Tres años antes de la visita del extraordinario fotògrafo Nereo López a Quibdó esto escribiò Gabriel Garcìa Márquez en“El Chocó que Colombia desconoce”, en 1954:
“Quibdó es una población de gente civilizada, hospitalaria y pacífica que, sin embargo, parece un campamento en el corazón de la selva. Sus polvorientas casas de madera ensamblada y techos de zinc, invariablemente de dos pisos; sus retorcidas calles empedradas y sus hombres vestidos de blanco con el imprescindible paraguas colgado del brazo, obligan necesariamente a recordar algo que no es Quibdó en ningún sentido: una aldea africana. En los oscuros almacenes de la calle principal –un bazar argelino paralelo al río Atrato– los artículos se exhiben en la puerta de la calle y se venden en la puerta de la calle, en parte porque los almacenes no tienen escaparates y en parte porque a las horas comerciales la población arde con 35 grados a la sombra. Los artículos colombianos que allí se venden parecen artículos ultramarinos”.




