
Por Leslie Joanna Valoyes Cuesta
Tras el sismo del 10 de agosto, proteger la vida y atender a las familias afectadas debe seguir siendo la prioridad. Pero la recuperación de Quibdó también exige evitar que la suspensión de las fiestas se convierta en otro golpe para quienes viven de la economía popular.
Después del fuerte sismo del 10 de agosto, la prioridad fue clara: salvar vidas, atender a las familias afectadas y comenzar la recuperación. La suspensión inmediata de las actividades festivas de San Pacho fue una decisión sensata en medio de la emergencia.
Sin embargo, una medida adoptada para proteger a la población no debería convertirse, sin evaluación técnica, en una cancelación total o indefinida que traslade otro costo del desastre a quienes viven del trabajo diario. En Quibdó sabemos que, cuando el río baja seco, no solo sufre el pescador; también sufre quien vende el anzuelo. Con San Pacho ocurre algo parecido: cuando se detiene la celebración, también se frena una amplia red de ingresos, compras y empleos.
Más que una fiesta
Hablar de San Pacho no es hablar únicamente de chirimía, comparsas y celebraciones. Es hablar de una tradición que moviliza a cientos de personas y que, para numerosos hogares, representa una de las temporadas de trabajo más importantes del año.
De ese movimiento viven o se benefician hoteles, restaurantes, vivanderas, lancheros, transportadores, rapimoteros, modistas, sastres, peluqueras, maquilladores, vendedores de telas, músicos, fotógrafos, artesanos y muchos otros trabajadores de la economía popular, en total 42 actividades económicas. Cada traje confeccionado, cada plato vendido, cada carrera realizada y cada presentación artística activa otros eslabones de la economía local.
Además, buena parte de quienes esperaban la temporada ya había invertido en mercancías, materiales o servicios. Algunos compraron a crédito con la expectativa de recuperar el dinero durante las fiestas. Si esa actividad no logra reactivarse, una inversión preparada para producir ingresos puede terminar convertida en una deuda difícil de pagar.
Quibdó no tiene margen para otro golpe
La situación es especialmente delicada porque la ciudad ya enfrentaba profundas dificultades sociales y laborales antes del sismo. De acuerdo con el DANE, la pobreza monetaria en Quibdó alcanzó el 61,7 % en 2025. A su vez, en el trimestre móvil mayo-julio de 2026, la tasa de desocupación fue del 23,0 %, la más alta entre las 23 ciudades y áreas metropolitanas medidas por la entidad.
En ese contexto, perder una temporada comercial como San Pacho no es un simple inconveniente. Para muchas familias puede traducirse en menos alimentos en la mesa, obligaciones vencidas, mercancía represada y mayores dificultades para sostener sus hogares. La emergencia tiene una dimensión humana inmediata, pero también puede profundizar una emergencia económica que ya existía.
Las cifras ayudan a dimensionar el riesgo
El documento técnico que sirve de base a esta columna, apoyado en un estudio académico sobre las fiestas, señala que en 2018 San Pacho movilizó cerca de $11.951 millones en actividad económica. Al llevar esa referencia a precios de 2026, el movimiento equivalente se aproxima a $19.100 millones.
A partir de ese valor, el análisis plantea tres escenarios de actividad económica que podría dejar de recuperarse si la suspensión se prolonga:

Escenarios de exposición económica; no corresponden a pérdidas confirmadas.
Estos montos no son pérdidas observadas ni una predicción exacta. Son escenarios de referencia para comprender la magnitud del impacto que podría producir una cancelación prolongada. Deben interpretarse con cautela y verificarse con información posterior sobre ventas, ocupación hotelera, transporte, empleo temporal y participación de proveedores locales.
La economía funciona como una cadena. Si una modista no vende sus trajes, compra menos tela; si el almacén vende menos, reduce sus pedidos; si hay menos pedidos, disminuye el transporte; y cuando el transporte se contrae, otros negocios también sienten el golpe. Como dice un refrán nuestro, cuando cae el árbol grande, se mueven todas las ramas.
La pregunta no es simplemente “hacer o no hacer”. La pregunta es cómo reactivar la economía sin poner en riesgo a la comunidad.
No es reconstrucción o San Pacho
No hay que plantear una falsa disyuntiva. Nadie propone poner una fiesta por encima de la seguridad de las personas. La atención a los damnificados, la reconstrucción y la gestión del riesgo deben mantener prioridad absoluta.
Pero la recuperación de una ciudad no se limita a reparar daños físicos. También supone proteger los medios de vida, evitar que los pequeños negocios quiebren y permitir que la población vuelva a trabajar.
Por eso, la discusión pública no debería reducirse a un “sí” o un “no” frente a San Pacho. Debe concentrarse en qué actividades podrían realizarse, en qué momento, bajo cuáles condiciones y con qué controles.
Una reactivación gradual, segura y local
La salida más responsable es estudiar una reprogramación gradual de algunas actividades, siempre respaldada por conceptos técnicos, medidas de seguridad y seguimiento institucional. Esa ruta podría organizarse alrededor de seis criterios:
• Realizar actividades únicamente cuando existan condiciones de seguridad verificadas por las autoridades competentes.
• Evitar grandes aglomeraciones y privilegiar formatos pequeños, distribuidos y controlables.
• Priorizar ferias gastronómicas, artesanías, expresiones culturales y vitrinas para emprendimientos locales.
• Mantener separados los recursos destinados a la emergencia de los recursos culturales y de reactivación.
• Dar prioridad a proveedores, artistas, comerciantes y trabajadores de Quibdó.
• Publicar resultados verificables sobre participación, ventas, contratación local y uso de recursos.
Una estrategia de este tipo no reemplaza la respuesta humanitaria ni desconoce el duelo y las afectaciones de la comunidad. Busca, precisamente, evitar que el desastre continúe ampliando sus consecuencias sobre los hogares que dependen de ingresos diarios o estacionales.
La reconstrucción también pasa por el trabajo
Las casas se reconstruyen con cemento y ladrillo. Una ciudad también se reconstruye cuando su gente puede volver a trabajar, vender y producir. San Pacho es fe, identidad y patrimonio cultural, pero también representa ingresos para cientos de familias que encuentran en esa temporada una oportunidad decisiva para sostener sus hogares. Ignorar esa realidad dejaría por fuera una parte esencial de la recuperación de Quibdó. En el Chocó lo sabemos: “barriga vacía no aguanta tambor”. La tarea no es escoger entre cuidar la vida y proteger el trabajo.
La tarea es construir una recuperación segura, gradual y transparente que permita hacer ambas cosas.
FUENTES Y ACLARACIÓN
Cifras sociales: DANE, Pobreza Monetaria en Colombia 2025, y Gran Encuesta Integrada de Hogares, julio de 2026. Cifras de San Pacho: documento técnico suministrado por la autora, que cita a Mendoza Zapata (2020), Impacto económico y social de las manifestaciones culturales en Chocó: el caso de las Fiestas de San Francisco de Asís en Quibdó. Los tres montos presentados son escenarios de exposición económica y no pérdidas observadas.



