Por Alexander Palacios Palacios
En estos últimos días del año escolar observo con cierta tristeza y preocupación como muchos estudiantes andan presurosos, preocupados, atentos y diligentes viendo cómo recuperan el año lectivo que para muchos parece perdido. Alumnos, padres de familia, docentes, coordinadores y hasta los mismos rectores suplicando y tratando de persuadir a los profesores para que les “colaboren” a los alumnos de sus afectos, hijos, sobrinos, ahijados propios y/ o de familiares, amigos y vecinos para que ganen a última hora un año escolar que perdieron durante todo el año.
Es lamentable ver como nuestro sistema educativo presenta tantas deficiencias y anormalidades. Además, se ve afectado por la desidia gubernamental, la pernicia estatal, la pandemia, la pereza de los estudiantes, la mediocridad de muchos docentes, la ignorancia y la irresponsabilidad de muchos padres de familia y acudientes y la conformidad de la sociedad. Sumado a ello todos los problemas sociales, económicos, políticos y familiares que afectan nuestros decadente sistema educativo, los cuales inciden en que día a día, mes tras mes, año tras año la formación académica de nuestros niños, jóvenes y adolescentes se degenere, se desvalorice a tal punto que al estudiante le de lo mismo aprender que no aprender y al profesor enseñar que no enseñar.
El estudiante de escuela y bachillerato hoy en día le para más bolas al celular, a la tablet y al computador que al profesor. Atiende más al whatsapp, al facebook, al messenger, al instagram y al tick tock que a los padres, mayores y profesores.
El estudiante de la escuela o del colegio se la pasa todo el año mariquiando con el celular o la tablet, jugando, chateando, mirando videos, publicaciones, hablando con el compañerito, etc. No atiende a las explicaciones del profesor, no hace tareas, no hace trabajos, no copia, no lee, no investiga, lo sacan al tablero y peladamente dice que no va a salir.
No responde las evaluaciones. La mayoría se dedica a pastelear y copiar de los cuatro o cinco que en el salón le paran algo de bolas al estudio. Calificando una evaluación ve uno que casi todos cometen exactamente el mismo error, se equivocan en lo mismo, pierden el período y al final del mismo recuperan y siguen en las mismas. Al final de año están reprobando el grado con tres o cuatro materias como mínimo y como por ley no pueden perder sino unos cuantos, entonces toca arreglarles o regalarles la nota, para que pasen recuperando y vuelve y juega para el próximo año en el siguiente grado.
Por su parte el profesor se la pasa estresado, quejándose y renegando de esos benditos muchachos que no atienden, que no hacen sino hablar y jugar allá atrás con el celular y el compañero. El docente no ve la hora que termine la jornada para irse para su casa y salir de ese tormento, ni el día que termine el mes para cobrar su sueldo y así mitigar sus problemas económicos y poder continuar en este penoso trabajo de enseñar y tratar de formar nuevos ciudadanos.
Muchos docentes, jóvenes y algunos antiguos, se dedican únicamente a dictar sus clases, a veces la misma materia que han venido dando durante muchos años sin editar, complementar o actualizar. Frente a la desidia y la pereza de los educandos optan por ponerles la nota y promoverlos, justificándose con que «asunto allá, el que no quiera aprender es su problema, a mí me pagan para enseñar, esos no son hijos míos».
Los padres de familia en su gran mayoría saben y conocen la clase de hijos que tienen estudiando. No los ven leyendo, haciendo tareas o trabajos, no van a las instituciones educativas a preguntar cómo van sus hijos o acudidos se hacen los huevones, pero cuando se dan cuenta que su hijo perdió la asignatura o reprobó el grado, ahí si van a buscar al profesor para interceder por su acudido o a bravearle porque le está haciendo perder el año a su muchacho que “es un muy buen estudiante”.
todas estas y muchas más situaciones se viven y se presentan a largo y ancho de nuestro departamento y del país, en nuestro paupérrimo sistema educativo, que ni forma ni educa, cómo lo podemos ver en las universidades, en las instituciones, y por ende en la misma sociedad.
niño, adolescente, joven estudiante, profesor, padre de familia o acudiente, señor coordinador señor rector está publicación es solo con fines narrativos, cualquier parecido




