Juana Panesso Dumasá, de 46 años, era una jaibaná de la comunidad de Antumiadó, municipio de Lloró. La palabra jaibaná está compuesta por dos morfemas: jai, que significa “espíritu” o “energía” que causa o cura una enfermedad; y baná, que significa posesión o manejo. O sea que jaibaná es la persona que tiene o maneja espíritus o energías negativas y/o positivas para causar o curar enfermedades.
Hace pocos días un grupo de indígenas armados, pertenecientes a otra comunidad, llegaron a la vivienda de Juana en Antumiadó y se la llevaron. En el incidente los indígenas agresores cortaron varios dedos de la mano de su padre, porque intentó impedir su secuestro.
La lideresa indígena fue asesinada y tres días después fue entregado su cuerpo. Algunos de los indígenas homicidas intentaron justificar el crimen diciendo que la lideresa jaibaná era responsable de que un rayo había matado a una persona de su comunidad.
Esta feroz enemistad y el asesinato de la lideresa ocasionó el desplazamiento de trece familias de Antumiadó hacia Las Toldas, otra comunidad indígena ubicada en la carretera Quibdó-El Siete.
“Llegamos hasta la comunidad de Las Toldas, pudimos verificar las condiciones en las que se encuentran las familias, son 71 personas las que se encuentran ahí, la mayoría menores de edad”, informó Freddy Abadía, personero de Lloró.
Hoy se realizará en Lloró una reunión del Comité de Justicia Transicional para analizar la grave situación y buscar el restablecimiento de los derechos de las familias desplazadas.




