Los procesos comunitarios, liderados por los pescadores de esta región, ahora buscan proteger el entorno marino y mitigar los impactos que la pesca pueda ocasionar.
Los pescadores del municipio de Acandí, en el Santuario de Acandí, Playón y Playona, propusieron a Jesús Antonio Julio como uno de sus representantes, y ahora no solo sigue siendo un pescador artesanal miembro del consejo comunitario Cocomaseco, sino que también es técnico de Parques Nacionales Naturales de Colombia (PNNC), la institución que se encarga de manejar las áreas protegidas del país.
Ya con Jesús al frente, “los pescadores se han metido en los procesos de conservación de la tortuga”, no sólo velando por su bienestar, sino cambiando sus técnicas de pesca para ocasionar el menor daño posible.
La pesca tradicional, “la que los mayores nos enseñaron, era una pesca de subsistencia y de cuidar el recurso”, pero con la entrada de barcos “vikingos” hicieron un arrastre masivo en esta costa que duró casi 40 años, y el recurso pesquero se ha ido agotando paulatinamente, “obligando al pescador a abandonar paulatinamente las líneas de mano y cambiarlas por redes, y algunas son muy letales”, explica Jesús mientras por detrás los botes de pescadores tradicionales siguen faenando.
Ya hace cinco años, el consejo comunitario y la organización de pescadores que lidera crearon un proyecto de conservación para que el pescador se articulara y en el momento de desove de las tortugas hiciera parte del proceso de monitoreo, “ya que conoce toda la dinámica de las condiciones del mar”. Y aunque al principio fue un trabajo complejo, pues suponía cambiar la forma en la que habían pescado durante décadas, el mensaje caló y hoy “el pescador se siente más comprometido” con la conservación.
Todo el proceso ha sido “significativo” en la búsqueda de un equilibrio que beneficie tanto en lo económico como en lo social al pescador, que sigue teniendo que subsistir con la pesca como actividad principal, pero también garantizando el cuidado del entorno, tanto terrestre como marino.
Para eso, y como parte de los incentivos, los pescadores se han asociado con PNNC, WWF Colombia y otros cooperantes, quienes les han entregado herramientas de trabajo, como motores, y ayuda para construir un restaurante en el que puedan ofrecer la pesca del día y generar una economía circular que garantice que los beneficios se quedan en la comunidad a través del programa Herencia Colombia*.
En este sentido, ha sido un proceso “fructífero” desde la parte alimentaria. “Nosotros siempre hemos consumido pescado, si hacemos una mala práctica estamos ocasionando que hacia el futuro, hacia las nuevas generaciones, no existan recursos”, agrega Jesús.
La pesca y las tortugas
“La pesca y la conservación son compatibles siempre y cuando tengamos buenas prácticas de manejo y uso sostenible de nuestro recurso pesquero”, en palabras de Jesús que, junto con los otros funcionarios de PNNC, hace monitoreo de la pesca diaria en el municipio para garantizar estas buenas prácticas. Para eso, acuden todas las mañanas a los mercados de pescado donde toman los datos del recurso pesquero que llega a Acandí, como los precios y las tallas.
“El pescador del municipio de Acandí no ha utilizado la red más letal que estaba ocasionando la muerte de las tortugas caná”, celebra Jesús, quien considera que “todo ecosistema que está ahí es por algo, hay que cuidarlo y protegerlo, ayudarlo a su recuperación” y, por eso, entre las acciones de concienciación que se han llevado a cabo está la articulación con barcos de fondeo para que no lo hagan en lugares donde haya pasto marino, que es el lugar de alimento de las especies marinas que hay en el área. Además, “en lo que va de temporada de este año los pescadores han dejado de tirar las redes donde hacen el desove las tortugas caná”.
Para Jesús, “la mejor obra que hemos tenido en Acandí es nuestro Santuario”, pero pide seguir fortaleciendo y articulando con la comunidad y con los cooperantes para que los pescadores puedan seguir mejorando su calidad de vida y conservando el ecosistema marino. “Para que ese señor mañana o pasado pueda tener un ingeniero o un abogado que diga ‘yo soy producto de pescador’”, dice Jesús señalando a uno de la decena de pescadores que faenan, día a día, en Acandí.
*Acerca de Herencia Colombia
En el marco de la COP 21 de Cambio Climático en París, en diciembre de 2015, se estableció el programa Herencia Colombia (HECO), mediante un acuerdo entre diversas entidades y organizaciones público-privadas con el principal objetivo de asegurar la conservación y financiación a largo plazo de más 40 millones de hectáreas, a través del fortalecimiento del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP) y otras estrategias de conservación.
HECO busca generar paisajes sostenibles como espacios de inclusión y construcción de paz, promoviendo el bienestar y desarrollo humano en el contexto del cambio climático. Además, es una apuesta relevante para cumplir los compromisos globales en biodiversidad post 2020, establecidos por el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), la Convención de Cambio Climático y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
A nivel nacional, HECO se alinea con la política para la consolidación del SINAP y otras estrategias como la Política Nacional para la Gestión Integral de la Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (PGIBSE), la Política Nacional de Cambio Climático, el Plan Nacional de Adaptación y la Estrategia Colombiana de Desarrollo Bajo en Carbono (ECDBC) y la Estrategia Integral de Control a la Deforestación y Gestión de los Bosques (EICDGB).



