
Por Haidy Sánchez Mattsson, Psicóloga quibdoseña residente en Suecia.
La comparación metafórica que decido hacer entre el “iceberg o glaciar” – masa de hielo que flota en el océano- y la situación de inconformidad en Colombia; me permitirá tratar de visualizar de una forma concreta algunos elementos ocultos en las estructuras básicas de la situación del país; situaciones que probablemente no son accesibles directamente, pero que están allí, latiendo, creando dificultades y calentando el ambiente nacional.
Permitámonos imaginarnos estar ubicados desde la tierra y tener al frente un “iceberg flotando”, solo podríamos ver la parte superior, pero si nos metiéramos al fondo del mar, allí veríamos una gran masa de hielo oculta, pero existente.
En Colombia han flotado diferentes situaciones: desigualdad social, hambre, rabia, decepción política y social; componentes estos, que sin duda alguna han contribuido a la fuerte fractura del país; un país que hoy en día arde de ira, frustración y odio.
Pienso que lo que está pasando en Colombia es indudablemente un estallido social; ese que es causado por el enorme descontento de masas. Un descontento que como el historiador Gabriel Salazar Vergara expresa: “Solo faltaba una chispa (cualquier chispa) que hiciera estallar todo”. ¡Claramente, vemos como esa chispa fue la reforma tributaria!
Porque todos sabemos que esto que se está viviendo en Colombia no llegó de manera intempestiva; esto es el resultado de un descontento acumulado y que tiene intenciones de buscar cambios urgentes y estructurales en todas las células de la sociedad. Una sociedad que es percibida por muchos como injusta, no equitativa, polarizada y clasista, que, sin duda alguna, necesita redefinirse para poder avanzar y desarrollarse.
Es precisamente esto lo que los jóvenes del país ya tienen bastante claro, y también saben que la única salida es reclamar; exigir, por ejemplo: la solución a problemas no resueltos, la revisión del modelo económico actual, la gratuidad en los estudios superiores en instituciones de educación a personas de bajos estratos, la efectividad en las políticas de empleo; principalmente las políticas de empleo juvenil.
En Colombia la gente espera respuestas no ficticias, sino reales, concretas e inmediatas; para de esta forma sentir que si se crean oportunidades verdaderas; que la gente puede salir fortalecida de esta grave crisis.
No se puede ignorar, que los jóvenes nos están demostrando que por nada del mundo quieren caer en la desesperanza y se aferran a la lucha por su bienestar, ¿Acaso es mucho pedir? Pues no debería de serlo, es más, el bienestar y la calidad de vida, es algo que en sociedades desarrolladas se respeta y se trabaja arduamente para que sus ciudadanos puedan sentirse seguros y satisfechos; condiciones estas que se han vuelto impensables en Colombia.
Sabemos que este malestar empezó, como una manifestación para decirle al gobierno y a las figuras políticas del país que no es posible hacer una reforma tributaria ahora, porque que el país ha estado agotado y empobrecido por la pandemia. Pandemia que además de bajarnos las defensas inmunológicas; también bajo las defensas de todo un país, hasta el punto de que lo enfermó económica, social y mentalmente.
Estas manifestaciones sociales, donde entre otras cosas los jóvenes han sido los protagonistas; nos han expuesto otra realidad y nos indican que el país está en una innegable trasformación.
Estas últimas semanas nos han mostrado otra cara de Colombia, una Colombia inconforme y resuelta a no seguir en las mismas; ¡pero también resuelta a sacar a flote toda la frustración y su fuerza de resistir!
Algo muy importante es que los jóvenes están mandando un mensaje claro: ¡ya no quieren solo hacer parte del paisaje, sino que ellos quieren también pintar el paisaje nacional!
Un paisaje que hoy está bastante desarticulado. Esa desarticulación se puede observar cuando se ve como el presidente Duque pareciera vivir en su burbuja, cuando otros líderes políticos también están en su propio mundo y una gran mayoría de colombianos viven otra realidad diferente a la de estos. De allí la necesidad de que allá una conexión. Es muy valioso que se haga una lectura objetiva de la crisis actual y empezar a pensar desde una perspectiva colectiva, no individual. Por eso hay que dejar a un lado los egos, orgullos y propios intereses políticos.
El presidente Duque debe mostrar una voluntad de diálogo sincera, además debe crear espacios colaborativos para encontrar soluciones conjuntas. De lo contrario seguirá alimentando en muchos colombianos la sensación de desconexión con su pueblo; sensación que lastimosamente ha opacado una gran parte de su mandato presidencial.
Colombia necesita, que se aúnen esfuerzos para abrir caminos hacia un mejor estándar de vida, y hacer lo posible para que las condiciones básicas no satisfechas de una gran población, mejoren y repercutan en el bienestar de todos. Esas necesidades insatisfechas son las que están en el fondo del “iceberg” de la inconformidad. Ignorar esa insatisfacción colectiva no es la estrategia.
Tampoco es la solución silenciar o reprimir; por el contrario, es el escuchar, y el atender lo que el pueblo pide, lo que abre los caminos hacia la conciliación.
Posdata: Ojalá las expresiones de inconformidad, pero también de esperanza, ayuden a caminar hacia una Colombia transformada y renovada; para que los colombianos, no necesitemos nunca más imaginarnos tener frente a nuestros ojos un “iceberg” de inconformidad social como el que estamos viendo ahora!.




