
Por José María Daza Sánchez
La verdad que no soy experto en el estudio de la política. Simplemente que trato de entenderla, aunque cueste, porque, obviamente, los entendidos en la materia acomodan a su libre albedrío su interpretación. Pero surge la inquietud de como en qué cuadra el ciudadano de a pie dentro de ese término ‘política’. Para ello acudo al apoyo de la inteligencia artificial, que sin perjuicio de que lo haga equivocar a uno, ayuda a dar claridad a algunos temas.
La política se creó para organizar la convivencia humana, gestionar los recursos y el poder, resolver conflictos y tomar decisiones colectivas que afectan a una comunidad, buscando el bien común a través de leyes, acuerdos y la participación ciudadana para definir reglas y distribuir responsabilidades y beneficios en la sociedad.
Hay muchos tratados sobre política en uno u otro sentido, Maquiavelo, al que siempre le profeso respeto o Aristóteles, en fin, es interminable la lista. Pero traigo a colación al gran Maquiavelo porque señaló, al respecto: ‘La política no tiene relación con la moral, la política es el arte de engañar’.
Los propósitos fundamentales de la política, entre otros, son: La organización social, la gestión del poder, la toma de decisiones, la resolución de conflictos, la búsqueda del bien y la participación ciudadana.
En resumen, la política es una actividad esencial para la vida en sociedad, que transforma problemas individuales en asuntos públicos para decidir colectivamente cómo vivir juntos de manera ordenada y justa
Los griegos valoraban mucho la participación cívica, reconociendo que sin ella la democracia colapsaba, se esperaba que todos los ciudadanos estuvieran interesados, y versados, en los asuntos públicos. O sea, que no fueran idiotas. Mantenerse al margen de la vida pública era un signo de ignorancia, de falta de educación, de desinformación y de abandono del deber.
Quien no contribuía en los debates, declaró Pericles, el gran estadista de Atenas, era considerado «no como falto de ambición sino como absolutamente inútil”
Supondría uno que estas definiciones eran cuando era transparente el manejo de los recursos públicos y la misma política, aunque la verdad, no sé si eso haya existido. Hoy en día, cuando nada de eso pasa, el ‘idiota útil’ o el inútil, como decía Pericles, es aquel que se deja manipular y se inmiscuye en la política grupal, partidista, defendiendo causas perdidas. Defendiendo a ese personaje que aparece en período de elecciones como el salvador, como aquel que sí va a solucionar los problemas que han persistido y se olvidan en el tiempo y reaparecen en dicha época.
Recuerdo a un político conservador originario del Departamento de Santander, Feisal Mustafá, que en algún coctel contaba que en un pueblo donde hacían campaña, en cada ocasión se ofrecía la construcción de la escuela y fueron muchas la veces, hasta que un político del partido contrario sí les ayudó en poder tener su escuela y decía con una gran sonrisa: ‘’Hasta ahí llegaron nuestros votos’’.
Entonces, hoy en día, cuando se ven esos ríos de gente ‘uniformada’ detrás del ‘líder’ que se va a registrar para que lo ‘elijan’, prácticamente se convierte en un personaje manipulado que cree centrar la esperanza de mejorar su futuro o el de la comunidad y finalmente termina en una frustración más. No es solo en el Chocó. Pero aquí es mucha mayor la frustración al ver que cada período de elecciones se invierten una gran cantidad de dineros, en su mayoría de dudosa procedencia para granjearse el voto y poder llegar, para luego olvidarse y entonces ya en la curul, cambiar el número del teléfono, ya no abrazan ni comen fritanga grasienta con la mano, ni alzan niños mocosos, ni le dan la mano al campesino, ni visitan esos barrios de invasión donde ofrecieron llevarle los servicios públicos o arreglarle las vías. Y el transcurso del tiempo congela esas necesidades para las próximas elecciones, donde se termina de convencer que ese no era y que el recién llegado, sí.
Así estamos. Hoy ya los que están de salida, simplemente e espera que se vayan pronto y llegue esa nueva frustración, porque no es solución. Entonces cada período de elecciones nos damos cuenta que hemos sido ‘idiotas útiles’ pero no hacemos ni tomamos acciones para mejorar y nos conformamos con ese nuevo desengaño. Claro, hoy esos nuevos salvadores o promeseros se convierten en un albur porque como decían nuestros abuelos: ‘Ojos vemos, corazones no sabemos’ y que la realidad nos aterriza en el fiasco, en el infortunio y continuamos en la desgracia.
Eso candidatos lo primero que deberían hacer es mostrar su hoja de vida, no la que aparentan, la real, en la que le figuran peculados u otros procesos penales, fiscales y disciplinarios y quién está detrás financiándolos, pero además ni deberían aparecer por vergüenza. Teniendo estigmas y señalamientos e investigaciones no deberían siquiera figurar. Eso es irrespeto al elector y a la sociedad. Claro, burlarse del pueblo decente es la costumbre. La ley debería ser drástica pues ‘el que ha sido, nunca dejará de ser’ y ‘la mona, aunque la vistan de seda, mona se queda’ se ha dicho en el refranero popular. Y verdad que así es.




