa de la vida y la atención de la emergencia, es también necesario e indispensable que —llegado el momento oportuno y como parte de los procesos de restitución de las condiciones de vida perdidas en el desastre— se adelanten evaluaciones de daños, perjuicios y afectaciones al patrimonio cultural y a todos los bienes materiales e inmateriales que lo componen o están asociados al mismo. Y que a este componente sustancial de la vida se le encuentre también su justo sitio en los procesos de (re)construcción que posteriores a la atención humanitaria y a la mitigación de la emergencia; con la mira puesta en una existencia cultural plenamente reconocida y valorada como parte de la historia nacional y del carácter multiétnico y pluricultural de la Nación.
Balances preliminares
En ese sentido, cuatro días después del terremoto del 10 de agosto de 2026, el Ministerio de Cultura de Colombia presentó un balance preliminar de afectación de bienes de interés cultural en el país.[1] Según el reporte, 40 de estos resultaron afectados, en los departamentos de Antioquia, Cauca, Chocó, Caldas, Risaralda, Quindío y Valle del Cauca; 22 con afectación alta, 13 con afectación media y 5 con afectación baja.

Hospital de Quibdó 1940.
Archivo fotográfico y fílmico
del Chocó / El Guarengue.
Dos de esos bienes inmuebles de interés cultural del ámbito nacional ubicados en Quibdó fueron incluidos en dicho reporte: el edificio original del Colegio Carrasquilla, en la zona céntrica de la ciudad, con afectación media; y el antiguo edificio del Hospital San Francisco de Asís, inaugurado en 1935, donde funciona hoy el Colegio Santacoloma, con afectación alta. Según informes confiables, aunque extraoficiales y también preliminares, el Carrasquilla sufrió fisuras de mampostería, desprendimiento de muros y ruptura de una columna en el segundo piso; y el Colegio Santacoloma presenta fisuras y grietas múltiples en mampostería, desprendimiento de muros y posible ruptura de estructura.
Ocho manifestaciones del Patrimonio Cultural Inmaterial fueron incluidas en el informe del Ministerio de Cultura como afectadas directamente por el terremoto; entre ellas, los «Gualíes, alabaos y levantamientos de tumba. Ritos mortuorios de las comunidades afro del municipio del Medio San Juan», departamento del Chocó, que están inscritos desde 2014 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial del ámbito nacional de Colombia. Esta manifestación, que anualmente congrega a portadores, cultores y herederos de prácticas, cánticos y rituales fúnebres en un Encuentro en Andagoya —que sigue siendo tan genuino como las manifestaciones que lo concitan—, ve interrumpidas sus dinámicas por las prioridades vitales derivadas de la atención de la emergencia por los daños y perjuicios que sufrieron las comunidades a raíz del terremoto del 10 de agosto.
Cuatro días después del balance preliminar de afectación de bienes culturales, el Ministerio expidió la resolución N° 0536 del 18 de agosto de 2026 «por medio de la cual autoriza la intervención en modalidad de primeros auxilios y acciones urgentes a los Bienes de Interés Cultural y Centros Históricos ubicados en zonas afectadas por el sismo que se registró el pasado 10 de agosto e identificados por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo o la autoridad competente». La resolución incluye una lista detallada de las acciones autorizadas como parte de la emergencia en bienes afectados, al igual que intervenciones destinadas a «salvaguardar edificios antiguos y hacerlos más resistentes ante posibles réplicas».[2]
Otras afectaciones
Aunque no fueron incluidas en el reporte inicial del Ministerio de Cultura, cuya actualización no ha sido publicada hasta la fecha, las Fiestas de San Pacho en Quibdó —que desde el año 2012 fueron inscritas en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura)— han sido objeto de amplio debate y controversia pública, desde las primeras horas posteriores al terremoto, sobre la conveniencia o no de su realización entre septiembre y octubre. Al parecer, hay consenso en torno al desarrollo exclusivo de su componente devocional, orientándolo hacia la memoria ritual en torno a la tragedia que vive el Chocó; tal como se viene haciendo en las Fiestas de la Virgen de la Pobreza, que comenzaron el 30 de agosto y se prolongarán hasta el 8 de septiembre, en el municipio de Tadó.
«Ante la emergencia ocasionada por el sismo, la Alcaldía de Quibdó informa la suspensión de las actividades culturales, artísticas y de aglomeración de las Fiestas de San Pacho 2026 que están a cargo de la Administración Municipal. Hoy nuestra prioridad es la vida, la atención de las familias afectadas y la recuperación de Quibdó»;[3] informó en un comunicado del 22 de agosto la Alcaldía de Quibdó. Por su parte, la Gobernadora del Chocó, a propósito de la alborada mayor de las fiestas, que se celebra cada año el 3 de septiembre, declaró que se conservan la fe y el sentimiento de comunidad que caracterizan al pueblo quibdoseño y que las celebraciones religiosas podrían ser también un momento de catarsis colectiva.
En el cementerio San José, de Quibdó —que está cumpliendo un siglo de haber sido inaugurado— se presentaron daños que, al parecer, constituyen pérdida total del portal del osario, antiguamente capilla y escenario de discursos de despedida a los difuntos. Mientras que la catedral San Francisco de Asís presenta fisuras en algunas áreas y desprendimiento de un capitel; que, según evaluación, no constituyen riesgos mayores ni impiden su uso. Tanto el cementerio como la catedral son bienes de interés cultural del ámbito municipal.

El Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Condoto, templo reconocido como bien de interés cultural del ámbito municipal, se encuentra en situación crítica y fue declarado no habitable; lo cual ha suscitado preocupación ciudadana ante la posibilidad de que tenga que ser demolido. Al respecto, la Alcaldía informó en su cuenta de Facebook: «Tras las valoraciones realizadas por dos equipos técnicos especializados, se determinó que la estructura presenta riesgo de colapso. Por esta razón, y actuando con responsabilidad, hemos dispuesto su clausura temporal y el cierre preventivo de las vías en sus alrededores».[4]
Publicaciones de prensa como las de la revista Cambio han informado, además, sobre los daños severos que sufrieron otras infraestructuras culturales de Quibdó, como el Centro de Memoria Afrodiaspórica Muntú Bantú, creación y trabajo del profesor e historiador Sergio Mosquera; el Teatro Andamio; el movimiento La Diva del Ritmo Exótico; y la Casa Ubuntú, del famoso bailarín Misael Córdoba. Igualmente, se ha informado de afectaciones de diversa gravedad en 14 bibliotecas públicas de las 38 que existen en el Chocó, entre ellas la Biblioteca Departamental Arnoldo de los Santos Palacios, de Quibdó, actualmente cerrada.
La importancia de los datos
Por supuesto, faltan muchísimos datos. Si levantar el censo de damnificados del terremoto es tarea compleja en el Chocó, los inventarios de daños en el patrimonio cultural probablemente sean más difíciles de consolidar. «Tampoco es razonable que la protección del patrimonio dependa de que un equipo especializado pueda desplazarse desde Bogotá después del desastre. Organismos de socorro, autoridades territoriales e instituciones culturales necesitan protocolos y capacidades previas. El reto no consiste únicamente en fortalecer al Ministerio en Bogotá, sino en construir capacidades permanentes en las regiones y redes de trabajo con autoridades, organismos de socorro, universidades, instituciones culturales y comunidades», anota en una publicación de la Silla Vacía Mario Omar Fernández, experto en conservación del patrimonio y Profesor Asociado del Laboratorio de Estudios del Arte y Patrimonio (LEAP), de la Universidad de los Andes.[5]
De ahí la enorme importancia que tiene que los equipos locales de gestión del riesgo de desastres y las oficinas encargadas del sector cultural, aun con sus limitaciones de recursos, trabajen en coordinación con la Gobernación del Chocó y, apoyándose en universidades y grupos que vienen diagnosticando viviendas y edificaciones, y en la Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura, con la participación de líderes culturales locales y de las propias comunidades; se apersonen de la situación y hagan todo lo que esté a su alcance para consolidar datos ciertos sobre los daños al patrimonio cultural, tanto material como inmaterial. Solamente así será posible que este núcleo de la vida de la región chocoana, de su gente y de sus municipios, sea debidamente incluido en los planes de (re)construcción de los cuales ya se está hablando, sin mayores menciones a los alcances culturales del proceso.
«En una emergencia de esta magnitud, la falta de información no es un problema menor: lo que no se identifica difícilmente puede protegerse, priorizarse o recuperarse», explica el profesor Fernández, y resalta la importancia del trabajo local y micro en cuanto a diagnósticos, balances e inventarios: «…un terremoto no afecta únicamente edificios. En museos, archivos y bibliotecas, el daño puede continuar después del sismo. Agua, polvo, humedad, incendios, colapso de estanterías y manipulación inadecuada pueden producir pérdidas irreversibles».[6]

Vivienda afectada por el terremoto.
FOTO: Alcaldía Municipal Medio San Juan.
Coyuntura y estructura
Con el paso de los días después del terremoto, se ha venido asentando la idea de que la recuperación material y socioeconómica del Chocó no puede consistir en volverlo a dejar como estaba, pues como estaba no estaba bien. En ese mismo sentido, es vital que la restitución de las condiciones de vida de la población chocoana hacia el ejercicio de su dignidad y sus derechos contemple e incluya, con rigurosidad y consistencia, el conjunto de los fundamentos culturales de la región, tanto de comunidades afrochocoanas como de pueblos indígenas. Tal previsión abarca no solamente la reconstrucción de bienes patrimoniales declarados como tales y la concertación o patrocinio de fiestas, festivales y otros eventos masivos. Hay más, muchísimo más de fondo, que suele ser invisible durante las evaluaciones de daños y afectaciones. Y de lo cual será necesario hablar en la conversación pública que actualmente suscita el futuro del Chocó.
El patrimonio cultural y el acervo histórico son esenciales, no accesorios, en la persistencia del sentido de la vida de los pueblos. Máxime cuando se trata de pueblos étnicos, ya que de tal sentido dependen la esperanza y el futuro. «Garantizar los derechos es tan importante como atender los daños», ha dicho la Defensoría del Pueblo.
[1] https://www.mincultura.gov.co/noticias/Paginas/mincultura-presenta-primer-balance-de-afectacion-de-bienes-de-interes-cultural-luego-del-terremoto.aspx
[2] https://www.mincultura.gov.co/noticias/Paginas/mincultura-expide-resolucion-para-agilizar-intervenciones-a-bienes-de-interes-cultural-afectados-por-el-terremoto.aspx
[3] https://www.facebook.com/share/p/1HcaQV94nr/
[4] https://www.facebook.com/share/p/1964mXEznD/
[5] La Silla Vacía. El patrimonio cultural estaba en riesgo desde antes del terremoto. Mario Omar Fernández, Profesor asociado del Laboratorios de Estudios del Arte y Patrimonio (LEAP) de la Universidad de los Andes. 26 de agosto de 2026. https://www.lasillavacia.com/red-de-expertos/red-social/el-patrimonio-cultural-estaba-en-riesgo-desde-antes-del-terremoto/
[6] Ibidem.




