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Home Municipios Nuquí

Erosión costera en el Pacífico colombiano: una comunidad de Nuquí podría desaparecer

Choco 7 días by Choco 7 días
18 abril, 2026
in Nuquí
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Erosión costera en el Pacífico colombiano: una comunidad de Nuquí, Chocó, podría desaparecer

Erosión costera en el Pacífico colombiano: una comunidad de Nuquí, Chocó, podría desaparecer

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Tomado de Desinformémonos. https://desinformemonos.org/erosion-costera-en-el-pacifico-colombiano-una-comunidad-de-nuqui-podria-desaparecer/

Por Simón Zapata Alzate

A orillas del Pacífico colombiano, el avance del mar golpea al corregimiento de Termales, a 45 minutos en lancha del casco urbano del municipio de Nuquí. Allí, entre el océano y la selva del Chocó, existía una cancha donde niños, niñas y jóvenes compartían jornadas de juego, junto a un Punto Vive Digital instalado por el Gobierno Nacional para garantizar acceso a internet, además de viviendas y espacios destinados a actividades deportivas y comunitarias. Hoy, buena parte de esa infraestructura desapareció por el impacto de la erosión generada en la desembocadura de la unión de tres ríos con el mar.

Ya la comunidad lo había anunciado. Desde el 22 de mayo de 2024, el pueblo “se empezó a ir”, recuerda Lucelly Vega, una de las lideresas de Termales. Primero fue el Gastrobar, un emprendimiento del territorio. “A las seis de la mañana vino un aguacero de esos bien fuertes, los ríos crecieron, subieron las mareas y el agua arrastró con todo. El negocio se fue yendo lentamente, pedazo por pedazo”.

Desde 2024, cuando una fuerte lluvia originó la creciente de los ríos y el aumento del nivel del mar, una parte del pueblo de Termales está deshabitada. Foto: cortesía Carlos Andrés Montoya

Vega hace énfasis en que la gente del pueblo es muy unida y fueron muchos los que ayudaron a sacar la nevera y los congeladores, pero todo lo demás, como la madera y el techo, se lo llevó el agua. “A la semana se fue la escuela de surf. Luego se fue la casa donde estaba el reciclaje, después el costurero y la Iglesia, parte por parte”.

En este pequeño caserío de unos 500 habitantes, en su mayoría población afro, prácticamente todas las personas son familia. O eso calcula Vega: “Vivimos en comunidad, compartimos algunas cosas y así cada quien está pendiente de su vecino. Acá somos muy unidos”.

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El 22 de mayo de 2024, algunas construcciones del pueblo quedaron en el suelo, después de un aguacero y el aumento del nivel del agua. Foto: cortesía Carlos Andrés Montoya

La lideresa recuerda que antes se vivía del cultivo de plátano (Musa × paradisiaca), banano (Musa acuminata) y de la pesca, pero ahora la actividad económica principal es el turismo. “No sé qué pasó con la tierra. Ahora, cuando uno siembra hay mucha plaga y los árboles no echan fruto”. Recuerda que cuando ella era pequeña, había un río que pasaba por detrás del pueblo: “Esa parte se rellenó, solo quedó una zanjita y la gente ahí aprovechó e hizo viviendas”, relata.

Termales: entre tres ríos y el mar

La erosión costera que afecta a Termales es un proceso de pérdida de tierra, producto de una combinación de factores naturales y humanos. Andrés Osorio, ingeniero civil con maestría y doctorado en Ciencias y Tecnologías Marinas y además director de la Corporación Centro de Excelencia en Ciencias Marinas (CEMarin), explica que entre los factores naturales se encuentran “los cambios en las dinámicas de los procesos físicos que gobiernan el balance sedimentario [cantidad de sedimento que entra versus el que sale]. Los ríos traen sedimentos que, con la dinámica fluvial, se depositan en las playas”.

En costas como las del Pacífico colombiano, estos sedimentos pueden estar en un equilibrio estático, es decir, que no entran ni salen, o en un equilibrio dinámico, lo que implica que hay aportes permanentes o también pérdidas: “Se erosionaba y luego se recuperaba, hasta que hubo un déficit. El río, al no tener material para transportar, se llevó la barra de arena donde Termales estaba ubicado”, dice Osorio. La comunidad de Termales lo explica nombrando las mareas como cobadoras, aquellas que sacan la arena, y llenadoras, las que la depositan.

Entre julio y noviembre, ballenas jorobadas o yubartas (Megaptera novaeangliae) visitan las costas del océano Pacífico colombiano, incluyendo Termales. Foto: cortesía Carlos Andrés Montoya

Termales es una barra de arena o barra litoral: “El mar trae la arena de la playa y la pone en una protección o puntica para que el río tenga que desviarse y pueda salir. Ahí está ubicada la gente”. Pero, según enfatiza el experto, las barras de arena son efímeras. “El río o el mar pueden tener un exceso de caudal y pueden romper esa barra de arena”, explica.

Giovanni Ramírez, subdirector de investigaciones del Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico (IIAP), advierte que Termales “tiene una formación geológica muy reciente. Allí las playas son de arenas grises y estas arenas son muy distintas de las playas del Caribe y algunas playas del Pacífico porque no tienen una barrera de corales que limite el oleaje, lo que implica que no hay contención”.

Ramírez describe que en algunos puntos de este territorio, “la selva húmeda tropical llega hasta el mar”, y coincide con Osorio en que los procesos antrópicos, como construir en sitios inadecuados, generan transformaciones y pérdidas de ecosistemas como los manglares, ocasionando también pérdidas en la línea costera.

Los ríos que se unen antes de caer al Pacífico movieron su curso y la población construyó allí sus viviendas. Foto: cortesía Carlos Andrés Montoya

Termales hace parte del golfo de Tribugá, una zona de aproximadamente 600 hectáreas que también bordea otros corregimientos y centros poblados del municipio de Nuquí, como Arusí, Coquí, Joví, Jurubirá, Panguí y Tribugá. En Termales confluyen los ríos Ostionales, Margarito y Aguascalientes, que al unirse desembocan en el mar como si fueran uno solo, lo que incrementa la fuerza del cauce.

Esta confluencia arrastra mayores volúmenes de sedimentos, modifica la forma de la desembocadura, según la temporada, y puede provocar crecientes súbitas que afectan directamente al caserío, aclara Osorio.

El ecosistema de Termales se califica como un «manglar sin mangle», con una vulnerabilidad crítica debido a su monodominancia: el 95.12 % de su composición forestal es suela (Pterocarpus officinalis). Foto: cortesía Carlos Andrés Montoya

¿Mangle o pichindé?

Los manglares son un ecosistema compuesto por árboles y arbustos que viven donde se mezcla el agua dulce de los ríos con el agua salada del mar. Sufren cuando la erosión costera arrastra el suelo donde crecen o cuando se rompe el equilibrio de los sedimentos que los sostienen. Cuando esto ocurre “se afecta la sala cuna de los peces, que también brinda alimento para el territorio”, dice Osorio y agrega que los manglares son reconocidos como una importante “solución basada en la naturaleza” para la protección costera.

La investigación Análisis de vulnerabilidad y riesgo climático del socioecosistema de manglar en Colombia, realizada por WWF Colombia, destaca que estos ecosistemas “son barreras contra fenómenos naturales (…) su conservación y restauración se están promoviendo como estrategias efectivas para la gestión del riesgo, consolidándose como una alternativa clave en el uso de soluciones naturales para mitigar los impactos de eventos naturales adversos”.

A través de ese proyecto, WWF Colombia busca recuperar áreas de manglar degradadas y fortalecer la gestión del riesgo en ocho comunidades de zonas costeras como Tumaco y Cabo Manglares, también en el Pacífico colombiano. La iniciativa combina la restauración de ecosistemas con acciones técnicas y educativas para mejorar los sistemas de alerta temprana y la preparación de comunidades del Consejo Comunitario Bajo Mira y Frontera frente a amenazas como los tsunamis.

La siembra de mangle es propuesta por algunos expertos como una opción para evitar el desbordamiento de las quebradas que llegan hasta Nuquí. Foto: cortesía Carlos Andrés Montoya

Osorio considera que esto podría aplicarse en Termales, estimulando “procesos de restauración, conservación y recuperación de playas con estructuras híbridas, por ejemplo, manglares y arrecifes que protejan la playa”.

Sin embargo, las comunidades de la zona aseguran que el suelo de este territorio no es fangoso, por lo cual el mangle no puede crecer allí. Néstor Perea Gamboa, conocido como «Kiky» y líder comunitario del territorio, explica que “los mayores sabedores del territorio han manifestado que el mangle en los ríos de Termales no funciona porque el suelo es arcilloso, arenoso y duro. Para que el mangle pegue, necesita lodo. Por eso, la comunidad propone el pichindé (Zygia longifolia), un árbol de raíces ramificadas que sujeta la tierra con mucha más fuerza que el coco y se adapta a terrenos duros”.

Lucelly Vega lo ratifica y además agrega que “la zona no es apta porque el mangle crece entre agua dulce y agua salada y en Termales solamente tenemos agua salada por dos o tres horas al día. Cuando las mareas son bajas no tenemos agua salada y así no funciona”. El Pichindé, por su parte, afirma la lideresa, crece en buena parte del territorio y se utiliza como planta ornamental. “Florece dos veces al año, por lo general en marzo y en agosto, algunos con flores rosadas, otros con flores blancas. Dan un aroma delicioso”, relata Sara Molina, quien trabaja con turismo sostenible y regenerativo en el territorio.

El pichindé es una especie ornamental introducida y potencialmente invasora. Foto: cortesía Carlos Andrés Montoya

El subdirector de investigaciones del IIAP tiene una visión diferente: para él, el pichindé puede ser una solución temporal a la erosión costera, pero no estructural y funcional debido a que es una especie invasora y ornamental. “Debe ser con especies nativas”, afirma Ramírez. El investigador se refiere a los mangles como el Rojo (Rhizophora mangle) o el Piñuelo (Pelliciera rhizophorae), cuyas raíces actúan como una barrera física contra el oleaje.

El punto es que en este momento, según el Estudio remoto para evaluar transformaciones ambientales por erosión en la línea de costa asociada a los fenómenos climáticos extremos en el municipio de Nuquí, realizado por el IIAP en 2025, que todavía no se ha publicado oficialmente pero fue compartido a Mongabay Latam, en la composición florística de Termales no hay especies de mangle.

La especie dominante es la suela (Pterocarpus officinalis) con 117 individuos. “Se transformó tanto el ambiente que los manglares ya no tienen una configuración normal. El suelo rocoso no se erosiona. El problema en Termales no es en la superficie de suelo que es rocosa, el problema es en el suelo que transformaron para la ocupación normal del territorio”, indica Ramírez.

Científicos insisten en usar el manglar como barrera natural protectora, mientras que la comunidad afro se inclina por el pichindé. Foto cortesía: Carlos Andrés Montoya
Científicos insisten en usar el manglar como barrera natural protectora, mientras que la comunidad afro se inclina por el pichindé. Foto: cortesía Carlos Andrés Montoya

Osorio explica que para que el manglar crezca en este territorio habría que “ver con detalle el tipo de manglar, los balances de los flujos de agua dulce y salada, cuidar las plantas primero en un vivero y luego trasplantar. Es un trabajo de cirujano porque además no funcionan solos, se debe poner algo que disipe las olas antes, puede ser una barrera sumergida, aunque no hay una única forma”.

Los ríos tienen memoria

Las personas mayores de Termales recuerdan que cuando el caserío era más pequeño, la desembocadura que se forma con la unión de los ríos Ostionales, Margarito y Aguascalientes pasaba por una zona que hoy corresponde a la zona central del pueblo. Con el paso de los años, el cauce fue desplazándose y dejó al descubierto terrenos de arena que comenzaron a ser ocupados por nuevas viviendas y espacios comunitarios. Así, el pueblo creció sobre el antiguo cauce, mientras que el afluente seguía cambiando su curso lentamente en el territorio.

En mayo de 2024, fuertes lluvias cayeron en la región, la marea entró y empezó a sacar arena. El río, recordando su cauce, cambió de dirección y “ya no había forma de pararlo”, menciona Sara Molina. “Entonces, empezó a tirar hacia el pueblo. En cuanto la comunidad lo notó, alertó a la alcaldía y a las autoridades. Dijeron: ‘El río se nos está metiendo’. Si el día de mañana se vuelve a mover, lo hará hacia el lado que él quiera, porque eso es lo que naturalmente hace”, cuenta.

Debido a este riesgo inminente, la comunidad se manifestó de manera pacífica bloqueando el Aeropuerto Reyes Murillo de Nuquí durante dos días. A raíz de esta protesta, la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgo de Desastres (UNGRD), que ha sido centro de escándalos por varios casos de corrupción en el país, anunció 1000 millones de pesos (aproximadamente 266 000 dólares) para atender la emergencia y 2250 horas de maquinaria amarilla.

Los habitantes más antiguos de Termales recuerdan que donde hoy queda el centro del pueblo antes se unían tres ríos. Foto: cortesía Carlos Andrés Montoya

Molina recuerda que esa maquinaria amarilla era “súper pequeña”. “Realmente uno la veía y decía: ‘No va a ser suficiente para semejante río con ese caudal’ porque claro, son tres ríos que se juntan”. Esto ocurrió en plena temporada de ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae), lo cual incide directamente en la economía de la población que vive mayoritariamente del turismo que llega por avistamientos de estos cetáceos.

La maquinaria hizo su trabajo, pero, según Molina, volvía a llover, subía la marea y el trabajo se perdía. Tiempo después lograron hacer una zanja, que es lo que mantiene al pueblo actualmente en pie. “Esto puede tomar ventaja en cualquier momento”, expresa alarmada.

Cuatro meses después, la comunidad, la alcaldía de Nuquí y la UNGRD (junto a varios ministerios) firmaron un compromiso donde se incluyó la promesa de construir la «L». Según Perea Gamboa, la UNGRD se comprometió a realizar una obra de protección estructural con bolsas ecológicas en forma de «L», la cual debía cubrir tanto la margen derecha del río como el frente marino (protegiendo 50 metros de playa) hasta la zona donde se perdió la primera vivienda.

La UNGRD presentó posteriormente una obra de mitigación por 2900 millones de pesos (más de 790 000 dólares), pero la comunidad, al revisar el contrato, descubrió que la protección marítima desapareció del documento. Sólo se contemplaba la erosión fluvial, es decir, del río. Entonces, relata Perea Gamboa, la comunidad de Termales no recibió la obra. “De nada sirve protegernos del río cuando tenemos la amenaza constante de los altos oleajes y las mareas altas. Nos deja la zozobra de que en cualquier momento puede volver a ocurrir la erosión”.

La destrucción causada por la erosión costera en Nuquí se mantiene después de dos años. Foto cortesía: Carlos Andrés Montoya.

La Personería de Nuquí (entidad del Ministerio Público que defiende los derechos humanos a escala municipal) también advirtió sobre el incumplimiento del Gobierno Nacional en cuanto a soluciones de fondo y la necesidad de obras estructurales para Termales e instó a la Procuraduría para que investigue el cumplimiento de los compromisos pactados. Incluso interpuso una demanda, la cual fue admitida el 26 de marzo de 2025, que busca la construcción de obras estructurales y abre la posibilidad de una reubicación del corregimiento.

En medio de ese escenario, un día antes lograron lo que consideran una pequeña victoria. La comunidad de Termales y la UNGRD llegaron a un acuerdo sobre la construcción de la obra estructural de mitigación de riesgo, aunque no se incluye la protección contra el oleaje. “Estamos a la espera de la llegada de las maquinarias”, cuenta el líder social.

Pescadores de toda la vida, como Benjamín González, lo saben con claridad: “El mar viene creciendo. Va aumentando por los polos que se están derritiendo por el calor; la temperatura ha ido subiendo muchísimo. Nos afecta a todos los que vivimos al borde de la playa”. González vive en estas costas hace 53 años y ha visto cómo la tierra ha sido devorada por el agua.

La flor del pichindé ha sido cultivada por los habitantes de Nuquí. Foto: cortesía Carlos Andrés Montoya

Las comunidades del Pacífico, como Termales, siguen esperando soluciones estructurales frente a la posibilidad inminente de que su territorio desaparezca. La erosión costera no es una amenaza futura, sino una problemática del presente que sigue afectando no sólo a las comunidades, sino también a los ecosistemas y a la naturaleza.

*Imagen principal: la erosión costera en el corregimiento de Nuquí ha alcanzado una buena parte de la zona habitada. Foto: cortesía Carlos Andrés Montoya

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