El Obispo de la Diócesis Istmina-Tadó, Monseñor Mario de Jesús Álvarez, concedió una entrevista a Caracol Televisión, donde hizo reflexiones críticas sobre la dramática situación del Chocó, con incumplimientos, angustia, miedo, violencia, injusticia y miseria.
Dijo que “el Chocó tiene frustración porque hay una carga continua de promesas que no se cumplen”, es una “equivocación precisamente de un Mesías político, alborotar al pueblo con cosas y cosas y cosas y luego no definir ninguna, así no vamos a salir”.
Y vaticinó que “se acerca otra campaña y la realidad es que vamos a vivir lo mismo. la plaza pública se va a llenar nuevamente de arengas promeseras y de ahora sí llegó el futuro, ahora sí llegó la redención, para el departamento para suceder lo mismo”.
“¿Qué le vamos a dar un pueblo que está cargado de angustia, que está cargado de desesperación, que está cargado de desigualdad?… El pueblo está acosado con tanta situación que le han prometido y no se cumple”.
Esta es la transcripción completa de dicha entrevista en Caracol Televisión:
“Alejandra Giraldo llegó hasta el municipio de Istmina en Chocó, donde en conversación con Monseñor Mario de Jesús Álvarez hablaron de la realidad del territorio y la frustración creciente por las promesas incumplidas. Monseñor Álvarez, obispo de Istmina, es filósofo y teólogo. Ha estado por casi una década en este territorio del Pacífico colombiano encarnando y entendiendo las dinámicas y necesidades por las que alzan su voz los chocoanos.
Alexandra: Monseñor Mario de Jesús Álvarez, muchísimas gracias por recibirnos en su territorio en el Chocó, en Istmina, una tierra en la que usted ya se encuentra por casi una década, ¿no?
Monseñor: Así es, Alejandra, ¿no? Con muchísimo gusto. Esta es la ciudad amable y acogedora. Así se le conoce a Istmina.
¿Cómo siente a Colombia en este momento?
Siempre habrá momentos difíciles. Este es un momento muy difícil, pero este es un momento muy oportuno. No es el momento para maldecir, no es el momento para decir, «Esto está perdido.» No, siempre será el momento a la luz del evangelio, a la luz de la palabra de Jesucristo, oportuno para salir adelante. Entonces, nada de tragedia.
¿Cuáles son las preocupaciones en territorio aquí en Chocó, aquí en Istmina?
Sí, el departamento del Chocó siempre ha sentido y carga en toda su historia una ausencia del Estado y dolorosamente también de algunos gobiernos de turno. Entonces, aquí de una manera muy particular uno palpa en la población y en las realidades con las que se va encontrando un sentimiento de frustración porque hay una carga continua de promesa, de promesa, de promesas, pero no, no se cumplen, o echan mano del departamento, de las realidades de tanta angustia, de tanta pobreza del departamento para sus plataformas, pero luego con facilidad esto se olvida.
Luego, desde aquí, ¿cómo se vive? ¿Cómo se siente la realidad del país? Digamos que se incrementa aún más esa situación de angustia, de miedo, de pavor frente a una realidad de violencia, de injusticia y de pobreza. Pobreza rayana en la miseria y con todo lo que esto trae.
¿Cómo se siente aquí en el territorio este momento de campaña política? ¿Cómo se está viviendo?
Sucede lo mismo, Alejandra. Sucede lo mismo. El pueblo el pueblo del Chocó y toda esta toda población del Pacífico colombiano, pues sintió un fervor muy particular cuando escuchaba cambio. Llegó el cambio, llegó el cambio y eso enfervorizó la población. ¿Por qué la enfervorizó? Por esa carga histórica. Y entonces eh sentir que las cosas aún no llegan. ¿Qué sucede? Se incrementa ese ese dolor y esa angustia. Y bueno, viene, se acerca otra campaña y la realidad es que vamos a vivir lo mismo. Vamos a vivir lo mismo. Entonces, la plaza pública se va a llenar nuevamente de arengas promeseras y de ahora sí llegó el futuro, ahora sí llegó la redención para el departamento para suceder lo mismo. Como iglesia también nosotros tenemos un compromiso grande porque no se trata únicamente de mirar la paja en el ojo ajeno, sino de mirar la viga que nos impide a nosotros como iglesia. La Iglesia Católica en el departamento del Chocó también tiene un compromiso urgentísimo de identificarse plenamente con el evangelio, porque si no, ¿qué le damos a este pueblo de Chocó? ¿Qué le vamos a dar un pueblo que está cargado de angustia, que está cargado de desesperación, que está cargado de desigualdad?
Pero es mea culpa de la Iglesia Católica.
Es un mea culpa. Un mea culpa porque de todas maneras también nosotros estamos en un proceso.
Monseñor, ¿cómo está la fe de los chocoanos?
Los chocoanos se identifican mucho con la pasión de Jesús en el momento de su humillación. Eso es muy particular. Y en Plan de Raspadura, municipio de Unión Panamericana, existe un santuario diocesano del divino Eccehomo. Y los chocoanos le tienen un amor particular. ¿Por qué? Porque la imagen del Señor sufriente, humillado, pero que se va a enfrentar a una injusticia dejándose llevar a la muerte para que luego a través de ese acto de amor, de perdón, reconciliar a toda la humanidad. Es un reto que nosotros tenemos que saber infundirle a nuestra gente, pero hay que dar el paso porque si nos quedamos en un sufrimiento pasivo, eso nos puede llevar, nos puede traer tanta frustración que luego alimente la violencia.
Pero en ese ciclo eterno hemos estado en este territorio.
Sí, esto sí es y por eso decía al comienzo que el pueblo chocoano arrastra una historia de olvido del Estado. Esto es de todos. Esto es un compromiso de todos, cuando nosotros lo entendamos y cada uno desde donde está, desde las responsabilidades que tiene, empieza a trabajar, el departamento, Colombia que tenemos tantas bendiciones y tantos privilegios, será para el mundo entero un gran ejemplo. Pero ser un convencimiento de todos, esto es responsabilidad de todos. Necesitamos líderes, sí, pero que nos encaucen en este sentido.
Esa equivocación precisamente de un Mesías político, alborotar al pueblo con cosas y cosas y cosas y luego no definir ninguna, no no vamos a salir. Pero el cambio lo seguimos necesitando y la paz total la seguimos necesitando.
Sí. Y más que nunca.
Hay un texto muy lindo del Evangelio de San Mateo, el sermón de las bienaventuranzas, que se aplica perfectamente aquí a nuestra realidad. Si vas a presentar tu ofrenda ante el altar y te acuerdas que tienes algo contra el hermano, deja tu ofrenda. Ve y busca a tu hermano, reconcíliate con tu hermano, haz la paz con tu hermano y luego vuelve a presentarte. Alejandra, si nosotros no hacemos eso. ¿Y qué significa eso? Abrazar al otro, decirle, «Hermano, te perdono, perdóname”. Esto es lo que nosotros como iglesia debemos seguir infundiendo, pero sí nos sostenemos en la esperanza. Hay que infundirle a la gente esa esperanza.
Pero ella no actuará por sí sola.
Tenemos que ser actores. Sí, tenemos que ser actores para ejecutarla. Reconciliación, dijo usted. Hay mucha pugnacidad en el ambiente. ¿Cómo siente eso el pueblo? ¿O eso es solamente una realidad que se ve allá en las redes sociales y en los actores políticos?
No, eso lo vive uno. Por ejemplo, aquí en Istmina yo salgo en el carro o algo así y tengo que ir con mucho cuidado porque si va y toco algo, en fin, yo sé que me llueven las ¿Por qué? Porque la gente está en una situación de tensión. En en Quibdó sucede lo mismo. El pueblo está acosado con tanta situación que le han prometido y no y y no se cumple. Entonces, eso se transmite, ese sentimiento se transmite en las redes sociales. A veces hay también mucho maltrato. Nuestros políticos tienen un reto ahí muy grande, Alejandra, y todo. Yo por eso dije mea culpa como iglesia y nosotros vamos y le estamos trabajando a eso. Pero también en la medida en que nosotros nos vayamos transformando, hay que indicarle al pueblo el camino equivocado.
Pero, ¿está costando más evangelizar? Siento en sus palabras que hoy es más complejo.
Es complejo. Sí, es muy complejo, porque llegar a la mente y al corazón en donde ya hay tantas cosas de rabia y de violencia, las cosas hay que decirlas y yo he procurado también frente a estas situaciones de violencia de los grupos armados, con la guerrilla, con el paramilitarismo, sostener una neutralidad, pero ser claro en lo que no. Y qué bueno que este grupo o el otro sienta que no es ese el camino y que tú le cambies el corazón.
¿Cuáles son las herramientas para seguir? Tareas que tenemos que hacer.
Tener claridad de que no estamos viviendo los últimos tiempos. Estamos viviendo un tiempo difícil, pero un tiempo oportuno. Y hay una tarea muy linda. Perdónense cuando tengan dificultades, búsquense y perdónense. No presenten una ofrenda ante el altar si su corazón está lleno de rabia y de rencor, que yo lo pondría como una tarea para nuestro departamento, para nuestra vida acá, para toda la iglesia, pero lo siento muy urgente para nosotros.
Monseñor Mario de Jesús Álvarez, obispo Istmina, muchísimas gracias de corazón por habernos abierto las puertas, por habernos recibido en su territorio y por habernos entregado estas reflexiones tan valiosas.
Alejandra, a ti.




