
Por José María Daza Sánchez
Para escribir este comentario he tomado información con ayuda de la Inteligencia Artificial, que suministra grandes ideas y ayuda a desarrollar temáticas, sin perjuicio de que lo pueda llevar a cometer errores u omitir temas relevantes.
Desde la antigüedad, cuando los viajeros dependían de las estrellas y los puntos de referencia naturales, hasta la era moderna de la tecnología de posicionamiento global, la localización ha desempeñado un papel esencial en nuestra vida cotidiana.
En los albores de la civilización, nuestros antepasados dependían de los astros para orientarse. Las estrellas y la luna eran sus sistemas de navegación. Los egipcios, por ejemplo, usaban las estrellas como guías para construir sus monumentos, alineando perfectamente las pirámides con los puntos cardinales.
Esta conexión entre el cosmos y la Tierra revela cómo la localización siempre ha sido intrínseca a la arquitectura, la navegación y la geografía.
Con el tiempo, la brújula se convirtió en una herramienta revolucionaria, permitiendo a los navegantes explorar territorios desconocidos con mayor precisión. Los imperios europeos, en particular, utilizaron la brújula para trazar mapas y conquistar vastas regiones del mundo.
La localización también desempeñó un papel esencial en el comercio internacional, permitiendo rutas comerciales marítimas más seguras y eficientes. El Renacimiento marcó el comienzo de una era dorada para la cartografía. Grandes maestros como Leonardo Da Vinci y Gerardus Mercator perfeccionaron la representación de la Tierra en mapas. Los viajes de exploración de Magallanes y Colón expandieron el conocimiento del mundo conocido, todo gracias a la localización precisa.
A medida que avanzaba la Revolución Industrial, la localización se convirtió en una necesidad para el desarrollo de ferrocarriles, carreteras y canales. La creación del sistema de latitud y longitud permitió a la humanidad mapear el mundo con una precisión sin precedentes.
El siglo XX trajo consigo un cambio radical en la localización. La invención de la radio permitió la navegación aérea y marítima, mientras que el GPS (Sistema de Posicionamiento Global) se convirtió en un pilar de la vida moderna.
Este sistema, desarrollado inicialmente para fines militares, ha transformado nuestra forma de movernos por el mundo.
Desde encontrar la dirección de una tienda en una ciudad desconocida hasta rastrear vehículos y personas, el GPS ha revolucionado la localización de manera inimaginable.
Hoy en día, la localización es más accesible y precisa que nunca, gracias a la proliferación de dispositivos móviles y la integración de GPS en prácticamente todos los aspectos de la vida, sin embargo, existen territorios en donde la ubicación a estas alturas se realiza a través de señas. Quibdó y muchas zonas del Chocó se identifican por referentes. Y esto se oye cuando se solicita un servicio de taxi: “El taller que está frente al estadio de la normal”; “La tienda que está allá por donde quedaba la electrificadora”; “Eso queda diagonal al supermercado XX, allá por Tomas Pérez”; “La peluquería que queda frente a Dispac”; o cuando se pide un domicilio: “Cinco casas después del colegio Domingo Sabio al lado izquierdo, en la casa verde”, etc. Esos domiciliarios y los taxistas son unos magos.
Está claro que, de acuerdo con el registro de instrumentos públicos y la información catastral, cada predio en todos los entes territoriales que tengan un mínimo de planificación, al menos los urbanos, tiene su identificación, pero se hizo costumbre, el utilizar esas convenciones o referentes. Obviamente en tiempos en que esos lugares eran pequeños, no estaban tan extendidos, esos referentes han sido válidos. Pese a ello, hoy no es posible que sigamos hablando y ubicándonos desde esos vínculos.
Hoy existen normas que exigen la identificación por su ubicación de cada uno de los predios y en Quibdó lo más aproximado es la zona centro, casi que lo llamado el anillo asfáltico. Difícilmente un taxista le llega a recoger su carrera desde la identificación de un sitio por su dirección. Y si uno le cita una transversal o diagonal, ‘peor dolor’.
He querido significar estos comentarios con el propósito de solicitarle a la administración municipal, así se moleste más, que pongamos a la ciudad capital a la altura media de ciudades en las que al menos su identificación de los predios sea el mecanismo moderno de ubicación. Ya es hora de que cada calle, carrera, transversal o diagonal y cada una de las casas o edificios, estén plenamente identificadas con su nomenclatura. Empecemos a salir del provincialismo, ya que obras de gran calado no hayan sido el propósito de los últimos administradores.




