
Por Julio César Uribe Hermocillo. Tomado de El Guarengue. https://miguarengue.blogspot.com/2025/04/epigramas-y-evocaciones-julio-cesar-u.html
Atrato
De atrateñas orillas
atardece colmada
la memoria mía
ribereña memoria
quibdoseña memoria
de aquel río sosegado
por los crudos dolores
de la cruda historia
que incesante arrastra
en su lacustre andar…
Marañón
Mientras descansaba de la faena de la creación
vio Dios que le hacían falta una lisura y un color
Ideó entonces las hojas y las flores del árbol de marañón
Y pobló con ellas las orillas de los ríos del Chocó
Helados
Rezumaban leche los helados que hacía mi mamá
los helados que congelaba en copitas de aluminio
y con palitos de guadua que yo mismo le labraba
Tenían coco puro, coco sabroso, rallado el coco,
suave a los dientes y al gusto celestial,
los helados que preparaba mi mamá,
pequeños iceberg de leche y coco
cuya existencia y precio se anunciaban
en letreros escritos con tiza blanca y bella letra…
Helados de leche y coco, no de afrecho, me explicaba ella
También de chocolate, de leche y cocoa de dos franjas de colores,
de guayaba rosada y de guayaba agria,
de lulo y de borojó, de badea y de piña,
de cuanta fruta se le ocurrió…
No existían todavía
los helados de la quinta
en esa calle de Quibdó.
Zapatería
Más de una vez leímos juntos el editorial de El Siglo
Más de una vez leímos juntos el periódico El Campesino
Más de una vez leímos juntos las cartillas de ACPO
Y más de una vez oímos juntos a Radio Sutatenza
Zapatero de blanco entero, menos sus zapatos negros
Quibdó, barrio Pandeyuca, el señor Clímaco,
un patio rebosante de marañones, caimitos, guamas y zapotes,
una niña y un niño, mi hermanita y yo.
Trasteo
Empaqué tantas veces esta casa para trastearla, que a veces me parecía que nunca fue una casa, que no había pasado de ser más que un montón de enseres y cachivaches, aunque casi todos necesarios, más de uno sobreviviente de algún recuerdo o integrante de alguna colección de esas que uno va armando con el tiempo -sin siquiera saber que lo ha estado haciendo- desde que guardó el primer pocillo sin asa, el primer cuchillo sin mango, el primer vaso sentido, la primera botella de agua bendita del santuario del santo eccehomo de Raspadura, el primer ramo de la semana santa, la primera lección de la vida, el primer periódico de ayer, la primera carta y el primer libro, el primer cuaderno escolar y el diploma de 5° de primaria de la Escuela Anexa a la Normal… Eran aquellos tiempos en los que aún llovía durante los mismos meses y los mismos días cada año, y el río traía sin falta los bocachicos fritos del desayuno, los charres cocidos con queso de la sopa del almuerzo y el dentón ahumado con plátano cocido de las cinco y media de la tarde en el andén…
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