Hoy, 15 de agosto, se celebra el ‘Día nacional del tití cabeciblanco’. (Saguinus oedipus), especie que fue declarada en peligro desde 1973. La deforestación de su hábitat y el tráfico ilegal de especies son sus principales amenazas.
El Tití cabeciblanco es una especie de primate platirrino de la familia Callitrichidae, de hábitos diurnos y territoriales, endémicos de los bosques del noroeste de Colombia entre el bajo Atrato y el río Magdalena, en los departamentos de Chocó, Antioquia, Atlántico, Bolívar, Sucre y Córdoba.
Tienen una cresta de pelos blanquecinos, desde la frente hasta la nuca, que caen hacia atrás. La espalda es parda y los brazos y piernas blancos o amarillentos y la cola marrón en la base y negra en la punta.
Es del tamaño de una ardilla, mide entre 20 y 25 centímetros Pesan en promedio 500 gramos (una libra).
Comen frutas, néctar, hojas frescas o retoños, insectos y lagartijas. Viven en grupos familiares de 3 a 13 individuos, que se pueden unir a otros grupos y permanecer en grupos de hasta 20 monos. El período de gestación dura en promedio 170 días, después de los cuales nacen entre una y tres crías y más comúnmente, dos. Las madres cargan las crías la primera semana, luego de la cual el padre y otros integrantes del grupo se hacen cargo, pero entregan cada cría a la madre para la lactancia. Por alguna razón hormonal, mientras la madre procrea, las hijas permanecen inhibidas a pesar de haber llegado a la madurez.
Actualmente estiman que solo queda el cinco por ciento de la especie y, mientras no haya soluciones para frenar la deforestación, podría desaparecer para siempre.
Los cabeciblancos son dispersores de semillas, así que su desaparición podría tener graves consecuencias para los ecosistemas tropicales. Desde hace más de cuatro décadas está en riesgo y hasta el momento su condición, en lugar de mejorar, ha empeorado.
Todo empezó en 1973 cuando exportaron entre 20.000 y 40.000 ejemplares a Estados Unidos para hacer experimentos médicos con ellos.




