
En la selva del Chocó vive la rana dorada, conocida científicamente como Phyllobates terribilis, considerada el animal más venenoso del mundo. Este anfibio no mide más de cinco centímetros, pero su piel tiene una toxina extremadamente potente llamada batraciotoxina, que puede causar parálisis y muerte en cuestión de minutos al entrar en contacto con el sistema nervioso.
Esta toxina puede acabar con la vida de hasta diez hombres adultos; además, es utilizada de manera ilegal para fabricar drogas de alta efectividad contra el dolor, supuestamente más efectivas que la morfina, pero sin sus efectos adictivos.
Los indígenas del Chocó han utilizado este veneno en las puntas de sus dardos para cazar, lo que le ha dado el nombre común de «rana de dardo venenoso». Aunque otros animales, como ciertas medusas o serpientes, también son extremadamente peligrosos, la rana dorada se lleva el título por la potencia y concentración de su veneno.
Esta rana está en alto riesgo de extinción porque es perseguida por traficantes ilegales de fauna que las capturan y venden por altos precios en el mercado internacional.
Las ranas doradas venenosas comen moscas, grillos, hormigas, termitas y escarabajos. Una de las tácticas más fascinantes de la Rana Dardo Dorada para capturar su alimento es su lengua pegajosa y hábil. Utiliza su lengua para atrapar a sus presas con una precisión sorprendente. La rapidez y la precisión de su ataque hacen que sea un depredador formidable en su hábitat.
Son varias las investigaciones que se han realizado para tratar de determinar la toxicidad de estas ranas, pero el origen no es claro, se cree que se debe principalmente a los hábitos alimenticios de su entorno natural, pues las ranas dardo doradas que son criadas en cautiverio no desarrollan el veneno.




