Una siembra de 2017 en la quebrada Chocolatal, Bahía Solano, y lo que casi diez años después nos sigue enseñando sobre gestión del riesgo

Agualimpia Ortiz
Por Leidy Johana Agualimpia Ortiz — Ingeniera Agroforestal (Egresada de la Universidad Tecnológica del Chocó “Diego Luis Córdoba”), Especialista en Dirección y Gestión de Proyectos, estudiante de Maestría en Gestión Ambiental y Desarrollo Sostenible
El 5 de junio de 2017, Día Mundial del Medio Ambiente, un grupo de estudiantes y entidades locales sembramos plántulas de pichindé (Zygia longifolia) en la orilla de la quebrada Chocolatal, en Ciudad Mutis, Bahía Solano. Elegimos esa especie porque en el Chocó es sabiduría popular: el pichindé crece con los pies en el agua, se dobla con la creciente y no se va. “Donde hay pichindé, la orilla aguanta”, dicen los mayores.
La quebrada Chocolatal no es un accesorio del pueblo: Ciudad Mutis creció alrededor de ella, la atraviesa de occidente a oriente y parte el casco urbano en dos. Pero con los años sus orillas se han ido ocupando con quioscos y construcciones que le quitan espacio al cauce, y una quebrada estrechada no pierde sus crecientes: las devuelve con más fuerza sobre los barrios.
No pasó una semana. Entre el 6 y el 7 de junio de 2017, lluvias intensas desprendieron el terreno en la parte alta del salto de Chocolatal. Bajaron tierra, piedras y árboles enteros que taponaron el cauce y formaron una empalizada que arrasó todo a su paso. La quebrada y el río Jella se desbordaron, y la cabecera municipal quedó inundada casi por completo: cerca de 3.000 damnificados, 300 familias evacuadas, dos puentes arrastrados y barrios como El Poblado, Barrio Nuevo, Fillo Castro, Panquiaco, Chocolatal y Chitré entre los más golpeados. No hubo muertos: la comunidad estaba alerta y se movió a tiempo.

La avalancha se llevó buena parte de las plántulas recién sembradas, pero unas cuantas resistieron. Hoy, casi diez años después, sobre esa misma franja hay unos cinco pichindés grandes que forman una línea verde en la orilla. Sus raíces entrelazadas retienen sedimento y reducen visiblemente la erosión frente a los tramos que quedaron pelados: ya no es un talud desnudo esperando la próximo creciente, sino una orilla con estructura, sombra y fauna.
Tres lecciones de ingeniería agroforestal.
Primera: la especie correcta importa más que la cantidad; sembrar la planta que el ecosistema ya eligió durante milenios, es trabajar con la naturaleza, no contra ella.
Segunda: el beneficio no se mide el día de la siembra, sino en décadas — en julio de 2017 el resultado habría parecido un fracaso, y diez años después es una franja estabilizada.
Tercera: la infraestructura verde reduce riesgo real, aunque no tenga acta de obra ni placa de inauguración.
Pero la quebrada Chocolatal de hoy sigue enfrentando manejo inadecuado de residuos, escombros en el cauce, lavado de vehículos, contaminación por aguas servidas y presión fuerte sobre su caudal en temporada seca y durante El Niño. La naturaleza hizo su parte; nosotros no siempre. Sin gestión social e institucional, la restauración tiene fecha de vencimiento.

Esto importa más ahora que en 2017: nuestras comunidades aún no se adaptan al cambio climático, y la variabilidad climática cada vez es más difícil de leer. El Chocó no puede seguir esperando que la respuesta llegue solo como obra de concreto financiada después de la tragedia. Las soluciones basadas en la naturaleza deben entrar en la planificación, ordenamiento territorial, planes de gestión del riesgo, manejo de cuencas, presupuestos ordinarios, como estrategia estructural, no como adorno de un evento ambiental.
No cuento esta historia como un triunfo personal. La cuento porque es la mejor forma que he encontrado de explicar por qué defiendo las soluciones basadas en la naturaleza: no porque sean bonitas, sino porque son las que quedan cuando todo lo demás se lo lleva el agua.
En memoria de Eleazar Lozano Bermúdez, líder de la Defensa Civil de Bahía Solano (QEPD).
Fuentes: reportes de prensa nacional del 7 de junio de 2017 (El Tiempo, El País) y atención reportada por la UNGRD.



