
Por Jean Carlos Lemus Ramírez
Un sinnúmero de investigaciones han probado que se puede inducir a la mente a que perciba realidades inexistentes y distorsione las existentes de esta manera se adoctrinan comunidades enteras que no terminan comprendiendo su verdadera situación actual y en consecuencia le dan invisibilidad a problemas latentes.
En la más reciente encuesta de opinión que realizó la firma District Data se le consultó a 1.059 habitantes de las distintas comunas de Quibdó, cuál consideraban era el principal problema del municipio, a lo que el 51% respondió que la corrupción, un 28% el desempleo y la inseguridad quedó relegada con solo un 21%.
En condiciones normales es natural que la ciudadanía perciba a la corrupción como su principal problema, pero es de análisis muy sensible el porcentaje tan inferior que se le da a la inseguridad, máxime cuando esta ciudad capital del departamento del chocó, los primeros meses de 2020 presentaba una tasa de homicidio del 37,30 por cada 100 mil habitantes, siendo el promedio nacional en este primer semestre según reporte de la policía del 23,33 por cada 100 mil habitantes, como quien diría en Quibdó estamos desfasados en 12 puntos.
Es menester precisar que de las comunas de la localidad, en la número 6 comprendida por los barrios El Castillo, Suba, El Jardín y demás es donde se tiene el nivel de percepción o preocupación más alto en materia de inseguridad con un 33% respecto a las otras comunas como la número 1, que comprende barrios como Kennedy, Los Álamos, El Reposo entre otros, donde solo un 7% la considera un problema medular.
Explicado este panorama de percepciones ¿se podría afirmar que los constantes homicidios en la población no afectan el nivel de seguridad que perciben los habitantes? O como sociedad ya estamos en la degradación de naturalizar estos actos de violencia que día a día se apropia de la vida de muchos jóvenes.
A la luz del presente estudio de percepción terminan siendo los múltiple homicidios que vive la capital de los chocoanos una situación incompresible para la población, lo que no marca una agenda ante tal problema por la posible distorsión de la realidad y los habitantes se sienten ajenos a estas muertes, perdiendo el sentido de la solidaridad y la capacidad humana de colocarse en el lugar de las familias que vienen despidiendo semanalmente a sus seres queridos por muertes violentas.




