El dorado. Crónicas y anécdotas de Alvaro Paz Cañadas (IX)

Introducción de Neftalí Rengifo Yurgaqui
No se repetirá en esta crónica la muy contada leyenda de El Dorado de la época de la conquista; solo se utiliza el nombre para indicar los muchos lugares a los que los saquedores españoles bautizaron su búsqueda de oro. Se excluyen de esta crónica algunos apartes que carecen de relevancia para el interés de los lectores chocoanos y otros aspectos técnicos y paisajísticos que podrían haber variado y que tendrían mejor cabida en otros escritos, para priorizar las anécdotas del autor y la de los personajes a su alrededor.
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El Dorado. Crónicas y anécdotas de Álvaro Paz Cañadas (IX)
En Colombia se han encontrado grandes yacimientos de oro y otros metales entre la cordillera Central y Occidental y específicamente entre los valles que se formaron entre esas dos vertientes. Con esos descubrimientos (…) los modernos buscadores de oro miraron hacia el sur del continente y decidieron establecer sus explotaciones en territorio colombiano. Fue así como las compañías norteamericanas, se establecieron en Antioquia y Chocó.
Al darse cuenta el gobierno nacional de la importancia de la explotación minera decidió formar sus propios técnicos y profesionales; creó la Facultad de Minas y Geología de la Universidad de Nacional en Medellín. Cuando esta facultad fue fundada, las compañías mineras norteamericanas llevaban muchos años extrayendo oro de las cuencas de ríos y quebradas en las regiones mencionadas. Aprendieron los ingenieros que las ricas minas de oro tenías su asiento en la enorme roca o batolito antioqueño que comprende los actuales departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío, y que por los efectos naturales de la erosión, dos grandes vetas de oro afloraban, y el oro arrastrado por las aguas de lluvia, iba a parar a los lechos de las quebradas y riachuelos, especialmente al río Cauca.
Una de las vetas corre hacia el norte siguiendo el curso del río Cauca y pasa por las poblaciones y regiones circunvecinas de El Bagre, Nare, Valdivia y Caucasia. (…)
Otra veta de oro pasa al noroccidente del departamento de Risaralda y sigue hasta la serranía del Baudó, donde se une a otra que baja de esa región chocoana y junto con la que se erosiona del batolito antioqueño, llenan el rio Atrato (y los de la región del San Juán) de oro y platino, conformando tal vez, los ríos más ricos en esos minerales en todo el planeta; cosa que los mineros norteamericanos se dieron cuenta y por eso decidieron establecerse en esas regiones, y también descubrieron que otros minerales valiosos como el uranio, niquel, plata y cobre se encuentran (entre otros lugares) en la serranía del Baudó.
Con la aparición de los motores a gasolina, la industria petrolera cobró un gran auge convirtiéndose en una fuente de trabajo en todo el mundo y los nuevos ingenieros que comenzaron a salir de las universidades, se especializaban en esa rama de la ingeniería y la minería pasó a un segundo plano (…)
Yo estuve en el Chocó y pude comprobar cómo el oro abunda en las arenas de las quebradas y ríos de ese departamento y me vino a la memoria la historia de El Dorado. En una ocasión bañándome en una quebrada de aguas cristalinas, noté que en los momentos que el sol alumbraba el lecho de la quebrada, sus arenas mostraban partículas de oro que permanecían en el fondo mientras no se agitara su lecho. Con las manos juntas formando un cucharón, tomé un puñado de esas arenas y se las entregué a la compañera del hombre que cuidaba un pedazo de terreno en la selva en cercanía de Quibdó.
Utilizando el sistema de lavado de mazamorreo en batea, me entregó unos granitos de oro y platino, que después de hacerlos pesar, daban el equivalente a unos $3.800,oo y solo ocupaban un espacio menor que el tamaño de una cabeza de una cerilla o fósforo. Quedé tan asombrado al darme cuenta y preguntarme por qué en una zona tan rica, la población era tan pobre y, sobre todo, el gobierno (la Nación) teniendo tanta riqueza al alcance, no estaba interesado en aprovecharla. Por circunstancias de la vida salí del país y me establecí en los EUA y allá conocí a un ingeniero, primo hermano de mi papá Emiro Paz Arriaga, quien me contó y dio muchos detalles sobre las riquezas de nuestro país.
Me contó el ingeniero Cesar Arriaga Rentería (Qepd), que al terminar su bachillerato en Quibdó, los estudiantes eran enviados para que estudiaran una profesión a Bogotá, Medellín, Popayán o Cali. Cuando mi papá y él terminaron su bachillerato, decidieron ir a Medellín para presentarse a la universidad. Me contó el ingeniero que se presentaron a la facultad de ingeniería y aprobaron la admisión, pero el cupo era limitado y solo mi padre fue admitido. Mi padre decidió que le cedía el cupo en la universidad porque quería ir para Bogotá y así lo hizo. Mi padre ingresó a la Universidad Nacional y se hizo médico veterinario.
Con el correr de los años mi padre se estableció en Cartagena donde formó su familia de la cual yo fui uno de sus primeros hijos. El ingeniero Cesar Arriaga se quedó en Medellín y allá formó su hogar; con el transcurso de los años fue nombrado intendente de lo que ahora es el departamento del Chocó.
Mi padre y su primo tenían otro primo hermano en común, graduado de abogado, quien fue ministro del trabajo, el Dr. Adán Arriaga Andrade. Me contó también el ingeniero Cesar Arriaga Rentería*, que después de terminar su gestión de intendente del Chocó, decidió formar una compañía de explotación minera en las minas de Marmato y la gestión de la concesión minera ante el gobierno nacional se la encomendó a su primo hermano, el Dr. Adán Arriaga Andrade. No le fue aprobada la solicitud de explotación minera por no estar constituido como una compañía norteamericana con capital y maquinaria como las que se operaban por ese entonces en el país, y esto lo desilusionó. Fue una de las causas para irse a trabajar con una compañía norteamericana que lo envió a varias partes del mundo y finalmente se radicó en los EUA en donde trabajó y se jubiló en la ciudad de Chicago, formando parte del equipo que diseñó y puso en marcha el sistema de alcantarillado de esa ciudad, sistema que se constituyó en el plan piloto para todas las ciudades en los EUA por aquella época.
(…)
Después de que las compañías mineras norteamericanas salieron del país, no hubo una explotación minera (de oro) organizada, aunque depredadora como lo hubo antes. (Al Chocó llegó ese afán por conseguir oro de otras maneras igualmente nefastas). Hasta en la quebrada en donde me bañé y encontré oro, unos parientes decidieron intentar la aventura de extraer oro con el uso de las motobombas portátiles, pero no duraron más de dos meses tratando de instalarse, cuando recibieron una nota que les indicaba que debían pagar una cantidad de dinero semanalnente, si querían poner a trabajar las motobombas.
Comenzó el Chocó a recibir la influencia de lo que ya sucedía en otras regiones de Colombia: la extorsión. Los parientes abandonaron su proyecto y no volví a saber más nada del Chocó porque ya me encontraba por otros rumbos.
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*Cesar Augusto Arriaga Rentería
Nació en Quibdó, en febrero 4 de 1910 y falleció en Chicago (USA) en noviembre 15 de 2000. Estudió en Colegio Carrasquilla de Quibdó. Ingeniero civil y de minas de la Universidad Nacional, sede Medellín. Fue intendente del Chocó (1936 – 1937), ingeniero jefe en una mina de oro en Nariño, Antioquia. También trabajó en el departamento de Boyacá en unas minas de carbón. Ingeniero jefe de las minas de oro de Marmato en el departamento de Caldas. En Barrancabermeja trabajó con ECOPETROL (1953) como ingeniero de petróleo. Fue uno de los ingenieros que diseñaron y desarrollaron el Plan Piloto de Alcantarillado de la ciudad de Chicago (USA) que sirvió de modelo para el alcantarillados de ciudades de los Estados unidos de Norteamérica y alla´se jubiló a los 70 años.




