Por: Marco Aurelio García Pedraza.

La Cámara de Comercio del Chocó, en este caso en particular, ha demostrado ser una plataforma política eficaz.
De allí saltaron a la alcaldía de Quibdó sus dos últimos titulares, Isaías Chalá Ibarguen y Martin Emilio Sánchez Valencia.
Más allá de esas virtudes, no se tiene otro dato que permita deducir sin pasión alguna, ¿para qué le sirve esta entidad al comerciante, que es su razón de ser, sobre todo a ese pequeño comerciante que cada año le paga a la Cámara por los derechos de matrícula, o renovación de su establecimiento de comercio o micro empresa?
Esta entidad que es un híbrido público-privado, recauda aproximadamente mil millones de pesos anuales, de los cuales, debió de haber utilizado una mínima cuantía, para prestar algún tipo de ayuda a los pequeños restaurantes, talleres, peluquerías, que llevan más de dos meses sin percibir ningún ingreso.
O por lo menos haber liderado cualquier campaña interinstitucional, para que a estos comerciantes, que escasamente sobreviven en épocas normales, en este tiempo de pandemia llevarles un alivio, por pequeño que sea, liderado por la entidad que los agrupa y, les cobra.
Por el derecho a ejercer la profesión de comerciante formal, quien quiera iniciar un negocio y ser reconocido, debe acudir al trámite de matrícula y posterior renovación cada año y desde entonces se convierte en un aportante a los ingresos de la Cámara.
Desde allí se debiera de liderar propuestas que beneficien realmente al sector y no perpetuarse como plataforma política, sin ofrecer alternativas para quienes con su esfuerzo detrás de un mostrador, pasan hasta diez o más horas diarias, generando empleo y haciendo mayúsculos los ingresos de la Cámara.




