INTRODUCCIÓN:

El Chocó Biogeográfico corresponde a una ecorregión supranacional de alto interés ambiental para el planeta, en los aproximados 11.240.000 hectáreas que tiene en Colombia, lo cual corresponde al 10% del territorio nacional, se concentra el 10% de la biodiversidad del planeta, así como grupos étnicos negros e indígenas propietarios titulares del 70% de las tierras existentes en la región que, con su conocimiento ancestral y su armónica relación con la naturaleza, dejan rasgos culturales de excepcionalidad para el mundo. Este territorio tiene costas en el Caribe y Pacífico; la longitud de la costa en el Pacífico es de 1392 km aprox. y 484 km aprox. en la región del Golfo de Urabá, se resalta que los mayores núcleos urbanos del Pacífico colombiano son el Distrito de Buenaventura y el municipio de San Andrés de Tumaco, y en el Caribe el municipio de Turbo (DANE, 2018a). La zona marino-costera es considerada estratégica por tener ecosistemas que prestan innumerables servicios ambientales y que exhiben diversas formas del paisaje como acantilados activos, llanuras deltaicas, bahías, ensenadas y extensos complejos de manglares, donde se llevan a cabo importantes actividades socioeconómicas que benefician a las poblaciones.
A pesar de lo anterior, el territorio tiene bajos niveles de desarrollo, altas tasas de necesidades básicas insatisfechas, pobreza monetaria y multidimensional, y vulnerabilidad frente a los eventos climáticos extremos, entre otros aspectos. Su estratégica ubicación espacial lo hace proclive a la guerra y la ilegalidad, lo que se traduce en conflictos socioambientales urgentes de atender para garantizar mejores condiciones de vida de una población que, a pesar de las dificultades mantiene ecosistemas bien conservados.
La investigación científica de las características ambientales en los territorios continental, marino-costero y oceánico y de las condiciones sociales y económicas de esta importante ecorregión, nos convoca a presentar al nuevo gobierno nacional, oportunidades de intervención regional, por lo que nos encontramos en la formulación de una propuesta de atención ambiental integral, muy a pesar que consideramos que los cambios que requiere la región ameritan una atención integral multisectorial que además de los temas ambientales directos, incluya algunos que se encuentran íntimamente relacionados y son condicionantes del desarrollo territorial.
Proponemos un modelo de atención que tiene como punto de partida la planificación ambiental del territorio en los ámbitos continentales y marinos y como punto de llegada la gobernanza territorial para la toma de decisiones basadas en el conocimiento.
El modelo propone un conjunto de acciones, las cuales tienen el propósito de aportar a la superación del hambre y la pobreza, al mejoramiento de la capacidad de adaptación al cambio climático, a la transformación de los conflictos socioambientales, a la reducción de la ilegalidad y la paz total y al mejoramiento de la competitividad regional.
Las acciones se agrupan en seis (6) programas de intervención ambiental del territorio, en relación estrecha con la oferta de bienes y servicios que tiene la región: 1. Planificación y ordenamiento ambiental, 2. Conservación del patrimonio natural y cultural, 3. Uso sostenible de la biodiversidad, 4. Restauración funcional de ecosistemas, 5. Acción climática y 6. Participación comunitaria para la gobernanza.
Para facilitar la intervención, utilizando criterios socioambientales, se ha dividido el Chocó Biogeográfico en 15 subregiones de importancia ecosistémica (Tabla 1 y Figura 1), por lo que haciendo uso de elementos de priorización en cada una de estas subregiones podrían aplicarse con mayor o menor intensidad los seis programas o conjunto de acciones propuestas.
En el primer capítulo de este documento se presentarán aspectos generales de la ecorregión Chocó Biogeográfico colombiano, en relación con su patrimonio natural y cultural, sus conflictos socioambientales, sus áreas protegidas y sus condiciones sociales y económicas, mostrando claramente las potencialidades, pero también las problemáticas del territorio con enfoque regional.
En un segundo capítulo, describiremos de manera detallada en qué consiste cada uno de los seis programas anunciados, con lo cual se podrá entender la concepción que se tiene desde el Sistema Nacional Ambiental, sobre la manera como deben llevarse a cabo las intervenciones a realizar en el territorio en materia ambiental.
Tabla 1. Subregionalización para la atención ambiental integral del Chocó Biogeográfico,
superficie por departamento.


Figura 1. Subregiones supramunicipales para la atención ambiental integral del Chocó Biogeográfico
- OBJETIVOS, METAS E INDICADORES TRANSFORMACIONALES
El programa tiene como objetivo superior, vincular a las comunidades étnicas y campesinas del Chocó Biogeográfico a procesos de economía popular con fundamento en la conservación, uso sostenible y restauración funcional de la biodiversidad como estrategia de sustitución de las economías ilícitas, superación del hambre y la pobreza, búsqueda de la paz total, mejoramiento de la competitividad con sostenibilidad ambiental, adaptación al cambio climático y fortalecimiento de las gobernanzas territoriales.
De este objetivo general se derivan los siguientes específicos:
OBJETIVO 1: ORDENAMIENTO ALREDEDOR DEL AGUA
Garantizar la disponibilidad de agua de calidad para todas las formas de vida que habitan el Chocó Biogeográfico, mediante el desarrollo de acciones articuladas que conduzcan a reducir las cargas contaminantes sobre los cuerpos de agua hasta el cumplimiento de los objetivos de calidad previamente definidos.
METAS ASOCIADAS AL OBJETIVO 1:
META 1: Reducir las cargas contaminantes sobre los cuerpos de agua costeros del Chocó Biogeográfico hasta cumplir los objetivos de calidad previamente definidos para soportar todas las formas de vida que habiten en ellos.
META 2: Reducir las cargas contaminantes sobre el 100% de las ciénagas del Chocó Biogeográfico hasta cumplir los objetivos de calidad previamente definidos para soportar todas las formas de vida que habiten en ellos.
META 3: Reducir las cargas contaminantes sobre los ríos que desembocan directamente al mar en poblaciones de vocación turística del Chocó Biogeográfico, hasta cumplir los objetivos de calidad previamente definidos para soportar todas las formas de vida que habiten en ellos.
META 4: Reducir las cargas contaminantes aportada por centros poblados sobre los cuerpos de agua continentales del Chocó Biogeográfico, hasta cumplir los objetivos de calidad previamente definidos para soportar todas las formas de vida que habiten en ellos.
INDICADORES ASOCIADOS AL OBJETIVO 1:
INDICADOR 1: Número de cuerpos de agua costeros del Chocó Biogeográfico con carga contaminante reducida hasta cumplir los objetivos de calidad previamente definidos para soportar todas las formas de vida que habiten en ellos.
INDICADOR 2: Porcentaje de ciénagas del Chocó Biogeográfico que reducen sus cargas contaminantes hasta cumplir con los objetivos de calidad previamente definidos para soportar todas las formas de vida que habiten en ellos.
INDICADOR 3: Número de ríos del Chocó Biogeográfico que desembocan directamente al mar en poblaciones de vocación turística del Chocó Biogeográfico, que reducen sus cargas contaminantes hasta cumplir los objetivos de calidad previamente definidos para soportar todas las formas de vida que habitan en ellos.
INDICADOR 4: Número de cuerpos de agua continentales que reciben cargas contaminantes de centros poblados del Chocó Biogeográfico y las reducen hasta cumplir los objetivos de calidad previamente definidos para soportar todas las formas de vida que habiten en ellos.
OBJETIVO 2: CONSERVACIÓN ANCESTRAL DE LA BIODIVERSIDAD
Vincular a las comunidades étnicas y campesinas del Chocó Biogeográfico a procesos de conservación de la biodiversidad representada en bosques húmedos de carácter protector, manglares zonificados como de preservación, páramos, humedales y especies de importancia cultural y ecológica que estos ecosistemas contienen.
METAS ASOCIADAS AL OBJETIVO 2:
META 1: Vincular a procesos de conservación, los bosques protectores del Chocó Biogeográfico (2.882.880 hectáreas) para proteger aproximadamente 1.000 especies de flora y fauna de interés especial, mediante acuerdos de conservación firmados con comunidades étnicas y campesinas, generando alrededor de 28.829 empleos formales.
META 2: Vincular a procesos de conservación el 100% de los corredores de conectividad biológica marinos y continentales del Chocó Biogeográfico, para proteger aproximadamente 100 especies de flora y fauna de interés especial y al mismo tiempo, garantizar el mantenimiento de los procesos que determinan el intercambio genético y la diversidad funcional de las especies, a través de acuerdos de conservación firmados con comunidades étnicas y campesinas, generando 11.153 empleos formales.
META 3: Vincular a procesos de conservación el 100% de los manglares del Chocó Biogeográfico clasificados como de preservación, mediante acuerdos de conservación firmados con comunidades étnicas para proteger 20 especies de flora y fauna de interés especial, y al mismo tiempo garantizar el mantenimiento de los procesos que determinan el intercambio génico y la diversidad funcional de las especies, a través de Consejos Comunitarios y Resguardos Indígenas, generando alrededor de 1.400 empleos formales.
INDICADORES ASOCIADOS AL OBJETIVO 2:
INDICADOR 1: Número de empleos formales de miembros de comunidades étnicas y campesinas asociados a la conservación de los bosques protectores del Chocó Biogeográfico y las especies que en ellos habitan.
INDICADOR 2: Número de empleos formales de miembros de comunidades étnicas y campesinas del Chocó Biogeográfico asociados a procesos de conservación de los corredores de conectividad biológica marinos y continentales y las especies que por ellos transitan.
INDICADOR 3: Número de empleos formales de miembros de comunidades étnicas y campesinas asociados a la conservación de los manglares del Chocó Biogeográfico clasificados como de preservación.
OBJETIVO 3: ECONOMÍA DE LA BIODIVERSIDAD
Promover emprendimientos comunitarios étnicos y campesinos basados en el aprovechamiento sostenible y la transformación de productos basados en la biodiversidad del Chocó Biogeográfico, vinculándolos a un circuito de economía popular que transforme sus condiciones sociales y sustituya economías ilícitas, contribuyendo al logro de la paz total y a la competitividad de la región.
METAS ASOCIADAS AL OBJETIVO 3:
META 1: Poner en funcionamiento 1.000 emprendimientos comunitarios étnicos y campesinos, entre bionegocios y bioempresas en el Chocó Biogeográfico que aborden simultáneamente varias opciones productivas; pesca y acuicultura, producción agroalimentaria, turismo con enfoque comunitario, balsámicas y otras bebidas ancestrales, productos maderables y no maderables del bosque, agroforestería, zoocría, manejo de especies menores y artesanías.
META 2: Poner en funcionamiento 100 núcleos de producción integral basados en principios de sostenibilidad ambiental y aprovechamiento diversificado de productos en el Chocó Biogeográfico que integran varias opciones productivas; pesca y acuicultura, producción agroalimentaria, turismo con enfoque comunitario, balsámicas y otras bebidas ancestrales, productos maderables y no maderables del bosque, agroforestería, artesanías, zoocría y manejo de especies menores.
META 3: Poner en funcionamiento núcleos de desarrollo forestal en territorios con cultura de aprovechamiento de maderas y/o con focos activos de deforestación en el Chocó Biogeográfico, que hagan posible el aprovechamiento de maderas con poblaciones sanas y el uso de no maderables como resinas, semillas, frutos, fibras, cortezas.
META 4: Instalar 120 núcleos de producción de alimentos con principios agroecológicos en territorios de comunidades étnicas y campesinas del Chocó Biogeográfico que incluyan especies de amplia cultura de consumo regional; papachina, cacao, maíz, plátano, banano, primitivo, arroz, yuca y frutales del trópico, entre otros.
INDICADORES ASOCIADOS AL OBJETIVO 3:
INDICADOR 1: Número de emprendimientos comunitarios étnicos y campesinos, entre bionegocios y bioempresas en funcionamiento en el Chocó Biogeográfico que, aborden simultáneamente varias opciones productivas; pesca y acuicultura, producción agroalimentaria, turismo con enfoque comunitario, balsámicas y otras bebidas ancestrales, productos maderables y no maderables del bosque, agroforestería, zoocría, manejo de especies menores y artesanías.
INDICADOR 2: Número de núcleos de producción integral basados en principios de sostenibilidad ambiental y aprovechamiento diversificado de productos puestos en funcionamiento en el Chocó Biogeográfico, que integran varias opciones productivas; pesca y acuicultura, producción agroalimentaria, turismo con enfoque comunitario, balsámicas y otras bebidas ancestrales, productos maderables y no maderables del bosque, agroforestería, artesanías, zoocría y manejo de especies menores.
INDICADOR 3: Número de núcleos de desarrollo forestal en funcionamiento dentro de territorios con cultura de aprovechamiento de maderas y/o con focos activos de deforestación en el Chocó Biogeográfico, que hagan posible el aprovechamiento de maderas con poblaciones sanas y el uso de no maderables como resinas, semillas, frutos, fibras, cortezas.
INDICADOR 4: Número de núcleos de producción de alimentos con principios agroecológicos instalados en territorios de comunidades étnicas y campesinas del Chocó Biogeográfico, que incluyan especies de amplia cultura de consumo regional; papachina, cacao, maíz, plátano, banano, primitivo, arroz, yuca y frutales del trópico.
OBJETIVO 4: RESTAURACIÓN FUNCIONAL DE LA BIODIVERSIDAD
Restaurar funcionalmente los ecosistemas estratégicos del Chocó Biogeográfico, incluyendo páramos, bosques húmedos y secos, humedales y manglares, mediante la vinculación activa de comunidades étnicas y campesinas a actividades como producción de material vegetal, siembra, seguimiento, reemplazo y resiembra y evaluación del estado de la restauración monitoreado por imágenes satelitales, vuelos no tripulados, fototrampeo y recorridos de campo.
METAS ASOCIADAS AL OBJETIVO 4:
META 1: Adelantar procesos de restauración funcional en el 100% de la superficie de manglar zonificado como de restauración (aprox. 38.000 hectáreas) y el 100% de superficie de corales del Chocó Biogeográfico afectadas por procesos antrópicos y naturales.
META 2: Enriquecer con especies forestales amenazadas, o de alto consumo o funcionalidad ecosistémica, 4.711.505.94 de bosque natural productor y 3.484.272.59 hectáreas de bosque protector de la Ecorregión, incorporando por lo menos 60 árboles por hectárea.
META 3: Restaurar el 100% de la superficie afectada (19.000) hectáreas, en territorios del Chocó Biogeográfico, cuya vocación forestal haya sido cambiada para el establecimiento de otros procesos productivos, combinando estrategias pasivas y activas, según el tiempo de abandono de dichas actividades productivas (minería e incendios).
META 4: Reconvertir los modelos productivos de 15.000 hectáreas asociados a ganadería y monocultivos dentro del Chocó Biogeográfico.
META 5: Propiciar procesos de recuperación funcional para la consolidación de la cultura del agua en el 100% de ciénagas, humedales, ríos y quebradas del Chocó Biogeográfico.
META 6: Contribuir al mejoramiento de la calidad ambiental urbana, promoviendo el desarrollo de bosques urbanos en los centros poblados de mayor poblamiento humano del Chocó Biogeográfico.
INDICADORES ASOCIADOS AL OBJETIVO 4:
INDICADOR 1: Porcentaje de superficie de manglar zonificado como de restauración (aprox. 38.000 hectáreas) y el 100% de superficie de corales del Chocó Biogeográfico afectadas por procesos antrópicos y naturales, en proceso de restauración.
INDICADOR 2: Número de hectáreas de bosques productores y protectores del Chocó Biogeográfico, enriquecidos con por lo menos 60 individuos por hectárea con especies forestales amenazadas, o de alto consumo o funcionalidad ecosistémica.
INDICADOR 3: Porcentaje de los bosques naturales del Chocó Biogeográfico afectados por minería e incendios, restaurados mediante la combinación de estrategias pasivas y activas, según el tiempo de abandono de dichas actividades productivas.
INDICADOR 4: Número de hectáreas asociadas a procesos productivos de ganadería y monocultivos en el Chocó Biogeográfico, transformadas a procesos productivos que incorporen prácticas sostenibles ambientalmente.
INDICADOR 5: Número de cuerpos de agua (ciénagas, humedales, ríos y quebradas) del Chocó Biogeográfico en proceso de recuperación funcional, mediante destronques, liberación de vegetación, invasora, bio-remediación, reducción de sedimentos, entre otros.
INDICADOR 6: Superficie de bosques urbanos plantados en los centros poblados de mayor poblamiento humano del Chocó Biogeográfico.
OBJETIVO 5: ACCIÓN CLIMÁTICA
Habilitar en el Chocó Biogeográfico, condiciones básicas que al tiempo de resolver sentidos problemas ambientales, generen los medios para la producción sostenible, la resiliencia climática, la reducción de la vulnerabilidad y mejoramiento de la capacidad de adaptación al cambio climático y los eventos extremos, así como la reducción del riesgo de desastres y la contaminación ambiental severa.
METAS ASOCIADAS AL OBJETIVO 5:
META 1: Poner en funcionamiento sistemas alternativos de producción de energía limpia en el 100% de las poblaciones sin energía eléctrica, no interconectadas, con energía no permanente o alumbradas con plantas diésel en el Chocó Biogeográfico.
META 2: Poner en marcha procesos de manejo integral de residuos sólidos que incluyan, separación en la fuente, recolección, aprovechamiento y disposición final, en el 100% de las poblaciones críticas del Chocó Biogeográfico.
META 3: Implementación de alternativas para la adaptación basadas en la naturaleza, en el 100% de las localidades con problemas críticos de erosión costera para reducir la vulnerabilidad de las comunidades del Chocó Biogeográfico.
INDICADORES ASOCIADOS AL OBJETIVO 5:
INDICADOR 1: Porcentaje de poblaciones del Chocó Biogeográfico sin energía eléctrica, no interconectadas, con energía no permanente o alumbradas con plantas diésel, con instalación y funcionamiento de sistemas alternativos de producción de energía limpia.
INDICADOR 2: Porcentaje de poblaciones del Chocó Biogeográfico críticas en materia de residuos sólidos, en las que se implementan sistemas de manejo integral que incluyen separación en la fuente, recolección, aprovechamiento y disposición final.
INDICADOR 3: Porcentaje de localidades del Chocó Biogeográfico con problemas críticos de erosión costera, en las cuales se implementan alternativas de solución a la adaptación basadas en la naturaleza.
OBJETIVO 6: GOBERNANZA TERRITORIAL
Garantizar un efectivo ejercicio de la propiedad colectiva de comunidades étnicas del Chocó Biogeográfico, mediante la toma de decisiones en relación con temas que afectan el territorio, el fortalecimiento de sus gobiernos propios y autónomos, la conformación de instancias de concertación en todas las subregiones propuestas para la Ecorregión y la democratización del conocimiento, a través de la gestión del conocimiento, la educación ambiental y la implementación del Acuerdo de Escazú.
METAS ASOCIADAS AL OBJETIVO 6:
META 1: Democratizar la información ambiental en 15 subregiones estratégicas del Chocó Biogeográfico, mediante encuentros directos con líderes ambientales, comunidades étnicas y campesinas, y la disposición de la información en reservorios de fácil acceso e interacción, en el marco de procesos de educación ambiental y la gestión del conocimiento.
META 2: Fortalecer al 100% de los gobiernos étnicos representados en Consejos Comunitarios y Resguardos Indígenas del Chocó Biogeográfico, mediante la generación de capacidades, la revisión, actualización e implementación de sus planes de etnodesarrollo y vida, así como con el desarrollo regular de sus espacios de decisión, la formación y protección de líderes ambientales y la promoción de la justicia ambiental.
META 3: Generar capacidades en el 100% de las instituciones del Estado para mejorar su relacionamiento y atención integral a las comunidades étnicas y campesinas del Chocó Biogeográfico, de tal manera que se concrete la implementación de oficinas especializadas y revisión de procedimientos que faciliten su acceso a los beneficios propuestos por el Estado, así como la atención directa en espacios geográficos ubicados dentro de la región.
META 4: Conformar instancias de concertación ambiental como parte de la implementación de modelos inclusivos de gobernanza en cada una de las 15 subregiones del Chocó Biogeográfico que, partiendo de las capacidades generadas, la información y el conocimiento gestionado y la asimilación de los conflictos socioambientales del territorio, tome decisiones para su transformación en oportunidades.
INDICADORES ASOCIADOS AL OBJETIVO 6:
INDICADOR 1: Número de subregiones del Chocó Biogeográfico donde se democratiza la información ambiental, mediante encuentros directos con líderes ambientales, comunidades étnicas y campesinas, y la disposición de la información en reservorios de fácil acceso e interacción, en el marco de procesos de educación ambiental y la gestión del conocimiento.
INDICADOR 2: Porcentaje de gobiernos étnicos del Chocó Biogeográfico fortalecidos, mediante la generación de capacidades, la revisión, actualización e implementación de sus planes de etnodesarrollo y vida, así como con el desarrollo regular de sus espacios de decisión, la formación y protección de líderes ambientales y la promoción de la justicia ambiental.
INIDICADOR 3: Porcentajes de instituciones del Estado presentes en el Chocó Biogeográfico, en las cuales se generen capacidades para mejorar su relacionamiento y atención integral a las comunidades étnicas y campesinas, de tal manera que se concrete la implementación de oficinas especializadas y revisión de procedimientos que faciliten su acceso a los beneficios propuestos por el Estado, así como la atención directa en espacios geográficos ubicados dentro de la región.
INDICADOR 4: Número de instancias de concertación ambiental conformadas y en funcionamiento en las subregiones del Chocó Biogeográfico, como parte de un modelo de gobernanza inclusivo que, partiendo de las capacidades generadas, la información y el conocimiento gestionado y la asimilación de los conflictos socioambientales del territorio, tome decisiones para su transformación en oportunidades.
CONTEXTO GENERAL DE LA REGIÓN: BIODIVERSIDAD, ÁREAS PROTEGIDAS, CONDICIONES SOCIALES Y ECONÓMICAS,
CENTROS POBLADOS Y MOVILIDAD HUMANA
Población, centros poblados y movilidad humana:
La región tiene una ocupación principalmente de grupos étnicos (69,58%), los cuales gozan de unos territorios reconocidos legalmente, cuya titularidad reposa de manera colectiva en pueblos indígenas y negros, e individualmente en comunidades campesinas, adicionalmente la presencia de ecosistemas estratégicos, que por su estado de conservación se ha forjado la creación de figuras de protección ambiental del ámbito regional y nacional, y de la población civil, que resultan determinantes en la visión de desarrollo de todos y cada uno de los actores que tienen injerencia en el territorio, esto gracias a la cosmovisión de los consejos comunitarios y los resguardos indígenas, los cuales por tradición y ancestralidad, han adoptado un modelo de desarrollo basado en la racionalidad y el respeto hacia los recursos naturales, sumado al esfuerzo institucional. Así las cosas, se tienen títulos colectivos divididos en 174 consejos comunitarios de comunidades negras con una superficie de 5.696.577,73 ha y 223 resguardos indígenas que cubren un área de 2.161.212,43 ha, de las cuales 478.651,20 ha se encuentran en zonas de áreas protegidas registradas en el RUNAP y el 0,18% del área de la región corresponde a centros poblados. Figura 1.

Figura 1. Territorios colectivos negros e indígenas en el Chocó Biogeográfico
Una mirada integral a la región, muestra una simbiosis entre la población que la ocupa y su oferta ambiental, los diferentes procesos organizativos responden a la forma en que se relacionan entre sí, encontramos una correlación entre las áreas tituladas de los consejos comunitarios de comunidades negras, con la forma de las cuencas hidrográficas de la región, dado que sus asentamientos se encuentran principalmente en la zona aluvial de los ríos y quebradas y en la zona costera y determina la dinámica del territorio, pues la red de drenaje se configura en el eje articulador de sus modelos productivos, y es determinante en su conectividad, donde es protagonista el desplazamiento fluvial y marítimo.

Del mismo modo se encuentra la población indígena, que se asienta en las zonas de media y alta montaña, desde donde por cultura han conservado tanto el bosque como el nacimiento de la gran oferta hídrica con que cuenta el Chocó Biogeográfico colombiano, no solo por los altos niveles de precipitación, sino también por lo bien conservado que se encuentran algunos ecosistemas de la región, que favorecen el adecuado ciclo del agua, y es ahí donde radica la importancia de definir los modelos de relacionamiento basado en la oferta ambiental, como la base para un ordenamiento territorial en torno a la disponibilidad hídrica tanto en lo urbano, como en lo rural.
La estructura ecológica principal de la región muestra como los corredores biológicos permiten la interacción biocultural, así como la forma en que se mueven los pobladores por su dinámica social y económica. En este sentido encontramos unos centros poblados y ciudades que actúan como nodos regionales, entre ellos, Turbo y Apartadó al norte, en la región Caribe, donde se dinamiza la actividad económica y social de las subregiones del Bajo Atrato y del Urabá, al igual que San Francisco de Quibdó, que conecta esta zona a través del Río Atrato con la región Caribe, y desde donde se llega al interior del país mediante sus únicas vías de acceso al departamento del Chocó, con las rutas Quibdó – Medellín y Quibdó – Pereira.
De la misma manera, vía fluvial se conecta la ciudad de Istmina con Buenaventura en el Valle del Cauca, siguiendo el cauce del Río San Juan hasta el Litoral Pacífico y se llega vía marítima al principal puerto de Colombia, ya en Buenaventura encontramos una ciudad satélite de toda la costa Pacífica, tanto norte desde Juradó – Chocó, hasta Guapi en el Cauca y Tumaco en Nariño. De este modo existe una conexión Pacífico – Caribe, dinamizada por tres distritos: Buenaventura (Distrito Especial, Industrial, Portuario, Biodiverso y Ecoturístico), Turbo (Distrito Portuario, Logístico, Industrial, Turístico Y Comercial) y San Andrés de Tumaco (Distrito Especial, Industrial, Portuario, Biodiverso y Ecoturístico), así como una única ciudad capital de departamento, que tiene el Chocó Biogeográfico colombiano, San Francisco de Quibdó (Chocó), a través de la cual se conecta toda la región.
Biodiversidad:
En la ecorregión Chocó Biogeográfico se encuentran ecosistemas estratégicos marino costeros como manglares, pastos marinos, playas, humedales costeros, acantilados, arrecifes de coral y arrecifes rocosos (INVEMAR, 2023), 52.069,15 ha de humedales RAMSAR (Buenaventura, Bajo Baudó y El Litoral Del San Juan), complejos de ciénagas que ocupan 30.220,66 ha en las subregiones de Alto y Medio Baudó, Bajo Atrato, Medio Atrato, San Juan y Urabá, al igual que 5.274,37 ha de bosques secos en el Valle del Cauca, en el Cañón del río Patía y en la región Caribe en el Urabá, al occidente, en la zona de cordilleras encontramos ocho (8) páramos en una superficie de 82.088,6 ha y finalmente cerca del 66,1% cubierto de superficie de bosque húmedo (andino húmedo, basal húmedo, de galería basal húmedo y subandino húmedo) correspondiente a 5.931.684,01 ha (Ver Figura 2).

Figura 2. Ecosistemas estratégicos del Chocó Biogeográfico
De las aproximadamente 75.157 especies registradas en Colombia según el SIB (Sistema de Información Biológica), aproximadamente entre 7.000 y 8.000 (2.000 de los cuales son endémicas) se encuentran en el Chocó Biogeográfico. El registro de la diversidad de fauna es igualmente espectacular (800 especies de aves – 100 especies endémicas, 195 especies de anfibios – 88% de especies endémicas, de reptiles 210 – 47% endémicas y 180 especies de mamíferos – 6,6% endémicas) (Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo, 2012, pág. 9).
El ecosistema terrestre, abarca desde bosque húmedo tropical de tierras bajas hasta bosques montanos y páramos en las estribaciones de los Andes. Se pueden reconocer los siguientes tipos de cobertura dominante: Manglares, matorrales, pastizales húmedos, humedales y bosques aluviales, bosque húmedo de tierras bajas (bosque húmedo tropical), bosques montanos, páramos y bosques secos. Estos ecosistemas albergan un conjunto significativo de especies de distribución restringida o endémica, por lo cual esta región fue incluida dentro de las ecorregiones de máxima prioridad para la conservación global por Dinerstein[1].
El tipo de formación vegetal dominante consiste en bosques húmedos a pluviales de tierras bajas. Estos bosques predominantes tienen una estructura única. Se caracterizan por altas densidades de árboles pequeños y medianos, poca presencia de lianas y abundantes trepadoras hemiepífitas. En el Chocó Biogeográfico colombiano, los valores de endemismo ascienden a aproximadamente 2.000 especies y su riqueza florística oscila entre 8.000 y 9.000 especies de plantas vasculares de las 37.659 registradas para todo el país (SIB, 2023). Sólo para el departamento del Chocó en Colombia, Murillo y Lozano (1989) reportan 4.638 especies de plantas vasculares de 201 familias y 1.376 géneros. En el caso de la flora vascular, el aporte de esta región a los endemismos de Colombia puede estimarse en no menos del 25%. El grupo de las palmas (Arecaceae) ilustra esta riqueza. En la ecorregión están representados 34 géneros y 135 especies de palmas. Entre los géneros con mayor riqueza en la ecorregión se encuentran Geonoma con 19 especies, Chamaedorea 14, Aiphanes y Wettinia con 11 y Ceroxylon con 6 especies, de estas 135 especies 35 son especies endémicas de la ecorregión. Esta zona es también área de presencia de especies de palmas altamente amenazadas. Por ejemplo, en la zona norte del departamento del Chocó se encuentran tres especies de palmas (Coquitos) en Peligro Crítico de Extinción: Reinhardtia gracilis, R. simplex y R. koschnyana.
De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2012, la región se caracteriza por una elevada diversidad, singularidad biológica y un alto grado de endemismo de su fauna, este último considerado entre los más altos en el neotrópico (Haffer 1969, Haffer & Prance 2001, Mast et al. 1999, Prance & Haffer 2002, entre otros). La situación de amenaza sobre su extraordinaria riqueza y endemismo le ha significado el título de Área Crítica o “Hotspot” de la biodiversidad global. La ecorregión del Pacífico se muestra como una zona de gran importancia en endemismos de anfibios, ya que de las 331 especies registradas 230 son endémicas a la ecorregión[2]. Colombia aporta el número más alto de especies endémicas con 42,1% (97 especies). En esta zona aún sobreviven poblaciones aisladas de varias especies de ranas En Peligro Crítico de extinción, como la rana venenosa de Lehmann (Oophaga lehmanni) y la rana venenosa dorada (Phyllobates terribilis) (Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo, 2012, pág. 14).
La planicie Pacífico y la cordillera Occidental son también importantes zonas de llegada de aves migratorias de Norte América. Hay reportes de 86 especies de aves migratorias para la porción norte del departamento del Chocó. Entre estas se han observado especies en una categoría de amenaza de la UICN: Cardellina canadensis, Setophaga cerulea y Vermivora chrysoptera. Estas especies son un buen indicador de la importancia y el valor de la región del Chocó Biogeográfico para la conservación de la biodiversidad de importancia global (Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo, 2012, pág. 15).
Con relación al ecosistema acuático, la influencia andina a razón de variaciones de pendientes y gradientes de temperatura resulta en paisajes heterogéneos y disímiles, con una fuerte alternancia de climas templados a muy fríos, derivando en un gran patrimonio hídrico para la región, como resultado de la combinación entre sus condiciones geográficas, ecosistémicas y climáticas. Este patrimonio está representado y distribuido en sus dos grandes macrocuencas, Caribe y Pacífico, las cuales permiten no solo la navegabilidad de las poblaciones humanas, sino que se convierten en el hábitat de una gran diversidad biológica, que incluye los recursos pesqueros e hidrobiológicos que son la base de la seguridad alimentaria y productiva de las comunidades ubicadas en todas las zonas costeras (WWF, 2012).
IIAP en su documento Visión Pacífico 2016, registra que estas dos macrocuencas conectan todo el sistema hídrico continental de la región, constituido por cerca de 78 cuencas hidrográficas, de las cuales, seis (6) vierten al Caribe de manera directa (Atrato, León, Sinú, Acandí, Tolo y Mulatos) y 21 drenan directamente al Pacífico (Baudó, San Juan, Mira, Patía, San Juan del Micay), ríos de gran importancia por su extensión, su caudal y las dinámicas socioeconómicas asociadas, y Juradó, Cupica, El Valle, Nuquí, Purricha, Docampadó, Orpúa, Dagua, Anchicayá, Raposo, Mayorquín, Cajambre, Yurumanguí, Naya, Saija, Timbiquí, Guajuí, Guapi, Tapaje, Iscuandé, Caunapi Rosario, que son tributarios directos, estimado en 465.201 millones de metros cúbicos según la ENA (2010), la cual es elevada y constante en relación a la demanda de agua que solo alcanza 6.120 millones de metros cúbicos, lo que evidencia una alta disponibilidad de este recurso para su destinación en diferentes usos que incluyen consumo humano, actividades agrícolas, domésticas, y acuícolas industriales.
En este sentido, la región es compleja y dinámica, ya que en su estructura cuenta con ríos de vital importancia como el Atrato, eje fundamental de la región del Darién Atrato, que nace en el Cerro Plateado, Cordillera Oriental y desemboca en el Golfo de Urabá, es el río más caudaloso del mundo en relación al área que drena que es de 35.700 km2, con una longitud de 720 km, un caudal de 4.500 m3/s, el cual vierte además 11.300.000 t/año (Agudelo y Ramírez, 2016) de sedimentos al mar Caribe. Asimismo, se destaca el río Sinú que nace en el Nudo de Paramillo, a 3.500 m.s.n.m. y desemboca en Bocas de Tinajones, en la Bahía de Cispatá, Golfo de Morrosquillo, siendo el tercer río más importante de Colombia, con una longitud de 415 km y drena una cuenca de 13.700 km2. También hace parte de la región el río San Juan, que nace en la zona alta del municipio de Mistrató en el departamento de Risaralda en el Cerro de Caramanta, en la cordillera occidental de los Andes colombianos, sus aguas corren en dirección sur-occidente atravesando el departamento del Chocó y desembocando en el Pacífico, a través de un delta de unos 300 km2 denominado «Siete Bocas», que está situado a unos 60 km al noroeste del puerto de Buenaventura, alcanzando un caudal medio de 2.649 m3/s e incluyendo numerosas islas rodeadas de manglares y ecosistemas costeros (IDEAM, 2010).
Sumado a lo anterior, abundan en la región del Choco Biogeográfico, cuerpos de agua lénticos que constituyen la base del sostenimiento, tanto para las comunidades aledañas a éstos como para especies acuáticas al interior los mismos, que están representados en aproximadamente 169 ciénagas (52.288 Ha); 3 embalses (8.405 Ha) y 38 lagunas (8.518 Ha). Por otra parte, la región posee importantes reservas de aguas subterráneas representadas en acuíferos con aproximadamente 14.247 km2 IDEAM, ENA (2010), las cuales, al ser menos susceptibles a procesos de contaminación y degradación en comparación con las fuentes superficiales, representan una valiosa riqueza de fuentes alternas de agua para las comunidades (MADS & IIAP, 2016).
Así mismo, el recurso hídrico en la región contribuye un eje central de la conectividad a través del transporte fluvial; ya que estas fuentes hídricas se convierten en muchas zonas en el único medio de comunicación entre las comunidades, el desarrollo de sus principales actividades económicas, pesca, agricultura, extracción de madera (transporte de madera), extracción de recursos del bosque y la comercialización de sus productos que requieren de transporte a través de sus cauces primarios y secundarios. Otros servicios asociados al recurso hídrico en la región son el turismo y la recreación; haciendo uso de las características físicas y biológicas de los diferentes cuerpos de agua y sus bosques circundantes, la belleza y diversidad de sus paisajes, así como la calidad del agua, que los convierte en un destino de esparcimiento para poblaciones locales y foráneas, lo que les ha permitido a las comunidades obtener recursos económicos a partir del desarrollo de esta actividad. Sin embargo, este tipo de servicio presenta diversidad de potencialidades que no han sido aprovechadas en algunas zonas y que abarca otras opciones como la pesca deportiva, las caminatas y el avistamiento de la flora y la fauna (MADS & IIAP, 2016).
En el Sistema de Información sobre Biodiversidad Marina – SiBM, se cuentan más de 800 especies marinas entre los principales grupos de artrópodos, cordados, cnidarios, equinodermos y moluscos, sin embargo, esta cifra puede crecer exponencialmente al considerar bajar de nivel taxonómico los más de 4.570 registros biológicos reportados para los cuatro departamentos de la costa pacífica y de aquellos que aún no han sido registrados en el Sistema. A la fecha se han llevado inventarios de especies asociadas al ecosistema de manglar y el mapeo de dichos bosques, mediante imágenes de sensores remotos (tipo radar), de los cuales se ha despertado un interés en entender la diversidad genética, espacial y temporal del mangle negro o Iguanero (Avicennia germinans) y del mangle piñuelo (Pelliciera rhizophorae). De los inventarios se ha evolucionado a realización de estudios con un énfasis ecológico, entre ellos, patrones de distribución, preferencia por el sustrato de organismos asociados a intermareal rocoso y la biología reproductiva de algunos moluscos de importancia comercial como la Piangua (Anadara tuberculosa y A. similis) como una especie amenazada; así como la evolución y factores determinantes de la huella ecológica de la pesca de camarón blanco (Litopenaeus occidentalis) en el Pacífico colombiano.
Desde el INVEMAR se cuenta con información de alta valía proveniente de cruceros de investigación costa afuera cuyo objetivo principal es el levantamiento de información ambiental de línea base (Anexo 1). Los resultados obtenidos incluyen datos de biomasa y composición de comunidades de fitoplancton, zooplancton e ictioplancton, y su rol en la productividad de las aguas tropicales y subtropicales del Pacífico colombiano. Se cuenta con la descripción de comunidades bentónicas, tanto de macrofauna, como de epifauna y meiofauna, donde se incluyen numerosos reportes para nuevos registros y nuevas especies para el Pacífico colombiano e incluso para el Pacífico Oriental Tropical, adicionalmente, se cuenta con información extraída de fotogramas de video obtenidos mediante ROV, con los que se identificaron tanto macrohábitats como la fauna asociada a estos. En cuanto a la megafauna, se cuentan con las observaciones de fauna marina que permitieron la detección de numerosas especies de mamíferos marinos, algunos con registros escasos para el área, y otros con alto grado de representatividad debido a su categoría de amenaza; del mismo modo se detectaron especies avifaunales tanto marinas como migratorias y tortugas marinas, caracterizadas por un alto valor ecológico debido a su rol como transportadores de energía entre ecosistemas. Adicionalmente se cuentan con detecciones de ADN ambiental que, siendo una herramienta no invasiva, permite la detección de especies y a partir de la cual se puede determinar la conectividad de dichas especies con los ecosistemas. Por último, se cuenta con un cepario de 338 microorganismos (bacterias y hongos) asociados a sedimentos de las desembocaduras de los ríos San Juan Baudó y Atrato y estudios de ADN para conocer la biodiversidad microbiana con fines en bioprospección. Se deben implementar estudios moleculares que involucran biodiversidad marina y costera en el Chocó Biogeográfico, los cuales son muy escasos, con algunas investigaciones enfocadas principalmente en los grupos biológicos de peces, moluscos, algas y equinodermos. El INVEMAR ha realizado investigación sobre la delimitación taxonómica de especies a partir de obtención de 20 códigos de barras y 38 secuencias genéticas publicadas en BoldSystems, pertenecientes a equinodermos (29) y peces (9) del Pacífico colombiano.
Adicionalmente, los cuerpos de agua en la región tienen un componente sociocultural asociado, ya que además del desarrollo de actividades productivas, domésticas, transporte, consumo y recreación, las fuentes hídricas son también utilizadas para el desarrollo de fiestas culturales y el desarrollo de ritos sagrados, lo que ha permitido la conservación de prácticas culturales y conocimiento tradicional relacionado con el uso del agua y de la biodiversidad presente en los ecosistemas hídricos (MADS & IIAP, 2016).
Se han realizado investigaciones con implicaciones de manejo y conservación en temas pesqueros, tanto a escala artesanal como industrial. No obstante, en los últimos años se han iniciado estudios en usos de carácter no extractivo con potencial aprovechamiento de la biodiversidad de manera directa y contemplativa. En este sentido, con el apoyo de Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación –Minciencias y con las Fichas BPIN del MinAmbiente, el Instituto viene adelantando el estudio de microorganismos asociados a las desembocaduras de los ríos San Juan, Baudó y Atrato para aumentar el conocimiento de la biodiversidad y la búsqueda de bacterias u hongos de interés para la degradación de mercurio y metales pesados como cadmio, plomo y zinc. Estos estudios materializan la investigación en bioprospección marina con fines de identificar compuestos de interés que viabilicen usos en el área de salud, ambiente y la industria. A estas actividades se han vinculado la Universidad Tecnológica del Chocó Diego Luis Córdoba –UTCH y el Consejo Comunitario Integral de Lloró (Cocoillo); en una muestra de trabajo con los actores locales con intención de contribuir a la construcción de capacidad e intercambio de conocimiento científico y tradicional.
Otras áreas que se han trabajado es la realización de estudios socioeconómicos, de valoración integral destinada a la generación de medios de vida en ecoturismo y cadenas de valor en pesca con enfoque de género. Este tipo de estudios deben aún expandirse debido a que son muchos los servicios ecosistémicos de la costa del Pacífico que deben valorarse para contribuir a generar estrategias de aprovechamiento sostenible y minimizar el impacto sobre algunos de ellos sometidos a usos puntuales e intensivos. No en vano, los municipios marino-costeros del litoral Pacífico colombiano registran índices altos de pobreza y necesidades básicas insatisfechas (BanRepública, 2008). Adicionalmente, sustentan sus economías en actividades extractivas y el aprovechamiento directo de recursos pesqueros y madereros (BanRepública, 2008). Esto se ve reflejado en bajos índices de competitividad departamental dado el bajo nivel de desarrollo de medios de vida y bajo valor agregado de sus productos y servicios (CPC, 2022). Esta problemática sugiere un desaprovechamiento de la biodiversidad de la región y sus servicios ecosistémicos, los cuales son capital natural fuente potencial de productividad para el desarrollo de las comunidades que dependen de los recursos. Parte de esta problemática se deriva del desconocimiento del valor integral de la naturaleza, sus posibilidades de aprovechamiento directo e indirecto y de la identificación de diferentes fuentes de ingreso y desarrollo sostenible en los territorios del Pacífico.
Finalmente, como antes se mencionó la pesca es un servicio ecosistémico de aprovisionamiento que da empleo directo a aproximadamente 45.000 personas, parte de ellas mujeres que extraen ancestralmente especialmente de recursos moluscos. El Pacífico históricamente ha producido en pesca 5 veces lo capturado en el Caribe colombiano, generando empleo, seguridad alimentaria e ingresos, sobre la base de una productividad oceánica ligada a mecanismos estacionales de surgencias y oferta de biomasa amparada en ecosistemas como los manglares, sistemas deltaicos y riscales. Las investigaciones realizadas por INVEMAR con base en prospecciones pesqueras o cruceros de investigación co-financiadas por la AUNAP, han mostrado una oferta potencial de recursos como los calamares, jaibas, atunes, dorados, otros peces grandes pelágicos, así como peces demersales y crustáceos como camarones de aguas someras y profundas. También estas investigaciones han mostrado la necesidad de reducir el impacto de la pesca a través de mejoras tecnológicas de algunos artes de pesca y buenas prácticas de pesca por medio de acuerdos de pesca que con un enfoque de comanejo hacen posible la adopción de medidas como tallas mínimas, vedas espacio-temporales, cuotas de pesca, y niveles óptimos de esfuerzo. Estudios de caso como la pesca de camarón de aguas profundas, demostraron que, con esta aproximación, se logra mantener niveles rentables de pesca predichos por modelos bioeconómicos pesqueros. Actualmente, se trabaja con la FAO en proyectos más transdiciplinarios en pesca, abordando asuntos sociales y económicos como la protección social del pescador artesanal y la evaluación de pérdidas de alimentos provenientes de la pesca. Lo anterior guiados hacia los objetivos de desarrollo sostenible ligados al consumo responsable, hambre cero y vida submarina.
Condiciones sociales
En Colombia, el mapa de la pobreza coincide con las regiones donde hay mayor densidad poblacional indígena y afrocolombiana, como en el Chocó Biogeográfico. Los aportes productivos y socioculturales de los pueblos indígenas y las comunidades negras no se corresponden con sus avances en términos de desarrollo humano. Así ha sido históricamente y continúa siendo después del reconocimiento de resguardos y de títulos colectivos, y de los procesos de autogobierno y autonomía emprendidos por parte de los cabildos y consejos comunitarios mayores. Hay pobreza y miseria en centros urbanos como Quibdó, Buenaventura, Tumaco, Guapi, acentuadas en las áreas rurales de las cuencas hidrográficas. El rezago en los principales indicadores socioeconómicos evidencia el bajo nivel de disfrute tanto de los derechos ciudadanos como de sus derechos étnico-territoriales particulares, especialmente por parte de las mujeres, los jóvenes y la población infantil, lo cual se ha agudizado durante los últimos años a causa del conflicto armado y el despojo de los territorios colectivos. Entre las consecuencias se identifican las menores oportunidades que tienen los indígenas y los afrocolombianos para el acceso y el disfrute de los bienes y servicios públicos.
Distintos análisis reiteran los resultados y tendencias sobre las brechas que separan a estos pobladores del resto de la población nacional. Según los datos del DANE para el año 2020, el Chocó Biogeográfico presenta un índice de pobreza monetaria de 68,6%, dato mayor que el valor promedio nacional de este indicador (42,5%).
Según los datos disponibles, la tasa de desnutrición infantil en la región del Chocó Biogeográfico es alarmantemente alta, con una prevalencia de desnutrición aguda moderada o severa en menores de cinco años que supera el 10%. Para ser más específicos, según el Instituto Nacional de Salud (INS) en su informe de desnutrición aguda moderada y severa en menores de cinco años, la tasa de desnutrición aguda moderada o severa en la región del Pacífico, que incluye parte de la región del Chocó Biogeográfico, fue del 11,2% en el año 2020. No obstante, se ha presentado un aumento de 17,7% entre 2021 y 2022 en el reporte de casos de desnutrición aguda en niños y niñas menores de 5 años de los departamentos de la región pacífica.
Otro indicador que da cuenta de las difíciles condiciones de vida y los riesgos en la salud para las poblaciones en el Chocó es la mortalidad materna. Para el 2021, a nivel nacional, el índice fue de 83,16 mujeres muertas por cada 100.000 nacidos vivos, mientras que el Chocó registró una tasa de 187,70 mujeres muertas por cada 100.000 nacidos vivos, es decir, el doble del promedio nacional. Por su parte, Nariño registró una tasa de 105,96 mujeres muestras por cada 100.000 nacidos vivos. En materia de salud, los mayores riesgos para las embarazadas en el Chocó biogeográfico los presentan las mujeres chocoanas y nariñenses.
Las altas tasas de morbilidad y mortalidad, especialmente infantil, se asocian a factores sanitarios y ambientales (contaminación de las aguas, precariedad en los sistemas de saneamiento básico). La mayor parte de las cabeceras urbanas del Chocó biogeográfico se caracterizan por el déficit histórico en infraestructura para la prestación de servicios esenciales. El promedio regional de viviendas sin servicios básicos es del 25,36%, mientras que en el resto del país es de 18,84%.
De acuerdo con las estimaciones del Departamento Nacional de Planeación (DNP) basadas en el censo de 2005, el 18,50% de los hogares en Colombia tenían analfabetismo encontrándose diferencias estadísticamente significativas entre el valor nacional y los valores de los departamentos que integran la región del Chocó Biogeográfico. Córdoba, Chocó, tenían porcentajes de analfabetismo mayor que el nacional. La situación es mucho más inequitativa cuando se comparan los indicadores de analfabetismo entre la población urbana y rural de la región. La población analfabeta residente en la zona rural del Cauca superó en 1,8 veces la que se encuentra en las cabeceras del departamento, siendo esta razón de 2 veces en el Chocó, 1,9 veces en Nariño, 1,7 veces en Córdoba, 1,8 veces en Antioquía, 2,6 veces en Risaralda y de 1,7 en el Valle del Cauca.
A la fecha, los municipios de la región con mayor proporción de población analfabeta son Alto Baudó (28.61%), Río Iró (27,95%), Medio Baudó (27,70%), en el Chocó; seguidos de Bagadó (25,87%), Lloró (25,47%), Bajo Baudó (25,27%), y Medio Atrato (22,93%), ubicados en el mismo departamento; Ricaurte y Barbacoas en Nariño, con tasas de analfabetismo entre el 23,11% y el 22,74%; Mistrató y Pueblo Rico en Risaralda, con tasas de 22,68% y 21,44% respectivamente; Murindó en Antioquía con 22,69%. En tal sentido, se evidencia una mayor incidencia del analfabetismo en el área Litoral del Chocó biogeográfico, en donde 29 de 44 municipios exponen una tasa de analfabetismo superior al 15,0%, en contraste con el Chocó biogeográfico andino en donde sólo 3 municipios presentan esta situación.
En relación con el bajo logro educativo, medido a través de la escolaridad promedio de las personas que tienen 15 años y más, se observa un elevado porcentaje de miembros en los hogares que cuentan con menos de 9 años escolares cursados. Al igual que el analfabetismo, esta situación incide directamente en la baja capacidad de inserción laboral de los jóvenes, la perpetuación de las inequidades y la transmisión intergeneracional de la pobreza. La mayor afectación se presenta en la zona rural por su difícil geografía y su baja conectividad vial, la debilidad institucional de los gobiernos locales, las dinámicas del conflicto y de las actividades ilícitas (Ramírez, Martínez, & Sabogal, 2015), que impide la culminación de los ciclos escolares.
Preocupa que la mortalidad prevenible y la discapacidad evitable se haya incrementado por el poco acceso a los servicios de salud, especialmente la mortalidad materna, la mortalidad infantil, la mortalidad por malaria, el suicidio, la sífilis congénita, entre otras. Si bien hay una ausencia marcada de datos para los 7 departamentos que integran la región, es posible entrever que para el 2020 el promedio departamental correspondiente a la mortalidad infantil en menores de 1 año por cada 1000 nacidos vivos alcanza una tasa de 11,54 situación que se agrava en los departamentos de Chocó y Córdoba en donde ostentan un promedio de 15,5 niños fallecidos por cada 1000 nacidos vivos. Esta realidad se repite al analizar la información sobre mortalidad en menores de 5 años por enfermedad diarreica aguda (EDA). Complementariamente, la Población Pobre No Afiliada (PPNA) al sistema de salud de la región del pacífico que pertenece al Chocó Biogeográfico, alcanzó en 2019 las 65.167 personas, de las cuales el 41,3% se encontraban localizadas en el Valle del Cauca, el 29,4% en Nariño, el 14,8% en el Cauca, y el 14,5% en el Chocó.
Actualmente, el 26,7% de los municipios del Chocó registran tasas de cobertura en salud inferiores al 50%; estos municipios son: Alto Baudó, Atrato, Cértegui, El Carmen de Atrato, Medio Atrato, Medio San Juan, Río Iró y Unión Panamericana. En el año 2019, la PPNA al sistema de salud de este departamento alcanzó las 9.457 personas, de las cuales los municipios de Quibdó y Alto Baudó concentran el 34,9%. El Departamento de Nariño los municipios de El Charco, La Tola, Magüí, Mosquera, Francisco Pizarro y Roberto Payán, presentan tasas de cobertura inferiores al 50,0%. Lo anterior exige un replanteamiento en la forma de prestar los servicios de salud en la región, a partir del reconocimiento de la diversidad cultural y el fortalecimiento de los saberes y prácticas ancestrales ejercidas por las diferentes comunidades étnicas. Dicha situación plantea la necesidad de incluir un enfoque intercultural como componente transversal en lo referente a servicios de salud, cuya implementación debe organizarse en cooperación con los pueblos involucrados, teniendo en cuenta su situación económica, geográfica, social y cultural, así como sus métodos de prevención, sus prácticas curativas y sus medicamentos tradicionales (OPS, 2017).
En la región, la fuente de aprovisionamiento principal es agua de lluvia y corrientes superficiales que tiene problemas ambientales por contaminación multicausal. Por otra parte, en algunas de las comunidades se ha evidenciado la existencia de sistemas de agua fuera de funcionamiento o insuficientes, así como servicios higiénicos y de agua por reparar en establecimientos de salud y servicios educativos. A pesar de lo anterior, se percibe un mejoramiento de la cobertura en toda la región, tomando como punto de referencia el año 2018, en el departamento del Chocó hay un promedio de cobertura de 73.18%, en Nariño del 57.18%, en el Valle del Cauca de 72.86% y en el Cauca de 42.70%. Es preciso enfatizar que estos datos, si bien muestran cobertura, no describen la calidad en la prestación de los servicios. En alcantarillado, los datos muestran promedios más bajos y una evolución más lenta desde el censo 2005 del DANE, siendo en algunos casos negativa. Para el Chocó, en el año 2018 hay un promedio de cobertura de 63.67%, en Nariño del 34.60%, en el Valle del Cauca de 60.86% y en el Cauca de 30.27%.
La dinámica del conflicto armado interno en Colombia está aumentando y con ello, el impacto humanitario sobre la población civil. Los grupos armados no estatales (GANE) han incrementado su presencia y control después de la firma del Acuerpo de Paz con las FARC-EP, particularmente en las áreas del Chocó Biogeográfico, en las cuales el 69% de la población en zonas rurales de los departamentos de Chocó, Valle del Cauca, Cauca, Nariño y el noroccidente Antioqueño, vive bajo la influencia y/o control de los GANE (que representa a 2 millones de la población total del país), según la Defensoría del Pueblo.
El conflicto se ha intensificado debido al aumento de los enfrentamientos entre los GANE a medida que se disputan el control del territorio. Esta región alberga el 85% de los desplazamientos masivos y confinamientos reportados en el país, 15,806 personas afectadas por desplazamientos masivos (67% del total nacional), 6% población indígena y 60% afrocolombiana. 51,421 personas afectadas por confinamientos (93% del total nacional;), 63% población indígena y 26% afrocolombiana, incrementándose estas dinámicas de violencia para el 2022, lo cual constituye un indicador en la intensidad del impacto humanitario del conflicto en esta región[3].
El reclutamiento y la utilización de menores se ha incrementado, 77% de los municipios de Chocó y 33% de Nariño enfrentan un alto riesgo de sufrir incidentes de reclutamiento, utilización y violencia sexual[4], así como la violencia selectiva, que incluye homicidios, masacres, torturas, violencia sexual, secuestros y ataques a líderes y lideresas indígenas y afrodescendientes. El 50% del total de casos de violencia sexual en el conflicto armado se registraron en 2021 en la Costa Pacífica (Unidad para las Víctimas – UARIV, 2022). Esta situación, ha provocado desplazamientos forzados masivos e individuales y el debilitamiento de las estrategias de protección de las comunidades. 19 desplazamientos, 21 confinamientos, y 32 restricciones a movilidad se han registrado desde julio de 2021 a abril de 2022 debido a accidentes y presencia de MAP y MUSE. El 64% de las víctimas de accidentes con MAP/MUSE registrados entre octubre de 2021 y marzo 2022 se presentaron en la Costa Pacífica.
Las organizaciones indígenas denuncian un aumento del número de suicidios entre adolescentes y mujeres indígenas, para evitar el reclutamiento, uso y utilización por parte de los grupos armados no estatales, así como la continua violencia sexual relacionada con el conflicto, varios individuos recurren a quitarse la vida, lo que ilustra la desesperanza de la población afectada. Mientras tanto, los GANE aplican cada vez más su estrategia de ocupación de viviendas y escuelas para reforzar el control social sobre la población.
Aunque los desplazamientos masivos siguen siendo recurrentes, las comunidades tienden a desplazarse masivamente con menos frecuencia, esto en vista de que los GANE utilizan a la población civil como escudos humanos para protegerse de los bombardeos y otras acciones militares de la fuerza pública, amenazando a la población para evitar su desplazamiento masivo, lo cual a su vez ha incrementado los desplazamientos individuales o gota a gota, los cuales en la mayoría de los casos no se denuncian. Simultáneamente, los GANE están recurriendo a un mayor uso de minas antipersonales (MAP) y municiones sin explosionar (MUSE) en torno a las comunidades y bienes protegidos por el Derecho Internacional Humanitario (DIH).
En un contexto de múltiples afectaciones humanitarias como lo de la costa Pacífica, la violencia basada en género (VBG) en todas sus formas, no representa sólo una consecuencia de la emergencia humanitaria, sino también un detonante de ella, siendo por ejemplo causa de desplazamientos forzados, también corresponde mencionar que en las emergencias humanitarias la violencia por parte de la pareja intima aumenta, siendo las mujeres las principales afectadas. Los actores humanitarios han estimado (PIN) que en el Eje Pacífico, en el 2022 más de 830 mil mujeres y niñas están siendo expuestas a niveles severos (25%), extremos (46%), y catastróficos (29%) de VBG, siendo especialmente afectadas mujeres adultas, seguidas por niñas y adolescentes, y adultas mayores, con picos en Los Baudós, Istmina, Medio y Litoral San Juan para Chocó; Buenaventura y Dagua para Valle del Cauca; López de Micay y Argelia para Cauca; y Tumaco, Magüí, Roberto Payan, Policarpa, Barbacoa y El Charco para Nariño.
Entre los grupos armados que hacen presencia en el Chocó Biogeográfico colombiano, se destacan: las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), El Ejército de Liberación Nacional (ELN), las disidencias de las FARC, Otros Grupos post AUC y Grupos Delincuenciales Organizados (GDO).
El Grupos de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), opera en el Chocó Biogeográfico bajo la siguiente disposición territorial: en la región del Urabá antioqueño, especialmente en los municipios de Apartadó, Carepa, Chigorodó, San pedro de Urabá, Necoclí, Turbo, Mutatá, Murindó y Vigía del Fuerte, se encuentra la estructura Carlos Vásquez. En la parte suroccidental se encuentra el frente occidente del Clan del Golfo, el cual comprende los municipios de Uramita, Cañasgordas, Dabeiba[5]. Mientras que en el municipio de Turbo está ubicada la subestructura Juan de Dios Úsuga[6]. Finalmente, las AGC también hacen presencia en los municipios de Abriaquí, Uramita y Urrao. En Chocó, se ha fortalecido la presencia de las AGC en los límites con Antioquia, para dominar la exportación de cocaína hacia Asia y Centroamérica. Esta ruta recorre los municipios de Juradó, Bahía Solano, Nuquí y Bojayá (Chocó), Murindó, Vigía del Fuerte, el Valle de Aburrá y las subregiones de occidente y suroeste de Antioquia en municipios como Urrao y Frontino[7]. Actualmente, en Unguía, actúa la estructura Efrén Vargas Gutiérrez, así mismo Acandí y Riosucio registran como las zonas de mayor presencia de las AGC. La estructura Pablo José Montalvo Cuitiva[8], que también actúa en Carmen del Darién. Finalmente, las AGC hacen presencia también en el departamento del Chocó en los municipios de Quibdó, Alto Baudó, Bajo Baudó, Medio Baudó, Bojayá, Medio Atrato, Medio San Juan, Istmina, Nóvita, Condoto, Sipí, Lloró, Bagadó, Cantón de San Pablo, Cértegui, Río Quito, Nuquí, Bahía Solano, Juradó, Río iró, Tadó, Carmen de Atrato, Unión Panamericana, Litoral del San Juan y San José del Palmar, y Buenaventura en el Valle del Cauca.
Del mismo modo, las AGC tendrían el control de la siembra, producción y exportación[9] de coca en distintos municipios del Chocó Biogeográfico Cordobés, entre los cuales están Tierralta y Valencia, este último bajo un amplio dominio de las AGC, donde también ejercen cobro de impuestos[10]. En estos municipios se estarían ubicando los frentes Rubén Darío Ávila y Juan de Dios Úsuga de las AGC, que se mueven en Antioquia. La disputa por la zona sur del departamento de Córdoba se debe a que es una ruta que conecta al occidente con el Chocó y Urabá, al norte con la costa atlántica y al sur con el centro del país, adicionalmente allí se ubican cultivos de uso ilícito. Su importancia radica en que los municipios de Tierralta en Córdoba y Dabeiba en Antioquia hacen parte del área que conforman el Nudo de Paramillo, que sirve como refugio (dadas las dificultades de acceso) para actores ilegales. Por su parte, la idea de las AGC es concentrar su poder en los municipios de Tumaco, Maguí Payán, Roberto Payán, Barbacoas, Ricaurte, Cumbitara y Policarpa, siendo que desde allí es posible acceder a rutas que conducen al sur del departamento de Nariño, municipios de la costa pacífica, además conectan con Putumayo, Cauca, Huila y Ecuador.
El Ejército de Liberación Nacional (ELN), se ubica en Frontino, Urrao, Murindó, Vigía del Fuerte en el departamento de Antioquía; al igual que en los municipios de Tumaco, El Charco, Santa Bárbara de Iscuandé, Olaya Herrera, Maguí Payan, Roberto Payan, Barbacoas, Ricaurte, Mallama en Nariño; Mistrató y Pueblo Rico en Risaralda; Buenaventura, El Dovio, Calima Darién en el Valle del Cauca. Finalmente, en los municipios de Riosucio, Carmen del Darién, Quibdó, Alto Baudó, Bajo Baudó, Medio Baudó, Bojayá, Medio Atrato, Medio San Juan, Istmina, Nóvita, Condoto, Sipí, Lloró, Bagadó, Cantón de San Pablo, Cértegui, Río Quito, Tadó, Carmen de Atrato, Unión Panamericana, Litoral del San Juan y San José del Palmar en el departamento del Chocó.
Por su parte, las disidencias de las FARC hacen presencia en los municipios de Guapi, López de Micay y Timbiquí en el departamento del Cauca; en el municipio de Tierralta en Córdoba; en los municipios de Tumaco, Francisco Pizarro, Mosquera, El Charco, La Tola, Santa Bárbara de Iscuandé, Olaya Herrera, Maguí Payan, Roberto Payan, Barbacoas, Ricaurte, Policarpa, Cumbitara, Mallama en Nariño; y en los municipios de Buenaventura, El Dovio, Restrepo, Dagua, Calima Darién en el Valle del Cauca.
Otros Grupos post AUC hacen presencia en el municipio de Tumaco en Nariño; Buenaventura y Dagua en el Valle del Cauca. Así como otros GDO con fuerte presencia en los municipios de Quibdó en el departamento del Chocó y Tumaco en Nariño.
Áreas protegidas del Sistema Nacional
En la región del Chocó Biogeográfico existen alrededor de 135 áreas protegidas que abarcan una superficie de aproximadamente 1.947.533,59 ha., dentro de las cuales hay declarados 9 Parques Nacionales Naturales, 1 Santuario de Fauna y Flora, 7 Parques Naturales Regionales, 18 Reservas Forestales Protectoras (13 Nacionales y 5 Regionales), 18 Distritos Regionales de Manejo Integrado, 1 Distrito Nacional de Manejo Integrado, 1 Distrito de Conservación de Suelos (figuras públicas de protección), alrededor de 35 Reservas de la Sociedad Civil (figuras privadas de protección) y otras figuras de protección (tabla 1). La región del Chocó Biogeográfico posee el 3,94% del Sistema Nacional de Áreas Protegidas con 1.947.533,59 ha declaradas de las 49.358.639,15 ha que reporta el RUNAP para el territorio colombiano a diciembre de 2022)[11].
Este mismo dato muestra que la región tiene aproximadamente el 14% de su superficie continental como parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas, así como el 49% de su superficie marina. Integrando lo marino con lo continental, la región tiene declaradas como áreas protegidas en el Sistema Nacional, aproximadamente el 40% de su territorio.
Tabla 1. Áreas protegidas declaradas y reportadas por el SINAP

Las áreas protegidas declaradas en el Chocó Biogeográfico se distribuyen abarcando la variedad de ecosistemas presentes en todo el gradiente de la región. En este sentido, Existen áreas que se extienden desde la parte marina hasta el bosque húmedo, cubriendo ecosistemas coralinos, acantilados, islotes, extensas playas, manglares, esta gama de ambientes los encontramos dentro de las siguientes figuras PNN Sanquianga, Uramba- Bahía Málaga, Utría; el Santuario de Flora y fauna Playón y Playona, el PNR la Sierpe, el DNMI Cabo Manglares Bajo Mira y Frontera, los DRMI Isla Ají, Encanto de los manglares del Bajo Baudó, Tribugá-Cabo Corrientes, La Playona – Loma la Caleta y la Plata declarados de sur a Norte en los departamentos Nariño, Valle del Cauca y Chocó.
La necesidad de brindar mejores indicadores de manejo de la biodiversidad de las áreas marinas protegidas, al igual que la creación de nuevas áreas, ha incentivado en la última década, estudios sobre las formaciones coralinas, cambios en su cobertura, fauna estructurante y asociada al igual que amenazas a su estabilidad como fenómenos ambientales que afectan su cobertura, impiden el reclutamiento, incentivan enfermedades y propician la invasión de especies exóticas invasoras, al igual que mecanismos de función natural como la bioerosión.
Se suman también la documentación de la fauna criptobentónica, macrofauna bentónica somera y profunda, esponjas, algas y peces, cuyo entendimiento de estos últimos en su asociación con los riscales, determinan la base del sustento ecológico de la pesca en la región norte. Las salidas a campo regulares y expediciones científicas a lugares remotos, han permitido documentar inventarios de lagartos, aves marinas y la anidación de tortugas marinas, al igual que comenzar a entender la importancia de la ecología de elasmobranquios del área, la productividad planctónica y condiciones oceanográficas locales y los primeros registros de elefantes marinos y el elusivo cachalote enano, mediante técnicas de detección de ADN ambiental y el conocimientos biológico de pescadores de Juanchaco‚ Ladrilleros y la Barra‚ Valle del Cauca.
Hacia la zona continental, cubriendo extensas áreas de bosque inundable (ciénagas y pantanos) y bosque húmedo tropical encontramos el PNN los Katíos y el DRMI Lago Azul los Manatíes en el departamento del Chocó, hacia las colinas y cerros generalmente se ubican las Reservas Forestales Protectoras Nacionales y Regionales; parte del Bosque Seco se encuentra dentro del DMI Enclave Subxerofítico de Atuncela y cubriendo las zonas andinas y altoandinas incluyendo los complejos de páramos hay una serie de figuras que incluye PNN Munchique, Farallones de Cali, Tatamá, las Orquídeas, Paramillo, los PNR, Volcán Azufral Chaitan, Páramo del Duende y Corredor las Alegrías entre otras figuras.
A pesar de lo anterior, mucha de la representatividad de los ecosistemas necesarios de protegerse se encuentra en los territorios colectivos étnicos, cuyos gobiernos propios, a pesar de la guerra, la ilegalidad y la pobreza, los mantienen en buenas condiciones de salud ambiental, pero además los conservan mediante figuras propias de sus gobiernos autónomos. La conservación de estas áreas, además de la justicia del planeta frente a tanta gente que ha sacrificado su bienestar para garantizar la protección de la biodiversidad contenida en los bosques y los ecosistemas hídricos, debería tener como respuesta una apuesta de generación masiva de empleo asociado a la conservación, la cual debe ser financiada por el Estado colombiano, pero principalmente porque la cooperación internacional, en compensación por una contribución histórica de las comunidades étnicas del Chocó Biogeográfico al planeta entero.
Los PNN y los DRMI son las figuras de conservación que mayor superficie aportan a las Áreas Protegidas (70,7%), distribuyéndose en todos los departamentos de la región, abarcando extensas áreas traslapadas en más de un departamento en algunos casos; el PNN Paramillo se distribuyen en los departamentos de Antioquia y Córdoba, el PNN Tatamá entre Chocó y Risaralda. Las RSC son figuras privadas de protección que, aunque abarcan la menor proporción de área, en los últimos años han aumentado significativamente. Sin lugar a dudas los DRMI que aunque dentro de su zonificación poseen áreas de uso múltiple donde se permite el desarrollo de actividades productivas, también posee zonas de preservación en donde se asegura la conservación de especies sombrillas u objetos de conservación; en la declaratoria de esta categoría, las comunidades juegan un papel preponderante, pues muchas de estas figuras han sido propuestas por los mismos consejos comunitarios y Resguardos indígenas tratando de salvaguardar el territorio de actividades de gran impacto.
Es importante destacar que, en los últimos tiempos gracias al liderazgo de las comunidades étnicas comprometidas con la protección del conocimiento ancestral de sus pueblos, muchas de las áreas protegidas declaradas tienen como principios básicos la conservación de la biodiversidad del territorio, pero también los usos sostenibles de los ecosistemas, enfocándose en la reconversión productiva y alternativas como el ecoturismo, el turismo de naturaleza y la producción sostenible, para garantizar la seguridad alimentaria de quienes habitan las áreas declaradas o en cercanías a éstas.
Respecto a las figuras de protección complementarias, en la actualidad hay declaradas para la región del Chocó Biogeográfico 27 Áreas Importantes para la Conservación de Aves (AICAS), representadas en los 7 departamentos que conforman la región las cuales representan 23,5% del territorio nacional (SIAC 2023); 1 humedal Ramsar en el departamento del Chocó (Delta de los ríos Baudó y San Juan), uno de los 9 reportados para el territorio colombiano; 1 Reserva de la Biosfera (Tribugá-Cupica-Baudó), la primer Reserva de Biosfera del Pacífico Colombiano y 1 Sitio de Patrimonio Natural Mundial (PNN Katíos) declarado por la UNESCO. Es importante destacar que las figuras complementarias se traslapan con las áreas protegidas del SINAP y cubren en gran proporción el área designada a éstas.
Otra figura que es importante destacar es la Zona Exclusiva de Pesca Artesanal (ZEPA) y su Zona Especial de Manejo Pesquero (ZEMP) que, si bien no son áreas protegidas, su declaratoria ha favorecido el uso sostenible del recurso pesquero en el norte del Pacífico colombiano. Por otro lado, existen ecosistemas que por su naturaleza bien sea como productores de agua como los páramos o altamente productivos como los manglares, están amparados por la legislación colombiana, en el caso de los primeros, todos los páramos del país están delimitados, lo que obliga a las corporaciones a formar comisiones conjuntas para la elaboración e implementación de sus planes de manejo; en el caso particular de los manglares, el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible a través de las resoluciones 694 de 2000 y 1263 de 2018 determina que por la especial importancia ecológica que poseen estos ecosistemas, en el territorio colombiano es necesario caracterizarlos zonificarlos, identificar regímenes de uso y monitorearlos, con el propósito de disminuir las presiones y adoptar estrategias que permitan restablecer las áreas que por diversas acciones han sido diezmadas en las últimas décadas.
Existen otras estrategias efectivas de conservación basadas en áreas (OMEC), constituye una oportunidad para reconocer y visibilizar las múltiples iniciativas que son impulsadas desde hace décadas por actores sociales en diferentes regiones del país, para conservar la biodiversidad y proteger el territorio. En Colombia existen diversas estrategias de conservación, las cuales se vienen conformando a partir de iniciativas locales y comunitarias. Sin embargo, estas iniciativas solo fueron reconocidas a nivel internacional y nacional en el Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020, en donde los países firmantes del CDB establecieron el compromiso de conservar una proporción de área continental (17 %) y de zonas marinas y marino costeras (10 %), mediante la creación de áreas protegidas conectadas y las OMEC.
De igual manera, en las metas Aichi se señala una ruta para detener la pérdida de la biodiversidad hacia el 2020, que ratifica que la conservación puede hacerse a través de los sistemas de áreas protegidas y de las OMEC. En el Chocó Biogeográfico se conocen tres estrategias en donde han participan consejos comunitarios, comunidades indígenas y campesinos, respectivamente; estas son la Zona Exclusiva de Pesca Artesanal (ZEPA) en el norte chocoano, en el municipio de Bahía Solano, se conserva un área de 120 km de costa y 2,5 millas mar adentro, con un enfoque en el manejo del recurso pesquero. En Valle del Cauca, la Asociación de Usuarios de Aguas del Río Guabas (Asoguabas), realizaron el plan de fortalecimiento de La Reserva La Cecilia, la cual comprende 480 hectáreas, asociadas a 31 predios[12], y se postuló ante el MADS la Unidad Ambiental Costera del Complejo de Málaga – Buenaventura con un área de 621.693,5 ha.
Por otro lado, existen estrategias de conservación que aún no cuentan con ningún reconocimiento, ni registro ante el Estado, por lo cual no son incluidos en las estadísticas que se asocian a conservación, estos son los sitios sagrados de comunidades indígenas y sitios de respaldo de comunidades negras, estas áreas generalmente corresponden a ecosistemas que albergan altos índices de biodiversidad y en muchos casos son cerros y humedales de gran importancia sociocultural. En la Figura 3 se muestran las áreas protegidas del SINAP para el Chocó Biogeográfico.

Figura 3. Áreas protegidas del Chocó Biogeográfico- incluir áreas marinas protegidas
Conflictos socioambientales:
Por su ubicación espacial estratégica, la región ha sido proclive a una ocupación del territorio por parte de actores armados al margen de la ley, quienes aprovechan las condiciones geográficas y la existencia de ríos navegables y dos mares para el tráfico de armas y el desarrollo de actividades delictivas con facilidad de utilización de rutas de escape y escondites que hacen de la región su mejor centro de operaciones. En esta etapa del conflicto, el secuestro y la extorsión fueron la fuente de financiación más importante de guerrillas y autodefensas y, en consecuencia, las muertes, desapariciones, secuestros y desplazamiento fueron el factor común. Más tarde, la financiación llegó de la mano del cultivo de coca y de actividades como la minería ilegal con maquinaria pesada, ambas con efectos prominentes de deforestación, sedimentación y contaminación hídrica por metales pesados, lo que pone de presente, tal vez como el factor preponderante o causa estructural de estos problemas la guerra, teniendo como posibilidad de solución en la paz total.
Sin embargo, un conjunto de prácticas productivas realizadas con ilegalidad, fueron posicionándose en el territorio, constituyéndose mafias de la minería, el petróleo, la madera, el tráfico ilegalidad de especies de fauna y flora, y la pesca marítima; lo que trajo consigo la contaminación de fuentes hídricas, la deforestación, y la pérdida de biodiversidad y servicios ecosistémicos, mostrando que en el control de la ilegalidad y el ejercicio de la autoridad por parte de las autoridades militares y de policía, pueden resultar en una alternativa de solución.
De otra parte, el vertimiento de aguas servidas y excretas, así como el de residuos sólidos a los ríos quebradas, los cuales a través de ese medio luego llegan al mar y directamente en zonas marino costeras, puede corresponder a una mezcla de falta de presencia estatal que a largo de kilómetros y kilómetros de aguas superficiales con orillas pobladas de manera significativa por negros, indígenas, campesinos y colonos, nunca atendió sus necesidades en materia de saneamiento básico, y una cultura reducida en materia de conciencia ambiental que en ocasiones prefiere nadar en la basura que separarla para darle un manejo y disposición adecuada. Estas situaciones deben tratarse con soluciones directas por parte de las autoridades municipales con el apoyo decidido del gobierno nacional, así como con campañas de educación ambiental sostenidas y ubicadas en las generaciones y actores que acentúan el problema.
En la región gran parte de la problemática de deterioro de la calidad ambiental marina se debe a la condiciones deficientes de saneamiento básico de la mayoría de los municipios costeros, los cuales presentan, vertimientos directos de aguas residuales a los cuerpos de agua sin tratamiento previo, con bajas coberturas de alcantarillado y del servicio de aseo, sumado al inadecuado manejo de los residuos sólidos, situación que incrementa los impactos y riesgos que están afectando el ambiente marino y costeros en detrimento de la calidad de vida de las comunidades costeras. Es por esto, que desde la creación de la REDCAM “Red de vigilancia para la conservación y protección de las aguas marinas y costeras de Colombia”, el gobierno y diferentes entidades del orden nacional y regional han procurado llevar a cabo actividades para generar conocimiento que sirva de soporte para la protección del medio marino y en sus más de 20 años de operación, se ha ido robusteciendo, lo cual ha genera un impacto positivo sobre la gestión de los recursos hídricos marinos y costeros, contribuyendo anualmente al aumento del conocimiento científico y técnico, para atender retos nacionales.
El análisis histórico de la calidad sanitaria realizado en el 2021, mostró que en playas de interés turístico del Pacífico, el 83% de las 30 playas evaluadas han cumplido con la calidad para aguas de baño para contacto primario determinada por la concentración de Coliformes termotolerantes; entre ellas, las playas de Gorgona en el Horno y Antiguo Muelle en el departamento del Cauca; la playa Tribugá en el Chocó y las playas de Juan de Dios, Magüipi (con certificación Bandera azul) y La Plata en el Valle del Cauca, son las que mostraron mejores condiciones. El 17% restante (5 playas) han incumplido de forma recurrente con el criterio de calidad, especialmente en el Chocó en las playas de Bahía Solano y Nuquí, y en Nariño el Arco el Morro, El Bajito y Sala Honda, es importante resaltar que estas playas se ubican en zonas urbanas, excepto Nuquí que se encuentra en un área marina protegida.
En términos de nutrientes, se ha observado que en las aguas marinas y costeras éstos han aumentado, propiciando la generación de condiciones de eutrofización. Mediante el índice TRIX se determinó para 2021 que el estado trófico en los departamentos de Cauca, Nariño y Valle del Cauca varió entre oligotrófico y eutrófico; los sitios más eutrofizados se presentaron en las zonas de descargas de origen antrópico y cercanos a los asentamientos humanos.
El monitoreo ambiental del año 2021 muestra que en el área de las playas de 3 departamentos del pacífico (Cauca, Nariño y Valle del Cauca), hay presencia de microplásticos, cuyas abundancias variaron entre 11 a 182 ítems/m2. Las mayores abundancias se presentaron en Valle del Cauca en Playa Pianguita con 182 ítems/m2.
Para tener un diagnóstico integral de la calidad de las aguas marinas y costeras, con los datos del monitoreo del año 2022, se aplicó el ICAM (índice de calidad de aguas marinas y costeras). Como resultados se evidenció que en el 73,7% de los sitios evaluados la calidad del agua estuvo entre óptima y adecuada para el uso de preservación de flora y fauna, y el 10,5% de los sitios con calidad inadecuada; este resultado demuestra que se requieren medidas para su mejoramiento.
Como parte del análisis ambiental se está haciendo seguimiento a otras variables como la presencia de microalgas potencialmente nocivas en los departamentos de Valle del Cauca y Nariño, debido a que el aumento de estos organismos en los ambientes marinos y costeros, ponen en riesgo el bienestar de los ecosistemas y las poblaciones. Los análisis realizados entre los años 2018 y 2022 mostraron densidades máximas de 3.086.676 cel.L-1, y se identificaron 7 géneros que presentan especies potencialmente nocivas pertenecientes a los grupos de las diatomeas (Skeletonema, Nitzschia, Pseudo-nitzschia y Chaetoceros) y dinoflagelados (Scrippsiella, prorocentrum y Gymnodinium). Lo anterior demuestra la importancia de continuar generando información de estos factores que degradan la calidad ambiental de los ecosistemas del Pacífico colombiano.
Adicionalmente, se está haciendo seguimiento a las variables que determinan la acidificación oceánica en zonas marinas y costeras del Pacífico colombiano, información que a través de INVEMAR se está reportando al portal de datos del indicador 14.3.1 del objetivo de desarrollo sostenible 14. A la fecha se han realizado 51 registros de la zona costera de los departamentos Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño gracias a la herramienta de gestión “Red de Vigilancia para la Conservación y Protección de las Aguas Marinas y Costeras de Colombia” – REDCAM y 79 registros de 3 cruceros oceanográficos desarrollados en Cañón de Sanquianga, bloque CHO OFF 5 y Cuenca Pacífico Norte.
Además, de las deficiencias que se presentan con el saneamiento básico de las comunidades humanas, algunas actividades han generado presiones sobre los ecosistemas. Se destacan los manglares que proveen diversos servicios ecosistémicos, cuya cobertura se ha afectado debido al aprovechamiento de estos recursos, como es el caso de la extracción de madera. En otros casos, actividades como el transporte de petróleo, y la minería, por ejemplo, se convierten en tensores que afectan el desarrollo y la recuperación natural en algunas áreas. Por lo anterior la restauración activa se convierte en una opción para recuperar la función ecológica y los servicios ecosistémicos. En este sentido, se ha generado información sobre las áreas que deben ser priorizadas para restauración; cabe mencionar la contribución del proyecto “Fortalecimiento de la restauración de manglares en Colombia: Técnicas, Saberes y experiencias” a la meta presidencial de 180 millones de árboles, en el marco de la cual se generaron los planes de restauración para dos áreas (López de Micay y Cuerval).
A lo anterior, se suma la deforestación originada como consecuencia del hambre, la pobreza y la falta de oportunidades, que hacen al habitante del territorio, presa fácil de intermediarios que encuentran en las necesidades no cubiertas, una puerta de entrada de miembros de las comunidades étnicas y campesinas a la ilegalidad o al desarrollo de actividades legales que no representan una solución económica para ellos, pero sí el enriquecimiento de unos pocos a costa de su esfuerzo y riesgo físico en una selva difícil e inhóspita. Esta situación podría tener soluciones con procesos de atención integral que busquen vincular a la gente en la toma de decisiones informadas, a través de la planificación ambiental, la gestión del conocimiento y la gobernanza territorial.
En adición a lo anterior, la curiosidad ingenua de muchos habitantes y la introducción de prácticas productivas seguramente catalogadas como de importancia económica, condujeron a la introducción de especies de fauna y flora con potencial invasor que redujeron los hábitats de especies de especial importancia para la alimentación y/o la ciencia, con consecuencias incluso en el agotamiento de especies restringidas a las condiciones ambientales del Chocó Biogeográfico.
De igual manera, se introdujeron al territorio prácticas productivas no consonantes ambientalmente con su oferta, trayendo consigo la ubicación espacial de la población sobre zonas de riesgo natural o ecosistemas estratégicos, así como la expansión de monocultivos, tanto de uso lícito como ilícito, y la actividad ganadera, para lo cual se desecaron y desviaron fuentes hídricas, se sedimentaron ciénagas y se ocuparon áreas con vocación forestal o zonas de riesgo natural que representan espacios de inundación de los territorios cercanos a grandes fuentes hídricas. De la misma manera, estas prácticas productivas han acentuado los impactos de los eventos climáticos extremos sobre el territorio, produciendo incendios forestales en los cinturones subxerofíticos de la región, deslizamientos de tierra e inundaciones.
En buena medida, los conflictos socioambientales de la región representan la casi nula presencia estatal, a debilidad institucional, la falta de un ejercicio adecuado de la autoridad ambiental, situaciones que conducen al silencio administrativo en ocasiones obligado por las armas de actores no estatales, a la poca efectividad de las medidas de control y a la permisividad del Estado, lo cual da lugar a condiciones de libre acceso a los recursos naturales.
2. FILOSOFÍA DE LA ATENCIÓN INTEGRAL Y DESCRIPCIÓN DE LAS ACCIONES PROPUESTAS PARA LAS TRANSFORMACIONES TERRITORIALES
Esta propuesta pretende la generación de alternativas económicas para los actores comunitarios étnicos y campesinos, convirtiendo los conflictos socioambientales en oportunidades, en el firme propósito de revertir la situación de vivir y defender un territorio de altísima riqueza natural y cultural de interés planetario, pero en condiciones de pobreza vergonzante para la sociedad que debiera luchar por la equidad y el respeto de los derechos bioculturales.
Lo anterior plantea tener la planificación y ordenamiento ambiental del territorio como punto de partida, hacia la reducción de las múltiples vulnerabilidades de la población asentada en este territorio, y hacer de la conservación, el uso de la biodiversidad, las restauración de los ecosistemas y la resiliencia climática, oportunidades para transformar tanto los conflictos socioambientales, como para mejorar las condiciones sociales y económicas de comunidades negras, indígenas y campesinas, las cuales deben decidir autónomamente su destino asociado a la territorialidad, a través de modelos de gobernanza que implican la democratización de la información ambiental y la defensa de sus derechos colectivos.
En consonancia con lo descrito, las posibilidades de atención ambiental integral en las subregiones definidas se encuentran asociadas a seis (6) tipologías de acciones, las subregiones son espacios geográficos supramunicipales y en algunos casos cubren varios departamentos o son zonas fronterizas que posibilitan la intervención conjunta con países hermanos. En el alcance de este trabajo se definirán, en función de las condiciones socioambientales, contenidos específicos para transformar conflictos y hacer de ellos oportunidades. Para cada tipología de estos grupos de acciones y subregiones, el Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico, al igual que otras entidades del Sistema Nacional Ambiental y las universidades, han adelantado trabajos participativos que constituyen puntos de partida para emprender en este instante la intervención territorial hacia transformaciones positivas.
A continuación, se describe cada una de las acciones que conforman las posibilidades de atención integral al territorio y sus comunidades. El Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico, formulará un proyecto de alcance regional para pasar de la orientación a las herramientas que hacen posible la implementación de esta propuesta, pero adicionalmente seguirá realizando investigación que soporte la toma de decisiones, para lo que buscará en el presupuesto nacional y la cooperación internacional la constitución de un fondo de atención integral, y constituirá las alianzas necesarias para garantizar el apoyo efectivo al Chocó Biogeográfico, con lo que se contribuirá al control de la deforestación, al mejoramiento de la capacidad de adaptación al cambio climático, a la reducción del hambre y la pobreza y al aprovechamiento de los bienes y servicios ambientales prestados por los ecosistemas, entre otros aspectos, y su consecuente aporte a la paz total.
2.1. LA PLANIFICACIÓN Y EL ORDENAMIENTO AMBIENTAL DEL TERRITORIO
La planificación ambiental pone de presente la utilización de instrumentos de planificación que promueven el ordenamiento espacial del territorio, la conservación, uso sostenible y restauración de la diversidad biológica y cultural y el disfrute equitativo de los beneficios y servicios prestados por los ecosistemas estratégicos, lo cual supone, partir del conocimiento de la oferta ambiental del territorio, de sus particularidades que lo hacen diferente, del comportamiento de las gentes que coexisten y se relacionan con estos ecosistemas, los factores que los afectan o deterioran, el grado de amenaza y condición de vulnerabilidad en los que encuentran, entre otros muchos aspectos.
Teniendo ese conocimiento como base y fundamento, para evitar la puesta en marcha de procesos ambientales no planificados, la política y legislación ambiental de Colombia ha generado recomendaciones y obligaciones de utilización de un gran número de instrumentos de planificación ambiental que buscan, a partir del ordenamiento del territorio, garantizar la preservación, conservación, uso sostenible, restauración del patrimonio natural de la región. Sin embargo, estos instrumentos requieren de una revisión profunda para armonizarlos y articularlos, haciendo más fácil su uso para los tomadores de decisiones..
orientadas a garantizar la oferta abundante de agua de calidad para todas las formas de vida y la prestación de los servicios que ofertan los ecosistemas hídricos, razón por la cual su relación con los bosques debe reconocerse, así como su posibilidad de afectación por el desarrollo de actividades productivas.
Los instrumentos de planificación tienen muy variadas intenciones, los hay de aquellos que tomando en cuenta las determinantes ambientales, es decir, la definición que hacen las autoridades ambientales de espacios geográficos que requieren condiciones especiales de manejo o tienen restricciones especiales de uso, ordenan espacialmente el territorio, suministrando recomendaciones generales de uso para cada una de las zonas que se definen como de condiciones homogéneas, y en consecuencia, de un uso recomendado común. También hay instrumentos de planificación que buscan el manejo adecuado de un recurso en particular, de un ecosistema estratégico, de un área de interés ambiental o de una especie de interés especial: los bosques, el agua, las especies de flora, las especies de fauna, los manglares, los páramos, las ciénagas, las áreas protegidas, etc.
Hemos querido realizar una clasificación de instrumentos que tal vez no corresponda a una definición conceptualmente rigurosa, pero sí absolutamente útil y práctica. A continuación, entregamos bajo un esquema de clasificación propia, los instrumentos de planificación ambiental más importantes en cuya formulación hemos participado, para indicarles que son punto de partida muy útiles para el ordenamiento alrededor del agua, y a la vez proporcionar a los lectores, un enlace para leer a fondo los documentos. Pueden visitar el sistema de información institucional, donde los encontrarán agrupados, pueden acceder estando en un buscador y digitando https://siatpc.co.
Instrumentos para el ordenamiento espacial del territorio y ecosistemas estratégicos: Zonificación ambiental de la reserva forestal del Pacífico y lineamientos generales de manejo, Estructura ecológica principal del Chocó Biogeográfico, diseño y caracterización de corredores de conectividad biológica, Plan de ordenamiento territorial del departamento del Chocó, Ecorregión Atrato y Zonificación de los manglares de la costa pacífica chocoana.
Instrumentos para la delimitación y/o manejo de ecosistemas estratégicos y otras áreas de interés especial: Plan de manejo de la reserva forestal del Río León, Plan de manejo del ecosistema de manglar en el Pacífico chocoano, Delimitación de páramos del Chocó Biogeográfico, Delimitación de humedales del Chocó Biogeográfico, Plan de manejo de los bosques remanentes de Tierra Alta – Córdoba y Planes de ordenamiento y manejo integrado de las Unidades Ambientales Costeras.
Instrumentos para el manejo adecuado del recurso hídrico y los bosques: Plan estratégico de la macrocuenca del Pacífico, Plan de manejo de la Ciénaga de Bellavista – Chocó, Plan de manejo de la microcuenca El Caraño – Quibdó, planes generales de ordenación forestal en las cuencas del Calima, Dagua y Micay. Lineamientos esenciales para la gobernanza del agua en la cuenca binacional Mira – Mataje.
Instrumentos para la conservación, manejo y uso sostenible de especies de fauna y flora de interés especial: Plan de manejo para 10 especies forestales de alta presión antrópica o amenazadas, declaración en amenaza y vinculación a libros rojos y cites de 5 especies del Chocó, planes de manejo de especies productoras de fibras, planes de manejo de especies productoras de colorantes y alimentos, planes de manejo de especies de fauna: Manatí, Bocachico, Jaiba, Piangua, Perezoso, Zaino y Guagua.
Instrumentos para la producción sostenible, la conservación, la restauración, la renovación de los bosques, la gestión ambiental integral de territorios y el cambio climático: Tasa compensatoria forestal, protocolo de restauración de áreas degradadas por minería, Lineamientos de manejo post aprovechamiento minero, plan de acción y modelo de gestión para la recuperación ambiental de la Cuenca del Atrato, Plan de acción para la producción Sostenible de la Cuenca del Atrato, Plan integral de cambio climático para el Departamento del Chocó, Expediente de postulación y modelo de gestión de la reserva de la biosfera Tribugá – Cupica – Baudó, Valoración integral de ecosistemas estratégicos y pasivos ambientales mineros, y propuesta para la identificación de áreas susceptibles de formalización minera en el Chocó.
Instrumentos para el desarrollo y protección de comunidades étnicas: Planes de etnodesarrollo para comunidades negras del Chocó Biogeográfico, planes de vida para comunidades indígenas del Chocó Biogeográfico, planes de atención integral para Río Quito, Medio Atrato y Pacífico chocoano, Reglamentos de acceso al territorio y uso de los recursos naturales de comunidades étnicas del Chocó y Guía de relacionamiento de las comunidades étnicas del Chocó Biogeográfico y el sector minero energético.
Procesos de ordenamiento marino y costero: Han permitido analizar las implicaciones del desarrollo socioeconómico, los conflictos de uso, guiar el fortalecimiento de las instituciones, las políticas y la participación local en la toma de decisiones. Estos procesos en algunos casos, ya se han compatibilizado con los planes de Ordenamiento Ambiental Territorial (OAT) y por otro lado han estado en concordancia con ejercicios de planificación para identificación de áreas prioritarias de conservación permitiendo dar un sustento técnico-científico y mayor responsabilidad a los gobiernos regionales y locales para asumir metas de conservación. En este proceso se han consolidado 25 años de trabajo continuo sobre el Manejo Integrado de Zonas Costeras (MIZC).
Instrumentos de planificación o planes de manejo de áreas protegidas: Los instrumentos de manejo de áreas vinculadas al Sistema Nacional de Áreas Protegidas van desde las figuras de protección más estrictas, hasta aquellas en las cuales se permite la intervención de las personas que habitan dentro de sus espacios geográficos, constituyen la base de la conservación y uso sostenible de la biodiversidad existente y disponen las condiciones necesarias para una adecuada relación institucional y comunitaria que promuevan un manejo sostenible del territorio.
Resulta evidente que mientras algunos instrumentos tienen alcance regional, otros están propuestos para la planificación de actividades en espacios más locales, sin embargo, algunos resultados y procedimientos pueden ser extendidos al Chocó Biogeográfico sin temor de cometer grandes errores. La aplicación simultánea, armonizada y articulada de los instrumentos de planificación deberán conducir a garantizar la oferta de agua.
2.2. LA CONSERVACIÓN ANCESTRAL PRODUCTIVA
La conservación de la naturaleza es una práctica realizada durante siglos por las comunidades étnicas de muchos lugares de Colombia y el mundo, y particularmente del Chocó Biogeográfico, con fundamentos y expresiones que hasta hace poco el mundo no reconocía con suficiencia. Desde tiempo de nuestros ancestros, se ha extraído de la selva apenas lo justo y necesario, generándose de generaciones en generaciones, una cultura de recolección de excedentes de los bosques, representada entre otros, en frutos, semillas, madera, animales, hierbas y especias de la mejor forma y en la cantidad precisa para garantizar la producción permanente de esos mismos productos. Lo anterior se tradujo en el sostenimiento de buenas condiciones de la selva, muy a pesar del conjunto de factores que promueven su deterioro, casi todos asociados a causas externas a la cultura de los grupos étnicos que habitan la región, lo que ubica al Chocó Biogeográfico como un sitio de alta biodiversidad con efectos globales y planetarios para la prestación de servicios ecosistémicos que el mundo ha empezado a reconocer económicamente.
La forma de vida y de pensamiento de las comunidades negras e indígenas las ha llevado en casos específicos a creación de modelos propios de desarrollo económico, permitiéndoles la conservación de más del 50% del área titulada; a raíz de lo anterior, se han desarrollado herramientas para el manejo y la conservación de los ecosistemas como las figuras comunitarias entre las que se destacan: los sitios sagrados de comunidades indígenas, los sitios de respaldo de comunidades negras y los corredores biológicos.
Los bosques de esta parte del territorio juegan un papel importante, conservan una biodiversidad excepcional, pero frágil, única en el mundo” (WWF, 2016). Están ubicados en uno de los 24 “hotspots” a nivel global que, aunque ocupan menos del 2% de la superficie del planeta, más del 50% del territorio es de gran biodiversidad y de importancia alta para enfrentar el cambio climático (Mena, 2016).
En el territorio colombiano se encuentran amenazadas unas 1.203 especies en distintas categorías, de acuerdo con los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), del total de estas especies, 173 se encuentran en peligro crítico, 390 en peligro y 640 especies en categoría vulnerable; 407 especies son animales y 796 son plantas, de esta cifra tenemos un alto porcentaje en el Chocó Biogeográfico. En relación con los endemismos, el Chocó Biogeográfico cuenta con 527 especies, de las cuales, 306 son plantas, 174 anfibios, 18 reptiles y 29 aves (IIAP, 2011).
Basados en estas cifras, diferentes compañías, entidades gubernamentales y fundaciones que le están apostando a programas que permitan conservar estas especies en las distintas zonas del país como Grupo Argos por medio de su Fundación, Argos y Celsia, Wildlife Conservation Society Colombia, la Fundación Smurfit, Ecopetrol, Drummond Ltda, que viene desarrollando acciones para proteger las poblaciones naturales de especies emblemáticas críticamente amenazadas como el cóndor, el oso andino u oso de anteojos, el manatí, la danta, el delfín rosado, las tortugas marinas, el puma y el tití cabeciblanco, muchas de estas habitan en el Chocó Biogeográfico representadas en diferentes ecosistemas.
Esta es otra opción que los grupos étnicos del territorio tienen para captar recursos, ya sea a través de gestión con una empresa que tenga dentro de políticas programas de protección de especies emblemáticas o áreas de con representatividad de las especies mencionadas, o a través de la creación de una herramienta tecnológica (aplicación móvil y/o página web), que permita que personas naturales o jurídicas de cualquier parte del mundo apadrinen una o varios especies de fauna y/o flora o una superficie de bosque que contengan especies de interés ecológico especial.
Las comunidades negras tienen por costumbre designar áreas como territorios de respaldo natural ancestral, extensiones del territorio adjudicado y conservado en estado natural con fines de protección de los elementos integrantes de la biodiversidad. Son escogidas para hacer manejo especial y son consideradas por los mayores, un fundamento de la cultura de las comunidades que residen en él. Las comunidades negras acostumbran a dejar bosques de respaldo generalmente asociado a las colinas altas, áreas en las que las actividades productivas están limitadas a la extracción selectiva de madera para construcciones, leña, plantas medicinales, algunos frutos del bosque para consumo doméstico y para cacería. Es decir que, son áreas dedicadas únicamente a extractivismo de subsistencia, generalmente se encuentran en muy buen estado de conservación.
Los pueblos indígenas poseen sitios sagrados, símbolos esenciales de su identidad y, por tanto, constituyen su patrimonio cultural, incluyen todas las expresiones de la relación entre un pueblo, como colectividad, con su tierra, con otros seres vivos y con conceptos inmateriales, que comparten un mismo espacio. En este sentido, los sitios sagrados de las comunidades indígenas guardan estrechos vínculos con la estructura político-religiosa y la comunidad. No son, en consecuencia, lugares aislados, sino componentes del territorio y contienen una significación cultural relevante, es decir, una relación proporcional entre los sitios sagrados y la preservación de los territorios; ya que estos dan identidad y son manifestación viva de la existencia de una cultura.
Los corredores biológicos son áreas diseñadas, zonificadas y validadas por las comunidades negras en el territorio, se convierten en otra alternativa para la conservación de áreas de bosque que cumplen no solo función la conectar áreas entre sí; además promueven la movilidad de especies, el intercambio reproductivo de organismos biológicos y el mantenimiento de una serie de bienes y servicios ambientales.
Sin embargo, se requiere un acompañamiento continuo por parte de las instituciones del Estado a los territorios colectivos que ya han recibido o se encuentran en procesos de recibir incentivos para que los recursos obtenidos se distribuyan de manera equitativa y beneficien a todo el colectivo, que se inviertan en acciones que solucionen necesidades básicas de las comunidades y sobre todo que vayan encaminados a fortalecer y mejorar la forma de realizar las actividades productivas, propendiendo por mitigar los impactos causados a los ecosistemas por el desarrollo de actividades poco consonantes con la cosmogonía de los pueblos, para que no se fracture las relaciones intra e inter étnica y se logre el tan anhelado buen vivir de los pueblos de la región y sobre todo para que se siga manteniendo la estrecha relación hombre – naturaleza.
Las apuestas de los instrumentos económicos, debe de estar encaminadas a reducir o mitigar los focos de deforestación del territorio, a revertir el daño causado a los ecosistemas, a mejorar las formas de producción de la región, a la capacitación de capital humano, al mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades y a la resolución de conflictos causantes de división de los grupos étnicos y de las malas decisiones tomadas en referencia al patrimonio natural que tiene la región. Basados en lo anterior, instrumentos como los Pagos por Servicios Ambientales, los cuales manejan unos esquemas de retribución o incentivos por la preservación del medio ambiente. Igualmente, la Tasa Compensatoria por Aprovechamiento Forestal Maderable, y el Impuesto Nacional al Carbono establecidos en él y el Carbono Azul, constituyen instrumentos económicos que se relacionan con las iniciativas REDD+, que junto a la aplicación de otras estrategias como la protección de árboles plus y fuentes de semillas, la preservación de especies en condición de amenaza, pueden sin duda tener un impacto favorable en las economías locales, máxime cuando las comunidades étnicas han decidido autónomamente, desde su cultura productiva, dejar grandes extensiones de bosques, fuentes hídricas, ecosistemas de manglar, humedales, bosques de media montaña, bosques secos y páramos poco alterados e inalterados como estrategias de supervivencia y adecuada relación con el medio ambiente.
No se trata de ver la conservación como una opción productiva única, aislada y fuera del contexto cultural de la región, lo que se propone es su articulación e integración a un conjunto de acciones que la hagan parte de la integralidad en la atención ambiental que estamos proponiendo, en las que se incluyen prácticas productivas; minería tradicional, turismo comunitario, agricultura de bajo impacto, ganadería responsable, cría de especies silvestres y domésticas, aprovechamiento de productos maderables y no maderables y bebidas ancestrales, y que sumadas también a procesos de restauración de la funcionalidad de ecosistemas deteriorados por la intensidad y formas de aprovechamiento, hagan posible, insistimos, entre todas, una transformación productiva del territorio, que se traduzca en condiciones colectivas de vida dignas, con los servicios básicos cubiertos, con la generación de excedentes económicos y con prácticas productivas realizadas con tal responsabilidad social y ambiental que los conflictos socioambientales que hoy tiene la región, se conviertan en oportunidades de progreso colectivo, aportando al mismo tiempo a la construcción de territorios y sociedades en bajo riesgo y resilientes al clima.
De otra parte, y aun cuando ya parezca claro, no se trata de introducir una nueva actividad al territorio desligada de sus costumbres ancestrales, al contrario, la conservación de la naturaleza ha estado ligada a la vida de las comunidades étnicas del Pacífico colombiano, vale la pena resaltar que todo este esfuerzo comunitario, la articulación de los diferentes entes territoriales y la puesta en marcha de diferentes estrategias de mitigación y conservación permiten que, en departamentos como el Chocó, se conserven alrededor de 1’049.275,20 has de bosque protector tituladas colectivamente a 56 consejos comunitarios (672.672,80 has) y a 112 resguardos indígenas (347.287,20 has) legalmente constituidos para la región[13]. Lo anterior muestra que, el número de hectáreas de bosque protector corresponde solo al 21,9% y 26,8% de las hectáreas de bosque tituladas a consejos comunitarios y resguardos indígenas respectivamente, un alto porcentaje podría ser dedicado al desarrollo de otras actividades productivas.
En materia de conservación ancestral productiva, se quiere consolidar una estrategia de generación de empleos formales; se trata de llegar a acuerdos comunitarios en los cuales, a partir de los bosques protectores que se tienen identificados en la región y los objetos de conservación específicos que poseen estos bosques, se vinculen comunidades étnicas y campesinas que, cumpliendo con los requisitos establecidos devenguen un salario mensual, cuyos efectos se traduzcan en la defensa de la vida de especies de alta importancia planetaria y de la diversidad funcional,
No se pierda de vista que el Chocó Biogeográfico tiene una alto porcentaje de especies migratorias, endémicas y amenazadas con poblaciones relativamente sanas. La propuesta se basa en las experiencias recientes que el Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico tiene con las comunidades de la región y que han garantizado la conservación de mamíferos, árboles maderables, peces y otras especies que hacen parte de los recursos hidrobiológicos de la región, entre otros aspectos. Además de lo anterior, con la conservación productiva en las condiciones que se está proponiendo, no solo se garantiza el derecho que estas comunidades tradicionales han tenido sobre el territorio y la libertad de vivir de conformidad con sus propias normas y costumbres, sino que se crean condiciones propicias para la conservación del entorno natural.
La conservación ancestral productiva propone convertir una actividad como la conservación de bienes y servicios ambientales, en una oportunidad socioeconómica de diversificación del uso de la tierra, como alternativa sostenible para las comunidades asentadas en el Chocó Biogeográfico, contribuyendo a garantizar en principio, la seguridad y soberanía alimentaria de la población asentada, vivienda digna, transporte, educación de mayor calidad, producción responsable, pero también la generación de nuevas fuentes de ingresos que posibiliten un desarrollo económico competitivo armonizado con el conocimiento ancestral y la conservación de la base natural y cultural de la región.
2.3. PRODUCCIÓN SOSTENIBLE
La producción sostenible es el modelo de obtención de bienes y servicios que minimiza el uso de los recursos naturales, la generación de materiales tóxicos, residuos y emisiones contaminantes, mediante la promoción de una estrategia de gestión productiva que integra la dimensión ambiental, sociocultural y económica en un territorio procurando mantener el equilibrio natural y la conservación de los ecosistemas. En nuestra consideración, y sin lugar a duda, son esas las principales características de los sistemas productivos desarrollados por las comunidades nativas del Chocó Biogeográfico, ya que realizan la combinación de distintas actividades económicas y el uso diverso y sostenible del espacio productivo.
En buena medida, las razones que explican la situación de hambre y pobreza extrema que padecen habitantes de la región, obedecen a la no consideración de política productivas diferenciales que reconozcan, valoren e incentiven los modelos de producción ancestral, promoviendo acciones que compensen la baja producción de bienes a cambio de la alta producción de servicios ambientales, pero que además hagan posible la producción con criterios consonantes con la oferta ambiental del territorio, los cuales se convierten en opciones productivas de bajo impacto que, en muy poco o nada se parecen con otros modelos de producción ampliamente utilizados en otros lugares de la geografía colombiana.
Para ser vinculado a la reforma rural integral, teniendo como ventaja que las comunidades étnicas cuentan con territorios de propiedad colectiva, se plantea un modelo alternativo de producción sostenible, orientado al mejoramiento de los patrones de producción de la economía, hacia la sostenibilidad ambiental de la región, en el cual se potencialice la producción agrícola orgánica, el manejo y aprovechamiento de la oferta de bienes alimentarios cultivados y silvestres del bosque como alternativa socio productiva sostenible para las comunidades asentadas en el territorio, contribuyendo de esta manera a garantizar fundamentalmente la seguridad y soberanía alimentaria de toda la población y consecuente con ello, aportar a mejorar la competitividad, mediante la generación de excedentes de cosechas que permitan nuevas fuentes alternativas de ingresos familiares que, posibiliten un desarrollo económico a nivel local y regional, armonizado con la cultura y la conservación de la base natural del Chocó Biogeográfico.
El modelo de producción sostenible cuenta con la identificación de varias opciones productivas de bajo impacto ambiental, y se sustenta en los siguientes principios conceptuales o recomendaciones que apuntan a garantizar que la producción no rompa las condiciones que oferta el territorio ni contribuya al deterioro del capital natural y cultural que éste posee.
- Existen restricciones a la producción en relación con modelos productivos predominantes en el interior del país que se basan en conocimiento y experiencia negativas que tiene el territorio.
- Es necesario superar la comercialización de materias primas y avanzar lo máximo posible a procesos de transformación que les agregue valor comercial y las conviertan en productos de alto interés local, regional, nacional e internacional.
- La producción debe tener enfoque de derechos bioculturales y contexto territorial, y al mismo tiempo introducir: conocimiento, tecnología e innovación para mejorarse con nuevos procesos y productos, mantenimiento sus bases culturales.
- La comercialización de los productos debe contar con un enfoque de mercado justo, que valore y reconozca con un mayor precio, los esfuerzos de producción con responsabilidad social y ambiental que garantizan la sostenibilidad del territorio.
- En la diversificación de las actividades productivas se encuentra la base de la sostenibilidad del territorio, como consecuencia de la baja presión antrópica sobre algunos pocos recursos naturales y sobre el suelo.
Esta concepción genera necesidades de planificación ambiental y productiva, formación y capacitación, infraestructura de producción y movilidad física y digital, dotación de equipos y utilización de energía sostenibles, gestión y articulación comunitaria e institucional, sistematización y gestión del conocimiento, crédito e incubación empresarial con base comunitaria, mercadeo y atención integral del Estado, elementos que con niveles diferenciales de profundidad analizaremos en este documento.
El modelo de Producción Sostenible que se propone define estrategias relacionadas con las formas de aprovechamiento del bosque como la agricultura tradicional y la agroforestería (agroforestería comunitaria, silvopastoril y silvícola) siendo estos, los sistemas base que han permitido su adaptación a las condiciones agroambientales y culturales de la región y sobre la cual giran las otras actividades como la pesca artesanal, la cacería, zoocría y cría de especies menores, productos no maderables del bosque y minería responsable y alternativamente actividades como el turismo las cuales, hacen parte de la estrategia socioeconómica y alimentaria caracterizada por sus particulares condiciones climáticas, alta biodiversidad biológica y cultural, enmarcándose, bajo las consideraciones socioculturales, étnicas y ambientales, propias de las comunidades y organizaciones afrodescendientes e indígenas que ancestralmente han habitado estos territorios.
En definitiva, los modelos propuestos se sustentan en principios agroecológicos que destacan la:
- Adaptación de los sistemas agrícolas a los ambientes locales.
- Valoración de la salud ambiental y la salud humana.
- Minimización y eliminación del uso de agro-tóxicos.
- Uso de los recursos renovables y sustituir los insumos externos.
- Conservación de los recursos (suelo, agua, semillas, cultura, etc.).
- Mejoramiento y mantenimiento del contenido de la materia orgánica, los minerales y la actividad biológica del suelo.
- Reciclado de los nutrientes.
- Manejo de toda la parcela como una sola cosa.
- Trabajo pensando también en los beneficios a largo plazo.
- Diversificación de la cantidad de especies (plantas y animales) asociando o rotando los cultivos”.
Movilizar un modelo productivo basado en los anteriores principios exige la aplicación de restricciones o prohibiciones que pongan controles para garantizar la conservación de la base genética regional y las prácticas productivas tradicionales, que defienda los derechos bioculturales y el conocimiento ancestral acumulado, y aproveche las lecciones aprendidas de experiencias no exitosas aplicadas en el territorio. El modelo propone restricciones o prohibiciones a:
- Proyectos de desarrollo agropecuario que se fundamenten en la tala rasa de importantes extensiones de selva para su establecimiento, sobrepasando la frontera agrícola.
- La introducción de especies vegetales exóticas, foráneas, naturalizadas e invasoras o con potencial invasor, con fines productivos:
- Los permisos para el aprovechamiento de especies forestales ubicadas en diferentes categorías de amenaza sin planes de manejo específicos para la especie:
- Introducción de peces y abejas de amplia locomoción, reproducción alterna y hábitos alimenticios generalistas:
- Modificación de las condiciones naturales de las fuentes hídricas (desviación y desecación) para el fomento de actividades productivas:
- La minería en aquellos sitios, que aun estando por fuera SINAP, correspondan a ecosistemas estratégicos para el suministro de bienes y servicios ecosistémicos a la población.
- El desarrollo de actividades productivas sin definición clara de una estrategia de mercadeo para los productos obtenidos:
- El uso de material animal y vegetal mejorado, por su efecto en la disminución dramática de la variabilidad genética regional y la pérdida de especies y variedades nativas:
- Proyectos productivos que no mantengan la oferta permanente de materia prima para los primeros 10 años de vida:
- La utilización de agroquímicos y pesticidas de probado impacto negativo sobre los recursos hidrobiológicos y la salud de la población:
- Prácticas de manejo agrícola y pecuario que incluyan la quema de superficies boscosas ubicadas en áreas de secas de la región.
Una de las principales limitantes del desarrollo ha sido la falta de infraestructura, que en una visión corta ha dejado de lado las ventajas geográficas de la región para conectar de manera articulada, polos de desarrollo nacional, que garantizarían en gran medida las dinámicas comerciales al interior del departamento. Siendo la infraestructura un determinante para el desarrollo económico, social y productivo del territorio, se requiere abordar de manera decidida redes de infraestructuras de comunicaciones, energías no convencionales en cualquiera de sus tipologías y de transporte tan especializado que use las ventajas naturales del territorio para disminuir sus impactos (Red hídrica compleja), bien desarrolladas para garantizar el flujo interno y externo de sus productos (IIAP & MADS, 2021).
El sistema o modelo es la suma de los diversos elementos, actividades y actores que, mediante sus interrelaciones, hacen posible la producción, distribución y consumo de alimentos para las comunidades del Chocó Biogeográfico (Figura 4), como estrategia para garantizar la seguridad alimentaria de las comunidades locales, la generación de ingresos familiares y la conservación de la Biodiversidad para el desarrollo productivo, la competitividad, la construcción de paz, la equidad y el crecimiento verde; basada en la caracterización del patrimonio natural y cultural de la región, generando instrumentos de planificación y manejo al interior del territorio, que hacen posible el retorno a un modelo de desarrollo en armonía con la naturaleza y en relación con la oferta ambiental.

Figura 4. Sistema productivo U.F.P.S en el Chocó Biogeográfico
Bajo este contexto, el modelo de producción sostenible propuesto incorpora varias categorías de acción que, de manera integral, deberían contribuir al desarrollo sostenible de las comunidades asentadas en el Chocó biogeográfico. Así entonces, se considera un verdadero desarrollo que incluya elementos culturales, ambientales, económico y sociales que, bajo esta integralidad permitan el bienestar colectivo de las comunidades, adaptado a las particularidades de la zona, de los ecosistemas y de las formas de vida. Además, de posibilitar la generación de procesos locales sinérgicos e interactivos con entornos cercanos, de tal manera que se fortalezca la capacidad competitiva de los centros productivos; que permitirán adquirir a los grupos étnicos y a las instituciones de la región la capacidad de valorizar su entorno, de actuar juntos, de crear vínculos entre sectores productivos, de tal modo que se mantenga in-situ el máximo de valor añadido, y por último, establecer relaciones con otros territorios y con el resto del mundo.
Aprovechamiento de especias y otros productos no maderables del bosque
Bajo este modelo se consideran los productos que no sean madera, que se produzcan naturalmente en los bosques tropicales de la región y se puedan cosechar para uso humano sin necesidad de cortar árboles. Caben allí alimentos, como nueces, bayas, setas y semillas; u otros productos como aceites, perfumes y plantas medicinales. Se consideran entonces, acciones que procuren la producción y transformación agroindustrial de especias nativas de interés ancestral, transformación y aprovechamiento de especies productoras de aceites esenciales (oleaginosas), fortalecimiento de la cadena de producción y transformación sostenible de especies productoras de fibras, resinas, látex, colorantes y semillas con potencial artesanal y agroindustrial.
Turismo científico, cultural y de naturaleza con enfoque comunitario
Bajo este modelo se prevé considerar los ecosistemas estratégicos como centros del turismo científico y de naturaleza, así como la implementación de proyectos turísticos de paraísos étnicos. Este modelo está orientado al fomento de una cultura turística y científica que permite conocer, compartir y valorar el origen, las costumbres y el conocimiento ancestral de las comunidades nativas presentes en el territorio Chocó Biogeográfico de una forma innovadora y facilitar el avistamiento de la biodiversidad de interés.
Acuicultura y pesca artesanal responsable marina y continental
Con este modelo productivo se pretende el diseño e implementación participativa de zonas exclusivas de pesca artesanal en las zonas costeras de la región, repoblamiento de cuerpos de agua afectados y perturbados por actividades antrópicas, dotación y capacitación en el manejo de artes de pesca a los pescadores artesanales, implementación de una estrategia de piscicultura utilizando especies nativas, la implementación de nuevas pesquerías y el encadenamiento pesquero de la región. De igual manera, se busca la implementación de sistemas productivas acuícolas tanto marinos como continentales.
Agroforestería y forestería comunitaria
Con este modelo busca fortalecer el aprovechamiento y manejo comunitario del bosque natural, la implementación de sistemas agroforestales a partir de la producción de frutales asociados a plátano y maderables, fomento de huertos caseros mixtos con énfasis en la producción de especies aromáticas y plantas medicinales, de igual manera la reforestación de especies forestales en rondas de ríos, plantaciones forestales de alto valor comercial.
Minería social y ambientalmente responsable
Las acciones dentro de este modelo se enfocan hacia la formación comunitaria en minería responsable, formalización y legalización minera, así como la gestión del conocimiento para la producción minera eco-eficiente. Se busca como herramienta de facilitación la declaratoria de algunas Áreas de Reserva Especial Minera (ARE), la gestión de subcontratos de formalización, así como la obtención de títulos mineros a nombre de Consejos comunitarios, de empresas mineras nativas que involucren a los mineros ancestrales a procesos de aprovechamiento y propiedad.
Zoocría y especies menores
Este modelo permite promocionar bajo principios de sustentabilidad ecológica especies fáunicas promisorias, las cuales presentan alto potencial económico y tradición de uso local, implementando modelos de manejo o cría en cautiverio para disminuir la presión sobre las poblaciones silvestres en aras de garantizar la seguridad alimentaria de las comunidades, repoblar los sitios donde las poblaciones hayan disminuido y generar una alternativa económica altamente rentable. Fundamentalmente, se promociona la implementación de zoocriaderos comunitarios de mamíferos y aves silvestres. El conocimiento que se tiene hoy sobre el comportamiento reproductivo, hábitos alimenticios, ciclos de vida y estructuras poblacionales de las especies, es la base para definir áreas de preservación colectiva en las que se diseñen reglas conjuntas sobre el aprovechamiento, épocas de caza, vedas, cuotas de aprovechamiento, artes a utilizar, que en su conjunto se tomarán como elementos del conocimiento y manejo tradicional del territorio.
Ganadería responsable
El modelo busca la reconversión de la ganadería extensiva a modelos silvopastoriles con especies perennes leñosas en cercas vivas, cortinas rompe vientos y árboles dispersos en pasturas e implementación de buenas prácticas de manejo para la producción de leche y carne. Tiene su mayor ámbito de aplicación hacia el Darién, es decir, la parte caribe del Chocó Biogeográfico, en lo que hemos denominado, frontera Atrato – Darién.
Agricultura orgánica para la producción de alimentos
Este aspecto del modelo se fundamenta en el fortalecimiento de sistemas productivos de agricultura tradicional, la implementación de buenas prácticas agroecológicas en unidades de producción agroalimentarias familiares y el fomento al cultivo de frutales nativos bajo manejo y lineamientos agroecológicos. Bajo este enfoque se procura generar una alternativa de desarrollo socioeconómico, en base al rescate de viejas prácticas de producción agrícola de subsistencia, que contribuyan a disminuir los problemas sociales del agro en la región y elevar el nivel de vida de las comunidades étnicas; y buscar alternativas al desarrollo social y ambiental racionalmente que respete los principios de armonía natural y la conservación de los ecosistemas.
Balsámicas y otras bebidas ancestrales:
Las balsámicas y bebidas ancestrales, además de representar una opción productiva para la región, en razón de los costos cercanos al medio millón de pesos que hoy puede tener algunas botellas curativas, representa la reivindicación del conocimiento ancestral, representado en centenares de sabedores tradicionales que conocen la selva y sus secretos, encontrando en las plantas opciones para potenciar sexualmente a hombres y mujeres, atender asuntos de infertilidad femenina, así como otras enfermedades de frecuente ocurrencia en el Chocó Biogeográfico. Estas bebidas tienen como base el viche, el cual es otro producto que, con buenos empaques, dada la alta calidad de su producción ancestral, puede representar una buena opción económica.
2.4. RESTAURACIÓN FUNCIONAL Y RECONVERSIÓN PRODUCTIVA
La restauración funcional y la reconversión productiva pueden proporcionar una gran dinámica en la empleabilidad del territorio, que contribuya a la generación de una nueva cultura productiva que aporte a la paz total, en tanto genera ocupación remunerada de actores que conocen profundamente el territorio y son propensos a vincularse a actividades ilícitas que además deterioran las condiciones medioambientales de este especial espacio geográfico de Colombia: aserradores, cazadores, pescadores, vaqueros, amas de casa, guías de campo y transportadores, podrían vincularse a empleos formales y contribuir al mejoramiento de los indicadores sociales de una región impactada de manera vergonzante por la pobreza. Los territorios con necesidades de esta intervención se encuentran a lo largo y ancho del Chocó Biogeográfico y se concentran en algunos núcleos que ameritan una atención especial.
De igual manera, los procesos de restauración que buscan devolverle a la región ecosistemas funcionales, brindan la posibilidad de vinculación de una gran cantidad de actores étnicos; la construcción de viveros, la consecución y reproducción de material vegetal, la guianza de campo, el monitoreo y seguimiento del crecimiento, el manejo adaptativo, entre otros, son aspectos que requieren mano de obra con conocimiento y experticia, tanto del territorio como de los procesos productivos que hacen parte de la restauración de los ecosistemas de la región.
Varias son las causas que han deteriorado las condiciones ambientales tantos en los bosques como en las fuentes hídricas del Chocó Biogeográfico, de lo cual se derivan diferencias sustanciales frente a los métodos de restauración.
Frente al deterioro de los bosques, una de las causas se asocia a la extracción selectiva de especies forestales, tanto de los bosques heterogéneos, situación que ocurre tanto legal como ilegalmente, en estos casos, desde la distancia se advierte el verde de la selva, pero dentro del bosque se concluye que su descreme conduce a la no presencia de especies en condición de amenaza por la intensidad de uso. El mismo tipo de aprovechamiento selectivo ocurre en bosques o asociaciones más homogéneas como los manglares, cativales, guandales, etc. Lo anterior nos lleva a una intervención que debe conducir al enriquecimiento de los bosques, lo que puede implicar la introducción entre 25 y 100 individuos de especies forestales emblemáticas y amenazadas por cada hectárea.
Otro tipo de intervención a los bosques se relaciona con el cambio de uso del suelo, en este grupo se encuentran actividades productivas legales e ilegales que reducen la frontera forestal y arrasan con la cobertura boscosa, como la minería, la cual deja suelos denudados y revueltos, que no dejan otra opción técnicamente mejor que la restauración pasiva y un posterior enriquecimiento que basados en estudios autoecológicos, hagan posible el sostenimiento de especímenes de interés en el tiempo. Este tipo de intervenciones, después de la recuperación pasiva de coberturas, la cual incluso podría acelerarse, podría garantizar la incorporación de entre 25 y 100 árboles por hectárea.
También se cambia el uso del suelo forestal para actividades agrícolas y ganaderas, situaciones que conducen a prácticas de reconversión productiva, haciendo estas actividades más amigables con las condiciones ambientales del territorio, lo que corresponde a nuestras líneas productivas de ganadería responsable y sistemas agroforestales, los cuales podrían permitir la introducción de entre 100 y 400 árboles por hectárea. En el caso de la deforestación asociada a la instalación de cultivos de uso ilícito, las tierras podrían volver a coberturas forestales, siempre que se garantice la heterogeneidad del bosque y la variabilidad genética necesaria para mantener el patrimonio natural regional.
En cuanto a manglares y otras asociaciones forestales relativamente homogéneas, pueden presentarse situaciones similares a las descritas con anterioridad, lo que supone entonces tratamientos similares que deben tener en cuenta las densidades de las coberturas particulares, además de acciones de recuperación del flujo hídrico. En este tipo de coberturas se encuentran más individuos por unidad de superficie, por lo que el número de individuos por hectárea puede subir abruptamente en relación con los números propuestos para los casos anteriores.
El deterioro de los ecosistemas acuáticos y marino-costeros tiene su origen en el desarrollo de actividades productivas tanto ilegales como ilegales, las cuales inciden en pérdida de oferta y calidad del agua, originadas por la sedimentación, la presencia de grasas, aceites, metales pesados y coliformes, entre otros elementos, así como la desviación y desecación de cauces superficiales, la acumulación de bancos de arena, entre otros aspectos. Lo anterior, le da cabida a un conjunto de acciones de restauración que van desde el destaponamiento de ciénagas y fuentes hídricas superficiales, hasta la corrección de cauces.
Los arrecifes coralinos también han resultado afectados por diferentes fuentes que causan su deterioro, las cuales pueden operar a nivel local como baja salinidad, sedimentación, turbidez y mareas bajas extremas, al igual que procesos globales como lo es el aumento en la temperatura superficial del mar. Durante los fenómenos de El Niño de 1982-1983 y 1997-1998 se murieron extensas áreas de arrecifes de coral en el Pacífico colombiano, donde los corales Pocillopora, que son el principal constructor de arrecifes de la región, fueron los más afectados. En el escenario actual del calentamiento del océano se empiezan a evidenciar blanqueamiento coralino, donde de mantenerse esta situación por un periodo prolongado derivara en la disminución de las coberturas de coral vivo, por lo cual se hace necesario considerar estrategias de restauración activa que favorezcan a la recuperación de estos y de sus servicios ecosistémicos.
En general, el enriquecimiento de los ecosistemas tanto terrestres, acuáticos continentales como marino-costeros contempla además de la introducción de especies de flora, el repoblamiento con especies de fauna y recursos hidrobiológicos y pesqueros, que tienen en los ecosistemas funcionales su hábitat y nicho de reproducción con una cultura de uso local asociada, la cual sirve tanto a procesos económicos como de seguridad alimentaria territorial, lo que supone el trabajo con especies de la piangua, el camarón de agua dulce y la guagua, entre otras especies.
En cualquier caso, los procesos de restauración deben representar una oportunidad de generación de trabajo formal digno en el territorio, utilizando miembros de las comunidades para muy diversas tareas que se requieren en el marco de un proceso de esta naturaleza. Además de las actividades que se enmarcan en los procesos restaurativos tanto de ecosistemas boscosos como hídricos, se encuentra el monitoreo de los cambios en las condiciones que se pretenden transformar, lo que implica un trabajo de largo plazo que permita, a través de acuerdos comunitarios, reportar información que permita tomar decisiones que de verdad enruten en cumplimiento cabal de las metas definidas. En este sentido, la vinculación de los consejos comunitarios, los resguardos indígenas, las instituciones educativas del nivel secundario, además de aliados como las corporaciones, las universidades y el SENA, será de vital importancia.
2.5. ACCIÓN CLIMÁTICA
La íntima relación entre las dinámicas socioeconómicas vitales de los territorios con los componentes ambientales, cuyo estado y disponibilidad a su vez se encuentran mediados por los procesos y ciclos climáticos, hace que las acciones enfocadas en la adaptación y la resiliencia frente a los efectos del cambio climático, constituya una línea clave y estratégica para garantizar un buen ejercicio tanto de planificación territorial, uso sostenible de la biodiversidad, restauración efectiva de los ambientes disturbados, conservación productiva y participativa del patrimonio natural de los territorios y como de la práctica adecuada de la gobernanza, lo que en conjunto se traduce en la búsqueda del bienestar de las comunidades a partir de la consecución de un desarrollo competitivo desde una perspectiva de sostenibilidad basada en el aprovechamiento de las potencialidades ambientales y bioculturales de la región.
Desde esta perspectiva, la estrategia planteada busca introducir cambios o mejoras en los procesos, prácticas y estructuras tanto a nivel doméstico, como en los sectores productivos y de gestión ambiental territorial, para reducir o mitigar los daños potenciales asociados con el cambio climático, al mismo tiempo que se crean oportunidades de generación de ingreso y bienestar para las comunidades. Lo anterior con un enfoque muy importante de incorporación de conocimiento tradicional y demás criterios bioculturales, obtenidos a partir de ejercicios previos de documentación de prácticas tradicionales de adaptación al cambio climático que durante años las comunidades de la región han desarrollado en respuesta a su relación permanente de uso y convivencia con la biodiversidad.
Para ello, la línea de trabajo para la transformación se enfoca en aspectos claves que incluyen la transición al uso de energías limpias para disminuir gases de efecto invernadero, el manejo adecuado de residuos sólidos como mecanismo de reducción del consumo de recursos naturales y de procesos de contaminación, el control de la deforestación para favorecer la conservación de los ecosistemas boscosos que contribuyen con la captación de gases y la producción de oxígeno, la reconversión de actividades productivas de alto impacto y consumo, la reducción de la erosión costera, el control de actividades antrópicas que favorecen el incremento del nivel del mar, así como el mejoramiento de la calidad de los ecosistemas hídricos continentales y costeros, entre otros aspectos que intervienen de manera directa e indirecta en los cambios de los ciclos climáticos naturales y cuyos efectos se observan en la frecuencia y magnitud de ocurrencia de eventos extremos como sequias, inundaciones, incrementos de temperatura y oleadas de calor, entre otros, que han damnificado ecosistemas y las poblaciones humanas durante los últimos años.
De acuerdo a lo anterior, se plantea para la región el desarrollo de energías limpias como una estrategia imprescindible para combatir el cambio climático, limitar sus efectos y caminar hacia la adaptación y la resiliencia de las comunidades, desde un enfoque de aprovechamiento de la amplia oferta de recursos renovables de la región, a partir de los cuales se pueden establecer modelos de producción energética de bajo impacto y que faciliten además el suministro de energía a áreas sin interconexión eléctrica con consecuentes limitaciones de desarrollo económico. Dicha oferta de recursos, así como la fisiografía de la región, su relieve y sus patrones climáticos constituyen el principal insumo para apalancar el desarrollo de esquemas de producción energética limpia a partir de la transformación de energía eólica principalmente en zonas costeras como la región del Darién, energía solar en zonas con temperaturas promedio por encima de los 300C a lo largo de Chocó, Cauca, Valle y Nariño, energía hidráulica a través de toda la extensa red hídrica de la región, principalmente en zonas con combinación entre fisiografías y caudales considerables, y por último, sistemas de producción de energía a partir de la biomasa en áreas de alta producción agrícola o zonas degradadas por actividades antrópicas con posibilidad de establecimiento de especies con alta producción de biomasa, así como con el aprovechamiento integral de residuos sólidos.
Estratégicamente, se busca el impulso de sistemas localizados de producción energética o núcleos que combinen varias de las tipologías energéticas mencionadas, para resolver la demanda de pequeñas poblaciones o sistemas circulares en actividades productivas específicas que por un lado contribuyan a apalancar procesos de transferencia tecnológica, agregación de valor a las actividades productivas tradicionales y locales en la región, mejorar las restricciones de acceso, cobertura y calidad de ciertos servicios básicos y esenciales que requieren de energía eléctrica para su funcionamiento y operación y por otro lado, a aumentar la resiliencia y mitigar el cambio climático reduciendo el uso de combustibles fósiles generadores de gases de efecto invernadero.
Este enfoque se articula con una apuesta por la valorización energética de residuos sólidos, a partir de la transformación de la biomasa en biocombustibles y biogás, con lo que se aporta no solo a la mitigación climática por la disminución en la presión sobre los recursos naturales y por la reducción en el consumo de combustibles fósiles sustituidos por estas energías limpias, sino que también se contribuye a resolver los problemas ambientales asociados al mal manejo de los residuos sólidos y las deficiencias de saneamiento en los territorios que hacen parte de la subregionalización del Chocó Biogeográfico, donde hay limitaciones en los sitios adecuados de disposición final (rellenos sanitarios), situación que se agudiza en las zonas costeras por la falta de vías de acceso carreteable que faciliten y reduzcan los costos de transporte de productos de reciclaje, favoreciendo así sistemas de aprovechamiento y transformación in situ, que favorecen la resiliencia climática de las comunidades. Se contempla desde esta perspectiva, implementar estrategias para mejorar la gestión integral de residuos sólidos de las 15 subregiones a partir de la implementación de acciones integrales que incluyan programas de educación ambiental, recolección selectiva, aprovechamiento con enfoque comunitario y valoración energética como tratamiento final.
Sumado a lo anterior, dado que el calentamiento global y los consecuentes efectos del cambio climático, están asociados a la quema de combustibles fósiles que están presentes en casi todos los sectores económicos y cuyas emisiones representan más del 70% de la producción de gases de efecto invernadero, seguidas de un 23% proveniente de la agricultura y la actividad forestal (23%), las acciones de adaptación y resiliencia climática contempladas para la región, incluyen de manera prioritaria el control de la deforestación y la reconversión productiva, con propósitos interrelacionados e indispensables para lograr la mitigación de los impactos sobre los ecosistemas y las poblaciones, en su mayoría vulnerables debido a la deficiencia en sistemas de saneamiento y atención integral, ubicación costera o asociada a cuerpos de agua, insuficiente atención gubernamental y limitados presupuesto para la gestión del riesgo climático.
Para el tema de vulnerabilidad al cambio climático, el INVEMAR desde hace más de 15 años ha venido generando información que ha permitido clasificar la zona costera del Pacífico colombiano con una alta vulnerabilidad frente a los efectos de inundación progresiva por Ascenso del Nivel del Mar (ANM) y erosión costera. Estos resultados han sido la base para las comunicaciones nacionales de cambio climático ante la Convención Marco de las Naciones Unidas (CMNUCC) y a partir de estas valoraciones, se han realizado análisis de vulnerabilidad a escala local para tres sitios críticos del Pacífico como son Tumaco (2008), Buenaventura (2017) y Bahía Solano (2018).
Desde el tema de mitigación de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en las zonas costeras y para el fortalecimiento de la gestión de las áreas marinas protegidas (AMP), INVEMAR en asocio con la Fundación Natura, Carbono y Bosques y la participación comunitaria, desarrolló en Bahía Málaga (Buenaventura) un ejercicio piloto para evitar la deforestación del manglar, mediante el levantamiento de la línea base de existencias de carbono y establecimiento de parcelas de monitoreo en cuanto a deforestación y degradación en áreas de manglar. Los resultados indicaron un potencial de almacenamiento de carbono en Bahía Málaga de 220,4 Mg/ha, estando el mayor contenido de carbono en los suelos (60-80%) (Invemar-Fundación Natura, 2019).
Por otra parte, INVEMAR ha desarrollado avances en el tema de adaptación a partir de la formulación de estrategias para la incorporación del riesgo asociado al cambio climático en los diferentes esquemas e instrumentos de planificación desde el nivel sectorial hasta el nivel local, de acuerdo al escenario normativo y legislativo Nacional (Ley 388 de 1997; Conpes 3700; Ley 1450 de 2011, Decreto 1523 de 2013, Decreto 120 de 2013, Decreto 298 de 2016, Ley 2169 del 2021). La evidencia de uno de estos procesos, es la elaboración en asocio con Minambiente y Mintransporte del Plan de Cambio Climático para Puertos Marítimos de Colombia que incluyó las zonas portuarias de Buenaventura y Tumaco y la elaboración de la hoja de ruta para incorporar los temas de cambio climático en los procesos de formulación de los planes de ordenamiento y manejo integrado de las unidades ambientales costeras (POMIUAC), tomando como uno de los casos de estudios la UAC LLAS en el Pacífico. También, se destaca la participación del Instituto en los procesos de formulación de los Planes Integrales de Gestión del Cambio Climático Territoriales (PIGCCT) de Buenaventura, Nariño y Cauca, liderados por los entes territoriales y en el marco del accionar de los Nodos Regionales de cambio climático Pacífico Norte y Sur.
Se han llevado estudios de monitoreo de erosión costera de carácter local como: “Análisis de la dinámica sedimentológica y los determinantes socioambientales en la zona intermareal del lóbulo norte del Delta de Sanquianga, Nariño”. Este trabajo de investigación llevado a cabo en el año 2015 representa un área de gran interés científico y socioeconómico debido a sus grandes variaciones morfológicas como consecuencia de la intervención antrópica con la construcción del canal Naranjo en el año 1972, el cual generó la reactivación del antiguo delta del río Patía, con la avulsión y la captura de gran parte del caudal de este por el Río Sanquianga, en lo que hoy se conoce como sistema Patía – Sanquianga. A partir de esto, el área ha experimentado múltiples cambios geomorfológicos por el desvío del flujo de carga de sedimentos, indicando, por un lado, un fuerte retroceso de la línea de costa con la erosión litoral y la colmatación de los antiguos canales por el proceso de abandono del cauce.
Desde el 2011, se ha llevado a cabo el monitoreo mensual de la morfodinámica costera cuyo informe más reciente es: “Morfodinámica de playas del Pacífico Colombiano” (La Bocana, Piangüita y Punta Soldado) en Buenaventura (INVEMAR, 2022), mediante el levantamiento y análisis de datos de línea de costa y modelos de elevación digital del terreno (MTD). En este trabajo se destaca la influencia que tiene la marea como principal factor modelador del litoral, así como la incidencia de otras variables como los vientos, el oleaje y la precipitación.
A nivel oceanográfico se han realizado investigaciones desde el año 2013 en el Parque Nacional Natural Gorgona, a través de mediciones de variables termohalinas en un diseño de estaciones alrededor del parque. Para el año 2019 se planteó un monitoreo de la respuesta del sistema de carbonatos ante la influencia continental y climática en dicho parque, hasta el momento se ha cubierto una red de 26 estaciones en los años: 2019-2021-2022.
Dentro de la información producida por el INVEMAR, se destaca también la relacionada con la erosión costera en Colombia, que, mediante el monitoreo y generación de estadísticas, ha permitido evidenciar los puntos críticos afectados por este fenómeno en toda la zona costera del país y de esta manera, aportar insumos a los mapas de riesgo y en el ordenamiento, toma de decisiones y planificación de las costas.
En relación con la erosión y el incremento de los niveles del mar, se busca contrarrestar los efectos que se han generado en las zonas costeras de las subregiones, asociadas a los departamentos de Antioquia, Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño, en donde el desarrollo de prácticas productivas, la falta de planificación urbana y el crecimiento poblacional hace que los procesos socioeconómicos se conviertan en factor adicional de la presión y deterioro ambiental asociada a la explotación excesiva de los recursos naturales, generando un incremento en la contaminación, sedimentación excesiva y consecuentemente, un aumento en los niveles del agua en diferentes épocas del año. Se requiere entonces, definir los mecanismos necesarios para la prevención y control de los factores de deterioro ambiental, que además, son determinantes en los criterios de evaluación, de seguimiento y manejo ambiental de las actividades económicas, sociales y productivas; la regulación del uso y manejo de los recursos naturales renovables y las actividades portuarias a las cuales se asocia la utilización de rellenos, dragados y obras de ingeniería oceánica; las dinámicas en zonas continentales, y los cambios del clima relacionados con fenómenos del niño y la niña, generan un desequilibrio que afecta las funciones ecológicas, la biodiversidad y los hábitats acuáticos.
La visión de gestión, planificación alrededor de la erosión marina, se fundamenta en la formulación y desarrollo de una estrategia integral y sostenible que articule los diferentes instrumentos e instituciones de orden nacional, regional, y local, para un adecuado apoyo técnico, financiero, institucional y comunitario; que garanticen la prevención, mitigación y control de la erosión costera y sus consecuencias tanto a nivel ambiental y social en cada una de las subregiones que involucren asentamientos humanos en zonas costeras. Actualmente, el país cuenta con un Plan Maestro de Erosión Costera, diseñado para brindar las herramientas a las instituciones gubernamentales y a los actores con injerencia en temas marino-costeros para adoptar las medidas necesarias para resolver los problemas ocasionados por la erosión costera. De acuerdo con ello, se pretende adicionalmente, que las acciones a desarrollar partan de un diagnóstico y que permita la identificación de fortalezas y deficiencias en los programas de vigilancia y control, la definición de indicadores y variables para el monitoreo de los cambios climáticos que generan aumento o disminución en los niveles del mar.
Se propone entonces, una articulación efectiva con el Plan maestro de erosión costera, que tengan coherencia territorial en función de las problemáticas identificadas en cada una de estas subregiones; considerando igualmente, las estructuras administrativas, el marco legal y las redes de cooperación y coordinación entre diversos actores. Por lo tanto, la gestión efectiva del riesgo a los efectos de la erosión y sedimentación marino costera implica una cartera de acciones para reducir éste y responder a los eventos y desastres asociados a cambios en los niveles del mar, contaminación y afectaciones sobre la productividad de los ecosistemas marino costeros; para lo cual se deberá implementar y/o incrementar redes de monitoreo costero que permitan estimar los cambios de los niveles del mar en diferentes épocas del año y en tiempos reales, asociados a inundaciones, sequías y aumento en los niveles de sedimentación, en las subregiones que integran asentamientos humanos en zonas costeras como Arboletes, San Juan de Urabá, Turbo y Necoclí (Subregión bosques fragmentados del Urabá, enclave productivo y despensa agrícola y pecuaria global), Acandí, Unguía, Triganá y Capurganá en el Caribe; Juradó, Bahía Solano, Nuquí, Bajo Baudó, y Litoral del San Juan en el Pacífico chocoano, Buenaventura en Valle del Cauca, López de Micay, Timbiquí y Guapi en el Cauca, El Charco, La Tola, Mosquera, Olaya Herrera, Santa Bárbara, Francisco Pizarro y San Andrés de Tumaco en Nariño.
Estas acciones integran una visión general de los esfuerzos nacionales e internacionales en materia de erosión costera, a partir de la selección de sitios claves de erosión costera en las subregiones, el diagnóstico y caracterización de los sistemas naturales, de los sistemas socioeconómicos, la institucionalidad, gobernanza y los sistemas financieros; lo que permitirá la formulación e implementación de planes, programas, proyectos y acciones encaminadas a afrontar los efectos negativos de los aportes por corrientes continentales y el cambio climático.
- PARTICIPACIÓN CIUDADANA PARA LA GOBERNANZA
La gobernanza se concibe como una acción suprema que permite de manera efectiva la comprensión, administración y gestión integral del territorio; buscando como fin último involucrar a todos los actores, tanto étnicos representados en consejos comunitarios y resguardos indígenas; como actores institucionales, en los procesos de protección del patrimonio biocultural, promoción del desarrollo económico competitivo, resolución de conflictos socioambientales y construcción de herramientas dinámicas para la administración adecuada del territorio; en donde se ponen a disposición las diversas capacidades, instrumentos, competencias y condiciones de los involucrados en función de los propósitos comunes.
Desde esta perspectiva, el propósito de la gobernanza para la gestión ambiental integral está enmarcado en el fortalecimiento y desarrollo de las capacidades institucionales y étnicas para la toma de decisiones soportadas en el conocimiento, orientadas a la gestión y el control, bajo los principios de transparencia, responsabilidad, rendición de cuentas, participación, veeduría ciudadana, y capacidad de respuesta de acuerdo con los diferentes contextos culturales, sociales, económicos, políticos y biofísicos de las subregiones que la integran. La gobernanza integral del territorio busca consolidar modelos que se aproximen a la estandarización de procesos de coordinación, articulación y cooperación entre los diferentes niveles del Estado y los diversos actores, sean étnico, territorial, local, regional y/o nacional, privados, públicos, sociales, campesinos, además de los sectores productivos; con el fin de evitar que las dinámicas al interior del territorio, se conviertan en amenazas para las comunidades, en su garantía de promover la integridad del patrimonio biocultural para asegurar la oferta y el uso, los servicios ambientales y la conservación de costumbres tradicionales. Lo crucial en este modelo es tener una visión de integración de las formas de ver el territorio acorde con el mantenimiento y sostenibilidad de la diversidad biológica y cultural en el largo plazo.
Sumado a lo anterior es importante destacar que la mirada de la participación ciudadana para la gobernanza en el territorio esta mediada por dos instrumentos de orden internacional como son:
El acuerdo de Escazú que constituye una herramienta de alianza regional sobre el acceso a la información, la participación pública y el acceso a la justicia en asuntos ambientales en América Latina y el Caribe, es el primer pacto ambiental en la región, que pretende garantizar derechos a la información en la temática y participación pública en decisiones en las que el medio ambiente esté en juego. Nuestro enfoque de gobernanza territorial se ajusta a los principios de este Acuerdo y enfatiza en las apuestas de país que respalda a regiones como el Chocó Biogeográfico que por sus particularidades y dinámicas bioculturales presentan un riesgo inminente en la protección de los líderes y lideresas ambientales, quienes son amenazados, vulnerados y asesinados por defender sus causas. Estos son los derechos fundamentales del Acuerdo de Escazú que esta estrategia territorial pretende integrar:
- Acceso a la información ambiental: La ciudadanía tendrá acceso a información clara y sobre la gestión de los recursos naturales.
- Participación pública: Se garantizan y fortalecen los mecanismos de participación ciudadana en los procesos ambientales.
- Acceso a la justicia ambiental: Reconocimiento, promoción y protección a los derechos de los defensores ambientales.
El Convenio 169 de la OIT, tiene dos postulados básicos: el derecho de los pueblos indígenas a mantener y fortalecer sus culturas, formas de vida e instituciones propias, y su derecho a participar de manera efectiva en las decisiones que les afectan. Estas premisas constituyen la base sobre la cual deben interpretarse las disposiciones del Convenio. También garantiza el derecho de los pueblos indígenas y tribales a decidir sus propias prioridades en lo que atañe al proceso de desarrollo, en la medida en que éste afecte sus vidas, creencias, instituciones y bienestar espiritual y a las tierras que ocupan o utilizan de alguna manera, y de controlar, en la medida de lo posible, su propio desarrollo económico, social y cultural. Este convenio se constituyó en la base para las creaciones de la Ley 70 de 1993 y La Jurisdicción especial étnica para las comunidades indígenas de Colombia, por la profundidad de sus contenidos en la participación y la gobernanza, se convierte en un elemento clave para enrutar la mirada de gobernanza en la región del Chocó Biogeográfico que tiene como particularidad más del 70% de su territorio titulado colectivamente a Consejos Comunitarios y Resguardos Indígenas, que a su vez, constituyen gobiernos propios y autónomos con herramientas particulares como son los planes de vida y planes de etnodesarrollo.
Desde la mirada interna del país, existen múltiples herramientas puestas en las instituciones del Estado, que cumplen sus funciones en las escalas territoriales y que las materializan a través de instrumentos operativos como son: figuras de manejo u ordenamiento, que apuntan a dar respuestas a situaciones temáticas o de políticas, en razón de estas se generan espacios permanentes donde se construyen y actualizan las múltiples orientaciones de las figuras y que desde una mirada de gobernanza, deberían estar constituidos con principio de participación, para que las comunidades y la ciudadanía puedan aportar de manera efectiva en su construcción.
Para un logro efectivo de las pretensiones de tener un territorio que participe de manera democrática en las decisiones que se tomen, es determinante la implementación de programas de educación ambiental que desborden la mirada académica y se enfoquen en la capacitación ciudadana para el entendimiento de las dinámicas ambientales en doble vía, la mirada desde el estado y la cosmovisión de las comunidades, esto garantizará una mejor apropiación del conocimiento y la información y fortalecerá la macro meta del país de democratizar la información y el conocimiento como una medida de incidir de manera directa en la efectividad de decidir en el desarrollo propio desde el territorio y con ello el cierre de brechas en el uso efectivo de la información.
La participación efectiva en la toma de decisiones, pero también en el ejercicio autónomo de los gobiernos propios y de la propiedad colectiva, supone el fortalecimiento de las comunidades étnicas y sus procesos organizativos, lo cual comprende temas que van desde la revisión y formulación de sus instrumentos propios de planificación, hasta la consideración de instrumentos normativos que les dé capacidad de decisión y garantías de cumplimiento de sus decisiones, hecho que supone la reglamentación de los capítulos aún no reglamentados de la Ley 70 de 1993 y recursos y herramientas necesarias para la administración de sus territorios.
[1] Dinerstein, E.D., D. Olson, A. Graham, S. Webster. S. Pimm, M.Bookbinder and G. Ledec. 1995. Una evaluación del estado de conservación de las ecorregiones terrestres de América Latina y el Caribe. WWF Banco Mundial. Princeton
[2] Sánchez (2008). Escenario natural, social y cultural del Complejo Ecorregional Chocó-Darién (CECD).
Consultado en: https://www.researchgate.net/publication/266140833_Escenario_natural_social_y_cultural_del_Complejo_Ecorregional_Choco-Darien_CECD
[3] OCHA Colombia. Monitor de violencia armada. Fecha de corte: 1 de junio de 2022. En: https://monitor.salahumanitaria.co/
[4] Análisis 2020-2021 realizado por la Secretaría Técnica de la Comisión Intersectorial para la Prevención del Reclutamiento, la Utilización y la Violencia Sexual contra Niños, Niñas y Adolescentes -CIPRUNNA-.
[5] Ver en: https://360radio.com.co/capturan-a-presunta-jefe-de-finanzas-del-clan-del-golfo/
[6] Ver en: https://www.bluradio.com/medellin/clan-del-golfo-ataco-patrulla-militar-en-uraba-antioquia-185197-ie43647
[7] Ver en: https://www.elespectador.com/noticias/judicial/asi-esta-el-escenario-de-guerra-en-choco-articulo-894869
[8] Ver en: https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/ejercito-desmantelo-cinco-campamentos-del-clan-delgolfo-en-choco-42
[9] Ver en: https://lasillavacia.com/silla-caribe/la-guerra-que-pasa-de-agache-en-el-sur-de-cordoba-69959
[10] Ver en: https://lasillavacia.com/las-cuentas-guerra-bajo-cauca-y-sur-cordoba-72127
[11] https://www.parquesnacionales.gov.co/portal/es/sistema-nacional-de-áreas-protegidas-sinap/registro-único-nacional-de-áreas-protegidas
[12] Informe de Gestión Fundación Natura 2020
[13] Las áreas de bosque protector fueron calculadas por el Laboratorio de Datos Geográficos del IIAP, a partir de la categoría «Bosques naturales y áreas no agropecuarias» de la Frontera Agrícola (UPRA, 2019), «Bosque Estable» de Cambio de Bosque 2019 – 2020 (IDEAM, 2020) y Ordenación Forestal (CODECHOCO, 2018).




