
Por Evanny Martínez Correa
Como recordarán el historiador Marc Bloch fue una de víctimas de la brutalidad de Hitler y con ésta otra mácula relevante para Alemania y en general para Europa. Sin embargo, como suele ocurrir después de la muerte del cuerpo, el iluminado francés dejó varios legados para el oficio del historiador.
Es relevante cuando Bloch afirmaba que la historia de la humanidad había tenido mitómanos, pero más se dolía porque también habían pasado periodos históricos verdaderamente mitómanos. Quizás con esta impronta, el oficio del historiador se hizo más riguroso, con todo no siempre es y ha sido así.
Vale la pena recordar que la grandeza de Heródoto, el segundo historiador más famoso de la antigüedad, después de Hecateo Milesios, se ha visto empañada por no tener el cuidado de separar sus fantasías y exageraciones de los hechos que registraba en sus nueve libros sobre la guerra entre persas y griegos en el siglo V, A.E.
En cambio, Tucídides ha tenido relevancia en sus relatos sobre las guerras del Peloponeso por tener el cuidado que Heródoto echó de menos.
Esas experiencias pueden ser valiosas para quienes hacen la historiografía de nuestros pueblos, porque, aunque se ha dicho que el juicio contra Heródoto es anacrónico, en todo caso la historia es implacable. Otros echarán mano de Borges, el famoso escritor argentino, de quien dicen que afirmaba que siempre la verdad es signo de pedantería.
He anunciado esto no a modo de advertencia de mala fe. Se me ocurre porque algo tendrá que decirse de Istmina que en poco más de 20 años se han escrito tres monografías sobre ese pueblo, y opino que se hace necesario una tercera o cuarta monografía, porque cada que se escarba en el pasado de esta ciudad se encuentran más cosas interesantes.
Llama la atención que después de leer una de las monografías, y atar cabos, se llega a la conclusión que en sus más de 185 años desde la fundación, en Istmina pareciera haberse librado una lucha campal, muy al modelo de la mismísima patria colombiana, cuyos resultados, según lo escrito, son el triunfo de una clase social (sic) sobre otra, de un credo religioso sobre otros y de una etnia sobre otras.
El temor que nos queda es que no hay guerras pequeñas por lo que sería bueno dejar así y más bien echar mano de otras estrategias muy en boga, en estos tiempos, como el pluralismo, la inclusión, la diversidad, etc.
También sorprende que muchos istmineños parecieran no darse por enterados de su historia y muchos menos de la historiografía que de esta se ofrece.
Es finalmente sorprendente que no se haya aprovechado la oportunidad para hacer un esbozo suficiente de la Istmina del futuro.
Yo por mi parte considero que si bien el futuro urbanístico de la ciudad estaría en el sur por esa franja hacia Condoto-Medio San Juan, en todo caso el futuro de todo el municipio está hacia el occidente, sobre el Litoral del Pacífico, quizás por las playas de Pilizá, Purricha, Pabaza, Virudó, Coredó, Sivira, o Cabo Corrientes, ofreciendo servicios turísticos; pasando necesariamente por el barrio Eduardo Santos o la Pepé, que será el corredor del futuro. Tal como lo soñaba el señor Pio Quinto Mosquera por allá a mediados del siglo pasado en que se inició la construcción de la vía Istmina-Puerto Meluk.




