
Por Amylkar D. Acosta M., Director de la RAP del Caribe.
El 22 de marzo…entra la primavera, así empieza una de las tonadas de nuestro rico y fantástico folclor vallenato, letra y música de Leandro Díaz y precisamente por ello mismo la comunidad internacional celebra en esta misma fecha el día del agua, como principio de la vida que es, imprescindible para la subsistencia de todas las especies vivientes sobre el Planeta tierra. Somos agua, un 60% de nuestro organismo y 78% en el caso de los bebés es pura agua, podremos resistir con estoicismo el hambre, pero no la sed.
Allí donde hay agua hay vida, ello explica los denodados esfuerzos de los científicos por comprobar si en otros planetas hay agua, porque de allí se seguiría como corolario su existencia, así sea en estado embrionario. La superficie terráquea asemeja un archipiélago, circundado por doquier por los océanos, los ríos y sus afluentes, así como de complejos lagunares. Lo ha dicho el Sumo Pontífice, el Papa Francisco: “el agua es el elemento esencial para la vida y de nuestra capacidad de salvaguardarla y compartirla depende el futuro de la humanidad”.
El volumen total del agua de la tierra es de 1.460 millones de kilómetro cúbicos y cubre el 71% de la superficie del globo terráqueo. El 97.52% del agua existente es salobre y de escasa utilidad para el consumo humano; 1.76%, aproximadamente, se encuentra en los casquetes polares y en las profundidades de la tierra; el 0.4% se encuentra en los ríos, lagos, depósitos naturales, ciénagas, en la atmósfera, en organismos vivos y de ésta escasamente el 0.1% es agua dulce apta para el consumo humano.
Cabe advertir, como lo hace Álvaro Sánchez, que “las cantidades de aire y agua disponibles en la tierra no varían en un plazo previsible, lo cual hace necesariamente que el paradigma se cambie fundamentalmente en cuanto hace a la definición del agua como un recurso renovable”. Hace rato el agua y hasta el aire han dejado de ser bienes libres, renovables para convertirse en bienes que tienen un valor económico. El agua potable se agota y la única manera de conjurar una crisis mayor por falta de acceso a la misma es mediante un mejor manejo y administración del recurso.
Fenómenos como el progresivo calentamiento global (el 2023 fue el tercer año consecutivo como el más caluroso desde que se llevan registros) han venido convirtiéndose en un dolor de cabeza para la comunidad internacional, por su impacto aterrador. El volumen de agua potable por habitante actualmente es menor del 50% del de 50 años atrás. No obstante, desde 1990 hasta la fecha más de 2.000 millones de habitantes del mundo han podido acceder al servicio de agua potable, gracias a que 116 países alcanzaron la meta de los objetivos del Milenio relativa al agua. Hoy en día más de la mitad de los habitantes de la tierra (4.000 millones) tienen asegurado el abastecimiento del preciado líquido a través de la red de acueductos.
Aún más de 748 millones habitantes carecen de acceso fácil y oportuno del mismo, el 90% de ellos en las zonas rurales. Se estima que cada año mueren 4 millones 600 mil niños menores de cinco años por enfermedades infectocontagiosas atribuibles a la falta de acceso al agua potable y a la carencia de saneamiento básico; cada cuarto de hora perece más de cien personas en el mundo por enfermedades de tipo diarreico, por falta de agua potable. De disponerse de un adecuado abastecimiento de agua de calidad se podría reducir la incidencia de algunas de esas enfermedades y hasta la muerte prematura de muchos niños en un 75%.
Colombia está aprisionada en la paradoja de ser el cuarto país con mayor disponibilidad de agua por unidad de superficie, después de la antigua Unión soviética, Canadá y Brasil y al mismo tiempo, es el país en donde el ímpetu destructivo y depredador del ecosistema ha adquirido caracteres más dramáticos. Aunque se ha reducido de manera sensible la deforestación al pasar de 310.349 hectáreas en 2012 a 120.933 hectáreas en 2013, entre 2021 y 2022 tuvo un repunte al talarse 174.103 y 123.517 hectáreas, respectivamente, rediciendo el área deforestada en un 29%. En el 2023 se mantuvo esta tendencia al reducirse hasta las 79.256 hectáreas.
Empero en el 2024, lamentablemente se revirtió esta tendencia y se incrementó el área deforestada un 35%, alcanzando las 107.000 hectáreas, equivalentes al área de Hong Kong. Es decir, que el daño infligido a la naturaleza ha sido bárbaro. Pese a ello, gracias a su resiliencia, actualmente la oferta hídrica en Colombia sobrepasa los 57.000 metros cúbicos anuales per cápita, rebasando con creces los 14.000 metros cúbicos promedio estimado por cada habitante de la tierra por la ONU.
Colombia no ha escapado al sombrío panorama que delatan las estadísticas a escala mundial y hasta hace muy poco acusaba una gran precariedad en el abastecimiento de agua potable. Casi ninguno de sus municipios menores, que representan más del 80%, contaba con plantas de tratamiento para potabilizar el agua para consumo humano en 2007. Precisamente la décima Meta de los Objetivos del Milenio, al que se comprometió Colombia, era reducir en un 50% el porcentaje de personas que carezcan de acceso sostenible al agua potable. A Colombia, desafortunadamente, no le alcanzó el tiempo para lograrlo y aunque, como lo reconoció Fabrizio Hochschild, Coordinador residente de la ONU, “avanza en la dirección correcta, pero no a la velocidad necesaria”. Las mayores carencias se presentan en el campo, en donde según el Instituto Nacional de Salud (INAS) sólo 900 mil personas de las 11´700.000 que lo habitan tienen acceso a agua en condiciones aceptables para el consumo humano.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) existen más de 25 enfermedades que están asociadas al consumo de agua cruda, no tratada, tomada directamente de la fuente. En el caso particular de Colombia al menos 25 de las enfermedades más frecuentes atribuibles a esta causa, según el Instituto
Nacional de Salud (INS) son la hepatitis B, la fiebre tifoidea y diarrea aguda.




