Por Ricardo González Duque y Julio César Caicedo Cano. La Silla Vacía. https://www.lasillavacia.com/historias/silla-nacional/elecciones-amenazadas-voces-de-alcaldes-desplazados-de-sus-municipios/
En las dos últimas elecciones regionales que ha vivido Colombia, la del 2015 y la del 2019, las autoridades han dicho la misma frase: “han sido las elecciones más pacíficas en la historia reciente”. El expresidente Santos celebró porque en 2015 solo hubo un ataque del ELN en Antioquia que retrasó la votación y el entonces registrador nacional, Juan Carlos Galindo, porque en 2019 los únicos problemas en mesas de votación fueron por el clima.
Ahora el reto que tiene el gobierno Petro es mantener esa tendencia, pero la situación de orden público en algunas regiones mantiene la alerta porque vuelva la violencia para impedir o por lo menos constreñir el voto. Algo que ya se ha puesto en evidencia por el impedimento para la inscripción de cédulas en algunos lugares de Nariño y Chocó y por las amenazas que han llevado a que 13 alcaldes hayan tenido que despachar fuera de sus municipios.
La Silla recogió testimonios de cinco de esos mandatarios, dos de ellos que no quisieron dar sus nombres y solo autorizaron la publicación de algunas de sus frases, ante el temor de que puedan ser ubicados por los grupos armados que los desplazaron del sitio donde son autoridad.
Edson de Jesús Perea Mosquera, alcalde Río Iró, Chocó
En meses pasados empecé a recibir amenazas del ELN en mi contra. Me pedían una suma de dinero y decían que si no cumplía me iban a mandar un regalito. El regalito fue una granada a mi casa el pasado 4 de junio. Afortunadamente estaba desocupada.

Este es un territorio “zona roja”. Aquí los grupos armados buscan que los mandatarios les demos una contribución, pero eso es un delito. A raíz de eso me tocó salir del municipio y no contento con las amenazas, me decían que así recorrieran cielo y tierra, me conseguían. Hace unos días me localizaron en Bogotá, me mandaron fotos de la casa y me dijeron que ya sabían dónde estaba escondido.
Siento impotencia, porque si nuestra gente nos elige es para gobernar desde el territorio. Verme amenazado por situaciones ajenas es muy duro, me tiene consternado. Mantengo contacto con los secretarios todos los días, pero no deja de ser bastante complicado. Por ahora nos toca utilizar las herramientas de la tecnología, el computador y el correo, para seguir avanzando.
Me dicen en el pueblo que se sienten como un hijo huérfano. Cuando el mandatario está en la región, uno soluciona los problemas, pero si uno no está ellos sufren.
Estuve sentado con el comisionado de paz y con negociadores del ELN y les manifesté mis inquietudes. A los del ELN les dije que sería bueno que hicieran un pronunciamiento para poder volver al territorio. Ellos dijeron que lo iba a poner en conocimiento ahora que la tregua comienza en agosto, pero yo solo voy a poder volver cuando se normalice de verdad la situación y me den el esquema de seguridad.
Necesitamos que el mundo conozca lo que está pasando en los territorios porque en este momento no tengo ayuda de nadie. Estoy esperando que me den protección por parte de la UNP, dijeron que pronto me iban a dar respuesta.
Ider Álvarez, alcalde de La Playa de Belén, Norte de Santander
A mí me había tocado salir del municipio desde el 24 de marzo del año pasado. Ese día cuando iba camino a Ábrego, la camioneta de la UNP en la que me movilizaba recibió 14 impactos de bala y resultó herido mi conductor.

Los grupos armados no querían dejarme gobernar porque no había cedido a sus pretensiones. Cuando era candidato me abordó un comandante de las disidencias para decirme que como no era de un partido político que tenía afinidad con ellos debía abandonar el territorio. Y luego, como alcalde, me enviaron un mensaje de Whatsapp para pedirme 50 millones de pesos por año, como un impuesto de guerra. Pero después no fueron solo ellos, también el ELN y Los Pelusos estaban pidiendo plata.
Desde el año pasado no gobernaba desde el municipio, hasta que por presión de la comunidad volví el 4 de junio pasado. Ese día llegué a un mercado campesino y advertí la presencia de tres personas que yo sabía no eran del municipio, eran extrañas. Se lo dije a mi esquema de seguridad y nos fuimos con mi esposa e hija para la sede de la Alcaldía, allí revisamos cámaras y encontramos que había francotiradores desde las montañas. 10 minutos después, desde ahí empezaron a hostigar a la fuerza pública.
El hostigamiento duró una hora. El plan era matarme porque encontraron también milicianos en la carretera por donde iba a pasar. A mi esposa y a mi hija las logré sacar en una ambulancia a las 3 de la tarde y yo pude salir del lugar solo hasta las 9:30 de la noche, acompañado de unidades del Ejército y la Policía.
Realmente es un infierno lo que uno vive como familia. En vez de dignificarle a uno la vida el hecho de ser alcalde, lo que hace es afectársela. Mi esposa y mis cuatro hijas han llevado la peor parte, las cambié de colegio, primero en Ocaña y mi hija mayor perdió el año. Se preguntan por qué tenemos que estar viviendo desplazados si estamos haciendo las cosas bien.
El problema es que muchos de estos grupos armados han dejado de ser campamentarios para ser milicianos. Hacen presencia “común y silvestre” en los municipios, tienen redes de apoyo, han tomado fuerza y hasta se han ganado el cariño de mucha gente, que obedece también al poco accionar de la fuerza pública. Realmente estamos con las manos amarradas.
Lo último que supimos es que estos grupos armados tienen reuniones constantes con presidentes de las JAC a los que presionan y les dan directrices, por ejemplo, para pedir que se abran nuevos puestos de votación para las elecciones de octubre en lugares donde ellos tienen control absoluto y así podre influir. Pero en La Playa de Belén optamos por no abrir nuevos puestos donde no puede hacer presencia de la fuerza pública.
Yina Marelby Moreno, alcaldesa de San José del Palmar, Chocó
Desde abril estoy en riesgo. Recibí mensajes vía Whatsapp de las AGC (Clan del Golfo) y el ELN. Es una situación muy incómoda y difícil para uno, porque cuando te eligen como representante de una comunidad es para estar en territorio y haciendo gestiones. Todo Lo administrativo y todo el tema humanitario, todo el tema social se ve muy comprometido, porque no es lo mismo uno estar en el municipio a estar por fuera.

Tengo esquema de seguridad de la UNP, tengo hombres de protección de la Policía Nacional, pero no es suficiente. De hecho, me ajustaron la medida y me asignaron otro hombre protección, pero ese no es el caso. Hay que mirar el tema de la realidad territorial. Me toca transitar 76 kilómetros, de los cuales 30 están en condiciones regulares. Somos cuatro personas, pero nos pueden aparecer diez o 20, en la vía y, ¿qué hacemos? Quedamos totalmente indefensos.
Hay otros temas también que están detrás: la violencia estructural, el tema de desinformación de las mismas comunidades y las responsabilidades que tenemos los alcaldes. Por ejemplo, en San José del Palmar estoy recibiendo toda la problemática del tema de vías, pero la vía es departamental y nacional. Nosotros hacemos la gestión necesaria ante las diferentes entidades, pero desafortunadamente no recibimos respuestas efectivas. Entonces esas circunstancias también llevan a que seamos objeto de amenaza.
Al gobierno le pido que se avance en los diálogos de paz. Yo soy una convencida de que si aguantamos con tanta paciencia más de 50 años de violencia estructural y de violencia armada, también podemos aportar un grano de arena para que ese acuerdo que se está tratando hacer con el ELN sea una realidad. Y no solamente con ese grupo armado, sino con el resto de grupos que operan en el país.
Los alcaldes del Chocó hemos estado en reuniones con representantes de las mesas de diálogos y del gobierno nacional, con diferentes instituciones. Nos han brindado el espacio, pero esperamos un compromiso de verdad para poder estar en territorio de una manera segura. Nosotros no tenemos ningún problema y estamos ansiosos por volver, pero queremos hacerlo con las condiciones de seguridad pertinentes.
Desde lo que ocurrió no he tenido vida. Siempre he trabajado en puestos estatales y nunca me había visto envuelta en un problema de esos. Tengo mis hijas, tengo mi familia y es muy difícil seguir porque uno no sabe en qué momento lo ataquen a uno o ataquen a un ser querido.
Me he pegado mucho de la mano de Dios y esperar que todo salga bien. Estoy muy atemorizada. Tengo a mis papás que ya son de la tercera edad. Mi esposo, mis hijas, mis hermanos, todos muy pendientes de mí. Pero claro, con el miedo normal que puede sentir cualquier ser humano en una situación de estas.
Los alcaldes con miedo hasta de hablar
“Si yo salgo a decir que todo está bien, estaría diciendo mentiras. Pero si salgo a contar públicamente lo que está pasando, me matan”, le dijo a La Silla uno de los alcaldes que desde hace varios meses está trabajando desde fuera de su municipio, pero no se atreve a dar su nombre.
En su caso son las disidencias de las Farc las que lo obligaron a trabajar desde la capital del departamento, desde donde mira con preocupación lo que pueda pasar en las elecciones regionales de octubre. “Aquí le queda muy difícil hacer campaña a los que no son amigos de ellos o por lo menos hacen los que piden”, afirma.
Otro de los mandatarios locales, que por su seguridad pidió la reserva de su identidad, cuenta que los disidentes han preparado varias reuniones sobre todo para “socializar” temas relacionados con las elecciones. “Me han citado a discutir varias problemáticas con ellos, pero yo no voy porque me matan o me secuestran”, dice con temor este alcalde que ni siquiera confirma el lugar en el que está. Cuenta que desde la Gobernación le permiten alternarse los lugares para despachar.
“A mí me toca hacerme el bobo frente a lo que está pasando allá porque pongo en riesgo a mi mamá que sigue en el municipio. A mi esposa y mis hijos me los llevé hace tiempo”, agrega.




